martes, mayo 30, 2006

Crónica de un día de tesis

Y llega el día anunciado

7:30 am: los rayos de sol se cuelan por las hendijas de la persiana. Se adivina un día radiante de calor y de golondrinas revoloteando por los balcones y terrados. Doy unas cuantas vueltas más en la cama y trato de no pensar en nada, sólo intento agudizar los sentidos para percibir lo que sucede allá afuera. No quiero pensar en el compromiso de las 4 de la tarde, ni en lo que diré frente al tribunal, ni en lo que me preguntarán, ni en los nervios que seguramente harán que mi respiración se agite y que las palabras se amontonen y entrecrucen.

8:00: Desde el balcón el mar es una mancha brillante. La ciudad hoy se antoja hermosa y vibrante -hasta el Hesperia Towers parece una obra de arte. Dan ganas de salir a la calle y llenarse el cuerpo de susurros, de espejismos, de miradas...

9:00: ¿Alguien piensa en desayunar con un nudo en el estómago? Una infusión de tila y unas cuantas galletas son suficientes. La nena mira los dibujos animados. Hoy no ha ido al cole para acompañar a la mama en este día tan especial para ella. Me pregunta que es una tesis y si cuando yo sea doctora podré pinchar a los niños.

10:00: Salimos las dos a la calle. El día está espléndido. Las esquinas están llenas de gente. Hombres mayores que hablan en voz muy alta. Chicas con camisetas de tirantes que son repasadas por un grupo jóvenes. Niños en el parque. Señoras con carritos de la compra. Hombres que sacan apresurados sillas y mesas para ponerlas en la calle Luarca, las tapas no esperan. Hace viento. La nena Luna quiere que le compre unos zapatos, sólo le gustan los de color rosa. No. Hoy será otro color. El rosa es cursi, le digo. ¿Qué es cursi, mami?
12:00: ¡Ostras! Es muy tarde ya. Sólo faltan 4 horas y no he revisado el texto por última vez. Vamos de vuelta a casa. Encontramos unos zapatos que a mi hija le gustan. Por fin. No son rosa. Mientras abro la puerta de casa pienso en Margaret Mead o mejor dicho en unos fragmentos de sus primeras cartas que anoté en una libreta azul. No la encuentro. A lo mejor la he dejado en el trabajo. ¡Y yo que pensaba retomar algunas de sus brillantes ideas para mostrar cómo no he hecho otra cosa que observación participante llevada a sus últimas consecuencias! Sólo cambian los contextos. Las estrategias, los temblores, las dudas, son los mismas.

13:00: ¿Para qué revisar otra vez el texto? Me prometo que no volveré a mirarlo hasta cuando tenga al tribunal frente a mí. Estoy segura que, como lo dijo Manuel, me preguntarán sobre la metodología. También dirán algo sobre los frentes que he dejado abiertos en la tesis. En ambos casos sé lo que diré.

13:30: Mientras como algo a las carreras pienso en todo lo que han significado estos años de trabajo. Pienso también en lo que diré al principio de mi exposición, en la gente que me acompañará físicamente y en los que lo hacen desde la distancia... en cómo terminará todo esto.

14:00: ¿Pareceré de primera comunión? Me pregunto mientras me pongo el vestido y trato de adivinar las impresiones. No me gustaría dar una imagen equivocada. Creo que he escogido bien: "ni tan cerca que queme al santo ni tan lejos que no lo alumbre", tal como lo decía mi abuela Rosa y sus ojos verdes. A Luna no le gustan los zapatos y me saca unos maravillosos de color dorado. ¡No voy a una fiesta, nena!

14:45: Las dos estamos listas y a juego. Nuestros trajes son del mismo color. El nudo en el estómago es un temblor que se va apoderando de todo. No sé nada. Preparo las cosas y las pongo en el bolso. Estoy ad portas del final.

15:00: Cogemos el tranvía. La ciudad está dorada. Can Rigalt es un encanto de masia; cuando la restauren quedará hermosa. Adivino cómo era antes: flores y niños en su jardín y mujeres cocinando y hombres hablando de caza de jabalíes en Collserola. Dentro de poco quedará dentro de un parque espléndido sobre todo para los intereses inmobiliarios. ¿Quién ocupará la suite principal del Hotel Juan Carlos I a esta hora? Tendrá unas vistas maravillosas. Al lado, en Pubilla Casas, los obreros comen antes de volver a la faena.

15:30: En las puertas de la Universitat de Barcelona. Todo esta casi vacío a esta hora. Mientras podemos pasar al lugar de la reunión viene bien una infusión de manzanilla. Luna y su amiguita Anna agarran todos los folletos que encuentran en los pasillos de la facultad.

16:00: Ya estoy en la sala de juntas donde se leerá la tesis. Casi todo a punto: los miembros del tribunal, el director de la tesis, la familia, las amigas y amigos. Falta una miembra del tribunal. Viene de Madrid y su vuelo ha sufrido retrasos. No quiero hablar más con la gente, sólo deseo estar en mi lugar exponiendo mi trabajo y saliendo ya de todo.

17:15: Llega la antropóloga que faltaba. Todos a sus sitios. Última mirada a los presentes y manos al texto o más bien, a las palabras. El último trago de agua. Empezar. No lo estoy haciendo bien. Me equivo. Olvido las fotos. La metodología. Los resultados. El cierre. Sólo existen las 5 personas que están frente a mí, tomando nota y a veces entrecerrado los ojos ¿Tendrán sueño?

18:00: Empieza la re-presentación del jurado. Alusiones a lecturas importantes y lucimiento personal. Me aburro. Algunas cosas no tienen sentido. Hay preguntas que sobran. Un momento, lo que dice ese hombre me molesta. Entiendo que no comparta ese contenido "ideológico claramente maniqueo", "no todos los urbanistas y arquitectos diseñan espacios sin tener en cuenta a la población que los usará". Punto final. "Si la doctoranda quiere contestar a alguna de las inquietudes, hacer comentarios, etc...". Si, por supuesto. Primero, agradecer vuestras sugerencias y valoraciones... Y no se de dónde salieron las palabras para decir exactamente lo que pensaba, exactamente lo que sentía sin hacer concesiones baladíes...

19:15: Habla el director de la tesis. Sus palabras son acertadas y lúcidas. No comparto que debamos reconsiderar en esa división polis/urbs, diseño/uso... La tesis está contaminada ideológicamente por esos trazos y no me avergüenzo de ello.

19:30: ¿Alguien quiere conocer la calificación? Dice la presidente del jurado a quienes estábamos en el pasillo. Por supuesto. Todos de pie. La calificación es excel-lent Cum Laudem. Abrazos, miradas y felicitaciones. Todo ha llegado a su fin, o más bien, todo ha vuelto al comienzo.

19:35: Mami ¿Ahora si podrás pinchar niños?

20:40: Tapas en L'Hospitalet. La gente que amo, la gente que admiro, la gente que quiero. Está foto es prueba de ello. No se cómo explicarle a mi hija que no podré pinchar niños porque soy doctora en antropología social ¿Pincharás a toda la gente, mami?


De izquierda a derecha: Manuel Delgado Ruiz (director de la tesis), Pilar Osorio e Inma, Juan Carlos Ruiz (mi marido), Luna (mi hija), la que escribe esto, la niña Anna y Mayte, Teresa Tapada y Gemma Orobitg (miembras del tribunal), Gerard Horta, Carlos Obando y por supuesto las tapas: cochinillo, chocos, patatas bravas, pulpitos, boquerones...

miércoles, mayo 24, 2006

Día Cero

Me pregunto si mañana será un gran día. En el diario dicen que hará sol aunque está noche el cielo luce encapotado. Será un día como tantos, sin duda. La gente correrá de aquí para allá como lo hace cotidianamente. La panadería de la esquina abrirá a las 8 y mi vecina chillará mientras enciende la radio (¡menos mal que escucha la cadena Ser!). El barrendero acabará de limpiar alguna calle y el hombre del kiosco venderá los periódicos de siempre. A las 9 alguna madre correrá con su niño o niña de la mano para no llegar tarde al cole y el conductor del metro hará su enésimo viaje...
A las 10 ya todas las ventanas de casa estarán arriba y me asomaré al balcón para ver si, por fin, se puede ver el mar. Justo a esa hora repasaré el escrito que leeré en la tarde y es probable que tenga un nudo en el estómago. Y que algo se condense en mi pecho, algo así como una nostalgia profunda, como un encuentro de sensaciones disímiles. Una satisfacción por el sueño cumplido pero también un gran vacío por un proceso que acaba. Y recordaré que dentro de un mes cumpliré años y que tengo mucho por hacer y que quiero abrazar a mis padres y que quiero ver las montañas azules y la ciudad que aún calienta el recuerdo.
Y a las 4 ataré las ideas, las llenaré de palabras y razones. Y seguramente hablaré de Simmel, de Goffman, de Wirth, de Benjamín, de Joseph, de Certeau... de la ciudad y la vida que contiene. Hablaré de interacciones entre extraños, de visibilidades, de extramientos, de tránsitos. Y luego diré que el espacio público no existe, o al menos no como lugar de libertades en donde es posible aquella igualdad universal de la que habla Kant...
Para entonces es posible que vaya en la mitad de la representación y que los doctores del tribunal empiecen la suya: disertaciones teóricas, lucimiento personal, todo lo que dices es razonable pero... Y llegará la defensa y miraré al auditorio y pensaré justamente que sólo yo sé exactamente de lo que hablo porque lo he investigado y para entonces ya tendré un paso afuera.
A las 7 de la tarde todo habrá terminado y estaremos en una terraza cerca de casa, en el lugar de los acontecimientos, experimentando en vivo y en directo esa vida urbana palpitante y fragmentaria de la que hablé. Para entonces el nudo será un sonrisa. Allí estaré junto a la gente que amo y que ha hecho posible la culminación de un proceso que se gestó en mis épocas de estudiante de secundaria en el INEM de Neiva. Y pensaré en la otra mitad de la gente que amo que me acompaña desde la distancia: mis padres, mis hermanas y hermanos y también en esas pocas, poquísimas, personas que considero mis amigas y que siempre me lo demuestran...
Martha Cecilia Cedeño Pérez
L'Hospitalet de Llobregat - Barcelona

miércoles, mayo 17, 2006

Ordenadoritis Aguda

El día empieza con el sol entrando por la ventana y las golondrinas revoleteando entre los edificios. En apariencia todo está perfecto, hasta la línea del mar que se vislumbra desde el balcón de casa. Un día espléndido de primavera. Y me digo que hoy será mejor que ayer y que podré terminar las cosas que por culpa del ordenador no he terminado. Terrible error. Maldigo la hora en que dejé que todo girara entorno a ese aparato estupendo que a veces nos juega malas pasadas, sobre todo cuando más lo necesitamos.
Y ya van tres veces. La primera sacó la mano de forma imprevista y perdí todo lo que había escrito: una novela malísima y unos poemas idem de los que ahora no guardo ni el recuerdo; ah, y algunos pequeños ensayos que a lo mejor eran buenos. La segunda vez, no me cogió desprevenida pero me obligó a desplazarme hasta la universidad para poder culminar algunas cosas de mi tesis. Y esta tercera y última vez ha sido la más perversa porque me ha dejado a medio camino: tengo que preparar lo que diré el próximo miércoles 24 en la lectura de mi tesis doctoral y no-he-podido-hacer-nada. Y estoy de los nervios. Solución: desplazarme hasta la biblioteca del barrio pero hoy, justamente hoy, no abren la segunda planta donde están los ordenadores. Y me pongo de los nervios y me pregunto ¿Por qué siempre me toca lo más difícil? Así que me tranquilizo y hago este post a las carreras...
No pienso cometer otro error, así que respiro profundo y pienso que el día 24 a las 4 de la tarde todo saldrá bien y que, por fin, podré culminar un sueño largamente acariciado...