sábado, agosto 12, 2006

Cotidiana

La mañana otra vez. Volver al oficio cotidiano. Las palabras que a veces no salen y la realidad, ahí en la puerta, en el comedor, en la cocina, en los libros en desorden. Intentar asir la voluntad, doblegarla, someterla, ponerla a disposición de la vida. Mirar el balcón, la distancia azul, los pájaros de agosto.

Y seguir viviendo con culpa -850 millones de personas pasan hambre, 10 millones de niños mueren cada año por lo mismo, el mundo se recalienta, la pobreza se ensaña con los pueblos desamparados-. Y pienso en mi dolorcillo: minúsculo, estúpido, sin sentido.

La mañana otra vez. Sobrevivir a las noticias del día, a la inercia, la inmovilidad. Y afuera el mundo sigue con su terrible y perversa paradoja.

martes, agosto 08, 2006

Aceras . Andenes

ACERAS
Martha Cecilia Cedeño Pérez

Hay nuevos aromas
en los rincones
y en las esquinas
y en los resquicios de las puertas.

Nueva música en las ventanas
cerradas
y en los bares llenos de ausencia
y en las piernas cansadas de trashumar.

Hay una estría azarosa
en la rutina inédita de los seres
que por vez primera huelen la ciudad
y sus calles vigilantes
y descubren sus signos efímeros
escritos en los ojos de los otros.

Hay una diáspora de sentidos
en los cuerpos ajados y líquidos,
nuevos habitantes de la periferia
nuevos miembros del naufragio.

Hay un marco antiguo
donde se atan las llegadas
Y se sueltan las derrotas
(los seres de las aceras lo saben).


Barcelona, enero de 2006

Foto: "Rutas" de la pintora colombiana Lina María Cedeño Pérez

jueves, agosto 03, 2006

A propósito de Fidel Castro

Vía internet me ha llegado este texto que reproduzco completo. Personaje polémico donde los haya, Fidel Castro es sin duda uno de los hombres más importantes del siglo XX y también uno de los más carismáticos. Aún recuerdo la emoción tan grande que experimentamos quienes em 1995 asistimos a un Congreso Pedagógico en la Ciudad de la Habana. Ver al Comandante en persona es una sensación indescriptible porque su aureola va más allá de las apariencias para asentarse en el mundo de los inmortales. En esa oportunidad el teatro Karl Marx vibraba y más de uno derramaba lágrimas. "Viva Cuba libre, viva el Comandante" eran los gritos de las miles de personas allí reunidas. Fidel Castro morirá un día pero sus ideas, su talla de estadista y revolucionario, pese a quien le pese, siempre vivirán. ¡Viva Cuba! ¡Viva el Comandante!

EL FIDEL CASTRO QUE YO CONOZCO
Por Gabriel García Márquez

Su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor científico. Se mantiene en excelentes condiciones físicas con varias horas de gimnasia diaria y de natación frecuente. Paciencia invencible. Disciplina férrea. La fuerza de la imaginación lo arrastra a los imprevistos. Tan importante como aprender a trabajar es aprender a descansar.

Fatigado de conversar, descansa conversando. Escribe bien y le gusta hacerlo. El mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo. La tribuna de improvisador parece ser su medio ecológico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia. Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que sólo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo. Es el antidogmático por excelencia.

José Martí es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sanguíneo de una revolución marxista. La esencia de su propio pensamiento podría estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas es fundamentalmente ocuparse de los individuos.

Esto podría explicar su confianza absoluta en el contacto directo. Tiene un idioma para cada ocasión y un modo distinto de persuasión según los distintos interlocutores. Sabe situarse en el nivel de cada uno y dispone de una información vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio. Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria. Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa. No hay un proyecto colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión encarnizada. Y en especial si tiene que enfrentarse a la adversidad. Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: Las cosas deben andar muy mal, porque usted está rozagante.

Las reiteraciones son uno de sus modos de trabajar. Ej.: El tema de la deuda externa de América Latina, había aparecido por primera vez en sus conversaciones desde hacía unos dos años, y había ido evolucionando, ramificándose, profundizándose. Lo primero que dijo, como una simple conclusión aritmética, era que la deuda era impagable. Después aparecieron los hallazgos escalonados: Las repercusiones de la deuda en la economía de los países, su impacto político y social, su influencia decisiva en las relaciones internacionales, su importancia providencial para una política unitaria de América Latina... hasta lograr una visión totalizadora, la que expuso en una reunión internacional convocada al efecto y que el tiempo se ha encargado de demostrar.

Su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas...pero esa facultad no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo y tenaz. Su auxiliar supremo es la memoria y la usa hasta el abuso para sustentar discursos o charlas privadas con raciocinios abrumadores y operaciones aritméticas de una rapidez increíble.

Requiere el auxilio de una información incesante, bien masticada y digerida. Su tarea de acumulación informativa principia desde que despierta. Desayuna con no menos de 200 páginas de noticias del mundo entero. Durante el día le hacen llegar informaciones urgentes donde esté, calcula que cada día tiene que leer unos 50 documentos, a eso hay que agregar los informes de los servicios oficiales y de sus visitantes y todo cuanto pueda interesar a su curiosidad infinita.

Las respuestas tienen que ser exactas, pues es capaz de descubrir la mínima contradicción de una frase casual. Otra fuente de vital información son los libros. Es un lector voraz. Nadie se explica cómo le alcanza el tiempo ni de qué método se sirve para leer tanto y con tanta rapidez, aunque él insiste en que no tiene ninguno en especial. Muchas veces se ha llevado un libro en la madrugada y a la mañana siguiente lo comenta. Lee el inglés pero no lo habla. Prefiere leer en castellano y a cualquier hora está dispuesto a leer un papel con letra que le caiga en las manos. Es lector habitual de temas económicos e históricos. Es un buen lector de literatura y la sigue con atención.

Tiene la costumbre de los interrogatorios rápidos. Preguntas sucesivas que él hace en ráfagas instantáneas hasta descubrir el por qué del por qué del por qué final. Cuando un visitante de América Latina le dio un dato apresurado sobre el consumo de arroz de sus compatriotas, él hizo sus cálculos mentales y dijo: Qué raro, que cada uno se come cuatro libras de arroz al día. Su táctica maestra es preguntar sobre cosas que sabe, para confirmar sus datos. Y en algunos casos para medir el calibre de su interlocutor, y tratarlo en consecuencia.

No pierde ocasión de informarse. Durante la guerra de Angola describió una batalla con tal minuciosidad en una recepción oficial, que costó trabajo convencer a un diplomático europeo de que Fidel Castro no había participado en ella. El relato que hizo de la captura y asesinato del Che, el que hizo del asalto de la Moneda y de la muerte de Salvador Allende o el que hizo de los estragos del ciclón Flora, eran grandes reportajes hablados.

Su visión de América Latina en el porvenir, es la misma de Bolívar y Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de mover el destino del mundo. El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo.

En una entrevista de varias horas, se detiene en cada tema, se aventura por sus vericuetos menos pensados sin descuidar jamás la precisión, consciente de que una sola palabra mal usada, puede causar estragos irreparables. Jamás ha rehusado contestar ninguna pregunta, por provocadora que sea, ni ha perdido nunca la paciencia. Sobre los que le escamotean la verdad por no causarle más preocupaciones de las que tiene: Él lo sabe. A un funcionario que lo hizo le dijo: Me ocultan verdades por no inquietarme, pero cuando por fin las descubra me moriré por la impresión de enfrentarme a tantas verdades que han dejado de decirme. Las más graves, sin embargo, son las verdades que se le ocultan para encubrir deficiencias, pues al lado de los enormes logros que sustentan la Revolución los logros políticos, científicos, deportivos, culturales- hay una incompetencia burocrática colosal que afecta a casi todos los órdenes de la vida diaria, y en especial a la felicidad doméstica.

Cuando habla con la gente de la calle, la conversación recobra la expresividad y la franqueza cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean sin riesgos, lo tutean, le discuten, lo contradicen, le reclaman, con un canal de trasmisión inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciable, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal.

Sueña con que sus científicos encuentren la medicina final contra el cáncer y ha creado una política exterior de potencia mundial, en una isla 84 veces más pequeña que u enemigo principal. Tiene la convicción de que el logro mayor del ser humano es la buena formación de su conciencia y que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.

Lo he oído en sus escasas horas de añoranza a la vida, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle más tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina.

martes, agosto 01, 2006

En tránsito (II)

A las 6:00 de la tarde del sábado 29 de julio el autobus nos recogió en el hotel para llevarnos al aeropuerto. Todos los compañeros y compañeras de penurias se veían ansiosos y, pese a las circunstancias, animados. Algunos pensaban que Air Madrid nos jugaría sucio y que otra vez nos dejaría abandonados a nuestra suerte en Barajas.

Después de 3 horas de cola por fin pudimos facturar, cosa que en verdad se agradeció porque ya estábamos hasta el moño con las maletas para un lado y otro; sin contar con el mal de estómago y el hambre que ya empezaba a hacer estragos...

A las 10:20 el pasaje estaba dentro del avión pero, para variar, el comandante informó que nopodía despegar hasta que no tuviese los permisos correspondientes. "Vaya mierda", dijo un pasajero gordo y agradable que en la escala que se hizo en Cartagena de Indias tuvo que ser atendido por un médico. "Puede usted viajar tranquilo", indicó el profesional una vez lo hubo examinado.
Al mal tiempo buena cara

A las 12:00 de la noche aterrizamos en Barcelona con la incertidumbre en la piel por las informaciones contradictorias que se tenían con respecto a la huelga de los trabajadores de Iberia. No sabíamos si podríamos salir de allí con las maletas y sobre todo, en perfecto estado de salud física y mental. Y estos augurios se confirmaron cuando llegamos a la sala de entrega de equipaje, repleta de cuerpos de todos los colores y volúmenes. El panorama tenía mala pinta: hombres y mujeres acostados en las cintas o durmiendo sobre cartones, niño dormidos en los asientos, jóvenes acostados en el suelo. "Esto no parece un aeropuerto del primer mundo; es que ni siquiera este espectáculo se vería en Colombia", dice un hombre de mediana edad muy simpático (más tarde supimos que era uno de los 10 curas colombianos que fueron importados para las parroquias abandonadas sobre todo las del pirineo -aquí las devociones escasean.

Y en verdad era un espectáculo deprimente sobre todo cuando nos indicaron que el grupo de jóvenes rubísimos -daneses- que teníamos al frente, esperaban que les estregaran su equipaje desde hacía dos días. Vaya esperanza. Dentro de todo causaba un poco de extrañeza la pasividad y tranquilidad de los cientos de personas que allí se encontraban: parecían resignados a la espera.

Y, para no perder la costumbre, el pasaje colombiano y catalán volvimos nuevamente a hacer una protesta, tal como en Madrid. "Queremos las maletas". Empezamos a gritar acompañados de las palmas y de golpes que hacíamos con botellas de agua vacías o con los zapatos sobre las bandas de desplazamiento de los equipajes. Queríamos incendiar a la gente, despertar a los gélidos nórdicos y rusos... Mientras tanto, yo daba reiterativos paseos con mi hija Luna, acomodada en el carrito de las maletas, sobre unos cartones. De vez en cuando me acercaba al grupo y gritaba con ellos. Al cabo de unos minutos otro grupo que esperaba las maletas empezó a gritas y azotar con fuerza las cintas de equipajes. Llegan la polícia y alguna gente furiosa pide a los uniformados que hagan algo, que no es posible que pase esto justamente aquí... "Esto es una putada". El agente informa que ya se está buscando una solución. La chica de la trompeta vuelve con las suyas y la gente ríe, hace fotos y graba. "Esto es surrealista".

A las 3:00 de la madrugada hay más gente dormida sobre cartones. "Aquí todos somos iguales: no hay ni primer mundo ni tercero ni nada...", dice un hombre mayor. También hay botellas de agua vacías por doquier pero sobre todo personas ojerosas, cansadas y molestas. A estas alturas todos pensamos que estaremos aquí, como mínimo, un día. "No hay ninguna esperanza, ya ni siquiera aparece nuestro vuelo en pantalla", dice una compañera de penurias. La gente de la cruz roja nos ha dado bocadillos y agua pero no hay suficiente para todos, algunos se quedan sin probar bocado. Todos pensamos lo mismo: esto es una violación flagrante de nuestros derechos, estamos secuestrados, hambrientos, aislados, nadie dice nada, no sabemos nada. ¿Es legal que se someta a millares de personas a una situación como esta?

Pasan otras dos horas y nada. El cuadro que mi hermana Lina María me regaló ya pesa una tonelada y los pocos bizcochos de achira que nos quedan ya no los queremos ni ver. Luna intenta dormir sobre los cartones del carrito y Juanca sigue con la protesta. Ya han despachado, por entregas, algunos equipajes. De repente se forma un torbellino y la gente corre hacia la cinta número 45: acaban de informar que nos entregarán los equipajes. Son las 6:00 de la mañana. El cuadro rueda por el suelo, Luna se baja del carrito, Juanca se mete en medio de la cinta. Y, por fin, después de otra media hora, podemos coger el taxi para llegar a casa. El tránsito ha terminado.