domingo, enero 28, 2007

Play Strindberg

El 18 de enero tuve la oportunidad de asistir al estreno de Play Strindberg, Dansa Macabra, en el Teatro Nacional de Catalunya. Fue una estupenda experiencia sobre todo porque era la primera vez que presenciaba un espectáculo en ese espacio cultural tan importante. Un sitio creado para la representación, para el teatro en su más alto sentido. ¡Cuán distinto de aquellos modestos lugares de mi ciudad donde un puñado de soñadores levantan los telones! Recordé entonces mi corto paso por las tablas regionales en Casateus y mi amistad entrañable con los incansables de Casateatro donde tantas palabras y emociones he compartido -la última vez fue en julio del año pasado-. Eran y siguen siendo espacios culturales sencillos pero ahí todavía palpitaba el arte, la vida y la esperanza.

Así que estar en el TNC fue muy emotivo, más aún viendo en escena a la catalana -hospitalense, por más señas- Núria Espert y a José Luís Gómez y Lluís Homar, en unas interpretaciones sobresalientes que conducen al espectador al deplorable espectáculo de un matrimonio derruido. Porque eso es Play Strindberg un recorrido despiadado por los entresijos de la convivencia cotidiana. Con una puesta en escena minimalista, casi esencial, y unos dialógos irónicos y negros poco a poco se va adentrando en la realidad de una pareja convencida de su derrota.

Pero más allá de la fábula del fracaso matrimonial se encuentra una reflexión profunda y descreída de la sociedad a través de una comedia salpicada de momentos brillantes y amargos que en últimas intentan poner sal en las heridas para mostrar esa miserable condición humana.

Estoy segura que entre las sonrisas que provocan algunos de los ácidos diálogos hay también una suerte de reflexión, de preguntarse si alguna vez en nuestra vida matrimonial existen atisbos de situaciones parecidas. Las caras de quienes asistimos al teatro mostraban algo de ello...

Martha Cecilia Cedeño Pérez

sábado, enero 13, 2007

Pintora de Arte Mayor

No era necesario que un intelectual como Gerard Vilar hiciera un comentario sobre la pintora Lina María Cedeño Pérez (mi hermana, por supuesto) para darnos cuenta del valor de su obra. Eso lo sentí desde la primera vez que ví uno de sus cuadros urbanos, aquellos donde juega con los signos y desplazamientos, con sus trazos tenues y al mismo tiempo firmes. Para mí fue un descubrimiento fabuloso percatarme de aquellas figuras citadinas que insinuan una ciudad otra, plena de sentidos y al mismo tiempo enmarañada en su propio espacio-tiempo.

Y este comentario viene a raíz de aquel hecho por el profesor Vilar en la revista Disturbis, que sin duda nos llena de alegría y emoción a quienes amamos a Lina, y que ahora reproduzco con orgullo y sin el menor pudor nepótico:


"Hace unos pocos días recibí unas hermosas imágenes de Lina María Cedeño, una artista colombiana de la que casi nada sé. Tampoco necesito saber mucho para apreciar la calidad que -ninguna lengua podría decirlo mejor- salta a la vista. Se trata de un retablo titulado “Recorridos urbanos” del que cuelgo en esta página un detalle. Es fascinante: transmite una gran calidez y una equilibrada serenidad a la vez que te enfrenta a una esquiva riqueza simbólica por descifrar. Parece una invitación a celebrar que estamos aquí, que la calidez humana existe, que la comunciación, por difícil que sea, es posible y más que deseable. Lina sigue una muy vieja tradición occidental, en relaciones de mestizaje y cruzada por otras tradiciones, claro es; pero su arte tiene que ver con los grandes maestros flamencos de la baja Edad Media europea y el Renacimiento: la pintura sobre tabla. En esta época del arte en uploaded en Yotube parece algo poco arriesgado. Es cierto. Pero cuando una vieja forma estética funciona, como en este caso, tiene todos los números para resistir mucho mejor la destructividad del tiempo. Mi enhorabuena a Lina".

Esas palabras mayores son un gran aliciente para una artista como Lina, nacida en las selvas caqueteñas y criada en los estribores de la cordillera andina, que ahora está aquí, en Barcelona, donde bebe en las fuentes de los grandes: Picasso, Miró, Dalí, Tàpies... Sé también que ese contacto con la urbe mediterránea plena de contrastes e imágenes, consolidarán su obra y la abrirán a nuevas perspectivas y matices. La experiencia europea, sin duda, reforzarán la mirada de esta promesa que será una "pintora espléndida", tal como se lo dijo Luna cuando vió uno de los cuadros que está terminando en esta temporada barcelonesa. Olé, Olé, Olé!
Foto: "Recorridos Urbanos" por Lina María Cedeño Pérez

lunes, enero 08, 2007

¡Se acabaron las fiestas!

¡Por fin se acabaron las fiestas!. Fueron más de 15 días de ires y venires, de comidas y compras descomunales. Días de consumo, como lo digo en una de las entradas anteriores. Días en que la felicidad parece medirse por cuánto tienes, cúanto das, cuánto adquieres, cúanto comes, cuánto...
Es como si esta sociedad en la que vivo ahora quisiera olvidar para siempre los días terribles de la pobreza y la miseria, días aún cercanos, por cierto. De ahí, talvez, ese afán por llenar las barrigas y las tiendas.
Y ese espíritu compulsivo también parece contagiar a quienes vienen de lejos. Según una encuesta los extranjeros, principalmente los latinoamericanos, son unos de los nuevos protagonistas de esta orgía de la adquisición. Televisores de plasma, mp4 y móviles para sus hijos pequeños y toda una serie de artículos la mayoría de ellos, innecesarios pero que parecen "igualar" en gustos y comportamientos. Y toda esa feria cansa. Cansa la superficialidad, las luces impostadas, los abarrotamientos de la calle, las comilonas; cansa tanta fiesta, tanta superficialidad.
¡Se acabaron las fiestas! ¡qué bien! Aunque debo decir que en mi caso personal estas fiestas fueron una de las mejores que he pasado aquí. La presencia de mi hermana Lina y la posibilidad de volver a la infancia a través de nuestra memoria conjunta, los recuerdos de padre y madre, de hermanos, de música. Volvimos a recuperar las canciones que escuchábamos en navidad cuando éramos adolescentes, preparamos la comida que nos hacía madre, y debo decir, que muchas veces lloramos trayendo a la memoria esos viejos tiempos, "aquellos diciembres que nunca volverán". Así estos días se convirtieron ante todo en días de recuerdos, de intimidad, de compañía, de familia, de reflexión, de volver a las raíces, a los olores y sonidos de la infancia y la primera juventud. Se acabaron las fiestas nos quedan las palabras y la memoria que tanta falta parecen hacer hoy.
P.D: que este nuevo año sea mucho mejor en todos los sentidos para la gente que llevo en el corazón, para mis amigas que no olvido. Para las que están aquí junto al mediterráneo y para las que están al otro lado del Atlántico: Gabriela, Pilar O., Pilar L., Helena, Lucía, Claudia...