miércoles, octubre 31, 2007

Intersticios urbanos

La ciudad es un universo hecho de discontinuidades, de interacciones e intersecciones, de cruces, de sentidos, de rutas. Es un espectro habitado por seres que la trashuman, la re-crean, la experimentan, la viven cotidianamente en todas sus minucias y grandezas. La ciudad es una explosión de color y sentidos que bordan su superficie siempre dinámica y compleja, plena de puntos, de resquicios, de signos, de vías movedizas por donde se desplazan los cuerpos, los objetos, las esquinas, con una fluidez exquisita.
La ciudad es una textura. Un remolino de color trabajado con la dedicación de un orfebre. Líneas sobrepuestas, círculos que enuncian plazas donde la vida urbana regurgita. Perfiles que recuerdan las chimeneas industriales sobre una línea de mar azul y plata. Mojones, vías ligeras, signos que evocan paseos, prácticas de un espacio urbano que se sale de sus límites impuestos. Y entre esas líneas pulidas y sensuales está la urbe, todas las urbes. Barcelona de mar y montaña, Bogotá de altitudes, París de Monumentos, Nueva York de giros verticales… Allí en los trazos limpios están los ojos de la pintora que sobrevuela los perfiles urbanos para señalar esos mapas móviles en los que se agita la vida.
(Pinturas: Intersticios urbanos, de la artista Lina María Cedeño Pérez)

miércoles, octubre 24, 2007

Vergüenza y dolor: racismo en España

Rabia y dolor. Eso es lo que se siente cuando se ve el video de la agresión a una menor por parte de un joven (una bestia) en un tren de cercanías en Barcelona. ¿Cómo es posible que pasen esas cosas aquí? Se preguntan muchas personas que no entienden cómo se puede atentar contra un ser indefenso, una jovencita sola y desamparada cuyo único delito es ser: extranjera de América del sur, mestiza, mujer. Y es un acto que no se puede permitir en ninguna sociedad menos en ésta permeada por todos los cruces y mestizajes posibles.
Es inadmisible desde todos los puntos de vista. Es más que un ataque sexista: es una clara agresión de corte racista, xenófoba. Y tampoco es un hecho aislado. Desde que la población extranjera ha aumentado en España también se han incrementado los casos de violencia contra aquella población doblemente discriminada. Es una vergüenza desde todos los puntos de vista. Y lo peor es que desde las instancias encargadas de velar por la seguridad, por la protección de todos y todas las que vivimos aquí no se hace nada. La bestia aquella de 21 años está en libertad y se atreve a decir en la televisión que no se acuerda de lo que hizo, que estaba borracho. ¡Vaya desfachatez!
Ayer nuevamente nos sorprendimos con el caso del médico negro -también en un tren-, que fue abordado directamente por uno de los inspectores para que le mostrase el billete, lo raro es que no lo exigió a los otros viajeros (¿Quizá porque su color lo delataba?) Pero aquí hay una clara distinción. Mientras que en el caso de la chica ninguno de los ocupantes del vagón hizo nada para defenderla, en este caso, los otros ocupantes se solidarizaron con el hombre, estuvieron con él en un simple gesto de la más esencial humanidad.
¡Qué vergüenza! ¡Qué tristeza! Estos casos son lamentables y hablan mucho del modelo de sociedad que se está gestando en este país signado por el egoísmo, la cobardía, la sinrazón. Pero también habla de su falta de memoria: ha olvidado su época de hambre, su época de emigración, su miseria. Ha olvidado que hace menos de 40 años España todavía era el país "negro" de Europa, los "pobres" de sur. Ha olvidado que cuando más lo necesitaba América Latina abrió las puertas a quienes llegaban con una mano adelante y otra atrás. Han olvidado la solidaridad, el respeto, la más mínima mirada de humanidad. ¡Me avergüenzo de vivir en un país con casos como éstos!
Nota Post Scriptum: Por fortuna también hay gente generosa, solidaria, cálida y humana en este país. Gente que lucha, que trabaja, que sueña, que ve a los otros y otras como sus iguales -como debe ser-. Gente que reconoce el valor de los demás, que se pone en su lugar y que no olvida un pasado reciente signado por la precariedad y la falta de libertades.

viernes, octubre 19, 2007

William Ospina

Y después de tantos años, por fin, pude escuchar a William Ospina. Conocía su obra desde mis tiempos de estudiante universitaria y sobre todo su posición vital sobre la terrible realidad colombiana.

Y anoche estaba allí, en la mesa principal, con el gesto sereno de quien ha escudriñado en la condición humana, de quien ha re-creado un mundo a través de la palabra.

El mundo está callado esta noche,
las grandes rocas de la eternidad se yerguen entre las
estrellas,
el pensativo enjambre de los mundos pasa sobre las
ciudades dormidas,
en donde ansiosos y desnudos se desvelan los rojos
amantes.
(Fragmento del poema "Lo que piensa el viajero en un cuarto de hotel", en El país de viento, Norma, 2000)

No hace falta decir que William Ospina es una de las voces colombianas y latinoamericanas más importantes. Poeta, ensayista y novelista, deambula por los resquicios del mundo para nombrarlo, para mostrar lo que esconde las palabras o más bien para hacer de ellas un mundo. Y el maestro como su obra están a tono. Anoche en la presentación de su libro Auroras de sangre para España su mirada cálida y serena sin pretensiones dibujaban al hombre, al ser humano sensible y cercano que está más allá de los halagos, más allá de la parafernalia de los medios y los miedos.

Hiere aprisa las aguas, amigo,
de tí dependo ahora para llegar a las riberas del día.
Ya muchos meses estuviste inmóvil
bajo los pies del pájaro.
Ahora es tuya la forma de la hoja,
y el viento es más espeso y tiene peces,
y atrás la oscuridad se está llenando
de garras y de gritos y de puntas de hierro.
(Fragmento del poema "invocación sobre el Río Negro", El país del viento, Norma, 2000)

Voz de tierra, de hoja, de noche quebrada, de amaneceres rojos, de hierros que hieren las entrañas. Voz crecida como río parido por cielos desbocados. Voz que recupera voces venidas de otros tiempos: cronistas de conquistas y asombros, bandoleros abandonados a la intemperie, luchas centenarias junto al árbol: la imponente ceiba, el alegre gualanday, el triste sauce, el cantarino guadual...

sábado, octubre 13, 2007

Ángela

Angela es alta, tiene labios carnosos y un cuerpo armónico de curvas vertiginosas. Camina ritmicamente por las calles y mientras lo hace muchos ojos la miran, la recorren, la inquieren. Ella se desplaza despacio, segura, con la frente altiva. Parece no importarle que todos y todas se fijen en su figura aunque, en el fondo, le gustaría pasar desapercibida. Le encantaría poder ejercer el derecho a la indiferencia, al anonimato, a que nadie repare en ella; a ser un cuerpo más que se desplaza entre los vericuetos de la calle, del parque, de las esquinas...
Porque Ángela es como cualquiera. Trabaja, compra en el super, se pone camisetas de Zara, decora el piso con Ikea (¡la república independiente de tu casa!), y lleva a su hija al parque. Bueno, a ella también le gustan las tapas y durante el verano se sienta en una terraza de barrio y disfruta de unos chocos, unos boquerones, un cochinillo. Angela hace las mismas cosas que hacemos todos y todas. Ah, se me olvidaba decir que a Ángela también le descuentan el IRPF... bueno, trabaja y contribuye al desarrollo del país. Pero Ángela no puede, no debe, pasar desapercibida...
Ayer, Ángela, fue hasta un conocido centro comercial. Allí se encontró con unos amigos y realizó algunas compras para su hija. Después de un rato decidió volver a casa. Estaba un poco cansada, así que lo mejor era coger el metro, pensó. Angela caminaba con parsimonia; las bolsas que llevaba en la mano se balanceaban al compás de sus pasos. El viento movía con delicadeza su pelo negrísimo que horas antes la peluquera había puesto en su sitio. Ángela, estaba contenta, en casa la esperaba Mireia, su nena. ¡Seguro que le quedarían preciosos los jerseis que había comprado para ella!.
Angela llega a la estación y baja los escalones con cuidado (había llovido hace poco y estaban todavía mojados). De repente una voz altisonante la detiene.
-Quitate de aquí, negra, déjame pasar. Ángela levanta la mirada y observa a una mujer de unos 60 años, con el pelo teñido de rubio y unos ojos marrones vidriosos.
-Señora, pase usted por ahí. Dice señalándole el gran espacio que hay justo a la derecha de la mujer.
-¿No me vas a dejar pasar?
-Pero si tiene usted todo ese espacio, señora. Yo estoy bajando por la derecha, por mi derecha.
La mujer chilla y mientras lo hace un hombre que la acompaña -seguramente su marido-, se abalanza sobre el cabello de Ángela, tirándolo con fuerza.
- Por que no os marchaís a vuestro país, negra. ¡Iros todos de aquí!
Grita el hombre descompuesto mientras los demás transeúntes miran la escena, miran a Ángela como si no pasara nada.
-Vamos a llamar a la policía, negra miserable. Fuera de aquí todos vosotros. ¡No os queremos!
Ángela se defiende como puede. Mueve las bolsas alrededor suyo para protegerse y gira hacia su izquierda para soltarse de las manos del hombre que tira con fuerza su pelo (Ángela recuerda que en la mañana se ha puesto las extensiones y le han costado mucho), cuando lo hace deja el espacio a la mujer que la mira con odio mientras lanza toda clase de improperios sobre la chica.
Una vez libre de la acción de la pareja de desquiciados, Ángela acaba de bajar los escalones con rapidez. Le tiemblan las piernas y la voz. Se siente vulnerada, vejada, impotente. No acaba de entender la situación, la agresión inesperada que ha sufrido sin más. Sin buscarla. Sólo por ser. Ángela no puede evitarlo y llora. Y siente la mirada acusadora de la gente, sus ojos plenos de desdén.
Ángela llora.
Ángela quisiera caminar por las calles sin que nadie la viera, Ángela piel de azabache quisiera ser invisible, Ángela mujer quisiera ir al trabajo, al parque, al metro, al super y ser otra más... Ángela no reclama su derecho a la diferencia, Ángela reclama su derecho a la Indiferencia, su derecho a Ser, su derecho a Estar.
.....................
(Ángela existe -me ha contado su caso-. Pero Ángela, además, metaforiza a los advenedizos, a los extranjeros "exóticos", a los "inmigrantes" de segunda, a aquellos que venimos de los países del sur: maltratados, explotados, vulnerados, saqueados... Ángela mujer negra africana... ¡cuatro veces discriminada!)

jueves, octubre 11, 2007

Octubre: pueblo, calle, grito, resistencia...

Llegó el momento de alzar el grito
y las manos
y los sueños
y la esperanza rota en el invierno
escarlata...
Llegó octubre
con los pies macerados
que claman la derrota del tirano:
pájaro nocturno,
canto de motosierras,
árbol de hojas rojas,
paisaje de zumbidos metálicos,
casas abandonadas en la aurora
de un siglo eterno...

(A todos y todas los que luchan, creen, sueñan, bailan, vibran, aman, resisten... A todas y todas los que se toman las calles para afianzar la vida)

domingo, octubre 07, 2007

Celebración

Quiero agradecer a todas las personas que durante estos dos años han navegado por este blog. Ya son más de 3000 visitas, cifra ínfima si se compara, por ejemplo, con un blog recientemente restringido (http://www.escepticismocriminologico.blogspot.com/) que en el lapso de un mes tenía más de 400.00. Pero la verdad no me importa. En este caso me gusta más la calidad que la cantidad.

Sé que esta ventana tiene seres cautivos que siempre se asoman a ella desde los lugares más lejanos pero también de los más cercanos. Para vosotros sigo escribiendo estas minucias que encierran la vida cotidiana de aquí y de allá, del recuerdo y la calle, del amanecer y la noche, de la distancia y el tiempo.

Y quiero celebrarlo con un poema de Emily Dickinson, poeta de sensibilidad plena y lenguaje nítido como un cielo después de la lluvia.

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También a mí, cuando tenía ojos,
me gustaba ver
como a otras criaturas que los tienen
y no conocen otro modo.
Pero si ahora me dijeran
que va a ser mío el cielo,
me estallaría el corazón
de puro gozo.

Míos los prados
y las montañas mías,
los bosques, las estrella incontables,
todo lo que pudiera tomar de mediodía
en mis ojos estrechos.

El vuelo de los pájaros, la ruta
ámbar de la mañana, todo
para mirarlo cuando quisiera:
esa nueva me mataría.

Es más seguro, pues, que la mente adivine,
junto al cristal de la ventana,
lo que otros seres tocan con los ojos
sin advertir el sol.


Tomado de: Emily Dickinson, En mi flor me he escondido. Versiones de José Manuel Arango, Integraf editores, Medellín, 1994.

miércoles, octubre 03, 2007

Un debate anti-monárquico

No cabe duda que los últimos acontecimientos en Catalunya reflejan algo más que una gamberrada (como lo quieren hacer creer muchos). Son la expresión de un malestar que ya se empieza a notar en algunos segmentos de la sociedad española. Malestar que se ve agravado por las medidas extremistas que desde algunas esferas del Estado se quieren aplicar a quienes se manifiestan en las calles.
Y sorprende leer en los periódicos que a quienes hayan quemado fotos de su eternísima majestad les pueden caer hasta tres años de prisión. Por favor. ¿Estamos hablando de un país "terecermundista", quizá de aquel que refleja García Márquez en el Otoño del Patriarca? No. Estamos hablando de la milagrosa España, aquella que promueve y respeta el ejercicio de la ciudadanía. Sin embargo, con medidas como las anteriores se está vulnerando uno de los derechos humanos fundamentales que más se proclama en la "civilizada" europa occidental: la libertad de expresión. Sin entrar a debatir el anacronismo de la monarquía y el parasitismo que ello implica, el hecho per se lleva a cuestionarse muchas cosas. El debate ya está en la calle...