jueves, febrero 21, 2008

Sólo a veces

De mi amiga Osorio este poema cristalino y esencial como ella. Podéis verlo también publicado en su blog:

Sólo a veces

A veces, los martes, brotan de mis manos
flores de geranio blancas;
a veces, hiedra pegajosa,
incluso, a veces, los dedos paren poemas.

Osorio

lunes, febrero 18, 2008

Noam Chomsky

La organización de derechos humanos Colombia Support Network con sede en Estados Unidos dio a conocer en días pasados el siguiente mensaje del lingüista y profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets, Noam Chomsky en apoyo a la jornada de homenaje a las víctimas en Colombia el próximo 6 de marzo:

For far too long, Colombians have suffered torture, displacement, disappearance, and general misery under the dark shadow of paramilitary and military terror, constantly taking new and more menacing forms. To our everlasting shame, citizens of the United States have unwittingly made a decisive contribution to these horrors for close to half a century. The vigil on March 6 is a courageous stand by the victims and their supporters, in Colombia and around the world, a passionate plea for this savagery to be brought to a final end. Please join them in any way you can, and help to bring to this wonderful country the justice and peace that its people richly deserve”.

miércoles, febrero 06, 2008

La colombia que...


LA COLOMBIA QUE MARCHÓ, LA QUE NO MARCHÓ Y LA QUE MARCHÓ CONTRA LOS QUE MARCHARON.

Por: Fredy Muñoz Altamiranda Rebelión


Hay, por lo menos, dos colombias. Una que marchó y otra que no. Una que votó y seguiría votando por mantener a un paramilitar y narcotraficante como Álvaro Uribe en la presidencia, y otra que continuará oponiéndosele, a pesar de que le asesinen a sus hijos, le roben sus tierras o la dejen sin trabajo.
Hay una Colombia de sentimientos patrióticos virtualizados, muchachos y muchachas de "bien" que a diario se indignan, a través de Facebook, de la violencia nacional, mientras envían a sus listas de correos y círculos de amistades electrónicas, razones por las cuales sentirse orgullosos de lo que creen que es Colombia: Juanes, Shakira y Montoya.
En la otra Colombia hay por lo menos sesenta mil familias que aún esperan que los paramilitares amigos del gobierno mafioso de Uribe les digan dónde enterraron los pedazos mutilados de sus víctimas. En quéf osa común, de qué hacienda, de cuál congresista uribista, están losdespojos de miles de hombres, mujeres, jóvenes y niños que hacíanparte de la otra Colombia, la que no marchó.
Como tampoco marcharon los campesinos asesinados por la Brigada Móvilnúmero XV del ejército colombiano, que según contó uno de los propiosasesinos a la Procuraduría General de la Nación, el sargento AlexanderRodríguez, eran tiroteados para hacerlos pasar por guerrilleros y reclamar cinco días de descanso por cada muerto.
La Colombia de las universidades privadas, de los empleos bien remunerados en almacenes, compañías, centros comerciales, bancos y empresas prósperas de la mafia, la Colombia propietaria, la que dicepoder viajar ahora por carretera en sus camionetas blindadas a visitarsus fincas de recreo en tierras exclusivas del país, robadas acampesinos o a indígenas y hoy custodiadas por paramilitares, esa Colombia si marchó.
Los jóvenes de barrio que reciben clases en las universidades públicas, con un pasaje de bus en el bolsillo y un desayuno casero enel estómago, los chicos y chicas que han leído más de un buen libro sobre la historia y el origen de nuestra violencia, los que insistenen la democracia participativa y los cambios estructurales de un paístomado por el paramilitarismo, los que no le comen cuento ni a Uribeni a sus asesores cínicos, esos no marcharon.
En mi tierra, la Costa Atlántica, los uribistas pretendieron aprovechar la asistencia del pueblo a la programación multitudinariadel Carnaval de Barranquilla, para hacerle creer a los navegantes deinternet que esa manifestación cultural centenaria y rica era productode sus convocatorias virtuales. Pero sólo pudieron hacer un rápido y deslucido desfile de carros lujosos, de electores de Uribe quesuspendieron la parranda por quince minutos, y salieron a darle unavuelta a la cuadra, a sonar sus bocinas y tomarse una foto con el teléfono celular para montarla en los portales de "Facebook" y decirque "millones de colombianos marcharon".
Pero hubo una Colombia, entre estas dos de las que he hablado, que también marchó, para exigir la solución política negociada alconflicto armado, un intercambio humanitario de prisioneros, y la pazcon justicia social que mantiene en armas a otra Colombia. Y que si esa otra Colombia armada salió a marchar, lo hizo por las montañas ylas selvas del país, a combatir, como lo hacen a diario, a mercenariosgringos, a oficiales y soldados, compatriotas cuya única alternativa de trabajo remunerado ha sido la guerra; y a los nuevos paramilitaresque negociarán con Uribe nuevos beneficios, en un ya lanzado tercermandato.
Una Colombia que marchó (pero no por seguirle el juego a "Facebook", la extensión de la CIA cuyos 16 socios son agentes de inteligenciaestatal estadounidenses) en Washington coreaba: "¡Uribe, paraco, elpueblo está verraco!".
En Bogotá jóvenes del Sur de la ciudad marcharon a la usanza de las tribus urbanas, pidiendo paz, pero también justicia para sus amigosasesinados por los paramilitares en complicidad con la policía, ymostrados luego como delincuentes dados de baja o resultado de social de los paramilitares ensus barrios. La Colombia que marchó lo hizo convencida de que reelegirán a Uribe para cuatro años más de gobierno mafioso y paramilitar. Muchos quizás no sean conscientes de eso.
La Colombia que marchó contra la marcha de Uribe lo hizo, en buena parte, para no ser tomados como amigos de los "violentos", pero en otra para expresar salidas distintas al unanimismo guerrerista. Y la Colombia que no marchó espera que los huesos de sus familiares aparezcan, o que alguien diga, "Yo los maté" como ya ha hecho el narcotraficante, paramilitar y elector de Uribe, Hernán Giraldo con 37 asesinatos, entre ellos el de Martha Lucía Hernández Turriago, exdirectora del Parque Tayrona, y el del estudiante Hugo Maduro, exmiembro de la Juventud Comunista, y hoy una cifra más en la estadística de un exterminio que no cesa.