sábado, diciembre 27, 2008

Terror en Gaza

Hoy, justo a la hora de comer, la tele replica su postre de sangre. Mientras los felices de la tierra descansan de los vaivenes de las fiestas (las reuniones, las comidas, las compras...), una orgía de dolor tiñe de rojo un territorio. Y tenía que ser aquel sagrado de las religiones occidentales -vaya paradoja. Allí, la muerte ronda los muros, las casas, las calles. Allí llueven gotas encendidas. Bombas que arrasan los árboles y los sueños. Y no puedo quedarme callada, ni mirar las noticias del horror. Y me enfurezco y me lleno de indignación. No comprendo el odio encarnizado contra un pueblo acorralado, vejado, expulsado sistemáticamente de una tierra que ha ocupado durante más de 2000 años. No comprendo el silencio de los poderosos del mundo que vuelven sus ojos hacia otro lado mientras un pueblo se desangra. Nada justifica el terror, la masacre, la muerte. ¿Hasta cuándo esa guerra ciega que todo lo cercena? Tengo un nudo en la garganta. No puedo comer con sangre. No puedo reir con muertos en la calle.
¡Yo también lloro por tí, Palestina!

miércoles, diciembre 24, 2008

Las navidades del recuerdo

Estos días he vuelto a recordar aquellos diciembres de mi infancia. Mi memoria se llena de imágenes bellísimas, circundadas por la magia de unos días marcados por la espera impaciente del Niño Dios (entonces no existía el horroroso Papa Noel, importado de Estados Unidos hace algunos años), que venía cargado de regalos. Coches para mis hermanos y muñecas para mí (lo típico en nuestra socialización donde se van reafirmando los roles tradicionales de género). Entonces vivíamos en el campo y junto con mi hermano Juan, cuando caía la tarde del día 24, nos echábamos en el prado para contar las estrellas y para imaginar la forma en que el Niño Dios bajaba del cielo con los regalos. Mi padre decía que utilizaba una cuerda muy, muy larga. Y nosotros le creíamos. No teníamos televisión, sólo radio. Una radio roja en donde podíamos escuchar la música de diciembre y que padre encendía a las cuatro y media de la madrugada para escuchar aquellos programas que intercalaban noticias y música. Así que no estábamos contaminados por las idioteces de la caja tonta. Y justo el día 24 nos acostábamos más temprano que de costumbre para que el Niño Dios viniese pronto con los presentes. No podíamos dormir de la ansiedad y constantemente estirábamos el brazo para tocar debajo de la almohada con la esperanza de encontrar algo. Y cuando por fín lo hallábamos, nos despertábamos del todo, felices, para ver los juguetes. Jugábamos hasta que nuestros padres nos decían que debíamos volver a la cama, que mañana habría tiempo para continuar.
Y junto con los regalos estaba también un cierto tiempo de transgresión (me parece que en el fondo, esto era lo verdaderamente mágico). El hecho de que estuviese la familia reunida, a veces con algunos amigos cercanos que tenían hijos pequeños, nos permitía escaparnos del control paterno para dedicarnos a los juegos, a escabullirnos de los deberes cotidianos. Así que durante las navidades y las fiestas de fin de año, nos dedicábamos a jugar hasta el cansancio. Hacíamos carreteras, casas para las muñecas pero también explorábamos el bosque cercano en busca de material para nuestras construcciones. Y buscábamos nidos de pájaros. Durante esos días nos acostábamos más tarde que de costumbre y nos dábamos un atracón de comida, sobre todo de dulces y caramelos. Hacíamos poco caso a nuestros padres cada vez que nos mandaban a hacer alguna cosa. Pero también andábamos descalzos por el prado y si llovía nos mojábamos y nos metíamos en el barro. Éramos libres y felices sin el peso de la vigilancia paterna.
Y cuando se acababan las fiestas, volvíamos a empezar un ciclo eterno. - Mamá ¿cuánto falta para que vuelva el Niño Dios? -Un año. -¿Y es mucho tiempo? -No, es muy poco. Pero era mentira, entonces, un año era una eternidad.

miércoles, diciembre 17, 2008

Zapatos

Confieso que no puedo evitar escribir algunas líneas sobre un hecho que, durante los últimos días, ha dado la vuelta al mundo. Porque, en efecto, hay imágenes que producen una mezcla de sorpresa y admiración. La de los zapatos volando sobre la cabeza de Bush, es una de ellas. Cuando en apariencia no hay nada qué hacer, ningún modo de reflejar la indignación, siempre quedan aquellos intersticios por donde es posible resitir o al menos demostrar la impotencia brutal en un contexto en el que exixten pocas salidas. Es tan grande el cansancio, la injusticia que se cierne sobre un colectivo, que esa salida inesperada pero cargada de sentido, se convierte, para unos, en un símbolo. Aunque a simple vista parezca, como decía mi abuelo Miguel Ángel, una "pelea de tigre contra burro amarrado" el trasfondo refleja otras cosas. De una parte, es en cierta medida la manifestación de lucha y resistencia de un pueblo masacrado, expoliado, maltratado con perversidad que clama por su autodeterminación y libertad. Y por la otra el declive de una figura -y también un imperio- que ha escenificado el peor conflicto del siglo XXI. Es una manera apropiada de despedir a un gobernante falto de miras y de neuronas, opaco y envilecido por la mentira que aún no ha reconocido sus errores y horrores; que durante los años en que ha ejercido el poder, ha actuado aplastando a los demás con la suela de sus botas de vaquero postmoderno. Los zapatos volando y el quiebre de cintura para evadirlos, metaforizan el eclipse del bárbaro y el hastío de aquellos pueblos heridos que, a pesar de todo, encuentran caminos de resitencia, aunque para algunas personas sea sólo un gesto ingenuo que no conduce a ninguna parte. A mi me basta con mirar el vídeo para tener la esperanza de que todavía es posible cambiar algunas cosas de este negro mundo.
Bueno, pues aquí va el vídeo que está en Youtube:

jueves, diciembre 11, 2008

Felices compras

Las fiestas de navidad y fin de año están a la vuelta de la esquina. O diríamos más bien, las compras. Así que ya se preparan las cartas de reyes, el calcetín del importado Papá Noel, los banquetes de la noche buena y noche vieja… Y se preparan también las exiguas carteras y las tarjetas de crédito. Así con la fría iluminación que decora las calles de la bella Barcelona y las ciudades metropolitanas, llega también el espíritu del consumo. Dios de los tiempos modernos que todo lo puede. Y eso ya se nota pese a la tan mentada “crisis”. Sólo hace falta pasearnos por los centros comerciales para darnos cuenta de ello: hombres y mujeres con cara de felicidad y con sendas bolsas de compra. Ropa, perfume, electrodomésticos, gadgets de toda índole: artículos de primerísima necesidad, sin los cuales no podríamos vivir. ¿Cómo imaginar la vida sin un televisor de plasma, una PSP, una Nintendo, un MP4? ¡Imposible!
Y esto es sólo el principio porque luego, después de reyes, vendrá lo mejor: las espléndidas rebajas. Así recibiremos el nuevo año con un gozo enorme porque podremos suplir esas necesidades vitales que nos hacen cada día mejores personas, mejores vecinos y vecinas, mejores trabajadores y trabajadores, mejores padres y madres, mejores amantes, mejores miembros del selecto grupo de consumistas.
¡Felices compras!

martes, diciembre 09, 2008

Un poema de Machado

Ana, una estupenda y sensible mujer asturiana, me envía este bello poema de Antonio Machado, su poeta favorito. Poeta que conocí en mi época de estudiante universitaria de literatura y que desde entonces llevo conmigo. La sencillez y hondura de sus versos, alejados de artificios, conmueven justamente porque tocan lo esencial. Allí se conjuga el tiempo, la vida, la muerte, la existencia cotidiana, el paisaje, la esperanza...
.........
A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

viernes, diciembre 05, 2008

Delirio

A mis amigas de palabras y a todas aquellas personas que las buscan
Ese día, después de pensar inútilmente durante tanto tiempo en el libro que nunca escribiría, se sentó, por fin, frente al ordenador y con rapidez vertiginosa comenzó a teclear como una condenada. Había pasado demasiados días revolcándose en su dolor postizo y en su hiperbólica falta de voluntad. En la envidia inmensa que le producía leer en los periódicos y diarios digitales los logros de aquellas personas que un día fueron sus amigas y que ahora ganaban premios a diestra y siniestra. Le carcomía la frustración de sentirse en la más absoluta inmovilidad pese a que diez años atrás era considerada una promesa de las letras. Entonces era bella y altiva y no había ningún congreso literario o científico que se le resistiese ni ninguna reunión de escritores y bohemios a la que no acudiera para asombrar con sus versos y con su mirada. Ella lo sabía y sin ninguna muestra de vergüenza se adentraba en las conversaciones de los iniciados, de los intelectuales avezados que se sentían halagados con su presencia impetuosa y dulce al tiempo, y sobre todo con sus coqueteos descarados que los mantenía a todos, sin saberlo, a punto de sucumbir. Era la admirada muchacha, una cuasi figura de las letras que ahora se aferra a los recuerdos y a una novela que nunca escribirá. Eso no significa que no piense en ella. De hecho en todo momento está hilando historias, inventando la obra maestra que algún día la pueda sacar de la precariedad descomunal en la que vive desde siempre. Sus noches en vela se pueblan de personajes que vienen y van, perfiles de viajes, de acciones que comienzan cuando se acuesta en la cama y terminan cuando vencida por el cansancio se queda dormida con las manos dobladas hacia dentro. Y también escribe o más bien imagina cuentos portentosos en los recorridos del metro, las caminatas por el parque, los minutos de descanso en su trabajo como administrativa, los instantes de sordidez frente a la tele o cuando prepara con diligencia la comida del domingo mezclando colores y sabores como si estuviese pintando un cuadro comestible. Escribe uno y mil comienzos. Una y mil historias ridículas y cursis y grandes y épicas. Y ninguna la convence. O, mejor, ninguna de ellas desbloquea el resorte de la inmovilidad que la mantiene atada sin misericordia a la pasividad de las palabras; a la envidia inmensa que la carcome por dentro cuando descubre el triunfo, por insignificante que sea, de alguno de sus conocidos y conocidas. No cabe duda que los concursos son una mierda, el fallo ya se conoce antes de que el jurado lo emita, todo es una pantomima, una cruel representación para dejar a los de siempre o a los amigos de los de siempre. Por eso no creo en ellos ni me presento a ellos. ¿Te acuerdas de Camilo Alce? Pues acaba de ganar un premio de una bienal de novela: o su obra es muy buena o el jurado es muy malo o ha sido comprado.
Historias, historias, cuentos falsos que recrea con un cinismo impúdico para confirmar no su falta de talento, que lo tiene; sino su falta de voluntad para el trabajo creativo. Historias que no son sino extensiones de su pobre vida dedicada a la contemplación del éxito ajeno, a la inercia de no poder escribir porque trabaja dentro y fuera de casa porque tiene que llevar a los niños al colegio porque hace frío porque hace calor porque me siento mal. Y así día tras día va aplazando ese momento que acaricia desde los 20 años. Roza con los dedos las posibilidades sin atreverse a realizarlas y cuando, por fin, un día se despierta con la voluntad agudizada se dice convencida que hoy si se sentará a escribir esa historia que tiene detenida en su garganta como un sollozo. Y va a la cocina y se prepara un café suave y lo sirve en un vaso transparente y se sienta frente al ordenador y lo enciende y entonces se dice que primero abrirá el correo para ver si me ha escrito alguien o para encontrar aquella señal que lleva esperando desde siempre; señal, marca, huella que un día aparecerá como por arte de magia pero no sabe exactamente de qué se trata ni que asunto cambiará con ello. Así que se sienta frente el ordenador y abre sus cinco correos que empieza a ver uno por uno, con parsimonia. Poco a poco va borrando los mensajes basura de grupos contestatarios, páginas de autoayuda, publicidad de móviles, disfrute de estas navidades comprando en el Corte Inglés, alguien te busca, pasa esta cadena para que tengas diez años de buena suerte... y los spam, malditos intrusos, que se multiplican. Con desgano descubre que le ha escrito su amiga de juventud y entonces decide escribirle antes de empezar con la historia largamente pensada. Y ya son las once del día y tengo que parar para recoger un poco la casa, limpiar el polvo, hacer las camas y la comida, para después ir a buscar a los niños al colegio. Y ya se ha ido la mañana y hoy tampoco he escrito nada pero no importa, mañana me levanto más pronto y seguro que alcanzo a escribir un par de páginas porque ahora si estoy animada, ahora sí voy a empezar a contar todo lo que llevo dentro.
Martha Cecilia Cedeño Pérez

miércoles, diciembre 03, 2008

Seal

Descubrir a Seal ha sido estupendo. Sí, ya sé que lleva haciendo música desde principios de los noventa. Pero confieso que sólo hasta hace poco me fijé en él, en sus canciones. Y me gusta. Su voz tiene fortaleza y hondura y remite a lo mejor del Soul. Para la muestra este precioso tema - I've Been Loving You Too Long- que también he encontrado en Youtube. Así que para calentar el cuerpo y el espíritu nada mejor que escuchar a este hombre tatuado por la vida y la música. Seguro que a quienes me leen aquí y allá les gustará.