lunes, abril 26, 2010

Un dibujo de Luna del Mar


Mi hija ocupó el segundo lugar en un concurso de dibujo en su colegio. El tema era San Jordi. Y yo como madre muy, muy orgullosa presento su obra. (Su tía Lina estará feliz: ya tiene quién le siga los pasos en la pintura).

viernes, abril 23, 2010

Sant Jordi

No es una rosa pero es una flor de abril. Una belleza naranja con un rayo de sol (apropiada para una mañana gris como hoy).
¡Bon dia de Sant Jordi!

domingo, abril 18, 2010

Eyjafjalla -Eyjafjallajökull- o la rabia de Vulcano

La explosión de un volcán mantiene en jaque a la aviación europea. Caos. Incertidumbre. Impotencia. La naturaleza habla y reclama lo que es suyo. ¡Qué frágiles y pequeños somos los seres humanos ante su voz primigenia!

Vulcano Eyjafjalla (Eyjafjallajökull) está despierto.

En este link se puede seguir el pronóstico sobre la evolución de la nube de ceniza:

http://www.dmu.dk/International/News/vulcanicplume.htm

y sobre los efectos de las gases volcánicos en el clima y la capa de ozono:

http://volcanoes.usgs.gov/hazards/gas/index.php

jueves, abril 15, 2010

Un añejo poema de abril

Corría el mes de abril en una ciudad calurosa bañada por un río de aguas ligeras. Neiva. Habían versos y cuentos y música en las calles sonámbulas. Un encuentro de escritores. Había una tarde arrebolada que se escondía tras las montañas y un torrente de palabras confundidas con los cuerpos y las miradas y todo aquello que nos hace invencibles. Corría el mes de abril y el alma alborotada escríbía estos versos (creo que entonces no me importaba escribir poemas cursis).


Mar de besos


Náufragos
desterrados de los astros pensativos
tropezamos con el viento
y con los guijarros de ojos blancos
cansados de libar las penas.

En la montaña de caracoles muertos
alzamos nuestras velas
y sin más
sucumbimos en la playa de los besos.

domingo, abril 11, 2010

España, Baltasar Garzón y la desmemoria

Hace más de diez años que vivo en este país y una de las cosas que aún me sorprenden es el grado de desmemoria que parece afectar a gran parte de la sociedad española. Hay una suerte de amnesia colectiva, un empeño sistemático en olvidar los años de barbarie y de miseria. Es como si con la transición se hubiese borrado de un soplo toda la historia anterior a 1976. Me parece que en este caso se ha llevado aquella máxima de “borrón y cuenta nueva” a sus últimas consecuencias. Dictador muerto: rey puesto. Amnistía para todos los verdugos. Más tierra sobre las fosas de los miles de desaparecidos, asesinados, masacrados. Aquí no ha pasado nada. La memoria histórica yace en una fosa común. La democracia es sólo una mueca.
Y cuando alguien tiene el valor de volver sobre esa memoria triste que aún arrastran muchos españoles y españolas, la falange (me causa repulsa los pasos de Fraga y sus fotos de ayer junto al generalísimo) y otros grupos de ultraderecha, se rasgan las vestiduras y reclaman la cabeza del juez que no es otro que Baltasar Garzón. Lo peor de todo no es que los nostálgicos del franquismo (muchos más de los que se supone) presenten una querella sino que una parte de la justicia le dé cabida. “The real crimes in this case are the disappearances, not Mr. Garzón’s investigation”, dice el New York Times en su editorial del dia 8 de abril.
El caso de prevaricación del que se acusa al Garzón no es otra cosa que la cacería feroz de la derecha española, la desazón que experimenta ante el desvelamiento de la corrupción que la corroe por dentro (el caso Gürtel, por ejemplo). Pero también es el miedo terrible que siente ante el descubrimiento de su propia historia teñida de crímenes atroces. Un genocidio sobre el que es necesario y urgente empezar a investigar como ya se está haciendo en Argentina y Chile. Es inconcebible que los crímenes contra la humanidad en los que se cuenta las desapariciones forzadas de más 114.000 republicanos en la guerra civil (1936 – 1939) y de la dictadura franquista (1939 – 1975), tal como lo señala Le Monde, permanezcan bajo el manto oscuro de la desmemoria. Es como si aquí no hubiese pasado nada grave: cuarenta años de dictadura saben a poco. Se quiere banalizar un período terrible de la historia española. Lo que sin lugar a dudas es profundamente preocupante.
Es inconcebible desde todo los puntos de vista que en este país se pretenda sentar en el banquillo de los acusados a Baltasar Garzón, una de las pocas personas íntegras que se ha tomado en serio el deber histórico de volver sobre la memoria, la necesidad vital de no olvidar las atrocidades de la dictadura; la urgencia de saber en dónde están aquellas víctimas anónimas a los que miles de familias aún lloran. No se puede construir una verdadera democracia sobre los cimientos de la desmemoria, del olvido más perverso.

domingo, abril 04, 2010

Por Empuriabrava y sus connotaciones

¿Qué hacen ustedes aquí? pregunta una mujer entrada en años en un malísimo castellano. Estamos paseando y haciendo fotos, decimos nosotros casi a la vez. ¿Pasa alguna cosa? preguntamos molestos. Esto es un lugar privado y no se puede entrar y yo soy la presidenta de propietarios. Sorpresa. Y ¿usted sabe qué país es éste, señora? Replicamos. Que yo soy la presidenta y no pueden estar aquí. ¿Sabe en que país está usted? Volvemos a inquirir con idéntica respuesta. La mujer nos mira casi con desprecio. Tiene acento alemán y vive en Illa Cartago. Una isla mínima, cubierta de casas bellísimas con mar propio en el patio. ¡No se puede entrar aquí! Gruñe la mujer. No podemos creerlo. Ese recodo de mundo, rodeado de mar y de bellezas heridas por la especulación inmobiliaria, es un lugar prohibido para los demás mortales. Y, en efecto, un letrero en alemán ya nos advertía de ello. Pero no sabemos su idioma, señora. Estamos en Empuriabrava, una ciudad construida en 1967. La marina residencial más grande del mundo con canales artificiales y casas fabulosas con garajes para yates y coches. Una ciudad de ricos, dice una de mis compañeras de viaje. De inmigrantes ricos. Guiris con muchísimos ceros a la derecha que forman guetos de lujo en el que sólo hablan su idioma, escuchan su música, sus emisoras, beben sus licores y se emborrachan en ario. A ellos no se les pide que se integren ni que aprendan ya no el catalán sino el castellano. No lo necesitan. Son ciudadanos de primera categoría con el poder suficiente para amarrar su yate en el patio trasero y tomar el sol en él mientras leen un libro. Berlín. Así se llama uno de los barcos que observé mientras dábamos un paseo por los canales. Y en el Berlín había un hombre sin camisa con la piel enrojecida y los ojos entrecerrados.
Esos extranjeros/as no son inmigrantes. Ni hacen parte de esa horda de desarrapados que quitan puestos de trabajo, ensucian las calles, enamoran a hombres y mujeres nativas. Gente que afea las calles y las casas y los paisajes y que además llega en pateras. Ellos jamás podrán vivir en Empuriabrava ni ir allí de paseo.
Aquí, en esta Venecia mediterránea, todo tiene un precio: el mar, el sol, la tramontana. Y también los amaneceres, las montañas nevadas y el salitre que se adhiere a la piel y a los sentidos. Y las casas, los yates y los coches descapotables. Un precio altísimo para cualquier ciudadano o ciudadana media de este país que sólo puede conformarse, si puede, con mirarla. Aquí va un vídeo que he colgado en Youtube.