lunes, febrero 28, 2011

Belleza elemental

La planta apareció a principios de octubre en aquella maceta yerma en la que había intentado plantar lechugas y tomates ecológicos. Ya sabéis por aquello de “ten un huerto en tu balcón”.  Debo confesar que después de un tiempo de intentar cultivar algo verde allí perdí toda esperanza pues las plantas se morían al poco tiempo de sembrarlas y las semillas se negaban a germinar. “Esa tierra es mala, debes cambiarla” me dijo mi amiga Isabel. No le hice caso. Así que la maceta  permaneció en el balcón durante más de un año abandonada a su suerte con la única compañía de un juguete de mi hija.
Pero todo cambió en octubre pasado a nuestro regreso del otro lado del Atlántico.  ¡Hay dos plantitas en la maceta, mama! gritó Luna.  Y sí: allí habían dos briznas verdes muy pequeñas que lentamente fueron creciendo hasta convertirse en un tomatera (que está a punto de morir pues nació en una época equivocada) y en una planta cuyo nombre no sé. ¡Me parece que es un yerbajo! Me dijo Javi mi compañero de documental.   
¡No sé cómo aparecieron allí!
Y el yerbajo ayer nos hizo un regalo: una pequeña flor amarilla que esta mañana me reconcilió un poco con la vida después de una noche de insomnio y desasosiego.  Y aquí están las imágenes de ese prodigio sencillo, modesto, elemental…   la luz de un yerbajo que quizá se vino conmigo alguno de esos fines de semana en que voy a caminar por la sierra de Collserola… Lo demás lo hizo mi mirada desvelada, insomne, pero siempre atenta a esas  cosas nimias que hacen parte de la vida.  (Ah y no creáis que utilicé una sofisticada cámara para hacer esas imágenes)








viernes, febrero 25, 2011

Un poema de Federico García Lorca

Ciudad sin sueño
(Nocturno del Brooklyn Bridge)


No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.


No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el  cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.


No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.


Pero no hay olvido, ni sueño;
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre los hombros.


Un día 
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.


Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas,
y aun andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos bailar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.


¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.


No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
Hay un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo  he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche  exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Federico García Lorca, Lorca por Lorca, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1971

lunes, febrero 21, 2011

Berlusconi y las mujeres


Parece que Berlusconi tiene un grave problema con las mujeres. Bueno, con las féminas y con el pueblo italiano.  Pero ese problema viene de lejos. Desde que este sinvergüenza  construyó su imperio económico y  se  adentró en la política de la peor manera, esto es, a base de corrupción, fraude y otras lindezas. Y ebrio de éxito se dio a la tarea, como muchos otros que detentan un poder desmedido,  de apropiarse de todo: de los medios, las conciencias, los cuerpos. Sobre todo de los cuerpos de jovencitas bellas y vulnerables.  Y todo ello bajo una impunidad a todas luces reprobable.
Ahora este espécimen italiano decadente, rezago de un machismo que aún habita en la cultura latina, se las tiene que ver con la justicia. Ya era tiempo de que pisara los tribunales pues  muchas personas no entendíamos cómo un pueblo con una tradición cultural tan importante viviera tanto tiempo idiotizado, adormilado, indiferente ante sus desmanes.  Pero no, no va a ser juzgado ni por corrupción, ni por fraude ni por abuso de poder. No. Es porque se pasó un poquito de la raya en sus reposadas fiestas seniles.  Al pobre Berlusconi se le fue la mano con la edad de una de sus acompañantes en sus rumbas de emperador verde. Y por eso, aunque tiene dos procesos pendientes -por corrupción y fraude fiscal- es por prostitución de menores (haber pagado los favores sexuales de Karima el Mahrour alias Ruby Robacorazones, inmigrante marroquí que en el momento de los hechos tenía 17 años) que se sentará en el banquillo el próximo  6 de abril.
Y hay que ver cómo son las cosas. No sólo su futuro judicial está en manos de tres mujeres, las magistradas Guilia Turri, Carmen D’Elia y Orsola de Cristofaro sino que miles de ellas se han tomado las calles para pedir su dimisión y rechazar su política machista y patriarcal. Esta revuelta ha  surgido de la sociedad civil y no de la oposición que en Italia es desvaída y cobarde. Así pues su futuro político también está en manos de las mujeres, las mismas a las que él ha objetualizado y vulnerado y que de ahora en adelante le harán muy difícil sus días como hombre público. ¿Qué pensara ahora este “experto en conquistas” como el mismo se denominaba?
No cabe duda: Berlusconi tiene un grave problema con las mujeres. En todo caso debería recordar un refrán que dice “Quien a mujeres hiere, de mujeres muere”.
Martha Cecilia Cedeño Pérez
Columna semanal, periódico El Líder

jueves, febrero 17, 2011

Un día vulgar

Este es un ejercicio de cámara que realicé hace un par de meses en el marco del curso  Documental i Gènere. Nada del otro mundo pero hay en él un entusiasmo inédito por captar esas imágenes cotidianas que están ahí, en la vulgaridad de los días...

domingo, febrero 13, 2011

Palabras

Desnudamos la mueca
de la vida
en el traje laberíntico
de los versos.
Encontramos
guijarros blancos
anudados a las palabras.
(Martha  Cecilia Cedeño Pérez, Versos en Claroscuro, inédito, Barcelona, 2010)

miércoles, febrero 09, 2011

Viernes 11 de febrero: tertulia con el poeta Josep Anton Soldevila

Josep Anton Soldevila és Llicenciat en Ciències Econòmiques i Màster en Desenvolupament de Recursos Humans. Ha exercit diversos càrrecs en Institucions Artístiques i Culturals, com les vicepresidències del Cercle Artístic de Sant Lluc i de l'Academia Iberoamericana de Poesia.
Escriptor bilingüe, ha publicat els següents llibres de poesia: La Frontera de Cristal (1.977 Ed. La Hormiga de Oro) i 1.999 Ed. Seuba); Les Paraules que no has après a Dir (1.985 Ed. Impal); Un Vast Naufragi de Somnis (1.989 Ed. Impal); Cendres Blanques (1.991, Ed. Columna. Llibre finalista del Premi Carles Riba de 1.990); Les Aus de Maig (1.995 Ed. Columna); Últim Refugi (2.002. Ed. P.P.U. Premi Viola d?argent dels Jocs Florals de Barcelona de l'any 2.000); L'Antologia Poesia Recollida 1985-2000 (2.004. Ed. Compte D'Aure). i El Llibre dels Adéus (2007 Ed. La Busca. Llibre finalista del XLIII Premi Ausiàs March). A més dels premis citats, va ser guardonat amb la Gran Medalla dels Jocs Florals del Rosselló de l'any 2.002. Ha estat inclòs en diverses antologies poètiques.
En narrativa és autor de la novel·la El Nudo (2001 Ed. P.P.U. i 2004 Ed. Compte d'Aure) i del llibre de contes No serà tan fàcil (2008 E. La Busca) que va ser proclamat finalista del premi literari 7Lletres de 2.007. Ha conreat la crítica d'arts plàstiques i les col·laboracions periodístiques i radiofòniques. En teatre és autor del llibret de La Piràmide i l'Avinguda, un musical escrit en col·laboració amb el compositor Josep Alonso. Treballa també en el camp de la poesia audiovisual amb la producció de videoarts.

XXI
He heretat un arca plena de silenci
que dorm al meu costat i no goso obrir.
Vaig haver de passar moltes fatigues
perquè se'm donés.
Proves de pensament i de sentit,
de somnis futuristes i pretèrits.
Vaig haver de renunciar i aconseguir.
Matar excrescències, retallar-me els dits.
Apaivagar desitjos, cremar deserts.
Llençar la meva paleta de colors
i pintar tots els dies de gris.
.
He penjat a saleta del cor
el pergamí on vas escriure el teu llegat.
Me'l miro cada dia una bona estona
i encara em meravella
la delicadesa del traç, l'elegància
de la lletra, la qualitat del paper
que vas emprar per dir-me que t'havies mort
i m'ho deixaves tot a mi.
Josep Anton Soldevila

Lugar Aula dels Escriptors de la ACEC, Ateneu Barcelonès - C/ Canuda, 6 - Barcelona
Horario 18.00
Organiza El Laberinto de Ariadna
Imparte José Florencio Martínez

lunes, febrero 07, 2011

El fragor de la calle


Posted by admin on 6 febrero, 2011 in ColumnistasOpinión | 1 Comment

Martha Cecilia Cedeño Pérez
La calle nos recuerda una vez más que más allá de sus trazados, de los objetos que tatúan su rostro, de los tránsitos o emergencias que provoca, de las soledades y miserias que desvela, es la comarca por excelencia de la vida urbana.  Paradigma de la existencia moderna en cuyo seno la idea de acceso universal y por ello mismo de democracia configura una esencia hecha de fugacidades, negociaciones, conflictos, sucesos, tránsitos, percances, derivas…
Dicho en otras palabras: en la calle cualquier cosa puede suceder.  De la emergencia a la revuelta, del flechazo a la caída, de la fiesta al horror… Este espacio abierto a toda suerte de especulaciones prácticas también es un escenario para la circulación de ideas e información y para el ejercicio de la autonomía en sus más altas significaciones.
Por ello no resulta raro que a veces se convierta también en el lugar donde las agitaciones sociales alcanzan su máxima expresión, tal como ha quedado demostrado en los acontecimientos  recientes de Túnez  y Egipto, que seguramente no serán los últimos. En ese caso la calle funciona en su sentido más primigenio: ser el espacio en el cual se dirimen las cuestiones fundamentales de la existencia humana.
Y la miseria, el hambre, la violencia así como  el hastío, el asco,  la indignación de la gente por la iniquidad de sus gobernantes son un germen  prolífico para unir cuerpos y voces, para lograr esa conjunción de intereses que provocan manifestaciones, revueltas, transformaciones contundes. Allí, en la calle, las mujeres y hombres de a pie, tocados por el infortunio ocasionado no por el azar sino por dirigentes perversos, encuentran el lugar apropiado para expresar su inconformismo  a sabiendas de que no se están solos en ese acto de protesta cuyo contenido agita las manos y las conciencias.
Y mañana, en otras esquinas del mundo, la gente saldrá a la calle  de nuevo porque sólo en ella puede agitar la bandera del inconformismo, de la rabia. Sólo en sus recorridos y trazos se puede pensar en una noción de democracia real más allá de los intereses mezquinos de unos cuantos. Y es justo por eso que los administradores de la urbe tanto le temen; para ellos  es un lugar peligroso, oscuro, que debe ser controlado, vigilado y esterilizado del virus de la revuelta. Por fortuna esas intenciones de domesticación no pueden acabar con el espíritu libertario de ese espacio público por antonomasia.
En el fragor de la calle se tejen y consolidan las transformaciones de la ciudad y sobre todo, de aquellos seres que la habitan, la sueñan, la padecen, la recorren.  La calle es nuestra, gritan hoy las voces opacadas del mundo.
*Antropóloga y poeta
Columna semanal, diario El Líder

martes, febrero 01, 2011

El color de los muertos

La muerte representa el final de un camino que una quisiera siempre natural, es decir, el colofón normal de una vida de luchas, sueños, esfuerzos, alegrías y todo aquello que configura nuestro trasegar por el mundo. En ese sentido la muerte no es ni más ni menos que la culminación de un proceso y el comienzo de otro que ignoramos por completo. Pero una cosa distinta son los muertos. Aquellos cuerpos ateridos y plácidos en su condición de no-ser. Efigies marchitas tan iguales en su condición de objetos sin ánima y sin embargo, algunas veces, tan distintos por las circunstancias de su existencia y la de quienes los lloran.

Colombia es un país en el que morir de viejo, de cansancio, de agobio, es decir, de muerte natural es casi un milagro. Los datos nos muestran las cifras de la sinrazón: miles de hombres, mujeres, niñas y niños víctimas de un conflicto atroz y endémico. Seres inocentes con las vidas rotas, acalladas, abatidas por la iniquidad de unos cuantos bárbaros que se atribuyen el poder de decidir sobre las vidas humanas a través del horror. En ese sentido todos nuestros muertos son iguales o deberían serlo. Y como tal las personas encargadas de velar por la seguridad y bienestar de los ciudadanos y ciudadanas tendrían que tratarlos. Pero no siempre es así a tenor de las noticias y las columnas publicadas en los periódicos del país que consulto por Internet en las que se refleja, en efecto, que aquí los muertos poseen un color más allá de la piel.
En nuestro país los muertos tienen un tono distinto a aquel propio de los difuntos. Se clasifican en categorías pero no en el sentido primigenio como el de nuestros aborígenes prehispánicos que los jerarquizaban en virtud de su papel dentro de la comunidad y su nivel de conocimientos, sino en virtud de la posición social y económica. Así, por ejemplo, un muchacho asesinado en un barrio marginal de Florencia o de Bogotá es un dato más en las cifras de la violencia y en todo caso una situación perdida (en los diarios se dirá que pertenecía a una pandilla urbana o a un grupo guerrillero). No se investigará a fondo el suceso y mucho menos se ofrecerá recompensa para atrapar a los criminales que lo perpetraron. Distinta sería la suerte de este cuerpo horadado (y de miles más) si en lugar de pertenecer a la periferia fuese miembro de la altas esferas de la sociedad. Entonces no se escatimarían esfuerzos para encontrar a los culpables para darles el castigo merecido. En nuestro país el color de los muertos va más allá de la palidez hierática: es una cuestión de poder.
Columna publicada el día 23 de enero en el diario El líder