Corriente dorada bajo
sauces, guaduales y ceibas.
Mojas soberbia los
pies de la ciudad.
(Foto: Río Magdalena. Martha C. Cedeño P.)
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
Hoy, que la canícula mediterránea se cuela por el balcón como esta nostalgia estival que me acompaña, vuelvo a aquellos poemas y recupero uno que siempre llevo conmigo:
Táctica y estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender cómo sos
quererte como sos
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
Mario Benedetti, Antología poética, Alianza editorial, Madrid, 2002, pág. 138.
Llegó el día del regreso y como sucede en estos casos, la tristeza se convierte en una compañera permanente. Dejar los amores familiares, los afectos filiales, los amigos y las amigas, las calles abarrotadas con el mismo acento, las montañas azules, las palabras nuevas y altas como las cumbres andinas, la ilusión de los amaneceres a orillas del Magdalena... Dejar los recuerdos incrustados en el alma y regresar a este viejo mundo salpicado de casas añejas y calles limpias y atardeceres mediterráneos. Y lejanía. Y ausencia. Y entonces te preguntas si vale la pena estar tan lejos de aquellos lugares que están más allá de las palabras, más allá de los deseos. Lugares donde transita tu infancia, tu juventud y tus sueños y todo aquello que un día fue mágico y nuevo y latente.
Y después de tantos meses de ensayo ayer se realizó el festival. Una actividad que organiza la escuela de Ballet Tecla Sala a donde Luna acude desde los 4 años. Fue un espectáculo lleno de música, movimiento y color pero un poco largo. ¡Más de tres horas y media! "Esta vez se han pasado tres pueblos", decía un padre enfadado con su chiquilla, dormida, en brazos. Pese a ello las niñas estuvieron estupendas en cada una de sus presentaciones y los trajes sencillamente hermosos (como el precio $). Todos y todas nos lo pasamos muy bien, pero más las niñas que después de tantas horas de tensión aún sonreían animadas a las 11 de la noche. 


Una de las cosas más interesantes con las que una se puede encontrar al estudiar el espacio urbano - o sólo al trasegarlo- es la gestión de la mirada. Si, la manera como la administramos para orientarnos y para emitir señales que permitan los tránsitos fluidos de los/as copresentes en un espacio dado. Gestionarla de modo tal que se convierta en un mecanismo de comunicación básico y no en lo contrario, esto es, en un marco de ambigüedades. Goffman llamaba muy lúcidamente a esa capacidad de gestión que todas las personas tenemos "inatención civil", que no es otra cosa que utilizar la mirada cómo una prótesis para la convivencia. Mirar de manera educada y correcta para no incomodar a quien se tiene delante cuando se cruza una calle, cuando se va en el metro o se comparte un banco, etc.
El tren partió justo a las 7:30 de la mañana de aquel lunes de principios de abril. Con la expectación normal por mi primer viaje en AVE me acomodé en el asiento mientras hacía un recorrido visual por el espacio y sus ocupantes. Considerable distancia entre los asientos, suelo tapizado y una pantalla general justo al frente que permite observar la hora, el tiempo y la velocidad que poco a poco se aproxima a los 300 kilómetros por hora. Es como si voláramos. Le dije a Bety mi amiga y compañera de asiento que también se bautizaba en este tipo de transporte. En cuanto a la gente, mi primer análisis global -fijándome en las apariencias y en las conversaciones- me permitió hacer una clasificación a priori: algunos políticos que hablaban del congreso de diputados y sus "majestades", una mujer mayor que minutos antes había llegado acompañada a la estación por un hombre joven, algunas mujeres de mediana edad solas (por su fachada parecían ejecutivas que viajaban a Madrid por razones de trabajo o algo similar), hombres trajeados, una pareja de mediana edad y ningún niño o niña ... En términos generales apariencias que corresponden a una clase media y media-alta, blanca y nativa. Funcionarios y funcionarias y yuppies. Afortunados (en todo el sentido de la palabra) que pueden costearse un viaje en este medio que aún es un poco caro. Claro, y nosotras, Betty y yo, que seguramente desde afuera desentonábamos un poco, quizá no por nuestra presencia sino por nuestros acentos y nuestras palabras. Extranjeras del sur que-viajan-por-primera-vez-en AVE. Aunque claro a nivel académico-cultural estoy segura que nuestro listón quedaba muy muy alto. Pero esas cosas cuando se habla de las apariencias importan poco...
A la media hora de viaje el tren de alta velocidad ya casi sobrepasaba los 300 kilómetros por hora y debo confesar que sentía un cosquilleo en la espalda, un poco de aprehensión, ya se sabe, una especie de susto por semejante acelere. ¿Y que pasaría si...? No debo pensar en tonterías. Los trenes más veloces del mundo son los japoneses y después le siguen, le siguen... ¡Ostras! El tipo de tren en el que viajé es el segundo más veloz del mundo (lo supe tres días después de mi viaje). Y es que cuando se sobrepasan los 302 kilómetros por hora no se siente nada, es como si se levitase. Y efectivamente estos aparatos se alzan algunos milimétros sobre los rieles. De ahí la ligereza que se experimenta, la suavidad, el total estado de quietud. Y no pude dejar de pensar en Einstein. Y sí, ¡el paisaje se puede ver! (Presento las fotos tomadas en el viaje de ida y regreso, Luna quería que testimoniara efectivamente que no se ven solamente rayas a través de las ventanas del AVE).
A las 2 horas y 40 minutos estábamos en Madrid. Descansadas y frescas para nuestro encuentro de mujeres, sobre el cual escribiré después una pequeña reseña.
Fotos: Martha C. Cedeño (vistas desde el AVE).

LLuvia
Anoche estuve en el auditorio del Fórum de Barcelona presenciando "El Cascanueces" de Tchaikovsky. Una estupenda presentación del Ballet Estatal Ruso de Nizhny Novgorod. Una verdadera delicia para los sentidos de aquellos y aquellas que por primera vez tenemos la oportunidad de admirar una obra de esta magnitud en "vivo y en directo". El precio de las entradas y la característica de este género hace que muy pocas personas puedan deleitarse con una presentación de esta naturaleza.
La ciudad es un universo hecho de discontinuidades, de interacciones e intersecciones, de cruces, de sentidos, de rutas. Es un espectro habitado por seres que la trashuman, la re-crean, la experimentan, la viven cotidianamente en todas sus minucias y grandezas. La ciudad es una explosión de color y sentidos que bordan su superficie siempre dinámica y compleja, plena de puntos, de resquicios, de signos, de vías movedizas por donde se desplazan los cuerpos, los objetos, las esquinas, con una fluidez exquisita. 
Gracias, Pili, por hacerme partícipe de la magia...
A finales de la década de los 70 cuando yo aún era una niña, papá nos contó una historia que aún me sigue maravillando y que de algún modo ...