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jueves, junio 23, 2016

Los últimos estertores de la guerra

El pasado miércoles 22 de junio, mientras daba los últimos toques a mi look de proletaria ilustrada,   escuché la noticia más importante de los últimos 60 años: ese día era el último de la guerra en Colombia. Una guerra que ha bañado, literalmente, los campos y las ciudades de muerte.  Una confrontación demencial que ha acabado con la vida de cientos de miles de personas y  ha expulsado a millones de ellas de sus tierras, sus casas, sus  sueños.   

Una "guerra de baja intensidad" -como suelen llamarla algunos- que según el Centro de Memoria Histórica  desde 1958 hasta el 2012 mató a  258.000 personas. Y que ha ocasionado otra serie de situaciones de dolor tal como se puede percibir en las siguientes estadísticas del organismo antes mencionado:

-Entre 1970 y 2010 ocasionó el secuestro de 27.023
-Entre 1981 y 2012  produjo 16.340 casos de muertes selectivas y 23161 víctimas
-Entre 1988 y 2012 ocasionó 716 casos de acciones bélicas con 1344 víctimas, 5138 ataques a bienes civiles, 95 casos de atentados terroristas con 1566 víctimas
-Entre 1985 y 2012 produjo 1982 casos de masacres con un resultado de 11751 víctimas; en ese mismo lapso también se produjeron 25007 desapariciones forzadas, 1754 víctimas de violencia sexual y  4.744.046 víctimas de desplazamientos forzados
-Entre 1988 y 2012, las minas antipersona dejaron un saldo de 2119 muertos y 8070 lesionados y en ese mismo lapso 5156 personas fueron víctimas de reclutamiento ilícito.

Una guerra que mató a mis amigos Rafael, Liliana, Alberto... Que desapareció a  Tarcisio, aquel muchacho de ojos garzos; que llevó  a uno de mis tíos y a muchos de mis compañeros de universidad, manigua arriba; que expulsó a mi padre del campo caqueteño dejando tras sí el río, el maíz y los sueños...

Una guerra que esculpió los días de mis hermanos y míos con el recuerdo de aquella toma guerrillera de Belén de los Andaquíes con sus muertos arrumados en el parque infantil del pueblo con sus piernas y sus risas destrozadas y el olor a pólvora en el ambiente y el miedo en las tripas...

Una guerra que nos escupió a muchas personas fuera de las fronteras para reunirnos en Barcelona, en Madrid, en París, en New York...

Una guerra infame que nunca debió empezar y que hoy puede hilar su derrota pese al empeño e indiferencia de muchos; a la insensibilidad  de una mayoría que ha naturalizado el conflicto; a las armas que han anidado también en las palabras y el corazón...


sábado, julio 25, 2015

PAÍS DE CAFRES Y MISÓGINOS

Estoy harta, enfadada e indignada.  Y lo estoy desde que vivo en este país, en esta ciudad, uno de los peores lugares para las mujeres. Me da igual que algunas personas que conozco opinen lo contrario: Colombia y Bogotá son contextos agresivos, nefastos, atroces para nosotras. Son espacios que  nos escupen su odio para mantenernos presas del miedo a través de las estrategias perversas de esa cultura patriarcal tan arraigada en esta sociedad.
He ahí el despliegue de una violencia inusitada y brutal contra nosotras. Violencia sistemática cuyo propósito es destruir, marcar, someter, desaparecer, castigar. Tatúan nuestros rostros, vulneran nuestros cuerpos, matan nuestros sueños, nos convierten en botín de guerra y con ello en todo lo indeseado, en la maleza a cortar. En nosotras los malditos descargan todo su rencor.  Es como si quisieran borrarnos del mundo de un manotazo con toda la saña y la sevicia posible.
O si no, cómo se explican estas aterradoras cifras -según Sisma Mujer: en el 2012, 47.620 mujeres fueron agredidas por su pareja o expareja; cada media hora una mujer fue víctima de violencia sexual en el país y cada mes 1.508. En el mismo año 138 fueron asesinadas por su pareja o expareja y en ámbitos asociados a la violencia política, la violencia sexual contra las mujeres  aumentó en  un 81,69 % comparado con el año 2011, de tal suerte que al uno de noviembre del 2013, las mujeres representan el 84,9% de las víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado colombiano.
En ese mismo orden, las mujeres representan el 51% de las víctimas del desplazamiento forzado, lo que significa que 2.632.427 mujeres colombianas han sido víctimas de este flagelo; el 51,4 % de las víctimas de amenaza en el país; el 43,8 % de las víctimas de tortura; el 46,8 % de las víctimas de la desaparición forzada  y el 46,7 % de las víctimas de homicidio en el país (Sisma Mujer).
Y siguiendo con este hermoso panorama, en el Boletín Epidemiológico (¿?) Información de Violencia contra la Mujer, de Medicina Legal, se presentan las  cifras correspondientes a los meses de enero y febrero de 2015, entre las cuales se encuentra: 126 homicidios,  735 casos de violencia contra niñas y mujeres adolescentes en el marco de la violencia intrafamiliar;  6269 casos  de violencia de pareja y 2631 exámenes médico legales por presunto delito sexual en contra de mujeres de los cuales  540 casos ocurren en Bogotá. En esta ciudad cada treshoras una mujer es agredida sexualmente, según Medicina Legal. Sumado a lo anterior está el hecho de las agresiones sexuales que ocurren en el sistema de Transmilenio sin que hasta el momento se hayan adoptado medidas eficaces para brindar una seguridad mínima a todas las mujeres que utilizamos este servicio de transporte urbano. 
Así pues,  la situación en la que nos encontramos las mujeres en este país y en esta ciudad es más que preocupante: es aterradora. Nuestra vulnerabilidad alcanza niveles insospechados y todo ello con la anuencia de las instituciones del Estado que no toman medidas contundentes que nos protejan y nos  permitan vivir en igualdad y en libertad.  Y una se pregunta si ésta es otra estrategia para que permanezcamos en una condición de indefensión total que permita la prolongación  del statu quo, que nos condena hasta el fin de los tiempos a la subordinación, al miedo y al silencio.

¿Cómo no estar -entonces- harta, indignada y enfadada con una sociedad  indiferente, sorda y perversa, que nos castiga por el hecho de ser mujeres? A veces siento vergüenza de haber nacido en un país como éste. País de cafres* y misóginos.
*Para usar una expresión de Darío Echandía de hace más de 50 años. ¡Cuánta razón tenía entonces aunque creo que se quedó corto...! 

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...