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miércoles, octubre 17, 2012

Mujeres "engalladas"*


Octubre 15, 2012 a las 4:24 am
Hace unos días me encontré con un amigo a quien no veía desde hacía más de 15 años. Fue uno de esos encuentros fortuitos en  los que se reafirma aquel lugar común de que el mundo es un pañuelo. Pues bien, este excompañero de universidad me comentó, después de ponernos al tanto en el devenir general  de nuestras respectivas vidas, que acababa de ser padre y que había tenido que hacerle un mantenimiento a su mujer. ¿Mantenimiento? Pregunté asombrada. “Si, ya sabes –me respondió- quedó con mucho abdomen y además le salieron estrías…”. Y entonces lo comprendí todo. Entendí que en nuestro país términos como “mantenimiento” o “engallar” no sólo se aplica a los vehículos, sino también, a  los “arreglos” que se hacen algunas mujeres.  “Mi amiga X ahora está muy bonita”, me dijo un reconocido periodista Neivano hace un tiempo “se mandó a poner senos, cola y está rejuvenecida”.
No cabe duda que el cuerpo femenino, su manipulación y moldeado, es el objeto principal de la prometedora industria de la estética en nuestro país.  Un negocio que mueve al año millones de pesos y que a veces también se lleva la vida de algunas féminas confiadas en recuperar –o encontrar- esa anhelada belleza casi siempre relacionada con cánones ajenos a nuestra cultura y especificaciones genéticas.
Pero más allá de estas consideraciones puramente mercantiles en las que el cuerpo femenino es un objeto más, ésta práctica demuestra hasta dónde llegan los tentáculos de la aberrante tiranía patriarcal. Una tiranía que se vale, entre otros, de los medios masivos de comunicación para crear y reproducir estereotipos de belleza lejanos a nuestra realidad pero muy cercanos a las apetencias de las miradas masculinas. Y muchas mujeres caen en esa trampa perversa de la apariencia y se convierten en seres pasivos sometidos al régimen del bisturí para satisfacer los deseos y fantasías de los hombres (llámense maridos, novios, amantes).  Mujeres dominadas, marcadas, subordinadas a esa supuesta condición de género que las obliga a parecer  siempre bellas, jóvenes, esbeltas, apetecibles. Mujeres dispuestas a todos los martirios –incluso a la muerte- para alcanzar esas medidas perfectas, ese abdomen plano (muy difícil de conseguir con una dieta como la nuestra a base de harinas, plátano y yuca), unas tetas de ensueño que acapare toda la atención no sólo de los hombres sino también de las otras mujeres…
¡Es la competencia pura y dura por la remodelación de la carne femenina, objeto de deseo del mercado y del patriarcado!
Y en medio de ese panorama tan desalentador una se pregunta  ¿No sería también conveniente remodelar el cerebro, el pensamiento? ¿De qué ha servido tanta lucha, tanta resistencia si muchas mujeres continúan repitiendo y reproduciendo esos roles de género instaurados desde siempre? ¿Hacia dónde vamos las mujeres?
*MI columna de esta semana en el diario La Nación

lunes, febrero 28, 2011

Belleza elemental

La planta apareció a principios de octubre en aquella maceta yerma en la que había intentado plantar lechugas y tomates ecológicos. Ya sabéis por aquello de “ten un huerto en tu balcón”.  Debo confesar que después de un tiempo de intentar cultivar algo verde allí perdí toda esperanza pues las plantas se morían al poco tiempo de sembrarlas y las semillas se negaban a germinar. “Esa tierra es mala, debes cambiarla” me dijo mi amiga Isabel. No le hice caso. Así que la maceta  permaneció en el balcón durante más de un año abandonada a su suerte con la única compañía de un juguete de mi hija.
Pero todo cambió en octubre pasado a nuestro regreso del otro lado del Atlántico.  ¡Hay dos plantitas en la maceta, mama! gritó Luna.  Y sí: allí habían dos briznas verdes muy pequeñas que lentamente fueron creciendo hasta convertirse en un tomatera (que está a punto de morir pues nació en una época equivocada) y en una planta cuyo nombre no sé. ¡Me parece que es un yerbajo! Me dijo Javi mi compañero de documental.   
¡No sé cómo aparecieron allí!
Y el yerbajo ayer nos hizo un regalo: una pequeña flor amarilla que esta mañana me reconcilió un poco con la vida después de una noche de insomnio y desasosiego.  Y aquí están las imágenes de ese prodigio sencillo, modesto, elemental…   la luz de un yerbajo que quizá se vino conmigo alguno de esos fines de semana en que voy a caminar por la sierra de Collserola… Lo demás lo hizo mi mirada desvelada, insomne, pero siempre atenta a esas  cosas nimias que hacen parte de la vida.  (Ah y no creáis que utilicé una sofisticada cámara para hacer esas imágenes)








Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...