No iré a Granada ni a Berlín sino a casa de padres. Allí contemplaré atardeceres y me anudaré a la mirada de mamá y leeré en la Hamaca y respiraré el aroma del limonero. Y también me embriagaré de melancolía cuando escuche el canto de las cigarras. Y disfrutaré de las horas lentas mientras recuerdo a mi hermana pequeña y mis sobrinos al otro lado de la mar.... Y echaré de menos a mis amigas y amigos y a la casa donde viví 13 navidades entre la nostalgia y la alegría, allí junto al Mediterráneo. Estaré en la montaña donde la belleza es la confirmación de la armonía de las cosas elementales. No deseo nada más. Dejo esta ciudad de lluvia y de centros comerciales atestados y de luces tan artificiales como la alegría que nos venden en navidad... ¡Vuelvo a la esencia!
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
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