José Ángel Valente (1929 - 2000), es uno de los poetas más luminosos de la literatura española del siglo XX. Lo descubrí, como otras tantas cosas, gracias a mi amiga Pilar Osorio. Y ha sido magnífico perderme en la lectura de sus versos, en la sorpresa de sus imágenes, en la hondura de sus palabras.
Hace poco volví a leer una magnífica selección de su obra debido a mi amigo y filósofo Luis Franco, quien muy amablemente me cedió el libro El fulgor, Antología poética (1953-1996), editado por Galaxia Gutenberg del Círculo de Lectores (Barcelona, 1998 y 2000).
Comparto aquí cuatro poemas.
De ti no queda más
que estos fragmentos rotos.
Que alguien los recoja con amor, te deseo,
los tenga junto a sí y no los deje
totalmente morir en esta noche
de voraces sombras, donde tu ya indefenso
todavía palpitas.
(proyecto de epitafio)
Exordio
Y ahora danos
una muerte honorable,
vieja
madre prostituida,
Musa
La alegría
Qué ovillo de colores para el gato
o qué versátil pan en las mañanas.
Ven hasta aquí,
pisa todos los límites
todos los intersticios y las torres airedadas
de la pequeña muerte,
toca lo prohibido, ven,
lo inerte, lo severo, lo impuesto,
infatigable loro azul del aire,
y no dejes lugar a mi sueño ni recinto
que no hayas abierto,
precoz violadora del ciego laberinto.
Sólo el
amor
Cuando el amor es gesto del amor y
queda
vacío un signo sólo.
Cuando está el leño en el hogar,
mas no
la llama viva.
Cuando es el rito más que el hombre.
Cuando acaso
empezamos
a repetir palabras que no pueden
conjurar lo perdido.
Cuando tú y yo estamos frente a
frente
y una extensión desierta nos separa.
Cuando la noche cae.
Cuando nos damos
desesperadamente a la esperanza
de que sólo el amor
abra tus labios a la luz del día.