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viernes, mayo 15, 2026

OVNI DE MEDIA NOCHE

A finales de la década de los 70 cuando yo aún era una niña, papá nos contó una historia que aún me sigue maravillando y  que de algún modo me abrió la mirada hacia las estrellas.

Vivíamos en una finca ubicada en la vereda Aguadulce, perteneciente al municipio de Belén de los Andaquíes, departamento del Caquetá, Colombia.  Una zona rural ubicada en un entorno de transición andino-amazónica cuya principal actividad era la ganadería y la agricultura.  

Era una preciosidad. Estaba rodeada de prados verdísimos y matas de monte por cuyos pies transitaban ríos de agua cristalina.  La casa de la finca era una construcción de una planta con tres habitaciones, un salón  y una cocina muy amplia, un corredor en su parte de atrás y techo a dos aguas. Estaba hecha de cemento y sus suelos eran de madera rústica.  Y tenía una particularidad: se levantada sobre pilotes de madera para protegerse de las alimañas y de las inundaciones. Poseía también un jardín delantero con margaritas de muchos colores y un pequeño naranjo en el que los jirigüelos hacían sus nidos. En la parte de atrás había un gran árbol de mango de frutos dulces y carnosos.

Pero tenía un inconveniente: el baño estaba situado a más de 50 metros de la casa lo cual tenía muchas implicaciones...

Pues bien, mi padre relata que una noche se despertó de repente con unas ganas increíbles de orinar "casi me meo encima". Así que cogió la linterna y se desplazó hacia el corredor -o pasillo- que rodeaba la mitad de la casa y se dispuso a evacuar la vejiga. Apagó la linterna y miró hacia arriba. Tenía la costumbre de contemplar los astros en un cielo que  esa noche se antojaba absolutamente límpido y sin ningún tipo de contaminación lumínica pues el servicio de luz eléctrica sólo llegaba hasta el pueblo de Belén.   Y además no había luna. 

Había un montón de estrellas relucientes. Y entonces desvío su mirada hacia el árbol de mango. Y lo vio. Un objeto tenuemente iluminado y de forma cilíndrica situado justo encima.  Dice que era grande -cuando le pregunté por ello el año pasado no supo calcular su tamaño- y que parecía tener una suerte de ventanitas iluminadas a lo largo de su estructura. "Ese cigarrillo estaba ahí, parado encima del mango sin hacer ningún ruido". Recuerda. 

Papá dice que todos  los pelos del cuerpo se erizaron y que no supo en qué momento volvió a la cama con el miedo en el cuerpo.  Al día siguiente lo contó a mamá y a nosotras mientras desayunábamos.  Jamás volvió a ver ninguna cosa extraña en el cielo.

Aquí es conveniente anotar algunas cosas que dan credibilidad al testimonio de papá: 

1. Vivía en el campo alejado de todo rastro de tecnología tal como la conocemos hoy: en casa no había electricidad, ni agua corriente, ni servicio de alcantarillado... 

2. Tan sólo tenía noticias del mundo a través de la radio (allí no había primicias ni de Dios)

3. En ese tiempo no se hablaba de OVNIS así que papá no tenía ninguna idea sobre dicho fenómeno

4. Es un hombre valiente y racional que siempre ha buscado una explicación lógica a toda situación

Ese fue mi primer acercamiento a un tema que desde entonces me ha apasionado y sobre el que he leído muchas cosas. Amén de haber tenido avistamientos que me han hecho comprender que tengo una suerte de conexión con dicho fenómeno y que, más allá,  no estamos solas en este vasto e indescifrable universo.

Aquí va una ilustración de lo observado por papá, realizada con Copilot. 






OVNI DE MEDIA NOCHE

A finales de la década de los 70 cuando yo aún era una niña, papá nos contó una historia que aún me sigue maravillando y  que de algún modo ...