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miércoles, mayo 23, 2018

MUJERES, ESPACIO PÚBLICO Y LÚDICA


Por: PhD. Martha Cecilia Cedeño Pérez
Universidad Antonio Nariño
Universidad Pedagógica Nacional 

La relación mujer espacio público es compleja pues, entre otras cosas, revela las subordinaciones y exclusiones que se pueden apreciar en la sociedad mayor. Y esto es así porque tal como lo analiza Arent en su paradigmático libro La condición humana (1996), desde la misma antigüedad griega se establecieron los ámbitos  de lo público y lo privado como esferas que marcan irremediablemente la vida cotidiana de hombres y mujeres.   En este caso responde a una dicotomía que fragmenta el mundo y las formas de percibirlo y de aproximarse a él; y que hace parte de esa  suerte de taxonomización de la realidad que alcanza su punto más álgido en aquella de cuerpo-espíritu cuya enunciación queda definitivamente revelada en el reparto de lo uno para la ciencia y lo otro para la religión. 
En el caso de la esfera pública, según la autora antes mencionada, corresponde a aquel lugar en el cual se dirimen las cuestiones de más importancia para la sociedad y es por lo tanto la comarca del bios politikos, de la visibilidad en todos los sentidos, de la publicitación. Es el espacio en el cual la vida se despliega con su dinamismo y trascendencia a la vista de todos. Es  el lugar del discurso, de la palabra, de la elección, de la producción, de la libertad;  allí puede escucharse y sentirse la presencia y la voz de un ser que -¡oh sorpresa!- es masculino.  El ámbito privado en cambio, corresponde a aquel mundo de las necesidades primarias, el de la reproducción y de lo oculto. Esto todo aquello que no se ve y permanece bajo las cuatro paredes del dulce hogar.  Y es justamente en ese reino donde se ha confinado a las mujeres de manera sistemática.
Ahora bien, en lo que respecta a la esfera pública burguesa de la cual habla Habermas (1992) se debe mencionar que sus perfiles se erigen en  la revolución industrial y  nacen de una mirada netamente masculina.  Y ello se evidencia en la concepción y consolidación de una ciudad que parece estar dispuesta para satisfacer las necesidades materiales y de libertad de un varón, joven, sano y blanco y de un modelo específico de familia: la heteropatriarcal. Es decir, fue construida con base en una diferenciación sexual en la cual las mujeres son encapsuladas en el ámbito de lo privado con todo lo que ello implica en términos de igualdad, de inclusión y de posibilidad de incidir en los aspectos más importantes de la sociedad.
Y aún hoy, pese a  todos los avances que las mujeres han logrado en diversos ámbitos, esa división limita su ser y su hacer en el ámbito público en lo que atañe tanto a su dimensión física  como política.  En la primera, es evidente que las féminas tienen verdaderos problemas para disfrutar de los espacios abiertos de la ciudad ya sea porque a la hora de construirlos no se ha pensado en sus necesidades e intereses ni en las  del grueso de la población - niños y niñas, personas mayores o con problemas de movilidad-, ni en los aspectos formales que faciliten los usos y los tránsitos; sino que también en ese espacio las mujeres sufren de múltiples violencias que operan como una estrategia para impedir su acceso a esas comarcas, es decir, como diques de contención para el ejercicio de su libertad.  Y en la segunda, las mujeres a nivel general aún no pueden acceder a la política en igualdad de condiciones; no ocupan aquellos puestos de poder en donde se toman –y se ejecutan- decisiones fundamentales en la vida de una nación como tampoco ocupan posiciones relevantes en el ámbito de la ciencia, la economía, la tecnología, la investigación…
Esas desigualdades estructurales están encajadas inexorablemente en una sociedad que tiene bien engrasados sus dispositivos para que se sigan reproduciendo. Así desde una temprana socialización en la familia y posteriormente en la escuela, los niños y las niñas van entendiendo cuál es el lugar que se les tiene preparado.  Y empieza muy pronto: desde la selección del color de su vestuario –incluso antes de nacer-, pasando por los juegos y los juguetes; el modelamiento del carácter, de los gustos; el uso de la lengua… hasta llegar a estadios mayores en los que, por ejemplo, se elige una carrera que en el caso de las mujeres casi siempre está  relacionada con esa función de cuidadoras a las que naturalmente se las ha asociado.
Y todo lo expuesto anteriormente, se evidencia en el espacio público urbano.  Por ello quizá  a la hora de indagar sobre las prácticas y usos femeninos en las comarcas urbanas de la ciudad hay muy poca información. Es como si no importara tal asunto o lo que es peor, se diera por descontado que en esos escenarios todo el mundo –hombres y mujeres- hace lo mismo de la misma forma.  Nada raro si se tiene en cuenta que, como ya se ha dicho, la ciudad ha sido concebida y construida desde una perspectiva claramente masculina.  Así que, por ejemplo, el uso lúdico de algunas comarcas urbanas sea sobre todo una cuestión relacionada con prácticas de los varones. Por ello resulta interesante el estudio de Vilanova y Soler (2008)  titulado “Las mujeres, el deporte y los espacios públicos: ausencias y protagonismos”  en donde se asume que el uso y la percepción del espacio tiene una carga cultural de género en el hecho de que el espacio público se ha considerado siempre como un ámbito masculino y ello incide en la manera en que las mujeres lo viven y la practican. Y se evidencia en la ausencia de las mujeres que practican alguna actividad deportiva en dicho  ámbito. Las autoras revelan que en el sector de Barcelona estudiado por ellas ese tipo de actividad es llevada a cabo, principalmente, por los varones. La pregunta que surge aquí es ¿a las féminas no les gusta realizar actividades deportivas en las comarcas públicas? 
El trabajo antes mencionado es uno de los pocos que aborda la relación ciudad-género-lúdica. No obstante sí hay estudios que tratan el tema del juego y de la creación en el medio urbano pero desde una perspectiva bastante aséptica e indiferenciada. Dentro de ellos se puede  resaltar el de Corbal (2010),  “La plaza es la plaza. Juego y espacio público”, cuyo objetivo es “discutir las observaciones realizadas en torno a la definición espacial de plaza, la delimitación del espacio de juego, así como también la apropiación que hacen del mismo, los niños, en sus actividades lúdicas, y reflexionar, acerca de las mismas, siguiendo como eje la relación entre juego y espacio” (p. 2), pero sin abordar dichas temáticas desde una perspectiva de género que permita vislumbrar percepciones, usos y prácticas diversas. En ese mismo sentido se puede mencionar el de Rodríguez Cortés (2015) “La Ciclovía en Bogotá un espacio público de re creación y ocio: ambiente, salud y ciudadanía”, que desde una mirada histórica hace un repaso de lo que ha sido esta iniciativa de 1995 al 2013 bajo los pilares de  cultura ciudadana, salud colectiva y cuidado ambiental, pero sin definir una mirada crítica y de género que permita vislumbrar esos tres elementos desde enfoque más amplio y complejo.
Ahora bien en lo que respecta a esa noción de la ciudad como lugar de lo lúdico merece la pena mencionar el trabajo de Colomer Rubio & De Luca (2014) que aborda esta temática mediante la comparación de tres realidades urbanas (Palermo, Valencia y Génova) que sufrieron modificaciones importantes en su espacio urbano para dar origen a una ciudad ligada a lo lúdico. El de  Cardona Rendón (2008)  “Espacios de ciudad y estilos de vida. El espacio público y sus apropiaciones”, en donde se parte del hecho de que los espacios públicos que son usados  para el ocio, los deportes, la recreación y el desplazamiento cotidiano engloban nexos entre  el espacio físico - espacio social que evidencian lógicas de interacción entre distintos agentes sociales; aquí tampoco se retoma la perspectiva de género para mirar como ese campo abierto en el cual se evidencian prácticas de todo tipo –dentro de las cuales están las lúdicas- habla también de usos disimiles, de formas de uso distintas entre los hombres y las mujeres.
En este mismo sentido está el  estudio Monkobodzky (2014) titulado “Las prácticas lúdicas en un parque público: Relaciones entre el espacio y el juego”, una tesis de grado que trata la relación entre este tipo de práctica y el espacio en el cual se llevan a cabo. En ese sentido el autor aborda el vínculo entre el espacio y el juego, teniendo como objeto de estudio un parque público.  Hay un aspecto interesante y es que en este estudio se refleja cierto interés por abordar estas actividades teniendo en cuenta aspectos como la diversidad de usuarios/as, la edad y el género, que de alguna u otra forma condicionan o determinan la realización de  dichas prácticas lúdicas.
En un terreno más amplio que abarca la mirada de la ciudad como un espacio lúdico merece la pena mencionar el interesante trabajo de Stevens (2007), The Ludic City, en donde toca la relación entre lo lúdico y el mundo urbano, especialmente en el capítulo Play and The Urban Realm. En dicho apartado el autor define la noción de juego a partir de que éste involucra acciones que no son instrumentales, que hay condiciones y reglas específicas que separan el juego de la vida cotidiana, que el juego involucra actividades en las cuales la gente prueba y expande sus límites (competición, oportunidad, simulación y vértigo); y que el juego en la ciudad implica encuentros con extraños (p. 27).
En el trabajo “La ciudad lúdica: interpretación creativa de los espacios urbanos a través del juego. Ciudades creativas” de Abad (2011), se aborda el tema de las acciones lúdicas  o de juego que corresponde a “actividades placenteras y de recreación que no están vinculadas a la producción eficaz del negocio y que son susceptibles de generar dinámicas de encuentro y oportunidades de comunicación” (p. 3) y que buscan la resignificación de los espacios urbanos a través del juego. En tal sentido el espacio lúdico no es un espacio físico sino un espacio simbólico en el cual también se re-crea la ciudad con todo lo que ello implica.
Otro estudio interesante es el de Ipiña García  (2016)  “El espacio público dedicado al ocio en el siglo XXI y la búsqueda de los oasis urbanos”, que  aborda la manera en que las plazas, los parques y los jardines se convierten en puntos de encuentro social a partir de la realización de actividades  recreativas y  lúdicas. El objeto de dicho estudio es analizar los factores físicos, sociales y culturales que permitan el fomento de los usos y usuarios.
 Los trabajos enunciados hasta aquí son una pequeña muestra del interés por abordar el tópico del juego en la ciudad pero sin el componente de género. De hecho solo uno de ellos –el de Vilanova y Soler (2008)- se enfoca en el estudio de la práctica deportiva de las mujeres en algunos espacios públicos de Barcelona. Esta escasez de información al respecto denota el poco interés en estudiar las prácticas femeninas en los espacios públicos y en concreto aquellas que tienen que ver con las actividades deportivas.   Es como si las féminas no utilizaran el espacio público también de manera lúdica no solo jugando en los lugares formalizados para ello (canchas de básquet o fútbol) sino en aquellos que son apropiados y resignificados mediantes usos alternativos como la realización de juegos populares, montar en bicicleta,  la práctica del patinaje o de actividades consideradas masculinas como el monopatín, por ejemplo. 
En resumidas cuentas es cierto que hay ausencia de mujeres en las prácticas deportivas urbanas pero eso no significa que éstas no utilicen la ciudad en dicho sentido.  Y esa invisibilidad seguramente tiene su origen en aspectos relacionados con la conformación de los espacios públicos, con las sensaciones de seguridad e inseguridad y, más allá,  con el hecho de que esa comarca aún es considerada netamente masculina. No obstante, es claro que el acto de vivir y ocupar la urbe de distintas maneras –entre las cuales está la deportiva- es una forma de apropiarse de la ciudad en general y de reforzar la percepción de libertad.

Referencias bibliográficas

Abad, J.  (2001) La ciudad lúdica: interpretación creativa de los espacios urbanos a través del juego. Ciudades creativas. Revista Creatividad y Sociedad, no. XVIII.
Arendt, H. (1996) La condición humana. Barcelona: Paidós
Cardona Rendón (2008)  “Espacios de ciudad y estilos de vida. El espacio público y sus apropiaciones”.  Revista Educación física y deporte, n. 27–2. (pp. 39-47)  Funámbulos Editores
Colomer Rubio, J.C. & de Luca, L. (2014): "De la ciudad industrial a la ciudad lúdica. Algunas reflexiones en torno a Valencia, Palermo y Génova (1960-2000)" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 6, núm. 1, pp. 35-56. En:

Corbal, P. (2010). La plaza es la plaza. Juego y espacio público en la ciudad de La Plata. VI Jornadas de Sociología de la UNLP. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Sociología, La Plata.
Habermas, J. (1992)  "L'espace public", 30 ans après. In: Quaderni, n°18, pp. 161- 191
Ipiña García  (2016)  El espacio público dedicado al ocio en el siglo XXI y la búsqueda de los oasis urbanos. Estoa No. 9 / Vol. 5 / Julio – Diciembre 2016
Monkobodzky, S. (2014). Las prácticas lúdicas en un parque público: Relaciones entre el espacio y el juego [en línea]. Trabajo final de posgrado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En Memoria Académica.
Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.1000/te.1000.pdf
Rodríguez Cortés, A. B. (2015) La Ciclovía en Bogotá un espacio público de recreación y ocio: ambiente, salud y ciudadanía. Revista Impetus - Universidad de los Llanos - Villavicencio, Meta. Colombia vol.9 N°1
Vilanova, A. & Soler, S.  (2008) Las mujeres, el deporte y los espacios públicos: ausencias y protagonismos. Apunts Educación física y deportes. 1er trimestre 2008 (pp. 29-34)


sábado, octubre 22, 2016

MAMÁ ROSITA – Parte II


Rosa, Rosita, Rosa, acunó mi infancia. Acarició mi vida con la fragancia de su mirada reverdecida, con el calor de su sonrisa y sus manos prestas a peinar mis cabellos y mis ilusiones.  Su presencia acompañó también los días de mi adolescencia y mi adultez. Fue testigo de mis primeros amores y mis penas inventadas cuando sólo era una muchacha romántica que leía a destajo para vivir otras historias, para trasegar otros caminos.  ¡Cuando yo  era una bella muchacha feliz!


Mamá Rosita 

Rosa, Rosita, Rosa fue mi cómplice. Mi compañera de viaje cuando iba a por ella hasta la casa de la tía Miriam donde pasaba largas temporadas. En esos trayectos me preguntaba por mis novios y me miraba con sus ojos pillines para sonsacarme información. Alguna vez corrió tras de mí en Paicol ante una inminente necesidad fisiológica. Entonces dije al conductor que ella necesitaba con urgencia un baño. Pero no era para Rosita, era para mí. 

Y cuando Rosa, Rosita, Rosa, estaba en casa, dormíamos en la misma cama. Me gustaba sentir su olor y su respiración. Aunque a veces me enfadaba con ella. Sobre todo cuando empecé a estudiar en la universidad y comencé a llegar tarde a casa. ¡Ella siempre me descubría!  ¿A qué hora llegó Martha anoche? Preguntaba mi madre. Como a las 12, respondía yo.  Eso es mentira, espetaba ella. ¡Llegó cuando ya cantaban los pajaritos!

Yo fui la escribidora de Rosa.  Bajo la excusa de que mi letra era muy bonita - cuestión que era mentira- ella hacía que me sentara a su lado para dictar esas largas cartas que daban cuenta de acontecimientos rutinarios, de preocupaciones, de alegrías, de las minucias de la vida cotidiana. Al principio yo lo hacía con desagrado pero luego, cuando fui más mayor, me parecía un ejercicio muy bonito. Sobre todo porque la tenía cerca de mí. 

Esta actividad que realizaba como mínimo una vez al mes,  empezaba cuando ella me pedía ir a la tienda del barrio a comprar el papel con tenues rayas horizontales azules y un sobre con marcas azules y rojas en sus costados.  
Marthica, ¿cuándo me va a escribir la carta para su tía?  Me preguntaba impaciente. El sábado, mamá Rosita, respondía yo.

-Mamá Rosita ¿Cómo empiezo la carta?
- Usted ya sabe, me respondía un poco molesta.

Y mi labor escritural siempre empezaba de la siguiente manera:

“Mi muy querida y estimada hija: las saludo cariñosamente  deseándole que se encuentre sin novedad que es lo único que mi pobre y triste corazón le puede desear a toda hora y momento que la recuerdo…”.
Esta fórmula se repetía una y otra vez. Al final,  ella se limitaba a decirme aquellas cosas relevantes que debía incluir en la misiva. ¡Y a veces yo  también ponía algunas cosas de mi cosecha!
Este ejercicio se convirtió casi en un ritual que duraba varias horas, pues no era posible equivocarse. Y si ello sucedía debía ir de nuevo a la tienda a comprar papel y un sobre de carta.

Rosa, Rosita, Rosa, tenía los ojos verdes. Era ágil y alegre y aun con 86 años enhebraba las agujas sin necesidad de gafas. Pero un día le diagnosticaron cáncer y poco tiempo después se fue sigilosa y tranquila, con el primer viento de junio.  Los pájaros acompañaron su viaje y el cielo mañanero de la canícula desplegó sus mejores galas.  Desde entonces habita en un espacio tiempo transparente e infinito.


Rosa, Rosita, Rosa, fue la Mama Grande en un cuerpo diminuto; fue el faro que acompañó los días luminosos de mi infancia y los de mis hermanas y hermanos. ¡Fue una mujer moderna que, sin buscarlo, rompió moldes e hizo lo que se le vino en gana! ¡Ella es el espejo en donde me miro para no empeñar mi pensamiento, mi hacer y mi ser!

viernes, marzo 08, 2013

Mi artículo de esta semana en La Nación :


Voz de mujer. Por Martha Cecilia Cedeño Pérez

Marzo 8, 2013 a las 4:28 am
Cuando realizaba la investigación sobre el devenir de las mujeres de Neiva durante el siglo XX –que hace parte del libro  Historia Comprehensiva de Neiva cuya publicación aún no se ha concretado-, comprobé una vez más la terrible invisibilidad en la que todas nosotras nos encontramos.   Sobre las féminas de la región se ciñe sin miramientos un manto que ha ocultado –y oculta- su accionar en las diversas  esferas de la vida social.  Ausentes de la historia, la política, la economía, la academia, las letras… no por voluntad propia, sino debido al perverso hacer de una cultura patriarcal que ha impuesto sus condiciones para eclipsar el trabajo  y la voz de las mujeres.
Es esa cultura androcéntrica la que se encarga de promover unos valores,  un deber ser en el cual las féminas se convierten en seres pasivos,   en meros objetos de contemplación, en adornos que alcanzan su apogeo en reinados y adefesios similares.  La mujer objeto ha trascendido hasta nuestros días para alimentar la industria de la moda,  las cirugías plásticas y la cosmética con su promesa de belleza y juventud eternas.
Así pues, se olvida flagrantemente que nosotras hemos forjado la historia de la región y del país, que hemos trabajado dentro y fuera de casa para construir  progreso y que hemos resistido violencias, oscurantismos, subordinaciones, enfermedades y exclusiones de toda laya.
Se ha echado un velo sobre la voz de las mujeres.  Y ello ha ocasionado que en el ámbito literario, por ejemplo, se haya erigido una plataforma única en la cual los varones tienen la palabra. Craso error. No sólo porque en nuestro contexto han nacido escritoras de la talla de Waldina Dávila de Ponce de León, una de las principales figuras de la literatura colombiana del siglo XIX, o la poeta de altas calidades, Sylvia Lorenzo; sino porque a día de hoy un selecto grupo de féminas se dedica con entusiasmo y seriedad al arte de la escritura (poesía, historia, novela, cuento, ensayo).
Mujeres de diversas procedencias académicas y espaciales, pero afincadas en nuestra región cuyo trabajo literario no se ve reflejado en ninguna antología ni en libros patrocinados desde una oficialidad para la cual estas creadoras no existen.
Por fortuna un grupo de féminas poetas ha decidido unirse para que su voz salga de las penumbras, para que su palabra pueda volar sin ataduras de ninguna clase, para resistir los embates de una sociedad en la cual todavía se aprecia la ferocidad de una patriarcalidad renuente a marcharse.  Muy pronto tendremos noticias de ellas…
*Antropóloga y poeta

miércoles, octubre 17, 2012

Mujeres "engalladas"*


Octubre 15, 2012 a las 4:24 am
Hace unos días me encontré con un amigo a quien no veía desde hacía más de 15 años. Fue uno de esos encuentros fortuitos en  los que se reafirma aquel lugar común de que el mundo es un pañuelo. Pues bien, este excompañero de universidad me comentó, después de ponernos al tanto en el devenir general  de nuestras respectivas vidas, que acababa de ser padre y que había tenido que hacerle un mantenimiento a su mujer. ¿Mantenimiento? Pregunté asombrada. “Si, ya sabes –me respondió- quedó con mucho abdomen y además le salieron estrías…”. Y entonces lo comprendí todo. Entendí que en nuestro país términos como “mantenimiento” o “engallar” no sólo se aplica a los vehículos, sino también, a  los “arreglos” que se hacen algunas mujeres.  “Mi amiga X ahora está muy bonita”, me dijo un reconocido periodista Neivano hace un tiempo “se mandó a poner senos, cola y está rejuvenecida”.
No cabe duda que el cuerpo femenino, su manipulación y moldeado, es el objeto principal de la prometedora industria de la estética en nuestro país.  Un negocio que mueve al año millones de pesos y que a veces también se lleva la vida de algunas féminas confiadas en recuperar –o encontrar- esa anhelada belleza casi siempre relacionada con cánones ajenos a nuestra cultura y especificaciones genéticas.
Pero más allá de estas consideraciones puramente mercantiles en las que el cuerpo femenino es un objeto más, ésta práctica demuestra hasta dónde llegan los tentáculos de la aberrante tiranía patriarcal. Una tiranía que se vale, entre otros, de los medios masivos de comunicación para crear y reproducir estereotipos de belleza lejanos a nuestra realidad pero muy cercanos a las apetencias de las miradas masculinas. Y muchas mujeres caen en esa trampa perversa de la apariencia y se convierten en seres pasivos sometidos al régimen del bisturí para satisfacer los deseos y fantasías de los hombres (llámense maridos, novios, amantes).  Mujeres dominadas, marcadas, subordinadas a esa supuesta condición de género que las obliga a parecer  siempre bellas, jóvenes, esbeltas, apetecibles. Mujeres dispuestas a todos los martirios –incluso a la muerte- para alcanzar esas medidas perfectas, ese abdomen plano (muy difícil de conseguir con una dieta como la nuestra a base de harinas, plátano y yuca), unas tetas de ensueño que acapare toda la atención no sólo de los hombres sino también de las otras mujeres…
¡Es la competencia pura y dura por la remodelación de la carne femenina, objeto de deseo del mercado y del patriarcado!
Y en medio de ese panorama tan desalentador una se pregunta  ¿No sería también conveniente remodelar el cerebro, el pensamiento? ¿De qué ha servido tanta lucha, tanta resistencia si muchas mujeres continúan repitiendo y reproduciendo esos roles de género instaurados desde siempre? ¿Hacia dónde vamos las mujeres?
*MI columna de esta semana en el diario La Nación

sábado, mayo 07, 2011

Leyendo a Stuart Mill

Sigo con la historia de las mujeres de Neiva. Y hoy estoy terminando la lectura de La Esclavitud femenina, un libro de J.Stuart Mill escrito en 1869.
¡Qué lucidez! ¡Qué hondura en sus planteamientos! ¡Qué lecciones de humanidad! 
En ese texto  nos deja reflexiones tan actuales como estás:

Sobre la desigualdad:

"La adopción del régimen de la desigualdad no ha sido nunca fruto de la deliberación, del pensamiento libre, de una teoría social o de un conocimiento reflexivo de los medios de asegurar la dicha de la humanidad o de establecer el buen orden de la sociedad y el Estado.  Este régimen proviene de que, desde los primeros días de la sociedad humana, la mujer fue entregada como esclava al hombre que tenía interés o capricho en poseerla (...) Lo que en los comienzos no era más que un hecho brutal, un abuso inicuo, llega a ser derecho legal, garantizado por la sociedad y apoyado y protegido por las fuerzas sociales que sustituyeron  a las luchas sin orden ni freno de la fuerza física".

Sobre el maltrato:

"La mujer es la única persona (aparte de los hijos) que, después de probado ante los jueces que ha sido víctima de una injusticia, se queda entregada al injusto, al reo. Por eso las mujeres apenas se atreven, ni aun después de malos tratamientos muy largos  y odiosos, a reclamar la acción de las leyes que intentan protegerlas; y si en el colmo de la indignación o cediendo a algún consejo recurren a ellas, no tardan en hacer cuanto es posible por ocultar sus miserias, por interceder en favor de su tirano y evitarle el castigo que merece."

Sobre la educación:

"Los amos de los demás esclavos cuentan, para mantener la obediencia con el temor que inspiran o con el que inspira la religión. Los amos de las mujeres exigen más que obediencia: así han adulterado, en bien de su propósito, la índole de la educación de la mujer, que se educa, desde la niñez, en la creencia de que el ideal de su carácter es absolutamente contrario al del hombre; se la enseña a no tener iniciativa, a no conducirse según su voluntad consciente, sino a someterse y ceder a la voluntad del dueño".

Sobre el poder y la libertad:

"El deseo del poder y el amor de la libertad están en perpetuo antagonismo. Donde la libertad es menor, la pasión ambiciosa es más ardiente y desenfrenada. La ambición de mando será siempre una fuerza que deprave a la especie humana, hasta que llegue el día en que todo individuo mande en sí mismo, ejercitando derechos legales que nadie le dispute; y esto sólo podrá suceder en países donde la libertad del individuo, sin distinción de sexos, sea una institución respetada, orgánica, indiscutible"

jueves, abril 28, 2011

¡No existo!

Tengo una crisis de identidad. ¡No existo en ningún lado!  Ni en la tierra en la que nací y de la que partí a los 10 años (esto se entiende perfectamente), ni en aquella otra en la que residí por más 14 años y en la que estudié y me hice profesional, poeta, historiadora, mujer, luchadora... Y en la que investigué sobre temas como la mujer, las migraciones internas, las expresiones folclóricas... y participé en tres libros colectivos de investigación histórica; en la que escribí  artículos en revistas y periódicos y  publiqué mi primer libro de poesía y alguna vez, fui feliz.
En mi búsqueda de información sobre la mujer de Neiva en el siglo XX, concretamente de poetas y escritoras no se menciona, ni por asomo, mi nombre; de hecho, en alguno de esos listados o galerías, de los 50 nombres que mencionan sólo aparecen cinco de féminas. Allí  tampoco constan escritoras como Waldina Ponce de León (escritora y poeta nacida en Neiva en el siglo XIX) ni Sylvia Lorenzo, por ejemplo.
A nivel general, ese hecho refleja la invisibilidad que todavía sufrimos las mujeres en diversos contextos. Y a nivel particular, me han condenado al lugar oscuro de las apátridas, las exiliadas, las transgresoras. Me cobran con creces mi osadía de marchar más allá de las fronteras, de recorrer territorios que muchos de los "grandes" escritores del Huila y Neiva (Colombia) quisieran recorrer.
Por lo pronto estoy invitada a la V Trobada d'autors i autores de la Ciutat de L'Hospital de Llobregat, el próximo día 30 de abril...

miércoles, enero 20, 2010

Un cuento imprescindible: La cenicienta que no quería comer perdices

Hace pocó cayó en mis manos un texto precioso que replantea la visión de todos aquellos cuentos en los que se refuerza la imagen de la mujer, de todas las mujeres, como personas pasivas, sumisas, en espera siempre del principe azul y del final aquel de "fueron felices y comieron perdices". El cuento al que me refiero los desmonta a todos y habla de mujeres de carne y hueso que dicen basta y andan descalzas y asumen sus propias alegrías y fracasos. Habla de mujeres de tallas reales y pelos de más y bocas sin pintar y ojeras y vientres sin moldear.
Es un texto que destila ironía, humor y compromiso, imprescindible para nosotras, para nuestros hijos e hijas, para ellos, para todas las personas conscientes de que la igualdad se teje en las luchas cotidianas, en esos pequeños triunfos que nos devuelven la confianza en nosotras mismas, en nuestras posibilidades. El texto al que me refiero se llama La cenicienta que no quería comer perdices, escrito por Nunila López y bellamente ilustrado por Myriam Cameros se puede leer y bajar en la siguiente página
:
http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/lacenicientaquenoqueriacomerperdices.pdf
Ahora también es posible conseguirlo en formato tradicional, publicado por el grupo Planeta y prologado por Maruja Torres.

jueves, enero 14, 2010

En defensa de Mrs. Robinson

Vaya escándalo el que se ha formado alrededor de la señora Robinson y su marido el 'Premier' de Ulster. En todos los periódicos españoles de esta semana se ha retomado la noticia haciendo énfasis en el carácter político sexual del acontecimiento. La forma como se presenta la información en todos ellos es ésta: el Primer Ministro de Irlanda del Norte tuvo que abandonar su cargo de manera temporal, antes de dimitir cornudo y bajo sospecha, a raíz de los devaneos amorosos de su esposa, una diputada norirlandesa de 60 años, que utilizó sus influencias para conseguir favores de empresarios con el fin de montar un café para su amante, un hombre cuarenta años más joven que ella.
¡Es terrible esta señora Robinson! Es una casquivana que arruinó por completo la brillante carrera de su marido, sólo por querer pasárselo bien con un jovencito al que además intentó ayudar. Eso no se permite a una mujer. ¿Lo sabía usted? Su pobre esposo ha tenido que dejarlo todo por su culpa, si, por bajos sus instintos, señora.
Es así como se nos presenta la información sobre el caso Robinson. En la mayoría de artículos publicados al respecto no se condena tanto el hecho de que Iris Robinson haya sido corrupta al utilizar su posición política para conseguir favores (cosa de hombres, por supuesto) sino el que haya sido infiel con un muchachito de veinte años como si fuese la primera vez que ocurre esta práctica dentro de los altos círculos de poder (otra cosa de hombres, por supuesto). Ahora mismo recuerdo un caso típico. Si. Presidente estadounidense que tiene un affaire con su becaria dentro del miamo despacho oval. ¿Ocurrió algo con este señor dentro de esa pacata sociedad norteamericana?
Vamos a ver. Es indudable que cualquier conducta que derive en situaciones que atenten contra unos principios éticos, contra unas formas de proceder transparentes dentro de los marcos sociales, no debe permitirse. Esto está claro. La protagonista de esta historia incurrió en una grave falta ética (cuestión que por demás ocurre cotidianamente en todas las esfera de poder; en España son famosos algunos casos). No tengo ninguna objeción al respecto. Pero hay algo que no me cuadra en todo esto y es la manera como se presenta la información utilizando adjetivos y giros verbales que ponen el acento en un hecho de la esfera personal, condenándolo de antemano, lanzando piedras encendidas contra el tejado de esta mujer.
La señora Robinson, además de hablar mucho (sus declaraciones puritanas no las comparto en absoluto), transgredió las normas mínimas del decoro que se supone debe tener una mujer. A ella no se le reprocha tanto su proceder corrupto como su conducta infiel con una persona mucho más joven que ella. Ahí reposa la transgresión mayor. Esta es la clave del asunto. Aunque no lo reconozcamos aún pesan los estereotipos de género que ponen en la hoguera a todas las mujeres que por una u otra razón nos salimos de los cauces de un “deber ser” tejido con hierro desde tiempos inmemoriales. Ojalá hubiesen más señoras Robinson públicas. A mí me parece estupendo que una señora de cincuenta, sesenta o los años que sea, haga lo que se le venga en gana. Me encanta que se transgredan todas esas ridículas normas sociales que condenan a las mujeres al papel de observadoras pasivas de la vida que transcurre.
Dicen los diarios que ahora Mrs. Robinson está ingresada en una clínica psiquiátrica y si leemos entre líneas nos damos cuenta que lo que se está diciendo allí es “se lo merece”. Mientras su marido, el cornudo, la única víctima de todo este asunto, tuvo que renunciar a su importante cargo. Pobre. Pobre. Pobre.
...
Y en consonancia con este asunto, aquí va una deliciosa escena de la película The Graduate (1967) con Anne Bancroft y un jovencísimo Dustin Hoffman

jueves, octubre 29, 2009

El burka virtual

Reproduzco a continuación un artículo de Gemma Lienas a propósito del II Congrés de Dones de Barcelona que se celebró los días 16 y 17 en la Ciudad Condal. Un importante evento que reunió a muchísimas mujeres de distinta condición pero con un sólo ánimo: hacer sentir sus voces, sus ideas, sus modos de pensar y vivir la ciudad en el marco de la lucha por una igualdad de género plena. Quienes asistimos a dicho Congreso tuvimos la oportunidad de participar en distintos ejes temáticos y de emocionarnos con las espléndidas palabras de la filósofa Amelia Valcárcel. Por desgracia este evento no tuvo la repercusión mediática que debería tener: era sin duda un asunto de "mujeres", y por ello, "menos importante". De ahí este artículo de Lienas que habla de manera lúcida sobre ese otro burka virtual que se teje sobre todas nosotras.
......

El Burka Virtual

Por: Gemma Lienas
El País
26/10/2009

Hace una semana, se celebró, con la asistencia de 1.700 mujeres, el II Congrés de Dones de Barcelona, cuyohilo conductor era "Las mujeres como agentes de transformación social". Previamente y a lo largo de nuevemeses, un número aún mayor de mujeres había ido preparando por barrios o grupos de interés un documentoque recogía sugerencias organizadas en torno a cuatro ejes temáticos: ciudadanía, cultura, espacio público yvida cotidiana, tiempo y trabajos. Por fin, el congreso culminó con más de 500 propuestas para mejorar laciudad desde una perspectiva de género.
La perspectiva de género es una categoría de análisis de la realidad que pretende construir el mundo sumandoperspectivas, sobre todo aquellas que habitualmente han quedado fuera: la de las mujeres, criaturas, gentemayor, personas enfermas o discapacitadas, inmigradas...
Contrariamente a lo que alguien pueda pensar, añadir perspectiva de género a la ciudad no significa ponertapetes en el metro ni pintar de rosa las paradas de autobús. Significa tener en cuenta las necesidades yaspiraciones de cualquier colectivo ciudadano. Así, no habría labores de ganchillo en el metro, pero síascensores para bajar hasta el andén en silla de ruedas o con un cochecito infantil. No se pintarían de rosa lasparadas, pero se iluminarían mejor ciertas zonas de la ciudad que pueden resultar amenazantes para lasmujeres.
En fin, por poner un ejemplo muy actual, la perspectiva de género habría evitado el error cometido en laflamante Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona, cuyo suelo tan brillante lo refleja todo: luces, muebles,pasajeros y hasta la ropa interior femenina de las usuarias que visten faldas.
El congreso, pues, fue un éxito rotundo de las barcelonesas, aunque, lamentablemente, resultó invisible parala ciudadanía, ya que los medios de comunicación apenas hicieron acto de presencia ni publicaron lo que allíse había debatido, si exceptuamos algunas casi insignificantes menciones. Bien es verdad que un medioretransmitió un fragmento de la conferencia de clausura de la ministra Aido; aunque dicho fragmento fueusado para ilustrar la pugna entre partidarios y detractores de la nueva ley del aborto y no para hablar delcongreso de Barcelona.
Creo que la casi nula repercusión del evento en los medios de comunicación constituye un paradigma de lainvisibilidad de las mujeres, de sus acciones y de sus pensamientos. Es decir, indica que, en general, siguefaltando perspectiva de género, y mucha, en periódicos, radios y televisiones.
Amelia Valcárcel, en su brillante e ingeniosa conferencia inaugural, decía, parafraseando a Trotski: "Elfeminismo tiene que avanzar con la democracia y ganar la batalla en todo el planeta, o no podrá mantener losavances sólo en ciertos territorios".
Oyéndola, una podía pensar, por ejemplo, en los burkas, que consiguen invisibilizar a las figuras femeninas endeterminadas culturas. Así, nos llegan fotos de Afganistán en las que ellos ocupan cualquier espacio público yellas están desaparecidas, bien porque no pisan, la calle bien porque lo hacen moviéndose bajo hábitosfantasmales que las cubren de cabeza a pies.
Desde luego, la diferencia entre ser obligada a llevar un burka o no aparecer en los medios es enorme, pero laidea que subyace tras ambas pautas es la misma: las mujeres no cuentan. Se desprende de ahí que el espacioen el que ellas se pueden mover es, preferentemente, el privado, y, por consiguiente, todo lo público femenino,sean congresos, literatura o deporte, es de segunda clase y, por tanto, se puede ignorar.
Según Amelia Valcárcel, las mujeres en nuestro país sólo cuentan para el poder político. No están bienrepresentadas en los cinco poderes restantes: económico, informativo, creativo, del conocimiento y religioso.Decía esta filósofa que, si la agenda del tercer feminismo (el que surge a partir de 1968), contiene el ítemtener la mitad de todo, "nos queda trabajo para rato".Desde luego, nos queda mucho para quitarnos de encima ese burka virtual.

domingo, septiembre 20, 2009

Tipos de violencia en el ámbito sociocomunitario (IV): Los matrimonios forzados

Enlaces de violencia: los matrimonios forzados


El matrimonio forzado es una forma de violencia doméstica y un atentado contra los Derechos Humanos. Específicamente el artículo 16 (2) de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que habla sobre el libre y pleno consentimiento de los futuros esposos para llegar al matrimonio. Éste consiste en casar a una persona contra su voluntad y casi siempre está organizado por las familias que no respetan el sentir ni la opinión de las hijas y con frecuencia esta unión acaba en violencia y en ruptura familiar. El matrimonio forzado se debe distinguir de aquel que se produce entre dos personas que se casan por razones diversas y sin ningún proyecto de vida en común (penado por la ley) y el matrimonio arreglado en el que dos personas que se conocen se ponen de acuerdo para vivir juntas.
Tanto la Convención de los Derechos del Niño como la Convención para la eliminación de las discriminaciones con las mujeres son claras sobre la edad legal del matrimonio: 18 años. A pesar de esto, se estima que 82 millones de niñas entre 10 y 17 años se casarán este año. Razones de tradición y de honor se mezclan a las necesidades económicas para mantener esta práctica, perpetrada en muchos casos haciendo uso de la violencia física y / o psicológica.
Los matrimonios a temprana edad constituyen una práctica social dañina. Forzar a las niñas a contraer matrimonio a edades tan tempranas como los 11 años, las priva de su infancia y de toda posibilidad de recibir educación, pero además, aumenta el riesgo de que se vean expuestas al abuso y la explotación. Adicionalmente, sus jóvenes cuerpos no se han desarrollado lo suficiente para mantener relaciones sexuales y sostener embarazos. Las niñas adolescentes son más vulnerables a las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el SIDA/VHI. Muchas madres adolescentes, y con frecuencia sus bebés, mueren durante el parto. En muchas sociedades como las africanas, por ejemplo, las niñas son menos valoradas que los niños. Los padres consideran a sus hijas como cargas para el presupuesto del hogar, pero al mismo tiempo las ven como un objeto que pueden vender para mejorar el bienestar de la familia.
Pero esta práctica no sólo tiene lugar en algunos países menos favorecidos sino que persiste en algunas comunidades inmigrantes instaladas en Europa, en nombre de la costumbre o la religión, perpetuando las tradiciones o ritos. Según la Unidad de Matrimonios Forzados del Reino Unido (UMF), la mayoría de las miles de adolescentes en ese país que son víctimas o potenciales víctimas de casamientos obligados provienen de familias inmigrantes. En un contexto de migración, el matrimonio forzado hace que se confronten dos modelos de sociedades: la de los padres de la víctima, y la de la sociedad de acogida. El hecho de oponerse es un replanteamiento de la percepción dominante de la familia por uno de sus miembros
En muchos casos, las víctimas temen evitar los matrimonios forzados por miedo a represalias, incluidos los denominados “crímenes de honor”. Muchas de ellas no denuncian su situación o se retractan ante la presión de la familia, el miedo a la venganza o rechazan hablar con el argumento de que no quieren revivir experiencias traumáticas. Hay casos extremos en que se recurre a la violación como medio para presionar a las mujeres a contraer matrimonio. Muchas mujeres son amenazadas de muerte. Y aquellas mujeres que tratan de liberarse se encuentran una serie de obstáculos (la barrera del lenguaje, ruptura de lazos familiares, carencia de dinero y el hecho de no saber a dónde dirigirse) a la hora de denunciar su situación.
Por ello es importante la puesta en marcha de sistemas de alerta para avisar de casos de secuestro y retornos forzados o abusivos al país de origen y sobre todo, la prohibición total de las prácticas rituales contrarias a los derechos humanos. Y, a la par con ello, asegurar instrumentos para la detección, asistencia y reinserción social y profesional de las víctimas de este tipo de violencia.
Lo anterior también indica que es necesario entrenar de manera especializada al personal de policía, justicia y educación para detectar, derivar y atender este tipo de violencia contra la mujer. A la vez que es necesaria la creación de centros especializados y estudios de investigación que ayuden a conocer las causas del problema para poder definir mecanismos claros para su erradicación. No se debe olvidar que de esta práctica se derivan graves problemas sociales, en particular el aislamiento, la exclusión y la desigualdad.
En la actualidad en Catalunya no hay datos exactos sobre el número de matrimonios forzados que hayan ocurrido en su jurisdicción. Sin embargo, existe un protocolo que los Mossos d'Esquadra aplican para la prevención y atención policial de los matrimonios forzados, al constatar en 2008 la existencia de al menos una veintena de casos en Catalunya. Se sabe, además, que en la actualidad se están recogiendo datos para conocer el número y tipología de casos de bodas forzadas que se han conocido a través de comisarías, servicios sociales o escuelas. En ese sentido La Conselleria de Interior de la Generalitat ha elaborado un protocolo de actuación para prevenir los matrimonios forzosos que entró en vigor en junio de 2009, bajo el nombre de Procedimiento de Prevención y atención policial de los Matrimonios Forzados. En este documento surge también en el marco de la Ley 5/2008, de 24 de abril, del Derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista, en el artículo 5 sobre los ámbitos socio-comunitarios de la violencia machista, en donde se menciona los matrimonios forzados como una de las formas de violencia contra las mujeres.
En dicho documento se reconoce los matrimonios forzados como una práctica que continúa vigente en los países y comunidades de origen de algunas personas inmigradas a Catalunya. Sin embargo son pocos los casos que se han abordado como resultado de denuncias interpuestas por las propias víctimas y personas de su entorno. Una de las grandes dificultades a la hora de detectar los casos es la situación de vulnerabilidad de la menor o la mujer que está en un núcleo familiar de riesgo por ello las víctimas han de trascender ese núcleo para buscar protección y ello implica el uso de un gran valor y madurez a la hora de contradecir los planteamientos familiares (Procedimiento de Prevención y Atención policial de los Matrimonios Forzados; 3).
La práctica de los matrimonios forzados es muy extendida en países del África subsahariana, Norte de África, Próximo y Lejano Oriente, Asia Meridional, América Latina y también dentro de los colectivos de etnia gitana de diversa procedencia. Sin embargo la influencia de esta forma de violencia contra las mujeres puede ser más amplia puesto que en la actualidad las disposiciones legales sobre dicho tópico son más simbólicas que penales. Esta conducta no se penaliza.
En cuanto a las causas de los matrimonios forzados son múltiples. Dentro de ellas se puede mencionar, por ejemplo, el interés por reforzar los vínculos familiares; asegurar las riquezas y bienes; solucionar conflictos entre etnias o entre familias, cumplir con obligaciones o promesas antiguas; proteger ideales percibidos como culturales o religiosos; controlar la sexualidad de las menores o mujeres cuando entran en la edad reproductiva; como estrategia errónea de protección de la menor o la mujer que pasan a depender de la familia del marido y podrá tener hijos legítimos; explotación sexual o laboral; en situaciones de migración, ayudar a la consecución de permisos de residencia y nacionalidad, etc. (Ibid, 5). Es de resaltar en este último punto que los flujos migratorios han permitido que personas que desarrollan su proyecto de vida en Catalunya y en países europeos, algunas veces lleven a cabo esta práctica en un contexto en el que antes no se conocía.
En la violencia machista, especialmente cuando existe un vínculo emocional, el agresor se aprovecha de la indefensión y vulnerabilidad de su víctima. En el caso de los matrimonios forzados es importante tener en cuenta algunos factores que se relacionan con esta situación de desprotección de la niña o la mujer y que tienen que ver con la falta de redes sociales a parte de la familia; el desconocimiento de sus derechos y de los recursos sociales; la invisibilización social y la falta de conocimiento sobre esta problemática; las posibles barreras lingüísticas, etc.
Este tipo de práctica tiene graves consecuencias para el desarrollo integral de las mujeres no sólo en la esfera física si no también psicológica. Dentro de ellas se pueden mencionar: distintas formas de agresión; privaciones materiales y afectivas; el sexo no consensuado, es decir, la violación; la imposibilidad de continuar la escolaridad; el aislamiento y la reclusión ilegal en el hogar; los embarazos no deseados.

En síntesis, los matrimonios forzados conforman la pérdida de la autonomía en el desarrollo personal, psicológico, sexual y social de la mujer, se constituyen en una violación fragrante de los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y niñas. Según Amnistía Internacional, la violencia contra las mujeres viola el derecho de las mujeres a la vida, la integridad física y mental y el nivel más alto posible de salud, así como su derecho a no ser torturadas y a ejercer sus derechos sexuales y reproductivos. La defensa de los derechos humanos, incluidos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, es fundamental para prevenir la violencia de género y ponerle fin. Los derechos humanos de las mujeres y las niñas también corren peligro cuando no se hace frente a la violencia de género contra ellas y cuando se niega a las supervivientes el acceso a todos los recursos de reparación a los que tienen derecho.

lunes, septiembre 14, 2009

Tipos de violencia en el ámbito sociocomunitario (III): La Mutilación Genital Femenina (MGF)

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos. La Ley 5/2008 define en su artículo 5 define la MGF como “cualquier procedimiento que implique o pueda implicar la eliminación total o parcial de los genitales femeninos o que se produzcan lesiones, aunque haya consentimiento expreso o tácito de la mujer”. Se calcula que en el mundo hay entre 100 y 140 millones de mujeres y niñas que sufren las consecuencias de la MGF. En África, cada año unos tres millones de niñas corren el riesgo de sufrir MGF. Estas prácticas son más frecuentes en las regiones occidental, oriental y nororiental de África, en algunos países de Asia y del Oriente Medio y entre algunas poblaciones inmigrantes de Norteamérica y Europa (Informe de Organización Mundial de la salud, 2008).
La MGF es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación de la mujer. Es practicada casi siempre en menores y constituye una violación de los derechos del niño y de la niña. Asimismo, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte. Este tipo de práctica es llevada a cabo por comadronas tradicionales o parteras profesionales. La ablación genital femenina es un servicio muy valorado dentro de la comunidad en que se produce y muy bien remunerado económicamente, por lo que es fácil inferir que el prestigio y los ingresos de estas personas puedan estar directamente ligados a la práctica efectiva de dicha intervención contra el cuerpo de las mujeres.
En principio este tipo de práctica se asocia a las creencias tradicionales de aquellas comunidades en las cuales este tipo de actuación se desarrolla. Sin embargo, en términos generales se podría hablar de algunos elementos fundamentales que ésta lleva implícita. Así se pueden mencionar, por ejemplo, motivos sexuales cuyo fin es controlar y mitigar la sexualidad femenina. Sociológicos cuando se practica como un rito de iniciación de las niñas a la edad adulta o en aras de la integración social y el mantenimiento de la cohesión social. De higiene y estéticos porque se cree que los genitales femeninos son sucios y antiestéticos. De salud puesto que se cree que aumenta la fertilidad y hace el parto más seguro. Aunque no hay escritos religiosos que prescriban la práctica, quienes la llevan a cabo suelen creer que tiene un respaldo religioso.
Según la UNICEF la mutilación/excisión genital femenina se practica por distintas razones:
Psicosexuales: para disminuir el deseo sexual en la mujer, mantener la castidad y la virginidad antes del matrimonio y la fidelidad durante el matrimonio, y aumentar el placer sexual del hombre.
Sociológicas: como forma de identificación con la herencia cultural, la iniciación de las niñas a la edad adulta, la integración social y la preservación de la cohesión social.
Higiénicas y estéticas: en algunas sociedades, se considera que los genitales externos de la mujer son poco limpios y antiestéticos, y por tanto se eliminan para promover la higiene y proporcionar un atractivo estético.
Religiosas: la mutilación/excisión genital femenina se practica en varias comunidades bajo la creencia equivocada de que lo exigen ciertas religiones;
De otro tipo: para mejorar la fecundidad y promover la supervivencia infantil.

La mutilación/excisión genital femenina se realiza sobre todo en niñas y adolescentes de 4 a 14 años de edad. Sin embargo, en algunos países hasta la mitad de los casos de mutilación/excisión genital femenina se realizan en recién nacidas de un año, inclusive un 44% de Eritrea y un 29% en Malí.
Este tipo de práctica de ningún modo beneficia la salud de las mujeres, al contrario, produce daños físicos y psicológicos irreparables en quienes la padecen. Entre las complicaciones inmediatas se encuentran el dolor intenso, choque, hemorragia, tétanos, sepsis, retención de orina, llagas abiertas en la región genital y lesiones de los tejidos genitales vecinos. Pero también produce otras consecuencias a largo plazo tales como infecciones vesicales y urinarias recurrentes, quistes, esterilidad; necesidad de nuevas intervenciones quirúrgicas, por ejemplo cuando el procedimiento de sellado o estrechamiento de la abertura vaginal se corrige quirúrgicamente para permitir las relaciones sexuales y el parto, y a veces se vuelve a cerrar nuevamente; aumento del riesgo de complicaciones del parto y muerte del recién nacido.
La mutilación/excisión genital femenina es una violación fundamental de los derechos de las niñas y las mujeres tal como se describen en numerosas convenciones internacionales, entre ellas la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. Es una actividad discriminatoria y viola el derecho a la igualdad de oportunidades en la vida; el derecho al nivel más elevado de salud; el derecho a la libertad contra todas las formas de violencia física y mental, lesiones o abuso; el derecho a la protección contra las todas las formas de prácticas tradicionales perjudiciales para la salud de los niños, las niñas y las mujeres; el derecho a tomar decisiones sobre la reproducción libres de discriminación, coerción y violencia; el derecho a la libertad contra los prejuicios y todas las demás prácticas que estén basadas en la idea de inferioridad o superioridad o bien de los géneros o en funciones estereotipadas de los hombres y las mujeres.

jueves, septiembre 10, 2009

Tipos de violencia en el ámbito sociocomunitario (II): El tráfico y explotación de mujeres y niñas

A nivel general, la trata de seres humanos se enmarca dentro de la pérdida de los Derechos Humanos fundamentales de una persona. Así, cuando se habla de ello, se está hablando de una violación de los derechos humanos, y no de un crimen más. Este tipo de práctica constituye la esclavitud del siglo XXI y es una de las principales fuentes ilegales de ingresos después del tráfico de armas y de drogas. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM; 2005, 417) a nivel mundial, cada año un millón personas son vendidas, coaccionadas o sometidas a condiciones semejantes a la esclavitud bajo distintas formas y en sectores como la construcción, maquila, agricultura, servicio doméstico, prostitución, pornografía, turismo sexual, matrimonios serviles, niñas y niños soldados, tráfico de órganos, venta de niñas y niños, entre otros.

La trata de seres humanos con fines de explotación sexual es una de las manifestaciones más crueles de desigualdad. Según estimaciones policiales, el 90 por 100 de las mujeres que ejercen la prostitución en nuestro país son extranjeras y, de ellas, la mayoría están en manos de redes de trata de seres humanos. Las mujeres son captadas en sus países de origen aprovechando su situación de vulnerabilidad, mediante engaños como falsas ofertas de empleo o a través de agencias de viajes, matrimoniales o de modelos.

En el estudio La trata de mujeres: sus conexiones y desconexiones con la migración y los derechos humanos, Naciones Unidas, de Susana Chiarotti (2003), se habla sobre la expansión de esta problemática en áreas que anteriormente no se veían afectadas debido entre otras cosas a “la globalización, que ha facilitado las comunicaciones y el acceso a la información. Pero también a las profundas dificultades económicas que enfrentan muchos países -especialmente las naciones en desarrollo y las economías en transición- y su consiguiente inestabilidad socioeconómica, lo que tiende a producir circunstancias de ‘expulsión’ como el desempleo y/o empleos mal remunerados, falta de oportunidades educativas y desarrollo social, así como las limitadas posibilidades de acceso a los servicios de salud y educación. A ello se suman los cada vez mayores obstáculos a la migración regular y la existencia de conflictos armados sean estos nacionales o regionales. Esta situación aunada a cuestiones como la creciente demanda de mano de obra de bajo costo en los países de destino, vacíos legales en la mayoría de los Estados y falta de una visión integral para combatirla, han hecho de la trata de personas uno de los tres negocios más rentables del crimen organizado después del tráfico de armas y de narcóticos”.

El Parlamento Europeo estima que en los 25 países de la Unión, 100.000 personas al año caen en las redes de los traficantes. El Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) cifra en más de 4.000.000 el número de mujeres y niñas, vendidas cada año en el mercado mundial de la prostitución. En los últimos diez años, España se ha convertido en uno de los principales países de tránsito y destino de mujeres víctimas de trata para ejercer la prostitución y, en muchas ocasiones, estas mafias aprovechan la oportunidad que les brinda la prensa nacional para comerciar con ellas, permitiendo ocultar su identidad y minimizando riesgos y costes. España ocupa un lugar destacado en el primer informe que, titulado Tráfico de Personas. Modelos Mundiales, ha realizado la Oficina sobre Droga y Delito de la ONU. Este dato se confirma con el cálculo de que, en el Estado español todos los días alrededor de 1.500.000 de hombres ejercen como prostituidores. En 2005, la Conselleria de Interior de Cataluña estimaba que en la Comunidad unas 20.000 personas se dedicaban a la prostitución.

Según informes de Naciones Unidas España no actúa como un país de origen, sino que es utilizado en un grado que se califica de bajo como país de tránsito de víctimas de la trata procedentes de Brasil, América del Sur y África. Sin embargo, España, tiene una alta importancia como lugar de destino, recibiendo víctimas procedentes de Colombia, República Dominicana, Nigeria, Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria, Brasil, Croacia, República Checa, Hungría, Marruecos, Polonia y otros países.

Las mujeres, víctimas de estas redes, son captadas en sus países de origen aprovechando su situación personal -generalmente caracterizada por carencia de recursos económicos, desempleo, bajos niveles educativos y dificultades para poder emigrar de forma regular- utilizando para ello diferentes procedimientos engañosos tales como la inserción, en los medios de comunicación locales, de anuncios con ofertas de empleo falsas (normalmente para trabajar en el sector hostelero o doméstico), o a través de agencias de viajes, matrimoniales o de modelos que trabajan para la organización. En otros casos, la captación se realiza directamente por otras mujeres que ya han ejercido la prostitución en España y que perciben comisiones de la organización (Plan Integral de Lucha contra la Trata de Seres Humanos, 2008).

Muchas veces la estigmatización social, el aislamiento en el que se suelen encontrar dentro de la sociedad receptora, las dificultades del idioma, el miedo y la imposibilidad de encontrar soluciones para sus vidas contribuyen tanto a mantener la situación de explotación en clandestinidad como a dificultar, después, la integración socio laboral de la víctima.
Esta realidad social se ha convertido en una problemática acusada y ha motivado el desarrollo a nivel gubernamental del Plan Integral de Lucha contra la Trata de Seres Humanos con fines de explotación sexual, aprobado en diciembre de 2008 y que entró en vigor el 1 de enero de 2009 y que estará vigente durante tres años (2009-2012). A nivel general, el Plan Integral de Lucha contra el Tráfico de Seres Humanos plantea medidas divididas en tres ejes principales: la asistencia social a las víctimas, la lucha efectiva contra las mafias y traficantes, y la sensibilización, prevención y coordinación. En cuanto a la asistencia social se plantea que se proporcionará protección integral a las víctimas de trata a través de un periodo de reflexión de, al menos, treinta días, para que las víctimas puedan restablecerse, escapar de la influencia de los traficantes y decidir su colaboración con las autoridades administrativas, policiales y judiciales. Durante ese periodo las víctimas tendrán derecho a la asistencia social y jurídica, y al establecimiento de una dotación económica que garantice su subsistencia o su posible retorno al país de origen, si lo solicitan. En este mismo sentido se hace énfasis en el perfeccionamiento de los mecanismos legales existentes para proporcionar a las víctimas un sistema de asistencia jurídica gratuita inmediata y la disponibilidad de intérprete. En ese sentido se menciona que las víctimas tendrán información específica sobre sus derechos y los recursos de los que disponen, y formarán parte de los colectivos beneficiarios de los programas de formación para el empleo. El Plan contempla, igualmente, la creación de unidades móviles para la atención a víctimas y de centros de acogida con programas de atención integral específica.

En cuanto a las medidas destinadas a luchar contra las mafias se menciona que se privará de sus beneficios económicos a las organizaciones que se dedican a la trata. Para ello, se reformará la Ley de Enjuiciamiento Criminal para ampliar las medidas cautelares en relación con esta delincuencia. Además, se creará un Fondo de Bienes decomisados procedentes de la trata, que irá destinado tanto a la asistencia de las víctimas, como al fortalecimiento de la actuación policial contra este delito. Para lograr un mayor control en la entrada al país de las mafias, se incluirá el uso de identificadores biométricos en la expedición y verificación de visados y permisos de residencia, y se implantarán en todo el territorio nacional nuevos sistemas y mecanismos de control para detectar situaciones de trata en puertos, aeropuertos y medios de transporte. Por último, en las medidas de sensibilización y prevención se hace énfasis en la necesidad de profundizar en el conocimiento del fenómeno de la trata y en sus verdaderas dimensiones desde un punto de vista multidisciplinar mediante la realización de estudios sobre las consecuencias de la trata en sus víctimas, los diferentes modelos de intervención para la recuperación y el mapa de recursos existentes. Al mismo tiempo, se plantea el desarrollo de campañas de concienciación sobre la vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres que ejercen la prostitución y de las víctimas de la trata, y campañas de información específicas dirigidas al sector de empresas de viaje, instituciones y organizadores de eventos multitudinarios. En el Plan también se prevé la constitución de un Foro contra la Trata integrado por las administraciones públicas competentes, las ONG’s y otras institucionales implicadas en la asistencia a las víctimas y la lucha contra este delito para garantizar la coordinación y la coherencia de actuaciones desde una perspectiva integral.
El tráfico de mujeres y niñas para su explotación sexual tiene consecuencias relacionadas con la salud y/o con amenazas para su propia vida. A menudo, el transporte clandestino exige el uso de medios de traslado deficientes, que ponen a las víctimas en peligro de inanición, ahogamiento, asfixia y exposición a las condiciones climáticas. Numerosos informes sobre accidentes y fallecimientos han hecho que la Organización Internacional para las Migraciones haya definido el tráfico sexual como una de las formas más peligrosas de migración. Otros riesgos para la salud que plantea el tránsito son la exposición a la violencia y a enfermedades contagiosas. Las víctimas del tráfico son blanco de la violencia de tratantes, proxenetas, dueños de burdeles, clientes y hasta policías que las golpean, a veces con armas y con saña suficiente como para que deban acudir a las salas de urgencia y se les viola a modo de introducción al “negocio”.

La violencia psicológica, física y sexual asociada con el tráfico y la explotación sexuales provoca depresión, pensamientos e intentos de suicidio, lesiones físicas tales como hematomas, huesos rotos, heridas en la cabeza, heridas de arma blanca, lesiones en la boca y la dentadura y hasta la muerte.

La participación en la industria del sexo entraña el riesgo de contraer infecciones de VIH/SIDA, que puede atenuarse o agravarse en función del número de clientes y del uso de preservativos. Las víctimas del tráfico que no tienen acceso a éstos o carecen de poder para negociar su uso se encuentran especialmente en peligro. Los relatos de experiencias con el tráfico y los estudios de mujeres inmersas en la industria del sexo sugieren que sobre las víctimas traficadas se ciernen muchas amenazas a su salud sexual y reproductiva. Las infecciones transmitidas por vía sexual (ITS) constituyen una amenaza grave, pues la actividad sexual temprana y la multiplicidad de parejas son factores de riesgo que se aplican a muchas mujeres envueltas en esta industria (Phinney, 2002).

lunes, septiembre 07, 2009

Tipos de violencia en el ámbito sociocomunitario (I): las agresiones sexuales

Publicaré algunos textos sobre violencia en el ámbito sociocomunitario a petición de algunas personas, entre ellas mi entrañable amiga la psicóloga Isabel Gómez. A través de una serie de artículos se desvelarán tópicos como las agresiones sexuales, el tráfico y la explotación de mujeres y niñas, la mutilación genital femenina, los matrimonios forzados, la violencia derivada de los conflictos armados.
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Las agresiones y el acoso sexual
Por: Betty Puerto y Martha Cecilia Cedeño Pérez
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La Ley 5/2008 define este tipo de agresión como “el uso de la violencia física y sexual ejercida contras las mujeres y las menores de edad que está determinada por el uso premeditado del sexo como un arma para demostrar poder y abusar de él”. Son comportamientos sexuales impuestos contra la voluntad de una persona e incluye todos los comportamientos sexuales sin consenso.

Dentro de las formas de violencia sexual se puede mencionar, entre otras, la violación, el acoso sexual, el asalto sexual, el exhibicionismo, las palabras obscenas, los tocamientos, la proliferación y el uso cada vez mas vinculante especialmente de mujeres, niñas y niños a enlaces en Internet, avisos publicitarios que promueven el abuso sexual y fomentan los estereotipos de desigualdad entre hombres y mujeres. En este texto nos referiremos al las agresiones y abusos sexuales de manera integral, específicamente aquellas que ocurren en el ámbito social comunitario.

La violación aparece como el máximo exponente de la agresividad hecha violencia, no sólo por el grado de fuerza física que puede conllevar y que a veces llega hasta el homicidio, sino por el daño psicológico que supone un atentado contra un componente tan íntimo de la personalidad como es la sexualidad, dando origen a secuelas que perdurarán durante el resto de la vida de la mujer (Lorente Acosta, 1999: 126). La violación ha existido en todas las épocas históricas, aunque con diferente consideración. Hasta hace poco sólo era percibida como un agravio a la familia de la víctima en general y no como un crimen contra la mujer. En este tipo de agresión la mujer no es considerada como tal sino como un objeto para satisfacer una serie de sentimientos o fantasías del agresor. Es una actividad sexual desviada que busca el control y la opresión de la mujer y con ello la sensación, para el agresor, de estar en un nivel superior, de tener la fuerza con todo lo que esto implica.
El acoso sexual, constituye otra forma de violencia sexual, que se expresa en la exigencia de favores de tipo sexual, situación en la que el agresor ostenta una posición de superioridad ya sea en el ámbito de la escuela o el trabajo y en el que la víctima esta sometida bajo amenaza o castigos. Opera como un instrumento de control social representado en violencia psicológica, especialmente en los casos en que las mujeres desempeñan trabajos realizados tradicionalmente por hombres (Baker, 1989) y en el hecho de que las mujeres que denuncian este tipo de comportamiento casi siempre sufren como consecuencia el despido o la presión para dejar el trabajo.

Este tipo de agresión supone una importante discriminación para la mujer; se convierte en un obstáculo en su formación y su integración en el mercado de trabajo. Las mujeres jóvenes, separadas o divorciadas, con trabajos precarios o temporales, suelen ser las más vulnerables a la hora de sufrir este tipo de violencia. Las consecuencias de esta agresión repercuten no sólo en la salud de las féminas sino en su rendimiento laboral y en su equilibrio personal. Además, la mujer que sufre estas agresiones puede verse limitada en sus posibilidades de promoción y de permanencia en el puesto. También puede repercutir en su vida afectiva, tanto si su problema llega a ser conocido por su familia y pareja como si no. Las distintas conceptualizaciones teóricas han definido el acoso como un acto de violencia y la han situado dentro de un marco construido socialmente que se caracteriza por la intersección de sexo y poder, más que por alguno de ellos de forma aislada (Lorente Acosta; 1999, 187).

El acoso sexual atenta contra la dignidad de la persona, produce efectos psicológicos que supone el estar sometida a una situación que se repite a la menor oportunidad. Ello deviene en una tensión y ansiedad constante, que puede llegar desembocar en estrés agudo y de perdida de capacidad de afrontamiento, pues al temor a ser violentada sexualmente se añade la amenaza implícita o explícita de perder el trabajo o de ser sometida a castigos y perdidas, como en los casos en que ocurre en el contexto de la escuela.
Las agresiones sexuales, el acoso, o el abuso constituyen acontecimientos altamente traumáticos que dañan la integridad física y psíquica de la víctima; en la mayoría de las personas provoca miedo profundo y reacciones emocionales intensas de ansiedad, confusión, culpabilidad, miedo, desconfianza, rabia, rechazo del entorno, sensación de que esta perdiendo en control de la vida, depresiones, dificultades para conciliar el sueno, trastornos alimentarios y algunos tipos de adicciones. Lo que constituye un cuadro de estrés agudo como respuesta del suceso violento.
Merece la pena mencionar que, históricamente, el sistema legal ha procedido con parcialidad en contra de la víctima de una agresión sexual, de una violación, puesto que resulta más difícil sentenciar a un violador que a otros criminales (Robin, 1977). Entre otras cosas la víctima debe demostrar que se resistió con todas sus fuerzas y en todo el momento en el transcurso de la violación y que corrió el riesgo de ser herida o que sufrió heridas reales por defenderse de un ataque que la amenazaba de muerte o de daño físico grave (Renfrew, 2005). Y a lo anterior debe añadirse la percepción patriarcal de que es la mujer la que ha provocado ese tipo de experiencia, que es ella per se la causante de lo que la ha ocurrido.

jueves, agosto 27, 2009

Violencia machista en el ámbito sociocomunitario

A nivel general, las violencias ejercidas contra las mujeres han sido denominadas con distintos términos: sexista, patriarcal, machista, viril o violencia de género, entre otros. En todos los casos la terminología indica que se trata de una realidad social con características diferentes de otras formas de violencia. Este tipo de violencia se ejerce en el marco de las desiguales relaciones de poder entre mujeres y hombres. Es una de las expresiones más graves y devastadoras que destruye vidas e impide el disfrute de los derechos fundamentales, la igualdad de oportunidades y las libertades. (Amorós, 1999; Bunch y Carrillo, 1994; Ferrer y Bosch, 2000; Tinker, 1990).
La violencia machista se concreta en una diversidad de abusos que sufren las mujeres, las niñas y los niños. A partir de aquí se distinguen distintas formas de violencia, física, psicológica, sexual y económica, que tienen lugar en ámbitos concretos, en el marco de unas relaciones afectivas y sexuales, en los ámbitos de la pareja, familiar, laboral y socio-comunitario. Dentro de este último podemos identificar algunos tipos de violencia tales como las agresiones sexuales; tráfico y explotación sexual de mujeres, niñas y niños; la mutilación genital femenina o riesgo de padecerla; los matrimonios forzados y la violencia derivada de los conflictos armados. (Herzberger-Fofana, 2000; Lorente, 1999; Martin E. y Martín M, 2001).
Lo anterior indica reconocer también que la violencia machista se inserta dentro de una sociedad patriarcal en donde prevalecen relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres. En dicho contexto, el patriarcado se concibe como “una estructura de relaciones sociales que se apoya en las diferencias físicas, de edad y de sexo y al mismo tiempo las dota de significado social, lo que quedan deificadas y producen subjetividades” (Izquierdo, 1998: 223). Desde ese punto de vista hablar de las distintas violencias contra la mujer que se ejercen en el ámbito socio-comunitario implica volver la mirada a un conjunto de relaciones sociales signadas por profundas desigualdades en las que se reflejan posiciones de poder de los hombres con respecto a las mujeres. Y ello implica también considerar el círculo de la dependencia y por lo tanto de la indefensión de las mujeres a la hora de romper con la espiral de violencia que se ejerce contra ellas.

Por último, vale la pena resaltar que gracias al papel del movimiento de mujeres y de la teoría feminista se ha pasado de percibir la violencia machista en general como un fenómeno aislado y privado, a considerarla como un grave problema que afecta a gran parte de la otra mitad de la población, con todo lo que ello comporta. Y gracias a esas luchas por la igualdad hoy se puede hablar de un compromiso a todo nivel que se inserta dentro de los Derechos Humanos en general y en las diferentes leyes que se han generado para la protección de las mujeres.

A nivel más local, la Ley 5/2008, de 24 de abril, Del derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista, define los principios orientadores en las intervenciones de los poderes públicos y establece los criterios de actuación y acciones en todas las fases de la atención a las mujeres que sufren violencia machista: desde la detección de situaciones de riesgo, la atención y la protección hasta la cooperación con otros actores del territorio en las fases de prevención y recuperación. Su objeto fundamental es “la erradicación de la violencia machista y la remoción de las estructuras sociales y de los estereotipos culturales que la perpetúan con el fin de que se reconozcan y se garantice plenamente el derecho inalienable de todas las mujeres a desarrollar una vida propia sin ninguna de las formas y de los ámbitos en que esta violencia se puede manifestar” (Ley 5/2008, 27).

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...