sábado, mayo 07, 2011

Leyendo a Stuart Mill

Sigo con la historia de las mujeres de Neiva. Y hoy estoy terminando la lectura de La Esclavitud femenina, un libro de J.Stuart Mill escrito en 1869.
¡Qué lucidez! ¡Qué hondura en sus planteamientos! ¡Qué lecciones de humanidad! 
En ese texto  nos deja reflexiones tan actuales como estás:

Sobre la desigualdad:

"La adopción del régimen de la desigualdad no ha sido nunca fruto de la deliberación, del pensamiento libre, de una teoría social o de un conocimiento reflexivo de los medios de asegurar la dicha de la humanidad o de establecer el buen orden de la sociedad y el Estado.  Este régimen proviene de que, desde los primeros días de la sociedad humana, la mujer fue entregada como esclava al hombre que tenía interés o capricho en poseerla (...) Lo que en los comienzos no era más que un hecho brutal, un abuso inicuo, llega a ser derecho legal, garantizado por la sociedad y apoyado y protegido por las fuerzas sociales que sustituyeron  a las luchas sin orden ni freno de la fuerza física".

Sobre el maltrato:

"La mujer es la única persona (aparte de los hijos) que, después de probado ante los jueces que ha sido víctima de una injusticia, se queda entregada al injusto, al reo. Por eso las mujeres apenas se atreven, ni aun después de malos tratamientos muy largos  y odiosos, a reclamar la acción de las leyes que intentan protegerlas; y si en el colmo de la indignación o cediendo a algún consejo recurren a ellas, no tardan en hacer cuanto es posible por ocultar sus miserias, por interceder en favor de su tirano y evitarle el castigo que merece."

Sobre la educación:

"Los amos de los demás esclavos cuentan, para mantener la obediencia con el temor que inspiran o con el que inspira la religión. Los amos de las mujeres exigen más que obediencia: así han adulterado, en bien de su propósito, la índole de la educación de la mujer, que se educa, desde la niñez, en la creencia de que el ideal de su carácter es absolutamente contrario al del hombre; se la enseña a no tener iniciativa, a no conducirse según su voluntad consciente, sino a someterse y ceder a la voluntad del dueño".

Sobre el poder y la libertad:

"El deseo del poder y el amor de la libertad están en perpetuo antagonismo. Donde la libertad es menor, la pasión ambiciosa es más ardiente y desenfrenada. La ambición de mando será siempre una fuerza que deprave a la especie humana, hasta que llegue el día en que todo individuo mande en sí mismo, ejercitando derechos legales que nadie le dispute; y esto sólo podrá suceder en países donde la libertad del individuo, sin distinción de sexos, sea una institución respetada, orgánica, indiscutible"
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