Mostrando entradas con la etiqueta Poetas huilenses. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poetas huilenses. Mostrar todas las entradas

miércoles, agosto 24, 2011

"Astronomía de Bolsillo", poemas de William Fernando Torres

William Fernando Torres fue mi profesor  cuando yo estudiaba  Lingüística y Literatura en la Universidad Surcolombiana.  Una época magnífica llena de despertares, proyectos, canciones, vinos, viajes...  Bajo su influencia, quienes tuvimos la suerte de ser sus alumnas y alumnos, recorrimos caminos más allá de las cuatro paredes del aula. Nos adentramos en los intersticios de la creación y la vida. ¡Todo a la vez!  
Con él navegamos por las aguas de la poesía, la música, el teatro, el quehacer pedagógico con el placer de la palabra y la acción y el gusto por explorar nuevos senderos.  
Pero WF además de ser profesor, investigador, trabajador cultural incansable, narrador de altos vuelos también es un poeta consumado. Uno de esos cantores sutiles y profundos que hacen de la palabra un arte de depuración y sensibilidad. 
Hace algunos días me envió algunas de sus creaciones; hoy quiero compartirlas con todas las personas que leen esta bitácora.

ASTRONOMÍA DE BOLSILLO

William Fernando Torres 
Para Hildita

I

Somos pedazos de estrellas, luciérnagas, me digo en los caminos oscuros, cuando ladran los perros de las constelaciones.
Me guía el aroma del pan recién hecho en tu casa y la Cruz de Mayo.

II
Sigo tus caminos. Son de barro y piedra. Has puesto tapias de adobe para el que te busque. Huyes en la luz. Te llamo con mi cuerno de caza y sólo responden las luciérnagas. Eres montaña o nube. Neblina que oculta a los ganados. Un río que se agazapa en el valle. Allí me sumerjo para encontrar los guijarros más blancos. Los que pones detrás de tus puertas turquesas bajo las matas de sábila. Vuelvo con iluminadas puntas de estrellas en las manos.
Pero de ti sólo quedan leves huellas en el cuarto de baño, la salvia junto al hilo de sol en la ventana.

III
Navego con los ojos abiertos bajo el agua del amanecer, pero no encuentro tus caminos. Tus riveras me acogen como a un viajero perdido.
En cuanto duermo mi desventura, tu mano viene a cubrirme con una colcha de retazos celestes.
Al amanecer tu cocina huele a aguadepanela y anís.
Sobre tu mesa amarilla hay mangos, mameyes, marañones.
Y una ramita de yerbabuena.



IV
Único mandamiento: no matar al niño que llevo dentro. No ahogarle su locura.
Sólo esto lo dejará llegar ebrio a tu casa bajo los aguaceros de la madrugada. Entonces te contará de perlas lunares y pescados de colores que trae en los bolsillos. Tu correrás a buscar toallas y mientras lo secas exclamas: “Pero ¡cómo te has empapado! Mira las luciérnagas que traes en el cabello!”
Luego saludas al amanecer y tejes una larga conversación en la cocina con el café de otros tiempos.

V

Tu cuerpo es un mapa de mirtos y guayabas maduras. Para recorrerlo no basta una lámpara con todos sus aceites. Nuestras iluminadas yemas de los dedos perciben sombras, ásperos trazos del desierto. Mas cuando pasan las caravanas de las constelaciones, ellas son destellos de estrellas.
En las floraciones de la madrugada, entro en tu río coronado de luces.

VI

He naufragado en casi todas las quebradas del Huila.
En la Maito tragué agua por primera vez. Por la Careperro perseguí pájaros aguas arriba. Recorrí la Cucaracha buscando tilapias con mis amigos de cuadra. Mi familia hizo amorosos sancochos en las orillas de la Jagua, mientras padre pintaba los domingos y madre cantaba dulces canciones antiguas.
En las desesperadas aguas de la Yaguilga una mujer sumergió mi infancia.                                         En las tibias aguas de Cuisinde conocí el amor.
Por Navidad, con mis tíos, secamos un brazo de la Jacué para llevar bocachicos a todos los vecinos. Por San Juan a muchas de ellas les canté serenatas con mi voz de carbonero. He caminado la Tortuga, la Caraguaja, la Arenosa, cuando se salen de madre, pidiéndoles perdón.
A la mansedumbre de la Albadán vuelvo siempre. A veces me baño solitario en quebradas sin nombre y guardo sus hojas y arenas para ver si me vuelvo filósofo.
Cada día oro a la Chaquira: le pido que me deje vivir junto a sus torrentes.
Pero ninguna. Ninguna de ellas, es como el río tranquilo de tu cuerpo durmiendo desnudo bajo las sábanas.


VII

En la noche cerrada se abre la tormenta. Con pasos sonámbulos te levantas a trancar puertas y ventanas para conjurar a los relámpagos. Para que la hojarasca que llevan los ríos no inunde nuestros sueños. Las cortinas se baten como grandes pájaros en el zaguán de tu casa. Coronada de lluvia vuelves al lecho. Tomándome las manos me salvas de todos los naufragios bajo tu colcha de retazos celestes.
Todas las tormentas, mis quebradas, las constelaciones, destejen entonces los caminos.
Y llega el canto de las mirlas.

VIII

Navegamos en la vieja casa de los libros. Es imposible recorrerla porque es enorme y laberíntica. Tiene una vieja ceiba en el solar y pájaros peregrinos que vienen de todos los ponientes. En las habitaciones del fondo se escucha el rumor de una quebrada subterránea. Hay nubes detenidas sobre antiguas voces y se escuchan fragmentos de cantos dulcísimos cuando cambia la luz.
También moran en ella ahorcados de otros siglos.
Aquí se viene para arrojarse de bruces a los límites.
Sin embargo, hay instantes felices.
Bajo las palabras se percibe la palpitación del universo. A veces de pronto fulgura la súbita comprensión de ciertos misterios.
Después quedamos ciegos: hemos descubierto lo indescifrable y lo no sabemos contar.
A tientas volvemos a nuestros balbuceos.

IX

Ahora aprendo a morir. Muy pocas cosas me son necesarias.
Tal vez conversar con alguno de mis hermanos bajo la ceiba del patio o atender las asombradas preguntas de mis hijos.
Pero siempre me falta la luna clara de tu sueño.



domingo, mayo 23, 2010

El Poira

Niño dorado, el Poira como las líbélulas y las mariposas, ama el agua y el arco iris. En el Magdalena permanece desnudo. A veces lo sorprende la luna entre las piedras y entonces toca la flauta y se remonta a un país de viento.
Príncipe de los abedules, el Poira es un ser benévolo. Su diversión de mayor daño consiste tal vez en hostigar a los caballos y aterrorizar a los paseantes con la voz ronca y los grandes dientes. Duende pueril, permanece la mayor parte entre salvajinas. Allí se enreda con los pájaros y las hormigas. Pasa su vida contemplando los rompecabezas de las nubes y los astros y las caídas de la lluvia.
Sí, nadie le teme al Poira. Rey de los amarantos y las novias blancas, su presencia tiene el encanto de los paseos a la orilla de los ríos. Es fábula para que todos empecemos a viajar y soñar bajo el ala de la luna.

Texto de Guillermo Martínez González, Mitos del Alto Magdalena, Trilce Editores, Bogotá, 2006

domingo, mayo 09, 2010

Apuntes sobre la obra poética de Julián Polanía Pérez

Este texto forma parte de "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", elaborado para el libro Cien años no es nada, volumen II, coordinado por Luis Ernesto Lasso Alarcón.
.
Algunos elementos rupturales en la poesía de Julián Polanía Pérez
Por: Martha Cecilia Cedeño Pérez
Dra. Antropología social y cultural
Universitat de Barcelona
.
Elogio de la Fantasía

Este libro. Este austero pedazo de germen!
Este girar en redor de tu cuerpo, y mi cuerpo
-hermano de carne y de sangre,
espíritu y fuerza y avance-
Este Libro amalgama placeres del alma,
rebeldes girones de espuma,
resortes de encaje liviano,
procesión de estrellas y de almas!
Escrito con plumas de gansos heridos,
con alma de gérmenes natos…!
Nació en la esquina del arado
y al vuelo de la Fantasía…
Llevarónlo al aire las garzas
y lo abandonaron, quiero, en la lejanía…
Tomarónlo republicanos
henchido de melancolía
y me lo ofrendaron. Te lo obsequio, hermano,
como un regalo de la Fantasía…!

Los primeros versos de Julián Polanía, Noción de pesadumbre, fueron publicados en el año 1958 y Narración de los rostros vivientes en 1963. Enraizados en una cierta concepción simbólica en ellos encontramos la constatación de un ejercicio de libertad en el acto escritural, lo que hace que rompa de manera notable con la tradición decimonónica en la que prevalecían requerimientos específicos de ritmo y métrica. Y no podría ser de otra manera si volvemos la mirada también a su perfil vital en el que se percibe un aroma de inconformismo, una plausible ansiedad por devorar el mundo lejos de los marcos de la región que casi siempre aprietan y anulan. En esa postura de Polanía se advierte, quizá, una condición particular del poeta que no sólo quiere comunicar sus vivencias interiores sino que necesita alterar el orden establecido por el lenguaje para aproximarse a un mundo que es hostil a sus intuiciones y que transgrede los sedimentados usos que propicia el lenguaje. Eso es lo que se refleja en alguno de sus versos en los que a primera vista parece existir una suerte de disrupción en su conformación rítmica y temática pero que no son más que instrumentos de los que se sirve el autor para construir su mundo poético: Volveré, mañana, a sufrir la gloria de haber/ vivido,/ y sentado en la hierba/llamaré a mis invitados a la orilla del camino/ y beberemos el mejor vino, después del esfuerzo/sin copas ni manteles. La imagen del poeta nos insinúa la posibilidad de un nuevo orden, de unas relaciones donde cada elemento gramatical posee unas cualidades distintas a las adquiridas en este sistema lingüístico común que comprendemos y que ha sido restringido a los usos utilitaristas de la vida cotidiana.

(…) Cuando queráis buscarme – y yo sé
que vosotros no lo haréis-
preguntad primero adonde llega
el aire de los bosques mudos;
porque allí, donde habitaba la palabra
de los naranjos, nací;
y allí creció mi voz con sus espantos
y yo tampoco sé qué ruta tuvo;
¿no creéis acaso que por hablar de pesadumbres
me hice prisionero de la luz?
(…)

David Rivera en su Crónica poética del Huila ya se refería a la creación literaria de Polanía como una producción “con acento sentimental y contestatario, enfrentando ritmos y rimas tradicionales de su tiempo”. Y Delimiro Moreno en su libro Los Papelípolas, dice refiriéndose a su poema “Narración de los muertos vivientes”, que ésta es una obra en la que “exhibe una tan extraordinaria maestría y profundidad poéticas que lo hacen un auténtico ejemplo de la poesía moderna colombiana”. Si bien es cierto que la carrera poética de Polanía se presagiaba clara y aportadora me parece que es un tanto exagerado hablar de su maestría en la creación. Sus versos tienen fuerza y poderío y sin embargo, al leerlo detenidamente, percibimos también pequeñas fisuras que señalan, en efecto, que estaba en proceso de consolidar su propia manera de expresión lírica.
Si Rivera trabaja el lenguaje para domesticarlo a través de un verso que toma la forma de soneto, Polanía elige la libertad en el ritmo y la rima para expresar su forma de ver el mundo, su manera de estar en la realidad. Y esa compulsión, esa audacia se manifiesta en versos absolutamente abiertos que dibujan paisajes humanos contradictorios pero profundamente modernos que le hacen preguntar por esos rostros que aviven la vocación del viento, por esos seres que trashuman buscando la aparcería del sexo. Rostros luchando contra el mundo falaz, también en la palabra que vaga en manos inútiles que la convierten en hermosas prostitutas lanzándose al sosiego y en el terrible influjo del poder, de los políticos que especulan los acontecimientos públicos en su campaña de conquista de conciencias. Pero más allá, en las palabras del poeta también se percibe un matiz de universalidad: habla de la condición humana, de su paso por el mundo, del influjo del poder, de la luminosidad de los cuerpos y el sexo, de los dioses que le acompañan o que busca, de las soledades, de los árboles del camino, de los resquicios en los que hierve la dádiva salobre de los vientos.

V

Las corporaciones públicas
especulando los acontecimentos públicos,
y he aquí que un hombre de la barra
como un gran cóndor de la más grande altura
de los Andes
hinca el pico en la cabeza de los aburridos ediles,
y les dice:
se inventan privilegios de piedra y honores de bronce
otorgados en el hirsuto goce de la gran papelería;
y las palabras van de manos a blasones de falsa alfarería
como hermosas prostitutas lanzándose al sosiego.

El erial de los presidentes
sirve de silencio al agrio perfume
que preside en las alcobas de sus campañas
de conquista de conciencias
don su labor de brujos;
la muchedumbre les rinde soberbia
como al Dios de las cosechas en oriente
la borrachera de los vendimiadores …
pero allí sobre la plaza pública
el canto de las gentes se abulta
-Oh Zaratustra- cebado en su propia sangre.
Entre especies humanas sitiadas de sospechas
el fraile en abstracción de materias populares;
y en el estuario de las hojas palpitantes
sobre el piso apuñalado de los arados
los elementales hombres ateridos de ignorancia
abominan del poder .


Curioso caso el de Polanía. Algunos textos lo describen como un hombre políticamente comprometido con el pensamiento conservador, de hecho se adentró en los vericuetos de la burocracia regional, pero esa condición no se percibe en el aspecto formal ni en la temática de su escritura, pues, como ya se ha dicho, en el primer caso opta por una forma de expresión no sujeta a los cánones tradicionales y en el segundo, bordea tópicos más libertarias y rompedores, inéditos hasta ese momento en el contexto local. Ello, se relaciona inevitablemente con su periplo vital azaroso y apasionado que le lleva a deambular por territorios tan disímiles como los de las armas –fue soldado-, los del partidismo político y los de la creación poética. No sabemos cuál de ellos fue más importante para Polanía pero, sin duda, los pocos versos que nos dejó lo apartan de la esfera corroída de la burocracia y la politiquería que aniquila las conciencias y las esperanzas. Su breve obra se encarga de desvelar una dimensión alta de un hombre que resolvió el dilema elemental entre el querer y el hacer a través de una palabra desbocada y en cierta medida, transgresora. De él podía esperarse otra cosa: quizá la escritura de versos armoniosos y perfectos en los que deambularan las palabras como náufragas, pero decide dotarlas de libertad para que asuman su función esencial: reflejar esos rebeldes girones de espuma que conforman la existencia.

domingo, marzo 21, 2010

Antología Mayor de Poesía Huilense

El Grupo Región y Cultura dirigido por el maestro Luis Ernesto Lasso Alarcón acaba de publicar el libro Antología Mayor de Poesía Huilense en donde honra la labor poética de figuras tan significativas como José Eustasio Rivera, Sylvia Lorenzo, Ricardo Castaño, Luis Ernesto Luna, Julián Polanía Pérez, Orinzon Perdomo, Yineth Angulo y Martha C. Cedeño. En ese texto bellamente editado se rinde homenaje a la palabra de poetas consagrados/as y de otras figuras cuya obra está en construcción. Aquí va una muestra de la selección:

1. José Eustasio Rivera (Tierra de Promisión, 1921)
Soy un grávido río, y a la luz meridiana
ruedo bajo los ámbitos reflejando el paisaje;
y en el hondo murmullo de mi audaz oleaje
se oye la voz solemne de la selva lejana.


Flota el sol entre el nimbo de mi espuma liviana;
y peinando en los vientos el sonoro plumaje,
en las tardes un águila triunfadora y salvaje
vuela sobre mis tumbos encendidos de grana.

Turbio de pesadumbre y anchuroso y profundo,
al pasar ante el monte que en las nubes descuella
con mi trueno espumante sus contornos inundo;

y después, remansando bajo plácidas frondas,
purifico mis aguas esperando una estrella
que vendrá de los cielos a bogar en mis hondas.

2. Sylvia Lorenzo (Del sol de los venados, 1996)

Impronta

Estoy sola conmigo y miro atrás.
París es todo aquello que soñara:
amarillo de otoño y luna clara
sobre un momento de Pigalle no más.
Se me inunda la estancia de la Piaff
igual que ayer, pero sin sombra avara
que me nuble la luz que ambicionara
sobre el vaso de vino de mi paz.

Sigue la Piaff con su rojizo sobre
y el alma gusta ese dulzor salobre
de lo que pudo ser ya tan lejano.
Pero siempre es así, porque en la vida
¿Quién no lleva punzante y escondida
la espina de una rosa entre las manos?

3. Ricardo Castaño (Creo en el sol, 1993)

Otra vez

Volvieron a brotar los manantiales
en medio del desierto
y en el espacio
vacío ya de estrellas de otros tiempos
(los agujeros negros de las estrellas muertas)
se unieron halcones y palomas
para escribir con luces renovadas,
mil palabras de amor
y este mi corazón alucinado
ha vuelto a vivir.
Canta y perdona
trabaja, lucha y crea
Me volví a enamorar
¡Maldito sea!

4. Luis Ernesto Luna (Memorias del silencio, 1988)

Vamos
dame el volante, sus juegos de sorpresa
que todos los caminos conducen a la muerte.
Dame el viento: el vacío del pájaro
que escapa de las manos:
dame sus alas enloquecidas, la aventura
Inviolada.
Dame los horizontes de la errancia,
los itinerarios sin destino.
Vamos
Dame el comando de la nada.
Mi corazón irremediable viaja en un accidente.


5. Julián Polanía Pérez (Narración de los rostros vivientes)

Las corporaciones públicas
especulando los acontecimentos públicos,
y he aquí que un hombre de la barra
como un gran cóndor de la más grande altura
de los Andes
hinca el pico en la cabeza de los aburridos ediles,
y les dice:
se inventan privilegios de piedra y honores de bronce
otorgados en el hirsuto goce de la gran papelería;
y las palabras van de manos a blasones de falsa alfarería
como hermosas prostitutas lanzándose al sosiego.

El erial de los presidentes
sirve de silencio al agrio perfume
que preside en las alcobas de sus campañas
de conquista de conciencias
don su labor de brujos;
la muchedumbre les rinde soberbia
como al Dios de las cosechas en oriente
la borrachera de los vendimiadores …
pero allí sobre la plaza pública
el canto de las gentes se abulta
-Oh Zaratustra- cebado en su propia sangre.
Entre especies humanas sitiadas de sospechas
el fraile en abstracción de materias populares;
y en el estuario de las hojas palpitantes
sobre el piso apuñalado de los arados
los elementales hombres ateridos de ignorancia
abominan del poder.


6. Orinzon perdomo (Aquellas pequeñas cosas, 2001)

El libro

Mariposa
capaz de sostener
en vilo
los sueños del mundo
en su vuelo interior.
Mariposa
que da fe
de la eternidad del hombre
y de los astros.
Fantasmagoría de siempre
que sabe ser
a la vez
nieve y ceniza
sembrando entre sus páginas
una ronda de niños
un camino de duendes
que guarda para siempre
el sabor de los secretos
y el silencio del canto
.

7. Yineth Angulo


Telar de palabras

Dolor, mueca que arrincona
y me obliga a jugar la vida
a armar este rompecabezas de muerte
a hincar el día con mis manos ciegas.
Este dolor que me arrebata
como un saludo en ayunas
o un ronquido al filo de la navaja
Este dolor que no busca salvarme
pero desenreda con sus finas agujas
una a una mis palabras.

8. Martha Cecilia Cedeño Pérez (Versos en Claroscuro, 2009)

Me llamó tanagra de rizos encendidos
y la risa se hizo aliento
ondas donde Clío durmió su siesta
de medio siglo.
Me llamó tristeza, desvarío
y el tiempo fue breve,
soplo de luz
que se llevó el hastío.

En: Antología Mayor de Poesía Huilense, Región y Cultura, Neiva, 2010

viernes, enero 15, 2010

Los profundos surcos en la poesía de Luis Ernesto Luna

Leo en los diarios digitales del Huila, mi lejana región de procedencia, que acaba de morir una de las voces poéticas más importantes del Huila. Se trata de Luis Ernesto Luna, un hombre de versos profundos y claros como los amaneceres junto al río o la visión de las montañas azules en las tardes de canícula. Como un homenaje a su trasegar por la vida y la palabra reproduzco a continuación un texto que hace parte de ensayo "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", en Huila: cien años no es nada II. Luis Ernesto Lasso (Editor), Universidad Surcolombiana, Neiva, diciembre de 2009.
..

Los profundos surcos en la poesía de Luis Ernesto Luna
PhD. Martha Cecilia Cedeño Pérez

Vamos
dame el volante, sus juegos de sorpresa
que todos los caminos conducen a la muerte.
Dame el viento: el vacío del pájaro
que escapa de las manos:
dame sus alas enloquecidas, la aventura
Inviolada.
Dame los horizontes de la errancia,
los itinerarios sin destino.
Vamos
Dame el comando de la nada.
Mi corazón irremediable viaja en un accidente.

El poeta Luis Ernesto Luna es una de las voces líricas más importantes del Huila como lo han afirmado algunos de los conocedores de su obra, entre ellos Moreno (1995) y Lasso (1997). Sin embargo es todavía un escritor casi inédito pues su primer y único libro Memorias del silencio sólo se editó en 1988, aunque él lleva toda una vida escribiendo. Hizo parte del grupo Los Papelípolas, movimiento literario que surgió en Neiva en la década de los 60’, al que también perteneció Julián Polanía Pérez. Algunos lo describen como un poeta triste, nostálgico, con mucho sabor terrígeno. Y otros, como Sierra Basto, hablan de su universo poético como “su luz interior, que él sabe extrovertir musicalmente en sus poemas en que promedia el infantil gozo del conocimiento y del mundo” .
Pese a lo anterior no se conocen estudios rigurosos sobre la obra de Luna -bueno tampoco los hay de Polanía, ni de Castaño, por ejemplo. Así que sus versos están a la espera de ser abordados con la seriedad y el reconocimiento necesario pues son de una calidad extraordinaria. En ellos se aprecia un cuidadoso trabajo con la palabra que sirve de vehículo de expresión de la emoción poética, entendida como “una conmoción que afecta el ánimo en su totalidad, tanto en la vertiente intelectual como en la sentimental” . Y eso es lo que logra el poeta Luna: advertirnos que la función esencial del poema es justamente transmitirnos una percepción insólita de las cosas, de los objetos, del mundo. No es que sea un poeta triste como algunos estudiosos suelen considerarlo, es que la palabra poética no es otra cosa que música dolorida; música que por estar traspasada por la experiencia humana del dolor –del dolor de sentir, del dolor de pensar- funde una vez más poesía y pensamiento: y cuando yo desperté en mis vecindades, era/también un poco de molicie, un iris en apóstrofe/ -narciso primordial, imaginario navegante- /el mar acostado se glisaba de luz en soledad/ y de naufragio. Se bullía todo el abismo de la/ vida .
En Memoria del silencio el poeta transita por los rincones de lo cercano: el pueblo con su blanco campanario, la abuela como lejanía que llega de la tarde, abril de lomas y caminos, el recuerdo y sus frágiles marcos; la conciencia absoluta del paso del tiempo; la palabra y el amor; pero también allí encontramos las voces cotidianas de la tierra con sus samanes y almendros, con los senderos que conducen a esos territorios lejanos con aroma de infancia, de amores a medio camino, de la vida sencilla que se despliega sin aspavientos. Andar como la sombra la distancia/ que narra los caminos/ buscar el arrebol en la palmera,/la paloma en el guáimaro,/ y en un tropel/el viento/que llega retrasado/ en los cascos del soneto.
En los versos de “Mi voz” el poeta se desdobla; es ese otro cuyo tiempo se agota indefectiblemente. Esa manera límpida y profunda de abordar su propia condición de pasajero vital se acerca a un poema de Jaime Gil de Biedma, en el que refleja su honestidad personal, su manera dura y descarnada de apreciar su propia existencia que sucumbe al paso inclemente del tiempo que por enésima vez le muestra su pobre condición humana . El poeta es el otro que también nombra pero que no puede escapar a los designios del reloj ni a la miseria de la vida cotidiana con su circularidad aplastante que va más allá de la sonrisa del perro, que no es otra cosa que el desvelamiento sincero de su condición de otredad. Y como otro el poeta puede señalar y señalarse. Aquel que percibe cómo envejece el espejo pero que, a la vez, puede hablar con los demás de igual a igual, aunque en su palabra habite esa cierta melancolía de quien está de vuelta de todo. Una melancolía contenida y lúcida que no es otra cosa que el reflejo del saberse solo pero no por ello menos humano.


Mi voz

Mi voz sonará triste en todas
las palabras
puede ser al nombrarla
o al decir que la quiero,
comentar que la lluvia
ha doblado el cerezo,
que no tengo tabaco,
que hace tiempo hice versos.
¡Que envejece el espejo!

Preguntar por un libro,
un camino, un pueblo.
Saludar a la gente,
que me mira al pasar en la tarde,
hablar solo en la calle.
¡Qué diablos!
Hablar mal del gobierno,
pregonar mi anarquismo
y al volver a la casa,
llamar a mi perro.

Mi voz sonará triste
cansada de palabras.
inútil en mi nombre,
llena de luz amarga.
Puede ser, por ejemplo:
al gritar mis locuras
o al pedir que repitan el alcohol
y la “Danza del Fuego”.

Una noche, tal vez,
al llamar a mi puerta
me responda yo mismo:
¿Quién es?
-Yo, soy yo, Luis Ernesto
¿Quién habita mi nombre?
¿Quién se dobla en mi voz?

¿Seré acaso el fantasma
de mi propio castillo?
Alguna ánima en pena
de un poeta maldito
que responde en el eco
de mi vida anterior?

En “Ananké” , una de sus creaciones más recientes, se aprecia cierta ruptura con sus versos anteriores no sólo a través de un lenguaje pleno de neologismos sino también en la forma de abordar temáticas inherentes a la condición humana en la tradición occidental. El poeta transita por senderos plenamente universales y contemporáneos. En ellos se desvela una notable madurez creativa en la creación de un mundo poético propio, en el que se ha alcanzado altos niveles expresivos mediante un denodado trabajo con la palabra. Palabra que el poeta ha moldeado con esfuerzo para que signifique, para que cumpla su función esencial: nombrar, en-cantar, recrear. Desde esa perspectiva, podríamos decir que un poeta auténtico, es aquel que “lucha con su lengua, con su pobre y miserable lengua, para forzarla a recrear esa visión mágica y milagrosa del mundo que es la única capaz de producir el encantamiento” . Lo anterior quiere decir , entre otras cosas, que la poesía no usa el lenguaje de la claridad como en la vida cotidiana sino que acepta y requiere la oscuridad, esto es, un cierto encriptamiento que se asocia al hecho de que las palabras en el poema son intensas, vibran e irradian su propia significación. Y comprender un poema es hacerse eco de esa vibración, entrar en consonancia con él . Y, por otra parte, la poesía también es una región intermedia donde todo está permitido y en la que se mezcla ensoñación y realidad para iniciar un viaje hacia la profundidad inestable de los sentidos, tal como lo hace el poeta Luna. Y volví de los despojos de un recuerdo./ Dejé mis cavernas y salí a los bosques y los ríos;/ me maravillé ante los astros y los gorjeos…/ di morbidez al ritmo y me embriagué; articulé lo sutil/con la turbación evocadora de los oráculos/ -¡fingido adivinante ultraterrestre!-/ y hallé el muérdago y cultivé el sésamo;/ vestí con indumento lunar a las druidesas;/ encendí en los mitos un siempre devenir cósmico; /toqué el carrizo de los faunos/ y dancé con las Hadas…!

lunes, enero 11, 2010

Orinzon Perdomo o la vuelta a los motivos esenciales

Este texto hace parte del ensayo "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", en Luis Ernesto Lasso (editor), Huila: cien años no es nada II. Universidad surcolombiana, Neiva, diciembre de 2009.
....
Orinzon Perdomo o la vuelta a los motivos esenciales
Por: PhD.Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

XXIV

Un mar de sorgo
Despuntando el día
Y lejos del platanal
En su soliloquio
Hecho racimo
Y más allá
La ceiba plantada
En la soledad ribereña
Mirando el gran río.

Un mar de sorgo
Cuajado en el rocío tempranero
Por donde mi madre camina
Y yo troto
En las montañas de abril, de junio
Respirando con plenitud
El mañana insaciable del trópico.

Un mar de sorgo
Que conversa
Quedadamente
Con el lento respirar de mi madre
Como quien le dice al sol:
“hace falta tiempo
Para enterrar la vida
Y olvidar
El fino olor
Del recuerdo
Los nuestros
Lo que nosotros somos
En abril o en junio”.

Un lento respirar
De sólo soledad
Y mar sorgo.


Siguiendo a Poe, se podría decir que cuanto más condensada se presente la expresión, mayor rotundidad podrá alcanzar, más lapidaria será y ese es el caso de algunos de los versos de Orinzon Perdomo. Desde Arquitectura de la esperanza (1979-1986) podemos percibir ese modo de trabajar el lenguaje para eliminar los ripios, las arandelas que a veces no aportan más que divagaciones o retóricas y que se patentiza con mayor vigor en sus últimas obras Aquellas pequeñas cosas (2001) y Canciones y disonancias (2006-2008). Se observa en la mayoría de su poesía ese ajustamiento hacia los motivos esenciales que pueden ir del difícil sueño de la esperanza, la muerte, la soledad, al aleteo de las cosas vulgares, al des-bordamiento de los objetos que nos rodean y que casi siempre permanecen ocultos bajo el velo de la obviedad. Y así a través de sus textos va conjurando la inercia de la palabra, la latente circularidad de los días, para edificar su propio universo poético con otros títulos como Sueños de Agua, 1987-1990; De la Soledad, esa otra muerte (1991); Presencia del Instante y la Memoria (2000).
Sobre la poesía de Orinzon existen algunos análisis interesantes que contribuyen al desvelamiento de su mundo poético. Sobre Arquitectura de la esperanza, por ejemplo, Luis Ernesto Lasso afirma que es un intento por construir, desde una mirada otra, aquella estructura que permita vislumbrar salidas, otear horizontes “sin prisa, rumiando la infamia” para superar “las tardes grises, los sótanos que llevan sueños por entre alcantarillas, anhelando la recuperación de la vida desde el escombro” ; para crucificar la infamia liberando para siempre/ las palabras/al alba. En este poemario están presentes algunos de los motivos que el autor desarrollará en obras posteriores: la realidad que se agujerea constantemente por la presencia omnisciente de la muerte; muerte que también es la soledad, el desamor, la ausencia, la negación, la certeza absoluta de la desesperanza: nos vamos desgastando/como los lomos/ de los pasamanos/ de largas escaleras (…) sintiendo/ a deshoras/ la evidencia/ de la muerte; la mirada inédita a las cosas cotidianas, a los objetos, los cuerpos, los instantes que conforman la vida y la memoria y que están ahí, a la espera de ser nombrados, liberados del espacio de lo vulgar; y esta mirada alcanza su máximo esplendor en Aquellas pequeñas cosas, un magnífico canto depurado en el que la palabra es metáfora nítida cargada de profundos significados. En dicho poemario se vislumbra la mesura de lo cotidiano, el reconocimiento de esos detritus, esas minucias de las que está hecha la vida, como bien lo enunciara Benjamín. Objetos, imágenes, visiones que tienen significado por cuanto nos conforman y se convierten en estructuras a través de las cuales la existencia tiene sentido. Pero también allí queda latente, como lo dilucida Bachelard que “una imagen literaria es un sentido en estado naciente: la palabra – la vieja palabra- viene a recibir allí un significado nuevo. Pero esto no basta: la imagen literaria debe enriquecerse con un onirismo nuevo. Significar otra cosa y hacer soñar de otro modo” .

Las ventanas

Espejos del sol
Fuente de las nubes
Abejas transparentes
Y agua detenida.

Espejuelos de las casas
Para auscultar
La vecindad del día.

Hojas de los edificios,
Brazos que el mundo extiende
Con secreta opulencia.

Rama de la que se sirven
Los pájaros y los hombres
Para ver morir el tiempo.
(Aquellas pequeñas cosas, 20011)
En las obras de Orinzon se puede apreciar su tránsito por diversos espacios poéticos que van de la expresión un tanto intimista de sus primeros versos a esa suerte de renovación poética que se aprecia en Aquellas pequeñas cosas, hasta la prosa poética de Presencias del Instante y la Memoria, donde el “poema busca inscribirse en la tradición literaria mediante la utilización de amplios juegos intertextuales con poetas como Marguerite Yourcenar, Fernando Pessoa, Alejandra Pizarnik, León Felipe o Luis Cernuda, haciendo posible una lectura en abismo”. En su obra más reciente Canciones y disonancias, Orinzon afila su expresión en todos los sentidos: continúa con su manejo certero de un lenguaje depurado, altamente significativo y renueva los motivos esenciales sobre los que construye su mundo poético, en un intento por condensar en la palabra esa realidad contradictoria y hostil que señala soledades, derrotas, otredades y, al tiempo, las sinrazones de la violencia que pervierten los días y llena de incertidumbre la vida cotidiana.
Allí la mirada subjetiva se explaya sobre otras esquinas de la existencia para desglosar a través de una lucha encarnizada con la palabra, los artilugios perversos que se evidencian en su herido territorio, en esta nación de escombros, de sinrazón y oscuridad en la que la realidad es un presente continuo de miserias/ desplazamientos/ muertes/exilios (…) Y en donde el recuerdo Es un viento/Que empuja/Las viejas y raídas/Banderas de la corrupción/Como divisa/Como escudo/Como señal de patriotismo/Y democracia. En ese universo poético, se retoman aquellos motivos fundamentales que permanecen latentes en sus otros poemarios: la muerte, la soledad, el recuerdo (de hecho estas son las tres palabras que más se repiten en el texto: 18, 17 y 15, respectivamente); pero esta vez alcanzan una trascendencia superior: se salen de los marcos de lo subjetivo para adentrarse en territorios ontológicos más universales a través de una palabra bordada en lo esencial que la hace más profunda y lapidaria: La eternidad/suele ser/la más larga forma/del olvido.
.
Barcelona, noviembre de 2009

martes, noviembre 17, 2009

Sobre la palabra y un poema de José Eustasio Rivera

Después de unos días un tanto oscuros vuelvo a la luz de la palabra, no de la mía, sino la de otros. Para ello he navegado por las páginas de libros fundamentales. Así, entre las lecturas del magnífico texto de Marco Tulio Aguilera Garramuño, El imperio de las mujeres, (que muy amablemente me envío por email), la biografía García Márquez una vida de Gerald Martin y la lectura de poetas como José Eustasio Rivera, Tierra de Promisión; Julián Polanía, Ricardo Castaño, Luis Ernesto Luna y Orinzon Perdomo, no sólo he resistido al naufragio cotidiano si no que me he llenado de motivos para volver a creer en la armonía de las cosas elementales. La palabra obra como una medicina milagrosa que cura el ánima a veces atormentada, a veces exaltada, a veces quejumbrosa. Aunque suele ocurrir que también la desquicia y la lleva por senderos inimaginables. Algunas oportunidades es un ser bondadoso, amable que, como un bálsamo, mengua los dolores existenciales y otras, es un ser de una crueldad y perversidad deliciosa, una desalmada que se contonea con sus mil formas para recordarnos que somos unos/as pobres esclavos/as. Aprendices sin esperanzas. Vasallos sometidos a su condición de reina todopoderosa del imperio de la imaginación. Por fortuna, algunos/as luchan contra su influjo: la conquistan, no sin esfuerzo, a través de la belleza, de la magia de la escritura. Como muchos de los autores mencionados arriba. Es un trabajo arduo y solitario en el que muchas personas nos empeñamos aunque casi nunca podamos arañar los insondables surcos que la conforman.
Para celebrar este reencentro con la palabra, quiero compartir con vosotras/os un poema de José Eustasio Rivera (San Mateo -Neiva, Colombia- 1889, Nueva York, 1928), de su libro Tierra de promisión (1921).


EN LA ESTRELLADA NOCHE...

En la estrellada noche de vibración tranquila
descorre ante mis ojos sus velos el arcano,
y al giro de los orbes en el cenit lejano
ante mi absorto espíritu la eternidad desfila.

Ávido de la pléyade que en el azul rutila,
sube con ala enorme mi Numen soberano,
y alta de ensueño, y libre del horizonte humano,
mi sien, como una torre, la inmensidad vigila.

Mas no se sacia el alma con la visión del cielo:
cuando en la paz sin límites al Cosmos interpelo,
lo que los astros callan mi corazón lo sabe;

y luego una recóndita nostalgia me consterna
al ver que ese infinito, que en mis pupilas cabe,
es insondable al vuelo de mi ambición eterna.

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...