domingo, mayo 23, 2010

El Poira

Niño dorado, el Poira como las líbélulas y las mariposas, ama el agua y el arco iris. En el Magdalena permanece desnudo. A veces lo sorprende la luna entre las piedras y entonces toca la flauta y se remonta a un país de viento.
Príncipe de los abedules, el Poira es un ser benévolo. Su diversión de mayor daño consiste tal vez en hostigar a los caballos y aterrorizar a los paseantes con la voz ronca y los grandes dientes. Duende pueril, permanece la mayor parte entre salvajinas. Allí se enreda con los pájaros y las hormigas. Pasa su vida contemplando los rompecabezas de las nubes y los astros y las caídas de la lluvia.
Sí, nadie le teme al Poira. Rey de los amarantos y las novias blancas, su presencia tiene el encanto de los paseos a la orilla de los ríos. Es fábula para que todos empecemos a viajar y soñar bajo el ala de la luna.

Texto de Guillermo Martínez González, Mitos del Alto Magdalena, Trilce Editores, Bogotá, 2006
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