martes, mayo 04, 2010

Y, de repente, fue enero

Y la lluvia volvió a empañar el horizonte y las ventanas y los cristales de mis gafas de martes. Y la calle se cubrió de nuevo con trajes oscuros acompañados de paraguas tristes por los que resbala, desconsolada, el agua. Y olvidamos el veranillo de finales de abril que desnudó los pies y pintó el paisaje urbano de nuevos colores y aromas y esperanzas. Las golondrinas regresaron a sus fugaces nidos en los agujeros inciertos de los edificios y las viejas casas. Sólo las gaviotas cantan con su voz métálica en los tejados perplejos con la lluvia de mayo. Los árboles esperan, húmedos, el calor de un sol que lleva dos días de fiesta. Y yo, también.

Y, de repente, fue enero.
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