El intelectual y el político
Y, de pasada, cuál es la utilidad de los grandes premios literarios: darle al premiado una tribuna desde la cual ejercer la función de intelectual.
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...


Acaricio la muerte.
Se sienta al lado
y me seduce...
Le doy un sí incierto
y desaparece.
Me asalta en los autobuses,
se balancea en las ramas de los árboles,
en los balcones de la vida,
fisgonea tras las ventanas,
acecha mi soledad.
Duerme a mi lado y espera...
A veces se irrita y amenaza con no volver,
la tomo en mi regazo,
suspira en el entresueño,
porque, sabe,
ya tiene la partida ganada.
Buscando entre notas, hojas sueltas y algún que otro recuerdo, encontré estos poemas que hablan sobre la partida, sobre el dolor de la ausencia y el desdoblamiento que experimentamos quienes nos sentimos de todas partes y de ninguna. Ese raro sentimiento que nos deja casi en un intersticio, en un entredos, no somos de aquí ni somos de allá, como dice la canción de Facundo Cabral.
OTREDAD
Eres extranjero en tu casa
y sombra en la calle
lejana.
Transeúnte silencioso
con su exilio a cuestas.
HUELLAS
Las calles de la infancia
sólo existen en los recuerdos
oxidados
y en el olor antiguo de los cuadernos
deshechos.
Al otro lado del tiempo
ya no somos hijos de la
casa
Nuestros pasos borrados
yacen al filo del olvido.
VOLVER
Planeamos sobre los recuerdos
y no hay olores de infancia
ni manos que abrasen el tiempo
ni risas que orienten las
esquinas
sólo calles plenas de cuchillos
y miradas rotas
Perfiles muertos en la
memoria
y el exacto sentido de ser
Intrusos en la casa.
Martha Cecilia Cedeño Pérez
La primera vez que ví a Claudia Fernanda Rivera Hernández fue en la casa del teatro (Casatheus) de Neiva, mi ciudad. Corrían los primeros años de la década de los 90. Ella empezaba su carrera universitaria y yo ya la había terminado. Era -es- ciertamente una muchacha hermosa, pero sobre todo inteligente y capaz. En ese entonces no éramos amigas, sólo nos veíamos con ojos de recelo. Fue en 1995 cuando nos conocimos en el marco de un Encuentro Nacional de Escritores que organizaba Luís Ernesto Lasso, y de ese primer sentimiento de desconfianza surgió una amistad que perdura en el tiempo y en el espacio.
Schwächen /Debilidades
Du hattest keine / No tenías ninguna
Ich hatte eine: /Yo sólo una:
Ich liebte. /que amaba.
Para leer por la mañana y por la noche
Aquél a quien amo
me ha dicho
que me necesita.
Por eso
cuido de mí,
me fijo en mi camino y
de cada gota de lluvia temo
que me pueda matar.
Y corren tiempos oscuros
Y corren tiempos oscuros
en la otra ciudad,
pero se mantiene el andar ligero
y la frente sigue siendo lisa.
Dura humanidad, inamovible,
igual a un pueblo de peces hace tiempo congelados;
pero el corazón sigue moviéndose de prisa
y la sonrisa sigue siendo dulce.
La canción del viento leve
Corre, amado, hacia mí, querido huésped,
más querido no voy a encontrar otro,
pero cuando me estreches en tus brazos
no tengas mucha prisa.
Fíjate en las ciruelas en otoño
que están maduras para la cosecha
y tienen miedo a la tormenta poderosa
y ganas de un viento leve.
Un viento así, tan leve, apenas si lo sientes,
es como un suave balanceo.
Las ciruelas quieren bajar del árbol
y yacer en el suelo.
¡Hay segador, ya tenemos bastante,
segador, deja algún tallo en pie!
No te bebas de un solo trago el vino
y no me beses mientras caminamos.
Fíjate en las ciruelas de otoño
que están maduras para la cosecha
y tienen miedo a la tormenta poderosa
y ganas de un viento leve.
Un viento así, tan leve, apenas si lo sientes,
es como un suave balanceo.
Las ciruelas quieren bajar del árbol
y yacer en el suelo.
Todos los textos han sido tomados de Bertolt Brecht, Poemas de amor, Hiperión, Madrid, 1998.

Conocí a Rimbaud en mis épocas de estudiante de lingüística y literatura. Tenía 17 años y despertaba al mundo llevada de la mano por los grandes creadores, los clásicos de todos los tiempos. Sus versos vinieron en la voz de Luis Ernesto Lasso y William Torres, en aquel entonces profesores de letras de la Universidad Surcolombiana. Personas trascendentales sin las cuales difícilmente hubiese podido sumergirme en ese mundo de las palabras y sus vicios.Experiencias OVNI (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...