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viernes, enero 15, 2010

Los profundos surcos en la poesía de Luis Ernesto Luna

Leo en los diarios digitales del Huila, mi lejana región de procedencia, que acaba de morir una de las voces poéticas más importantes del Huila. Se trata de Luis Ernesto Luna, un hombre de versos profundos y claros como los amaneceres junto al río o la visión de las montañas azules en las tardes de canícula. Como un homenaje a su trasegar por la vida y la palabra reproduzco a continuación un texto que hace parte de ensayo "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", en Huila: cien años no es nada II. Luis Ernesto Lasso (Editor), Universidad Surcolombiana, Neiva, diciembre de 2009.
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Los profundos surcos en la poesía de Luis Ernesto Luna
PhD. Martha Cecilia Cedeño Pérez

Vamos
dame el volante, sus juegos de sorpresa
que todos los caminos conducen a la muerte.
Dame el viento: el vacío del pájaro
que escapa de las manos:
dame sus alas enloquecidas, la aventura
Inviolada.
Dame los horizontes de la errancia,
los itinerarios sin destino.
Vamos
Dame el comando de la nada.
Mi corazón irremediable viaja en un accidente.

El poeta Luis Ernesto Luna es una de las voces líricas más importantes del Huila como lo han afirmado algunos de los conocedores de su obra, entre ellos Moreno (1995) y Lasso (1997). Sin embargo es todavía un escritor casi inédito pues su primer y único libro Memorias del silencio sólo se editó en 1988, aunque él lleva toda una vida escribiendo. Hizo parte del grupo Los Papelípolas, movimiento literario que surgió en Neiva en la década de los 60’, al que también perteneció Julián Polanía Pérez. Algunos lo describen como un poeta triste, nostálgico, con mucho sabor terrígeno. Y otros, como Sierra Basto, hablan de su universo poético como “su luz interior, que él sabe extrovertir musicalmente en sus poemas en que promedia el infantil gozo del conocimiento y del mundo” .
Pese a lo anterior no se conocen estudios rigurosos sobre la obra de Luna -bueno tampoco los hay de Polanía, ni de Castaño, por ejemplo. Así que sus versos están a la espera de ser abordados con la seriedad y el reconocimiento necesario pues son de una calidad extraordinaria. En ellos se aprecia un cuidadoso trabajo con la palabra que sirve de vehículo de expresión de la emoción poética, entendida como “una conmoción que afecta el ánimo en su totalidad, tanto en la vertiente intelectual como en la sentimental” . Y eso es lo que logra el poeta Luna: advertirnos que la función esencial del poema es justamente transmitirnos una percepción insólita de las cosas, de los objetos, del mundo. No es que sea un poeta triste como algunos estudiosos suelen considerarlo, es que la palabra poética no es otra cosa que música dolorida; música que por estar traspasada por la experiencia humana del dolor –del dolor de sentir, del dolor de pensar- funde una vez más poesía y pensamiento: y cuando yo desperté en mis vecindades, era/también un poco de molicie, un iris en apóstrofe/ -narciso primordial, imaginario navegante- /el mar acostado se glisaba de luz en soledad/ y de naufragio. Se bullía todo el abismo de la/ vida .
En Memoria del silencio el poeta transita por los rincones de lo cercano: el pueblo con su blanco campanario, la abuela como lejanía que llega de la tarde, abril de lomas y caminos, el recuerdo y sus frágiles marcos; la conciencia absoluta del paso del tiempo; la palabra y el amor; pero también allí encontramos las voces cotidianas de la tierra con sus samanes y almendros, con los senderos que conducen a esos territorios lejanos con aroma de infancia, de amores a medio camino, de la vida sencilla que se despliega sin aspavientos. Andar como la sombra la distancia/ que narra los caminos/ buscar el arrebol en la palmera,/la paloma en el guáimaro,/ y en un tropel/el viento/que llega retrasado/ en los cascos del soneto.
En los versos de “Mi voz” el poeta se desdobla; es ese otro cuyo tiempo se agota indefectiblemente. Esa manera límpida y profunda de abordar su propia condición de pasajero vital se acerca a un poema de Jaime Gil de Biedma, en el que refleja su honestidad personal, su manera dura y descarnada de apreciar su propia existencia que sucumbe al paso inclemente del tiempo que por enésima vez le muestra su pobre condición humana . El poeta es el otro que también nombra pero que no puede escapar a los designios del reloj ni a la miseria de la vida cotidiana con su circularidad aplastante que va más allá de la sonrisa del perro, que no es otra cosa que el desvelamiento sincero de su condición de otredad. Y como otro el poeta puede señalar y señalarse. Aquel que percibe cómo envejece el espejo pero que, a la vez, puede hablar con los demás de igual a igual, aunque en su palabra habite esa cierta melancolía de quien está de vuelta de todo. Una melancolía contenida y lúcida que no es otra cosa que el reflejo del saberse solo pero no por ello menos humano.


Mi voz

Mi voz sonará triste en todas
las palabras
puede ser al nombrarla
o al decir que la quiero,
comentar que la lluvia
ha doblado el cerezo,
que no tengo tabaco,
que hace tiempo hice versos.
¡Que envejece el espejo!

Preguntar por un libro,
un camino, un pueblo.
Saludar a la gente,
que me mira al pasar en la tarde,
hablar solo en la calle.
¡Qué diablos!
Hablar mal del gobierno,
pregonar mi anarquismo
y al volver a la casa,
llamar a mi perro.

Mi voz sonará triste
cansada de palabras.
inútil en mi nombre,
llena de luz amarga.
Puede ser, por ejemplo:
al gritar mis locuras
o al pedir que repitan el alcohol
y la “Danza del Fuego”.

Una noche, tal vez,
al llamar a mi puerta
me responda yo mismo:
¿Quién es?
-Yo, soy yo, Luis Ernesto
¿Quién habita mi nombre?
¿Quién se dobla en mi voz?

¿Seré acaso el fantasma
de mi propio castillo?
Alguna ánima en pena
de un poeta maldito
que responde en el eco
de mi vida anterior?

En “Ananké” , una de sus creaciones más recientes, se aprecia cierta ruptura con sus versos anteriores no sólo a través de un lenguaje pleno de neologismos sino también en la forma de abordar temáticas inherentes a la condición humana en la tradición occidental. El poeta transita por senderos plenamente universales y contemporáneos. En ellos se desvela una notable madurez creativa en la creación de un mundo poético propio, en el que se ha alcanzado altos niveles expresivos mediante un denodado trabajo con la palabra. Palabra que el poeta ha moldeado con esfuerzo para que signifique, para que cumpla su función esencial: nombrar, en-cantar, recrear. Desde esa perspectiva, podríamos decir que un poeta auténtico, es aquel que “lucha con su lengua, con su pobre y miserable lengua, para forzarla a recrear esa visión mágica y milagrosa del mundo que es la única capaz de producir el encantamiento” . Lo anterior quiere decir , entre otras cosas, que la poesía no usa el lenguaje de la claridad como en la vida cotidiana sino que acepta y requiere la oscuridad, esto es, un cierto encriptamiento que se asocia al hecho de que las palabras en el poema son intensas, vibran e irradian su propia significación. Y comprender un poema es hacerse eco de esa vibración, entrar en consonancia con él . Y, por otra parte, la poesía también es una región intermedia donde todo está permitido y en la que se mezcla ensoñación y realidad para iniciar un viaje hacia la profundidad inestable de los sentidos, tal como lo hace el poeta Luna. Y volví de los despojos de un recuerdo./ Dejé mis cavernas y salí a los bosques y los ríos;/ me maravillé ante los astros y los gorjeos…/ di morbidez al ritmo y me embriagué; articulé lo sutil/con la turbación evocadora de los oráculos/ -¡fingido adivinante ultraterrestre!-/ y hallé el muérdago y cultivé el sésamo;/ vestí con indumento lunar a las druidesas;/ encendí en los mitos un siempre devenir cósmico; /toqué el carrizo de los faunos/ y dancé con las Hadas…!

lunes, enero 11, 2010

Orinzon Perdomo o la vuelta a los motivos esenciales

Este texto hace parte del ensayo "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", en Luis Ernesto Lasso (editor), Huila: cien años no es nada II. Universidad surcolombiana, Neiva, diciembre de 2009.
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Orinzon Perdomo o la vuelta a los motivos esenciales
Por: PhD.Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

XXIV

Un mar de sorgo
Despuntando el día
Y lejos del platanal
En su soliloquio
Hecho racimo
Y más allá
La ceiba plantada
En la soledad ribereña
Mirando el gran río.

Un mar de sorgo
Cuajado en el rocío tempranero
Por donde mi madre camina
Y yo troto
En las montañas de abril, de junio
Respirando con plenitud
El mañana insaciable del trópico.

Un mar de sorgo
Que conversa
Quedadamente
Con el lento respirar de mi madre
Como quien le dice al sol:
“hace falta tiempo
Para enterrar la vida
Y olvidar
El fino olor
Del recuerdo
Los nuestros
Lo que nosotros somos
En abril o en junio”.

Un lento respirar
De sólo soledad
Y mar sorgo.


Siguiendo a Poe, se podría decir que cuanto más condensada se presente la expresión, mayor rotundidad podrá alcanzar, más lapidaria será y ese es el caso de algunos de los versos de Orinzon Perdomo. Desde Arquitectura de la esperanza (1979-1986) podemos percibir ese modo de trabajar el lenguaje para eliminar los ripios, las arandelas que a veces no aportan más que divagaciones o retóricas y que se patentiza con mayor vigor en sus últimas obras Aquellas pequeñas cosas (2001) y Canciones y disonancias (2006-2008). Se observa en la mayoría de su poesía ese ajustamiento hacia los motivos esenciales que pueden ir del difícil sueño de la esperanza, la muerte, la soledad, al aleteo de las cosas vulgares, al des-bordamiento de los objetos que nos rodean y que casi siempre permanecen ocultos bajo el velo de la obviedad. Y así a través de sus textos va conjurando la inercia de la palabra, la latente circularidad de los días, para edificar su propio universo poético con otros títulos como Sueños de Agua, 1987-1990; De la Soledad, esa otra muerte (1991); Presencia del Instante y la Memoria (2000).
Sobre la poesía de Orinzon existen algunos análisis interesantes que contribuyen al desvelamiento de su mundo poético. Sobre Arquitectura de la esperanza, por ejemplo, Luis Ernesto Lasso afirma que es un intento por construir, desde una mirada otra, aquella estructura que permita vislumbrar salidas, otear horizontes “sin prisa, rumiando la infamia” para superar “las tardes grises, los sótanos que llevan sueños por entre alcantarillas, anhelando la recuperación de la vida desde el escombro” ; para crucificar la infamia liberando para siempre/ las palabras/al alba. En este poemario están presentes algunos de los motivos que el autor desarrollará en obras posteriores: la realidad que se agujerea constantemente por la presencia omnisciente de la muerte; muerte que también es la soledad, el desamor, la ausencia, la negación, la certeza absoluta de la desesperanza: nos vamos desgastando/como los lomos/ de los pasamanos/ de largas escaleras (…) sintiendo/ a deshoras/ la evidencia/ de la muerte; la mirada inédita a las cosas cotidianas, a los objetos, los cuerpos, los instantes que conforman la vida y la memoria y que están ahí, a la espera de ser nombrados, liberados del espacio de lo vulgar; y esta mirada alcanza su máximo esplendor en Aquellas pequeñas cosas, un magnífico canto depurado en el que la palabra es metáfora nítida cargada de profundos significados. En dicho poemario se vislumbra la mesura de lo cotidiano, el reconocimiento de esos detritus, esas minucias de las que está hecha la vida, como bien lo enunciara Benjamín. Objetos, imágenes, visiones que tienen significado por cuanto nos conforman y se convierten en estructuras a través de las cuales la existencia tiene sentido. Pero también allí queda latente, como lo dilucida Bachelard que “una imagen literaria es un sentido en estado naciente: la palabra – la vieja palabra- viene a recibir allí un significado nuevo. Pero esto no basta: la imagen literaria debe enriquecerse con un onirismo nuevo. Significar otra cosa y hacer soñar de otro modo” .

Las ventanas

Espejos del sol
Fuente de las nubes
Abejas transparentes
Y agua detenida.

Espejuelos de las casas
Para auscultar
La vecindad del día.

Hojas de los edificios,
Brazos que el mundo extiende
Con secreta opulencia.

Rama de la que se sirven
Los pájaros y los hombres
Para ver morir el tiempo.
(Aquellas pequeñas cosas, 20011)
En las obras de Orinzon se puede apreciar su tránsito por diversos espacios poéticos que van de la expresión un tanto intimista de sus primeros versos a esa suerte de renovación poética que se aprecia en Aquellas pequeñas cosas, hasta la prosa poética de Presencias del Instante y la Memoria, donde el “poema busca inscribirse en la tradición literaria mediante la utilización de amplios juegos intertextuales con poetas como Marguerite Yourcenar, Fernando Pessoa, Alejandra Pizarnik, León Felipe o Luis Cernuda, haciendo posible una lectura en abismo”. En su obra más reciente Canciones y disonancias, Orinzon afila su expresión en todos los sentidos: continúa con su manejo certero de un lenguaje depurado, altamente significativo y renueva los motivos esenciales sobre los que construye su mundo poético, en un intento por condensar en la palabra esa realidad contradictoria y hostil que señala soledades, derrotas, otredades y, al tiempo, las sinrazones de la violencia que pervierten los días y llena de incertidumbre la vida cotidiana.
Allí la mirada subjetiva se explaya sobre otras esquinas de la existencia para desglosar a través de una lucha encarnizada con la palabra, los artilugios perversos que se evidencian en su herido territorio, en esta nación de escombros, de sinrazón y oscuridad en la que la realidad es un presente continuo de miserias/ desplazamientos/ muertes/exilios (…) Y en donde el recuerdo Es un viento/Que empuja/Las viejas y raídas/Banderas de la corrupción/Como divisa/Como escudo/Como señal de patriotismo/Y democracia. En ese universo poético, se retoman aquellos motivos fundamentales que permanecen latentes en sus otros poemarios: la muerte, la soledad, el recuerdo (de hecho estas son las tres palabras que más se repiten en el texto: 18, 17 y 15, respectivamente); pero esta vez alcanzan una trascendencia superior: se salen de los marcos de lo subjetivo para adentrarse en territorios ontológicos más universales a través de una palabra bordada en lo esencial que la hace más profunda y lapidaria: La eternidad/suele ser/la más larga forma/del olvido.
.
Barcelona, noviembre de 2009

miércoles, diciembre 30, 2009

Caracola, un poema de Federico García Lorca

Mi hija Luna recita este bellísimo poema de Federico García Lorca en el video que presento a continuación, elaborado por quien esto escribe para un curso sobre edición digital que acabo de culminar. Me parece una buena manera de despedir este año que ya agota sus últimos pasos.

¡Salud!





Caracola
A Natalia Jiménez

Me han traído una caracola.

Dentro le canta

un mar de mapa.

Mi corazón

se llena de agua

con pececillos

de sombra y plata.

Me han traído una caracola.

sábado, diciembre 26, 2009

El primer muerto. Un cuento de Amaranta Güell

Es rotundo y está echado sobre una mesa inmensa en medio del salón. Tiene el pantalón remangado a la altura de la rodilla y los pies grandes y desnudos aún lucen restos de barro y hojas secas. Parece un roble doblegado a destiempo. Desde abajo sólo puedo verlo de costado: la barriga que semeja una montaña venida a menos, un brazo generoso puesto sobre el pecho y sobre éste un trazo rojo. No tengo valor para ver su cara pero imagino un par de ojos abiertos, blancos y mustios como las margaritas de otoño. También adivino ese rictus permanente de incredulidad en el rostro que tienen todos los difuntos. Me fijo en sus pies, abiertos como dos abanicos en espera de los comensales que vendrán a observar la muerte de cerca. Su cuerpo está tendido sobre la mesa como si alguien lo hubiese dispuesto allí para un banquete final. Siento asco. Un asco pleno y profundo que me produce unas desaforadas ganas de vomitar. Aún no puedo creer que esa mole de carne inerte esté exhibida justo en el lugar en el que Doris y yo hacemos los deberes. En el espacio que ahora ocupa su panza he puesto los cuadernos y el chocolate y el pan. Ahora reposa allí un cuerpo aterido y plácido al que ya no le importa nada. De nuevo observo sus pies, esos enormes pies sucios saludando a la gente que poco a poco llega en silencio con una increíble aureola de pesar que mancha el ambiente con un sopor rancio y trágico. Esas extremidades heridas son todo el cuerpo. Si los tocas nunca más le tendrás miedo a los muertos, dice mi hermano en voz baja mientras camina alrededor de la mesa. Yo le sigo con un espanto voraz que carcome mis palabras y mi respiración. No puedo dejar de pensar en ese hombre que tantas veces he visto, al que he oído hablar con papá de cosas cotidianas. Aquel tío de Doris que se sentaba a la orilla del río para observar los reflejos rojos de la tarde. Escucho a papá decir a otro hombre que el muerto vino ayer a casa a pedir prestadas unas herramientas para hacer algunas reparaciones en los corrales. Era alto y corpulento y tenía una voz recia y cascada por el tiempo. Siempre iba descalzo pese a ser uno de los hombres más ricos de la región, decía que era feliz desplazándose a pata limpia por los caminos cubiertos de barro porque así sabía qué pisaba. Y ahora ese hombre está aquí, sin voz, sin palabras y sin risas. Expuesto a la intemperie de su propia soledad; expuesto a los ojos de de sus conocidos y familiares. No puedo tocarle, me da miedo. Mi hermano insiste en la cantinela de que si toco al menos un dedo de los pies del difunto nunca más en mi vida sentiré este miedo que me paraliza y me convierte en un amasijo de hierbas amargas. Mientras los adultos hablan en voz baja repitiendo una y otra vez las circunstancias de la muerte del hombre, los niños, recelosos, damos vueltas alrededor de la mesa intentando mirar su rostro. Nos parece un gigante dormido con los pies cubiertos de fango. Tan bueno que era, mira que morir en esas condiciones… no se lo merecía. Tócale la pata al muerto, no seas cobarde. Yo creo que tiene los ojos abiertos porque murió en un camino cerca de la montaña y allí no había nadie para que se los cerrara. Tiene los pies todavía calientes, ven, mira, no tengas miedo. El chiquillo de ojos garzos insiste en aquel tocamiento que yo veo como una osadía, como la cumbre de todos los retos. Casi puedo imaginar el hielo de sus dedos ahora morados y su textura dura por el barro tostado que aún se aprecia en ellos. Qué va, no pasa nada si los tocas yo lo he hecho varias veces, mira, mira. Y en efecto, mi hermano extiende su mano con ligereza y toca con la punta de su dedo índice los pies del hombre inmóvil, lo hace con tal rapidez que parece que estuviese rozando un objeto electrizado. Así no se vale, ha de ser más despacio. Pero yo lo hago, en cambio tú… Así estamos un tiempo infinito hasta que vemos a padre despedirse de los dueños de la casa y de los pocos vecinos que aún quedan en este extraño banquete. Antes de salir del comedor, que ya tiene un fuerte olor a resina y heno seco, miro por última vez los pies del muerto y, sin que pueda evitarlo, algo me empuja hacia ellos como una sonámbula. Mis dedos se alejan de mi conciencia. Entonces toco un batracio enorme y gélido cuya textura invade mis manos, mis brazos y mis nervios. Es verdad. Viviano Joven está muerto.
...
Amaranta Güell, Madrid, 2008.

martes, noviembre 17, 2009

Sobre la palabra y un poema de José Eustasio Rivera

Después de unos días un tanto oscuros vuelvo a la luz de la palabra, no de la mía, sino la de otros. Para ello he navegado por las páginas de libros fundamentales. Así, entre las lecturas del magnífico texto de Marco Tulio Aguilera Garramuño, El imperio de las mujeres, (que muy amablemente me envío por email), la biografía García Márquez una vida de Gerald Martin y la lectura de poetas como José Eustasio Rivera, Tierra de Promisión; Julián Polanía, Ricardo Castaño, Luis Ernesto Luna y Orinzon Perdomo, no sólo he resistido al naufragio cotidiano si no que me he llenado de motivos para volver a creer en la armonía de las cosas elementales. La palabra obra como una medicina milagrosa que cura el ánima a veces atormentada, a veces exaltada, a veces quejumbrosa. Aunque suele ocurrir que también la desquicia y la lleva por senderos inimaginables. Algunas oportunidades es un ser bondadoso, amable que, como un bálsamo, mengua los dolores existenciales y otras, es un ser de una crueldad y perversidad deliciosa, una desalmada que se contonea con sus mil formas para recordarnos que somos unos/as pobres esclavos/as. Aprendices sin esperanzas. Vasallos sometidos a su condición de reina todopoderosa del imperio de la imaginación. Por fortuna, algunos/as luchan contra su influjo: la conquistan, no sin esfuerzo, a través de la belleza, de la magia de la escritura. Como muchos de los autores mencionados arriba. Es un trabajo arduo y solitario en el que muchas personas nos empeñamos aunque casi nunca podamos arañar los insondables surcos que la conforman.
Para celebrar este reencentro con la palabra, quiero compartir con vosotras/os un poema de José Eustasio Rivera (San Mateo -Neiva, Colombia- 1889, Nueva York, 1928), de su libro Tierra de promisión (1921).


EN LA ESTRELLADA NOCHE...

En la estrellada noche de vibración tranquila
descorre ante mis ojos sus velos el arcano,
y al giro de los orbes en el cenit lejano
ante mi absorto espíritu la eternidad desfila.

Ávido de la pléyade que en el azul rutila,
sube con ala enorme mi Numen soberano,
y alta de ensueño, y libre del horizonte humano,
mi sien, como una torre, la inmensidad vigila.

Mas no se sacia el alma con la visión del cielo:
cuando en la paz sin límites al Cosmos interpelo,
lo que los astros callan mi corazón lo sabe;

y luego una recóndita nostalgia me consterna
al ver que ese infinito, que en mis pupilas cabe,
es insondable al vuelo de mi ambición eterna.

jueves, octubre 15, 2009

Poemas de Jaime Gil de Biedma

Anoche, mientras corregía por enésima vez un artículo sobre algunos poetas del Huila, aquella lejana tierra de mi primera juventud, me asaltaron con alevosía los versos de Gil de Biedma. Allí estaban lúcidos y profundos condenados a mirarme de reojo. Y la melancolía rozó con sus dedos la ventana para recordarme que la noche había borrado el mar y que en el cielo sólo había una estrella tozuda. Y entonces me susurró al oído:


No volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
.

Contra Jaime Gil de Biedma
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!
...
Jaime Gil de Biedma, Barcelona 1929 -1990. Algunas de sus obras publicadas son: Según sentencia del tiempo (1953); Compañeros de viaje (1959), Moralidades (1966) y Poemas póstumos (1968).

lunes, agosto 31, 2009

Un poema de Alfonsina Storni

Triste convoy

¡Esta torpe tortura de vagar sin sosiego!
Tierra seca sin riego,
ojos miopes del Ego,
viento en medio del fuego,
y la muerte: "voy luego..."
... Esta torpe tortura de vagar sin sosiego...

Me cortaron la lengua, me sacaron los ojos,
me podaron las manos, me pusieron abrojos
bajo el pie: no sintiera tanta lúgubre pena,
tanta dura cadena,
tanto diente de hiena,
tanta flor que envenena.

Amo flor: fruto soy.
Amo el agua: soy hielo.
Tierra soy;
amo el cielo.
Ese triste convoy
polvoriento yo soy.

(Alfonsina Storni 1892 -1939).

viernes, agosto 14, 2009

Primeras impresiones sobre Agua clara en el Alto Amazonas

Las coincidencias son mágicas intersecciones de espacio tiempo acción. Eventos que se presentan sin buscarlos y que en algún momento se cruzan, se convierten en uno. Y eso es exactamente lo que me pasó con Agua clara en el alto Amazonas (finalista en el premio de novela Ciudad de Barbastro 2009), original que muy amablemente me envío el escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño. Acabé de leerlo el sábado pasado después de viajar por sus páginas a un espacio que no me es del todo desconocido. Los ríos, los colores, los sonidos y aromas de la selva los llevo dentro de mí porque durante un tiempo, cuando era muy pequeñina, viví en la manigua (mi abuelo y mi padre colonizaron las selvas caqueteñas en la década de los 60 y 70, respectivamente). Pues bien. Decía que acababa de leerlo y aún estaba varada en algunas de esas descripciones cuando hablé con mi hermana que vive en Bogotá y me dijo que acaba de llegar del Amazonas en donde había pasado unos días maravillosos. Entonces me habló de la belleza exuberante, del río como un pequeño mar, de los peces inmensos cuyas colas se ven en la superficie; me habló de Puerto Nariño, un poblado ajardinado en completa armonía con el medio natural circundante, en el que no hay ningún tipo de vehículo motorizado, sólo una pequeña ambulancia. Pero también me habló de procesos fuertes de aculturación: de aborígenes con móviles y vestidos a la usanza “occidental”, de mujeres nativas con enfermedades transmitidas por los turistas. Me habló de animales y de árboles gigantescos y de hojas de loto en las que cabe una persona acostada y yo no sabía si mi hermana me estaba contando parte del libro de Marco Tulio o si en verdad había estado allí. Y me pareció mágico encontrar las dos visiones, mezclarlas, hibridizarlas en la feliz coincidencia de un descubrimiento literario y humano.
Con la lectura de ese libro han vuelto a mi memoria jirones de selva, de atmósferas verdes y densas cubiertas de lianas y de árboles gigantescos. Paraíso enigmático en el que habitan espíritus mágicos que poblaron mi mundo infantil (la madre monte, La pata sola, el hojarasquín del monte, el duende, la mapiripana, el pollo malo); vigías y protectores de la manigua, encargados de espantar a los cazadores, los extraños, los forasteros que se atreven a violentarla. Mi padre habla también de sonidos extraños y enigmáticos que surgen y se dispersan en los troncos inmensos de los árboles, en sus hojas de todos los tamaños y colores. Allí es fácil perderse porque todo es igual: el tamaño desquiciado de los árboles y lianas, los murmullos de la vegetación, los caños y riachuelos en los que beben las bestias, los senderos cubiertos de hojas y casi en permanente semipenumbra (las copas de los árboles a veces no dejan pasar los rayos del sol) y es entonces cuando terminas caminando en círculo sin darte cuenta, como le pasó a Arturo Cova.
Me gustó la atmósfera del libro, la manera cómo el narrador - o más bien sus narradores- se adentra en los vericuetos de la manigua para mostrar por un lado la belleza exuberante y por otro los peligros, no tanto los que puede provocar, sino las menazas que se ciernen sobre ella y sus habitantes. Aunque me parece que este libro no es lo mejor que ha escrito Aguilera Garramuño. Hecho en falta, quizá, una historia más redonda. Pero claro, yo no soy una crítica literaria sólo una mujer que disfruta leyendo y que a veces se queda encallada en algunos textos que la tocan definitiva e irremediablemente.
Agua clara en el Alto Amazonas es una novela corta que se lee de un tirón y que puede ser una magnífica forma de descubrir aquel territorio lejano y enigmático del Amazonas. Una excelente manera de aproximarnos a la manigua de belleza devoradora, a la que tan bien describió José Eustasio Rivera, en la Vorágine.
....
Fotos: Miradas del Amazonas, por Melquisedec Torres

lunes, julio 27, 2009

Los hombres huecos. The Hollow Men. Un poema de T.S. Eliot

IV

Los ojos no están aquí
aquí no hay ojos
en este valle de astros moribundos
en este valle hueco
esta quijada rota de nuestros reinos perdidos

en este último lugar de encuentro
avanzamos a tientas
y evitamos hablar
juntos en la ribera del río tumefacto

ciegos, a menos que
los ojos reaparezcan
como el astro perpetuo
rosa multifoliada
del reino crepuscular de la muerte
que sólo es esperanza
para los hombres huecos.

......

IV

The eyes are not here
There are no eyes here
In this valley of dying stars
In this hollow valley
This broken jaw of our los kingdoms

In this last of meeting places
We grope together
And avoid speech
Gathered on this beach of the tumid river

Sightless, unless
The eyes reappear
As the perpetual star
Multifoliate rose
Of death's twilight kingdom
The hope only
Of empty men.

T.S. Eliot. La Tierra baldía, Cuatro cuartetos y otros poemas. Edición bilingüe de Juan Malpartida y Jordi Doce. Círculo de lectores, Barcelona, 2001.

miércoles, julio 22, 2009

Huila, entre la inercia y la promisión

Reproduzco a continuación un artículo del periodista Melquisedec Torres Ortíz (quien además es mi cuñado) en donde hace una reflexión sobre el devenir de la región en que pasé parte de mi infancia y juventud y que siempre llevo en la memoria: el Departamento del Huila. Y allí está Neiva. Junto al río, la ceiba y los guaduales se siente el aliento de la canícula como en ninguna otra parte. Tierra de historias bravías, de montañas y desiertos; de atardeceres incendiados; de aguas que bajan de la montaña y hieren el país. Lugar de los recuerdos.
Huila, entre la inercia y la promisión

Melquisedec Torres
Bogotá D.C., julio de 2009

Un hecho histórico dentro de la aviación colombiana dejó en evidencia el atraso del Huila frente al país: en 1920 un hidroavión de la aerolínea colombo-alemana SCADTA cubrió centenares de kilómetros entre el puerto de Barranquilla, sobre el Atlántico, hasta Neiva, capital del Huila; acuatizó sobre el río Magdalena frente a unos sorprendidos habitantes que no conocían ni el ferrocarril ni el primer automóvil. Pasaron de la mula al avión sin subirse al tren ni al carro.
Y una frase contradictoria refleja el estereotipo de estos habitantes: la dinámica de la inercia. La postuló un ingeniero huilense en 1935, Joaquín García Borrero, para quien el pobre desarrollo y casi nulo progreso de su tierra no eran más que el resultado de dos factores: el fatalismo indígena y la ociosa vanidad del conquistador extranjero, especialmente por la predominancia de la ganadería como casi única actividad productiva, a la que le atribuía el mismo autor ser la traba del Huila para su avance hacia la modernidad.
Acertado o no, el estereotipo negativo ha podido sobrevivir frente a los demás colombianos una y otra vez pese a un sinnúmero de elementos, sitios, actos, personas, panoramas y hechos que hacen del Huila una tierra sui géneris, rica tanto en posibilidades como apenas de clase media-baja en realidades, privilegiada por la naturaleza y la historia precolombina pero a su vez azotada por una conjunción de victimarios desde finales del siglo XIX: gobernantes de poca o errada visión, unos más que otros depredadores de recursos públicos y detentadores de privilegios con tinte casi medieval, y por el otro depredadores de humanos asentados en el Huila como epicentro de actividades violentas y terroristas: entre las FARC, el ya desmovilizado grupo M-19, el ELN y perversos elementos de la policía y del ejército que han tomado la justicia por su propia mano u obtenido beneficios usando víctimas civiles. Una figura adicional, descrita por el historiador antioqueño Delimiro Moreno en su obra “La toga contra la sotana”: la iglesia Católica representada por el obispo Esteban Rojas Tobar, quien durante casi 40 años, entre 1883 y 1922, llenó la historia política del Huila y dejó una huella que aún hoy se puede percibir en la región a través del poder del partido Conservador en municipios. Fue la antítesis de un radical liberal, el abogado José María Rojas Garrido, también huilense, a quien los historiadores le atribuyen la mejor oratoria del siglo XIX en Colombia.
Opita, palabreja que resume el estereotipo huilense. No está en el diccionario de la RAE; para los mismos huilenses, opitas, viene de un saludo campesino, ¡opa!, es decir ¡hola!, y para el resto de colombianos es una persona con cierta tendencia a la ingenuidad y a la pasividad. Sin embargo, otros consideran que esa pasividad no es más que el ocultamiento de su carácter fuerte y valiente, ejemplificado en dos figuras históricas: la única heroína indígena colombiana de la Conquista, la Cacica Gaitana, vengadora de la muerte de su hijo a manos del español Pedro de Añasco en 1539 en el pueblito de Timaná, a quien le arrancó los ojos y la lengua y lideró la insurrección de miles de nativos; y los soldados opitas, primero destacados en el ejército del Libertador Simón Bolívar y luego en el conflicto con Perú, en 1932, cuando no solo portaron armas sino que construyeron las primeras grandes carreteras para el sur de Colombia, en la entrada a las selvas del Amazonas.
Pero la Conquista no ha terminado. Emgesa, ejército económico del siglo XXI, está incidiendo hoy de manera notable en el presente y futuro del Huila. Son dueños de Betania, una de las hidroeléctricas más grandes del país, y acaban de lograr licencia del gobierno colombiano para inundar miles de productivas hectáreas en las que por decenios miles de familias campesinas han cultivado café, maíz, arroz y plátano y ha pastado su ganado. Con la nueva represa bautizada como El Quimbo, al lado de Betania, garantizarán no solo un multimillonario negocio sino la misma supervivencia de Betania como generadora de electricidad. Ambas con aguas represadas del río Magdalena.
La Conquista también la han intentado las FARC. Por estas tierras el líder guerrillero Tirofijo comenzó, a finales de los años 50, su tránsito del partido Liberal al Comunista; el mayor acercamiento del gobierno colombiano con las FARC en 50 años se dio al lado del Huila cuando el presidente Andrés Pastrana, en 1999, les entregó los llanos y selvas del Caguán para dialogar; diálogos que se convirtieron en balas, bombas, terrorismo y secuestros contra el Huila y huilenses, favorecidos los atacantes por que en menos de 20 minutos pasaban de la ciudad de Neiva, la capital huilense, a su escudo de la zona de conversaciones.
En tanto, los privilegios de la naturaleza y de la historia han sido pródigos con el Huila. Con 19.890 kilómetros cuadrados (la mitad del tamaño de un país como Suiza), este departamento logra reunir en su geografía y en tránsito de pocas horas todos los climas, paisajes y frutos. En un solo día se puede pasar del volcán nevado del Huila (reactivado su peligroso volcán hace un par de años) a los más de 40 grados Celsius sobre el desierto de La Tatacoa, esquiar sobre un cálido lago artificial de 7,000 hectáreas, el de Betania, pescar allí mismo sin pagar, dejarse acariciar por aguas termales, recorrer un parque natural repleto de cuevas en las que habitan los guácharos (pájaros nocturnos), o tomar el mejor café del mundo, recién tostado, a menos de 50 centavos de dólar la humeante taza, o cinco dólares el kilo recién tostado y molido.
Con una tasa de 50 habitantes por kilómetro cuadrado, los opitas pueden vanagloriarse de cosas notables: tienen la única cultura precolombina escultora, la de San Agustín, con más vestigios arqueológicos que Machu Pichu; la más alta catarata del país y la segunda de Latinoamérica, la de Bordones con 400 metros de caída y escondida cerca de las estatuas agustinianas; las fiestas de folclor más prolongadas al aire de bambuco, música andina, en las que se eligen más reinas que las que ha dado Europa en los últimos siglos. Danzan, comen cerdo asado con diversas especias y beben aguardiente durante un mes en cada pueblo y todas las veredas (territorios de campesinos).
Y no se les acaba la lista. El queso más blando del mundo lo fabrican en pocas horas; medio kilo de este llamado quesillo se puede estirar varios metros. Y allí, desde Bogotá a solo media hora en avión, cinco en auto y seis a lomo de mula nace el río Magdalena, el más largo del país, en una cumbre con la paradisíaca visión de lagunas naturales desde la cual, se afirma por viejas historias, los incas alcanzaron a observar lo que hubiese podido ser su conquista de los Andes colombianos, seguramente frustrada por la llegada de otros conquistadores mejor armados.
Falta la panela, le dirán a pocos kilómetros de esa cumbre. A más de 2,000 metros sobre el nivel del mar procesan miel de caña de azúcar que se convierte en rectangulares dulces de hasta 3 kilos. La llaman panela. Y el mejor café orgánico, sin aditivos químicos, del mundo. Sus cultivadores ganan hoy los concursos de café y lo venden en subastas en Nueva York a precios de hasta 19 dólares el kilo. Y ya ostentan el primer lugar en toneladas de producción anual en Colombia. Y la misma Betania, el lago artificial más grande del país. Y el volcán activo más alto de América, que da su nombre al departamento. Y petróleo. Es la tercera región del país en producción petrolera, y en un año pueden llegar a las arcas oficiales opitas 200 millones de dólares por regalías que pagan las multinacionales extractoras del crudo.
Y con tanto es poco lo que sus pobladores logran. Más del 90 por ciento de la población es pobre o apenas logra superar ese estrato; ello se matiza con familias campesinas cuyos ingresos son muy bajos pero sus tierras les producen nutritivos alimentos. El turismo, mencionado siempre como salvación económica, no supera los 150 mil visitantes nacionales y extranjeros anuales, mientras que los propósitos de industria, financiados con las regalías, no han logrado pasar de estruendosos fracasos.
Aún así, para un millón de habitantes en 37 municipios hay dos periódicos diarios, el 80 por ciento tiene un canal de televisión local, suenan veinte emisoras de radio comercial y proliferan las iglesias evangélicas en feroz competencia con la hegemonía católica, y todos los pueblos se conectan por carreteras pavimentadas, y ya comenzaron las obras para unirlos por vías rápidas al océano Pacífico. En Neiva, Pitalito, Garzón y La Plata, sus municipios más grandes, hay universidades públicas y privadas a las que asisten 15 mil estudiantes anualmente; el actual presidente del Congreso colombiano es huilense; el presidente de la Corte Suprema de Justicia elegido hace dos años es huilense; abogados, economistas, ingenieros y empresarios tienen destacadas posiciones en el país. Pero la dinámica de la inercia mantiene buena parte del statu quo que mostraba el Huila hace 70 años. A contrapelo, uno de los mejores novelistas y poetas latinoamericanos de comienzos del siglo XX, el huilense José Eustasio Rivera, autor de La Vorágine (sobre la masacre de las caucheras en el Amazonas) la llamaba su “Tierra de promisión”.
...
Fotos 1 y 3: Embalse de Betania (Juan Carlos Ruiz)
Fotos 2 y 4: Lago de Neiva (Martha Cedeño Pérez)

viernes, julio 17, 2009

En El Descabezadero

Días de silencio porque ahora estoy trabajando en la Universidad de Barcelona (Gracias, Manuel). Si, es un petit contracte que no sólo me permite dedicarme a lo que me gusta sino recibir una retribución por ello. Y una de esas cosas, a parte de escribir poesía, es investigar sobre temáticas relacionadas con la antropología (y la sociología, la historia, la literatura...) . Creo que es la primera vez que aquí puedo hacerlo porque siempre he trabajado en campos que aunque domino, no me llenan precisamente: correctora y redactora de textos para un Centro de Altos Estudios y redactora de textos educativos sobre el arte y las TIC para una prestigiosa editorial (en la que a propósito no me dieron un trabajo formal como correctora de textos porque tenían miedo de que no dominara el “español peninsular” y en los días anteriores me habían publicado un artículo en una revista de arquitectura de Valencia en el que no me corrigieron ni una coma… en fin, cosas de ser extranjera, mujer, inteligente y con más formación que el imbécil que entonces me entrevistó para dicho trabajo).
Bueno, pero este silencio no ha sido un obstáculo para echar un vistazo a los blogs que me gustan. Por ejemplo el de MT Aguilera. Un escritor colombiano (iba a escribir mexicano) al que conocí, quiero decir sus textos, justo cuando estaba terminando la carrera de Lingüística y Literatura. Y el primer libro suyo que leí fue Los Placeres Perdidos, que además fue ganador de la Bienal de Novela José Eustacio Rivera (que el año pasado lo ganó un amigo mío con la obra El amor no existe, título por cierto muy poco sugerente, y de cuya primera obra poética fui testigo y musa). Y si, MT, tu libro me gustó. Debo decir que entonces me sorprendió por el manejo del lenguaje y esa suerte de multivocidad en las historias. Era, es, en cierta medida ruptural. Y también me sorprendió el desparpajo en lo referido a sexualidad. Recuerdo que algunas de mis recatadas compañeras que también se estaban leyendo el libro “pusieron el grito en el cielo”. A mi me divirtió. Además fue mi primer contacto con la narrativa de MT. Luego vendrían los cuentos para antes y después de hacer el amor. Y ahora estoy con Agua Clara en el Alto Amazonas y después seguramente seguiré con El imperio de las mujeres
Pero sin duda leer su blog es una gozada. Su crítica aguda y sin concesiones, su falta de modestia, su posición franca y directa es toda una declaración de valentía en un tiempo en que la mayoría opta por el facilismo y el peloteo. Además creo que con todo lo que ha publicado puede decir lo que se le de la gana. En fin que para mí es una maravilla haberme topado con él, gracias a Isaías, y poder seguir sus letras desde una de las orillas del Mediterráneo.

viernes, julio 03, 2009

Poema de amor ( o en su lugar...)

Junto al crepúsculo

Tú que abres la memoria
amante lejano de párpados azules
¡Mis palabras son las tuyas, mis temblores también!
¿Acaso olvidas las caricias náufragas en la
noche de febrero
y el calor de la música junto al crepúsculo mágico
de púrpura y oro?
En la penumbra ardían tus manos y en el malecón
había perfumes de flamboyanes.
¡Qué ligero tu pecho, qué estremecido el corazón!
Y engendramos palabras infinitas
en el crepúsculo púrpura y oro.
¡Qué cálidas las noches junto a la mar ardiente!
¡Qué brioso el amor en el profundo espacio
de los ojos!
No había ni una gota de aire entre los cuerpos
sólo el perfume de la sangre
y el halo prodigioso de la voz.
Luego la noche se hizo espesa y lánguida
túnel hambriento en el que devoramos la muerte.
Tu aliento fue veneno. Tus caderas durmieron en mis manos.
La noche espesa y lánguida fue breve y lejana.
Mi nostálgico amante, en ti reconstruyo el agua del tiempo
y el universo de las palabras en la noche de leños
encendidos.
Revivo instantes de extraña armonía
en el recuerdo cimbreante de un perdurable ayer.
¡Qué voluptuoso el crepúsculo junto a la mar ardiente!

Martha Cecilia Cedeño Pérez
Junio de 2009

sábado, junio 20, 2009

El olor de la Nostalgia

Me recordaba hace algunos días una persona de Madrid, escritor y pintor por más señas y a quien agradezco que siga este blog-, los caminos sorprendentes de la nostalgia. Aparece en cualquier momento y con distintos rostros. Pero no hablo de aquel sentimiento que casi siempre remite al pasado para alongar un tiempo que creemos mejor en un intento por recuperar una parte de la existencia; o a la añoranza de lo que se ha dejado atrás ni a la soledad ni a la tristeza simple y llana, si no a un estado del ser que no se conforma con la simple evocación de un momento de armonía o de lejanía, de felicidad o pérdida.
Me refiero a esa vivencia anímica que es a la vez evocación y recreación. Destello de un instante y realidad que configura cada una de nuestras acciones. Sentimiento profundo y abarcador que irremediablemente nos inscribe, nos contamina, no como un malestar destructivo si no como sustancia que nos conforma en una multiplicidad de sentidos. Es saudade. Palabra bella y ambigua, fundamental en la cultura portuguesa y brasileña, que refleja como ninguna otra no esa mera sensación de melancolía sino un estado del ánima, una emoción, un matiz en la mirada, un modo de ver la vida, una manera de ser. Es un paisaje del alma, como diría Pessoa alguna vez y eso es justo lo que encontramos en muchos de sus versos.

O que me dói não é

O que me dói não é
O que há no coração
Mas essas coisas lindas
Que nunca existirão...

São as formas sem forma
Que passam sem que a dor
As possa conhecer
Ou as sonhar o amor.

São como se a tristeza
Fosse árvore e, uma a uma,
Caíssem suas folhas
Entre o vestígio e a bruma.

(Fernando Pessoa , 1988 – 1935)

martes, junio 16, 2009

"El sabor de la nada": un poema de Charles Baudelaire

A propósito de aniversarios próximos -Sant Joan me espera-, del tiempo que pasa sin piedad, de escepticismos crónicos, de nostalgias mañaneras, de años de inconsistencia, de fragancias perdidas, de amores al borde del abismo, de aliento vencido... este poema de Charles Baudelaire, en Las Flores del mal.
...
El sabor de la nada

Alma triste que antaño tanto amabas la lucha,
la Esperanza que un tiempo espoleaba tu ardor
ya no quiere montarte. Sin pudores, ve y túmbate
como un viejo caballo que tropieza con todo.

Corazón, capitula; duerme un sueño bruto.

¡Alma exhausta, vencida! Para ti, vagabundo,
ni el amor ni la guerra pueden ya cautivarte.
¡Adiós, pues, oh clarines y suspiros de flauta!
¡Olvidad, oh placeres, a ese pecho sombrío!

Su fragancia ha perdido la gentil primavera.

Me va el Tiempo engullendo de minuto en minuto
como engulle la nieve un cadáver ya rígido;
desde lo alto contemplo estar tierra redonda
y renuncio a encontrar el amparo de un techo.

¿Por qué, alud, no me arrastras en tu inmensa caída?
........
Charles Baudelaire, Las flores del mal,RBA Editores, Barcelona, 1995, pág. 108

domingo, junio 07, 2009

Jordi Canal: "La novela negra vive un momento dulce"

El próximo martes 9 de junio en la biblioteca La Bòbila de L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona, su director Jordi Canal ofrecerá una conferencia sobre el género negro y policíaco. Jordi además de ser una persona estupenda es un gran conocedor y un buen lector de este tipo de literatura. A mi me hace mucha ilusión escucharle porque no sólo hablará sobre su naturaleza, su nacimiento, las diferencias entre una y otra, si no que también hará un recorrido por su terminología, difusión y los diferentes subgéneros y corrientes. Estoy segura de que aportará nuevas visiones a neófitas como yo y a quienes tienen un mayor nivel de conocimiento sobre este tipo de literatura.
Jordi lleva muchos años al frente de la biblioteca de la Bóbila desempeñando un trabajo valiosísimo dentro de la ciudad, la provincia y el país. Destacar que este centro se ha convertido en el único del estado español que tiene un fondo especial dedicado al género negro y policíaco. Y dentro de las actividades que se programan alrededor de esta temática están, por ejemplo, el club de lectura de novela negra y el Premio Internacional de novela L’H Confidencial, que ya lleva tres ediciones, y que Jordi y su equipo organizan con seriedad y diligencia.

Aprovechando que conozco a Jordi y que le considero un trabajador cultural abierto y cercano, le hice algunas preguntas que él amablemente respondió y que ahora comparto con vosotras/os.

¿Es el género negro un género menor dentro de la literatura?

J.C: Durante muchos años el género negro ha sido considerado un género menor, una suerte de subliteratura, de literatura de kiosco. Afortunadamente este prejuicio va desapareciendo, y es evidente que el género ha dado grandes escritores a la altura de los grandes clásicos de la literatura universal.

¿Con qué elementos fundamentales se construye la novela negra?

J.C: La novela negra se construye con los elementos del mal que genera el ser humano y la sociedad. El poder, la ambición, la envidia, el odio... Parafraseando al Sam Spade de El halcón maltés de John Huston, "está hecha con el material con que se fabrican las pesadillas".

¿De dónde surgió la idea de promover y difundir el género negro en y desde la biblioteca La Bòbila?

J.C: La idea surgió por varios motivos. A finales de los 90 habían desaparecido todas las colecciones de género surgidas con el boom de los 80, y creía que era interesante conservar y difundir títulos y autores que ya no se encontraban en el mercado. Por otro lado la novela negra era una buena herramienta para el fomento de la lectura en barrios populares como Pubilla Casas, Can Serra o Can Vidalet, y conocía la experiencia de la Bibliothèque des Littératures Policières (BILIPO), una muy activa biblioteca especializada de París, que empezó con un fondo especial de novela policíaca en una biblioteca pública. La suma de todo ello, y el apoyo del ayuntamiento de L'Hospitalet, nos animó a marcarnos como objetivo la promoción y difusión del género negro.

¿Cómo está posicionado el Premio Internacional de Novela negra L’H Confidencial dentro del contexto nacional e internacional y quienes han sido los ganadores de dicho concurso?

J.C: Con sólo tres ediciones a cuestas el Premio L'H Confidencial se ha consolidado como un premio serio y prestigioso dentro del panorama nacional e internacional. Tiene una característica que lo aparta de la mayoría de premios parecidos, la mayoría del jurado son lectores, y por él van pasando los miembros del club de lectura de novela negra de la biblioteca.
Hasta ahora los ganadores han sido el mexicano Joaquín Guerrero-Casasola con Ley garrote; el argentino Raúl Argemí con Retrato de familia con muerta y el cántabro Julián Ibáñez con El baile ha terminado. La primera va ha ser llevada al cine en México y se anuncia traducción alemana, y la segunda se está distribuyendo en Argentina con éxito.

¿Cómo ves la salud de la novela negra a nivel local y europeo?

J.C: Creo que tanto en España como en Europa la novela negra está viviendo un momento dulce. Están apareciendo muchos y muy buenos autores, y retratan con gran acierto la sociedad actual. En España, además, han aumentado espectacularmente las ventas de novela negra, y van apareciendo congresos y festivales que difunden el género.
..........
Foto 1: Jordi Canal
Fot2 2: Jordi Canal con el ganador de la 3ª edición del Premio Internacional de Novela Negra L'H Confidencial (http://bobila.blogspot.com/)


Data :09/06/2009
Hora: 19
Duració aprox.: . 1 hora . 30 minuts .
Tipus d'entrada: Lliure .
Lloc: Biblioteca La Bòbila PL Bòbila 1 (L'Hospitalet de Llobregat)
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sábado, mayo 23, 2009

Un poema

Canción de primavera

Hago el camino del pan
con un saco de penas en las manos.
Voy de los ojos de la gente al vetusto
carro de la compra
-un hombre me mira con lujuria-
y pienso que me tomaré un vino rojo
en lugar de cortarme los párpados.
Lo beberé despacio mientras descubro
el cielo gris con un par de golondrinas

despistadas
y adivino la línea plata de la mar
oculta bajo un grueso manto
de edificios.
Beberé despacio para exorcizar

la nostalgia endémica
que se mete entre los huesos
sin consultarlo,
justo hoy,
viernes de mayo.

........
Martha Cecilia Cedeño Pérez
L'Hospitalet de Llobregat - Barcelona, Mayo de 2009

miércoles, mayo 20, 2009

Migraciones, trenzando palabras

Acabo de recibir el libro Migraciones, trenzando palabras; editado por la Universidad de Almería. El texto contiene las obras de los ganadores del III Certamen Internacional "Traspasando Fronteras", en la modalidad de fotografía, cuento y poesía, del Laboratorio de Antropología social y cultural de dicha universidad.
Allí se presentan las obras fotográficas premiadas "Algún día..." de María Luisa Molina Ibáñez e "Integración inmigrante" de F. Javier Arcenillas Pérez. Los relatos cortos de José Miguel Paz Cabanas "Nazaret junto al mar"; José Antonio Leal Canales, "La espera"; Eduardo César Cabrera, "La mejor imagen" , y de Concepción Fernández González "Mi mamá blanca". Los poemas de María Dolores Lugo Sánchez "Raíces al aire"; Martha Cecilia Cedeño Pérez "Caminos en suspenso (con un lamento)"; Adrián Ballester Cerezo, "Pisadas sin Huellas"; y José Sánchez Hernández "Juego circular".
A continuación presento una muestra de las/os poetas premiadas/os.

Raíces al Aire
Ma. Dolores Lugo Sánchez.
(Orihuela-Alicante)

2

Aquel día, la silueta de tu padre,
era un recortable subiendo la cuesta.
Recuerdas la escena tallada
en la piedra de la memoria.
Tu padre que llega del extranjero,
con un traje que huele a metro y a pizarra.

Lo ves, acercarse a la baldosa de la casa,
y arrojar la mirada sobre la puerta.

El hogar que pronto
será de papel y letra pequeña
..........

Caminos en suspenso (con un lamento)
Martha Cecilia Cedeño Pérez
(Colombia)
V

Este hombre lejano huyó con el tiempo
y es figura de piedra.
Anda con su vida al hombro
y sus ojos como ascuas
buscan la palabra
o un brazo que sonría
con su diente de pan.
Este hombre diáfano de sueños
es un impulso de nervios
y carne
y risa
y pensamientos rotos.
Un cuerpo en reposo
trashumado del viaje.

..........

Pisadas sin huellas
Adrián Ballester Cerezo
(El Raal- Murcia)

Exilio

El exilio
debe ser frío, rugoso y cortante.
Algo así como el lugar que surge
en mi cama -pese a sus limitadas
dimensiones- cuando te enojas
y giras tu cuerpo
y me condenas
al abandono de tu espalda.
.........
Juego circular
José Sánchez Hernández
(Cienfuegos - Cuba)

La memoria desnuda (fragmento)

Todo lo que nos deja ya es parte de tu muerte.
Pero te vas y la noche, esta lámpara muda,
llora un sol bastardo y retórico
que se demora, impunemente,
en el marco de la ausencia.
Me dejas, sin la isla dual del amanecer,
magia cortada en mitad de un silencio que dialoga;
y no sé quién soy con este olor a catástrofe deseada,
qué hay en el fondo de todo lo que me sostiene:
nombre, mapa, víspera, barco, luna, y te vas.
Me dejas y no sé qué tengo a flote.
Hijo de un naufragio de gaviotas al sur
nuestro amuleto diurno busca el eco de dos sombras,
juego circular, resurrección de la palabra...
.........
Francisco Checa y Olmos y Concha Fernández Soto (Eds.), Migraciones, trenzando palabras; Editorial Universidad de Almería, Almería, Abril de 2009.

lunes, mayo 18, 2009

Benedetti (a mi manera)

Iba a subir una entrada que tengo preparada hace varios días pero una noticia me ha hecho cambiar de opinión: Benedetti ha muerto. El poeta de las palabras comprometidas con las que, quienes entramos en la adolescencia en la década de los 80, descubrimos la lumbre de los versos. Una luz beligerante y al mismo tiempo sencilla, sin retóricas ni metáforas imposibles, sin otras intenciones que la de reflejar aquellos componentes básicos de la condición humana: el amor solidario ligado a aquellos ideales de equidad, de justicia, de bien común –elemento que, por cierto, muchos críticos literarios le enrostran como si fuese un pecado. (No es mi interés aquí hablar sobre la calidad o no de la obra de Benedetti, mi único interés es recordarlo de manera personal, ligado a aquellas circunstancias vitales en que supe que existían sus palabras).
A Benedetti lo conocí cuando estudiaba la carrera de letras y lo quise gracias a un muchacho que por entonces estudiaba medicina. El me leía versos de Benedetti bajo un limonero que había en el patio de la Facultad. ¡Cómo olvidarlo! Y así fueron pasando por mis sentidos aquellas palabras que surgían como un torrente y que hablaban de compromiso, de amor, de libertad, de compañeros solidarios, de hacer tratos y tender puentes. Palabras que acompañaron aquellos días de sueños e ilusiones en que pensábamos que podíamos cambiar el mundo. Entonces creíamos en amores eternos, en la Revolución Cubana, en el cambio para mi convulso y bello país, en la lucha como medio para lograr la equidad, la justicia, el equilibrio social. Y soñábamos un país libre. Y muchos de aquellos muchachos y muchachas tomaron decisiones radicales. Algunos vieron pronto la noche, otros y otras se esfumaron en ella sin dejar rastro: tan sólo el recuerdo de un camino silenciado.
Y Benedetti ha muerto y no puedo dejar de pensar en aquellas vidas que amaron la poesía, la libertad, las palabras, la justicia. Vidas con las que un día me crucé en algún verso, en algunos de aquellos instantes fugaces en que la armonía no es más que la posibilidad de soñar, de ilusionarse. Vidas que de alguna manera quedaron inmersas, dibujadas, tocadas por los versos de este poeta del Sur.

Y quiero recordar este poema de Benedetti que alguien, no se quién, escribió en un papel para mí justo cuando yo tenía 18 años (entonces no pensaba en aquellos tópicos críticos para catalogar un poema: bastaba con sentirlo. Y este seguro que no es uno de sus mejores poemas pero me encantaba ¿Y a quién no?).
Benedetti es ahora más que nunca, palabra. Música de bandoneones. Canción eterna que trasciende el tiempo, el espacio, las circunstancias cotidianas.

Corazón Coraza

Porque te tengo y no
Porque te pienso
Porque la noche está de ojos abiertos
Porque la noche pasa y digo amor
Porque has venido a recoger tu imagen
Y eres mejor que todas tus imágenes
Porque eres linda desde el pie hasta el alma
Porque eres buena desde el alma a mí
Porque te escondes dulce en el orgullo
Pequeña y dulce
Corazón coraza

Porque eres mía
Porque no eres mía
Porque te miro y muero
Y peor que muero
Si no te tengo amor
Si no te tengo

Porque tú siempre estás donde quiera
Pero existes mejor donde te quiero
Porque tu boca es sangre
Y tienes frío
Tengo que amarte amor
Tengo que amarte
Aunque esta herida duela como dos
Aunque te busque y no te encuentre
Y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.
..........
Mi amiga, Ana paredes ha escrito dos notas preciosas y personales sobre Benedetti y se pueden leer en este link:

miércoles, mayo 13, 2009

Totó, la primera novela de Magdalena González Acuña

El pasado miércoles 6 de mayo estuve en la presentación del libro Totó de Magdalena González Acuña. A Madi, como le decimos en confianza quienes somos sus amigas y amigos, la conocí hace ya varios años. Con ella tuvimos la fortuna de viajar a Castilla y León, en la Semana Santa de 2005. Recorrimos Valladolid y luego fuimos hasta el pueblo Villaco de Esgueva, un bello caserío en donde sobresale la iglesia parroquial de San Sebastián, un edificio gótico de piedra construido en el siglo XVI. Allí Madi tiene una preciosa casa de madera desde la que se divisan los llanos cultivados de cereales, las bodegas de vino enclavadas en las rocas. Pues bien, además de compartir con ella y su familia unos días espléndidos (inolvidable aquel cordero lechal y las salidas a Peñafiel), tuvimos la oportunidad de conocer una bella tierra que ya desde mis épocas de colegio avizoraba, alentada por aquellos Campos de Castilla a los que tan bien cantó Machado.
Lo anterior me permite hablar un poco de Magdalena, de sus orígenes, y de la agradable sorpresa que nos dio a quienes no sabíamos de su seria dedicación a las letras. Con la publicación de este su primer libro ella no empieza un recorrido, como nos lo recordó en la presentación, sino que materializa todo un proceso que comenzó hace varios años. Así pues, leeremos con mucha atención esta novela con las claves que su autora nos brindó en la presentación pero, sobre todo, con el deseo de encontrar, porqué no, un nuevo aire en las letras españolas.
Enhorabuena a Magdalena por su primer retoño literario. Quienes nos dedicamos a este inútil oficio sabemos cuán difícil es escribir cuando se tiene que sobrevivir y si además eres mujer la cosa se complica. Ser mujer, tener hijos, trabajar fuera y dentro de casa y dedicarse a las letras o la academia es casi imposible, especialmente cuando no se tiene asegurada del todo la existencia material o cuando no se posee dinero suficiente para pagar, casi siempre a otra mujer, para que haga esos oficios domésticos tan absorbentes y tan desagradecidos. Ello explica porqué tantas féminas han renunciado a esa “condición”. Y por eso mismo es más loable el trabajo de Madi: escribe los fines de semana. Yo me levanto a las cinco de la mañana para poder escribir unas cuantas líneas. Situación muy distinta a la de un gran amigo mío que puede dedicar seis o más horas al día para escribir sin ningún tipo de interrupción. Su única preocupación es publicar un libro cada año, dar conferencias por el mundo y disfrutar de sus triunfos: posee una espléndida mujer que se encarga de esos detalles tan pesados de la vida cotidiana.
Reivindicaciones aparte, es una alegría para mí hablar de Madi y de su libro que ya se puede conseguir en las librerías de Barcelona y también en la Web.
.........
Foto 1: Magdalena Alvarez en la presentación del libro.
Foto 2: portada de la novela Totó, Magdalena González Acuña, Ediciones Atlantis, Madrid, 2009. (Fotos realizadas por Juan Carlos Ruiz Vásquez).

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...