miércoles, diciembre 05, 2012

Polis arrasadora *


Diferentes estudios sobre la ciudad nos la muestran, efectivamente, no como un conjunto rígido de casas, edificios, calles y avenidas, sino como el lugar en donde surge  y se desarrolla aquello que se denomina vida urbana. Así pues, ésta no es otra cosa que el conglomerado de relaciones, usos y prácticas que surgen y se visibilizan en los espacios públicos urbanos.   Sería en todo caso lo que el antropólogo Manuel Delgado llama urbs, un elemento pleno de vida y por tanto, alejado de las connotaciones inmediatas de la polis, es decir, de los entes que gobiernan y controlan la ciudad. Si la urbs  alude básicamente a las personas que experimentan la ciudad en toda su magnitud porque allí desarrollan cada uno de sus instantes vitales, lapolis, al contrario, corresponde a aquellas instancias de planificación cuyo fin último parece ser vigilar, dominar y someter un espacio urbano que tiene vida propia.
Y en este afán de domesticación utiliza todos los mecanismos a su alcance. Uno de ellos es el arrasamiento, es decir, el de echar por tierra todo aquello que no se aviene con su estricto sentido de la “construcción y mejoramiento” del espacio público.   Y bajo este lema destruye casas antiguas, monumentos, árboles… todo aquello que a su modo de ver no caza con su “legítimo” anhelo de transformación espacial.  Y lo hace de una manera atroz: sin tener en cuenta las necesidades, las opiniones, los deseos, las experiencias de quienes con su orgía de prácticas llenan de sentido y de movimiento la ciudad: las personas que la viven, la sienten, la experimentan cada día.
Pero esta política de arrasamiento no es  sólo patrimonio de Neiva; es una moda generalizada en occidente que remite a ese afán de someter la ciudad a unos parámetros fijos que hagan realidad esa asepsia social y arquitectónica, tan anhelada por los planificadores. En Barcelona, por ejemplo, se han realizado transformaciones urbanísticas en algunos sectores “problemáticos”: barrios con un alto grado de inmigrantes, personas sin techo, putas y demás desheredados del “Estado de Bienestar”.  Y con esas medidas pretenden limpiar la ciudad de todo aquello que sea indeseable y que no conjunte con la cuidada imagen de una urbe de postín, territorio de turistas sedientos de sol y paella.  Una ciudad limpia de seres sospechosos, de casas sin salero, de calles atiborradas de tiendas de pakistaníes, de espacios plenos de acciones y vivencias.
El máximo objetivo de la polis parece ser controlar  todos los espacios urbanos de tal manera que las acciones de quienes le dan sentido, no perturbe su ideal de armonía y civilidad.  Y así estamos: destruyendo todo aquello que huela a pasado, a memoria, a esa vida urbana que continuamente se des-borda.
*Mi columna de esta semana en La Nación
Foto:  Edificio Nacional de Neiva. (Juan Carlos Ruiz, Neiva, agosto de 2010)

miércoles, noviembre 28, 2012

CONTRA EL PATRIARCADO LITERARIO: I ENCUENTRO DE MUJERES POETAS


Hace unos días escribí esta columna con motivo de la realización del I Encuentro de Mujeres Poetas  llevado a cabo en Garzón, Huila, del 8 al 10 de noviembre, en el marco del aniversario de la asociación cultural Cuatro Tablas, fundada y dirigida por el escritor y abogado Amadeo González.  El artículo, en efecto, fue publicado pero con algunas mutilaciones... por esa razón lo comparto -completo- en esta bitácora:

Martha Cecilia Cedeño Pérez
Historiadora, antropóloga y poeta

 Confieso que no me gustan las etiquetas con respecto a la mujer y ciertos ámbitos de la vida cotidiana.  Reniego, por ejemplo, de lo que algunos se empeñan en llamar literatura femenina como si las mujeres que nos dedicamos a las letras produjéramos un tipo de literatura tan sui generis que debe ser puesto en un compartimento aparte, en una comarca distante de aquellas manifestaciones literarias producidas por los varones.  Y no me gustan porque constriñen, excluyen, separan,  rotulan y en ellas subyace un tufillo de subordinación y/o de menosprecio.  ¿Se habla, acaso, de literatura masculina?
Por esa misma razón no comparto algunos eventos dedicados exclusivamente a las féminas, sean encuentros, congresos, charlas, etc. Lo ideal sería que hombres y mujeres pudiésemos compartir, en igualdad de condiciones, todos los ámbitos del quehacer cultural, social, económico y político. Pero no es así. Y por ello, a día de hoy, dichos  eventos se constituyen, muy a mi pesar, en la única vía que tenemos las féminas para dar a conocer nuestra palabra, nuestra voz poética, narrativa y artística. Especialmente en nuestro departamento, en donde la relación mujer y literatura no ha sido muy fluida.
Aquí la producción literaria ha estado siempre en manos masculinas, o al menos eso es lo que nos han hecho creer desde hace mucho tiempo.  En nuestra región se ha extendido el manto patriarcal para ocultar la voz de las mujeres.  Basta, por ejemplo, con echar un vistazo a la página web de la gobernación del Huila dedicada a los autores huilenses (sí, en masculino) para apreciar  que entre los magnánimos y encumbrados señores escritores (los cuatro de siempre), sólo constan unas cuantas mujeres.  ¡Se pueden contar con los dedos de una mano y nos sobran dedos! 
En nuestra comarca se ha invisibilizado la palabra literaria de las féminas de  manera sistemática y perversa.  Por ello se hace necesario encontrar  mecanismos que nos permitan dar a conocer nuestra voz, nuestra manera de aprehender el mundo con su más y con sus menos.  De ahí la importancia de certámenes como el I Encuentro de Mujeres Poetas, organizado en el marco del  aniversario del Centro Cultural Cuatro Tablas de Garzón, coordinado por la escritora Nancy Vargas Zamora y Amadeo Gonzalez.   En este  certamen, que se llevará a cabo en Garzón del 8 al 10 de noviembre,  participarán escritoras como Amparo Andrade, Amparo Fortaleche, Beatriz Calvo, Ana Patricia Collazos, Bertha Dalí Gonzalez, Esther Lucía Corrales, Gloria Cruz, Guiomar cuesta Escobar, Luz Marina Barrios, Martha Cecilia Cedeño Pérez, María Consuelo Aristizábal, María Teresa Rojas, Nancy Vargas Zamora,  y Yineth Angulo.
¡Enhorabuena a las personas organizadoras de este magnífico evento que descorre el velo del patriarcado literario!
Ver el artículo en La Nación aquí.
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Algunas fotos (cortesía de Luz Marina Barrios) con las poetas participantes en el evento:

























Foto 1: Con Nancy Vargas y Luz Marina Barrios (foto cortesía de Luz Marina Barrios)
Foto 2: Con Nancy Vargas, Luz Marina Barrios, Amparo Fortaleche, Jorge Elías Guebelly y Henry Vargas, entre otras personas participantes en el evento
Foto 3: Con las poetas Yineth Angulo, Nancy Vargas, Luz Marina Barrios  

viernes, noviembre 16, 2012

NUEVO PASE DEL DOCUMENTAL INTERSTICIOS EN MOLLET DEL VALLÉS



Esta tarde se está presentando en Mollet del Vallés el documental Intersticios (Requena&Cedeño, 2011) en el marco de la actividad La Ciutat Jubilada.  No podré estar allí pero mi querido Javier  (codirector) sï; lo acompañaré desde la distancia.    
Este es un puerto más de esta película que ya ha hecho su periplo por México, España y Colombia. ¡Todo un éxito para nuestra opera prima hecha con tanto cariño y entrega!

martes, octubre 30, 2012

95 AÑOS DE MEMORIA *

En unos cuantos cuantos días, mi abuelo Miguel Ángel Cedeño cumplirá 95 años. Casi un siglo de luchas, de partidas, de llegadas, de alegrías, des-amores y desvaríos.  Cuando nació, por allá en 1917, todavía no se había acabado la Primera Guerra Mundial y el país aún vivía las consecuencias de las Guerra de los Mil Días y el partido conservador mantenía su hegemonía  y Neiva apenas era un pueblo al que recién había llegado la energía eléctrica.
El abuelo –descendiente del Bravo Cedeño, veterano de la Guerra delos Mil Días- ha sido testigo de acontecimientos trascendentales tanto a nivel nacional como internacional.  Dentro de ellos podríamos enumerar La Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la Caída del Muro de Berlín con todas sus implicaciones y, por supuesto, testigo también de confrontaciones más recientes.   
A nivel nacional y local, el abuelo vivió la ascensión del partido liberal con  Olaya Herrera y también, vivió profundamente esa triste época de la Violencia política. Él fue uno de los tantos y tantos colombianos desplazados a finales de los años 50 por el terror cuyo color se pintaba en las fachadas de las casas.  Y a partir de ahí Miguel Ángel ha sido testigo de esa violencia endémica que parece enquistarse de manera inexorable en nuestro país.  
Y justo, a causa de esa primera violencia, el abuelo se vio obligado a partir hacia la selva en una época en la que se “premiaba” a las víctimas del horror con tierras baldías del piedemonte amazónico. Así llegó al Caquetá con su numerosa familia para intentar construir - con la ayuda de mujer, sus hijos e hijas-, un futuro  a base de trabajo,  tesón y sacrificio.  
Y como muchas otras personas de distintas partes del país- colonizadoras de la tierra prometida-  el abuelo abrió caminos y claros en el monte, construyó ranchos que luego se convirtieron en casas; sembró arroz, maíz, caña de azúcar; cazó dantas, guaras, borugas; levantó sueños en un medio hostil en donde ni siquiera había noticias de Dios.  Allí y  en las  condiciones más adversas,  experimentó incólume los cambios del mundo y el paso del tiempo.  Y entre faena y faena, entre sueño y sueño, también hacía algo fundamental: leía. 
Y ahora, con 95 años a cuestas y una lucidez envidiable, el abuelo viaja en avión y pregunta por Rajoy y recuerda la epopeya de la colonización del Caquetá y analiza la situación del país.  Y dice que no teme a la muerte pues ella también hace parte de la vida.
¡Por muchos años más, abuelo!

Foto: Marthacé
Mi columna de esta semana en La Nación

miércoles, octubre 17, 2012

Mujeres "engalladas"*


Octubre 15, 2012 a las 4:24 am
Hace unos días me encontré con un amigo a quien no veía desde hacía más de 15 años. Fue uno de esos encuentros fortuitos en  los que se reafirma aquel lugar común de que el mundo es un pañuelo. Pues bien, este excompañero de universidad me comentó, después de ponernos al tanto en el devenir general  de nuestras respectivas vidas, que acababa de ser padre y que había tenido que hacerle un mantenimiento a su mujer. ¿Mantenimiento? Pregunté asombrada. “Si, ya sabes –me respondió- quedó con mucho abdomen y además le salieron estrías…”. Y entonces lo comprendí todo. Entendí que en nuestro país términos como “mantenimiento” o “engallar” no sólo se aplica a los vehículos, sino también, a  los “arreglos” que se hacen algunas mujeres.  “Mi amiga X ahora está muy bonita”, me dijo un reconocido periodista Neivano hace un tiempo “se mandó a poner senos, cola y está rejuvenecida”.
No cabe duda que el cuerpo femenino, su manipulación y moldeado, es el objeto principal de la prometedora industria de la estética en nuestro país.  Un negocio que mueve al año millones de pesos y que a veces también se lleva la vida de algunas féminas confiadas en recuperar –o encontrar- esa anhelada belleza casi siempre relacionada con cánones ajenos a nuestra cultura y especificaciones genéticas.
Pero más allá de estas consideraciones puramente mercantiles en las que el cuerpo femenino es un objeto más, ésta práctica demuestra hasta dónde llegan los tentáculos de la aberrante tiranía patriarcal. Una tiranía que se vale, entre otros, de los medios masivos de comunicación para crear y reproducir estereotipos de belleza lejanos a nuestra realidad pero muy cercanos a las apetencias de las miradas masculinas. Y muchas mujeres caen en esa trampa perversa de la apariencia y se convierten en seres pasivos sometidos al régimen del bisturí para satisfacer los deseos y fantasías de los hombres (llámense maridos, novios, amantes).  Mujeres dominadas, marcadas, subordinadas a esa supuesta condición de género que las obliga a parecer  siempre bellas, jóvenes, esbeltas, apetecibles. Mujeres dispuestas a todos los martirios –incluso a la muerte- para alcanzar esas medidas perfectas, ese abdomen plano (muy difícil de conseguir con una dieta como la nuestra a base de harinas, plátano y yuca), unas tetas de ensueño que acapare toda la atención no sólo de los hombres sino también de las otras mujeres…
¡Es la competencia pura y dura por la remodelación de la carne femenina, objeto de deseo del mercado y del patriarcado!
Y en medio de ese panorama tan desalentador una se pregunta  ¿No sería también conveniente remodelar el cerebro, el pensamiento? ¿De qué ha servido tanta lucha, tanta resistencia si muchas mujeres continúan repitiendo y reproduciendo esos roles de género instaurados desde siempre? ¿Hacia dónde vamos las mujeres?
*MI columna de esta semana en el diario La Nación

martes, octubre 16, 2012

Entrevista a Lorenzo Silva, Premio Planeta 2012

El pasado mes de abril el periodista -y mi compañero- Juan Carlos Ruiz V.  y quien esto escribe, le hicimos una entrevista al hoy ganador del premio Planeta 2012, Lorenzo Silva, que fue publicada en La Vanguardia.
Os la dejo aquí: 


Lorenzo Silva: "La novela negra española ha alcanzado una feliz diversidad"

El escritor madrileño, que ha publicado recientemente 'Niños feroces' (2011, Destino), se prepara para vivir un 'Sant Jordi 2012' intenso


Lorenzo Silva:
Foto: Mireya de Sagarra

El escritor Lorenzo Silva (Madrid, 1966)  ha incursionado con éxito en diferentes campos literarios 
y en todos ellos ha demostrado siempre un profundo compromiso con el quehacer creativo.  Su trabajo se muestra  como un compendio de sutilezas para captar esa realidad que está ahí, a ras del suelo.
Silva se dio a conocer con mayor amplitud con la obra El alquimista impaciente, premio Nadal del 2000. Esta novela policíaca se constituyó en un punto importante en el mundo de la novela negra española.
Dentro de la  extensa bibliografía de Silva se pueden mencionar, entre otras, obras como Noviembre sin violetas (1995, ediciones libertarias), La flaqueza del bolchevique (1997, Destino), El lejano país de los estanques (1998, Destino), La isla del fin de la suerte (2001, Círculo de lectores), La reina sin espejo (2005, Destino), La estrategia del agua (2010, Destino) y Niños feroces (2011, Destino)
.
El escritor madrileño también ha publicado el libro de relatos El déspota adolescente (2003, Destino), varios libros de no ficción y algunas obras de narrativa infantil y juvenil.

¿Por qué  —y desde cuándo— la escritura?


Por ser antes lector, por diversión y por cumplir con mi deber de servir de algo a mí mismo y a mis semejantes, del modo en que creí que mejor podía hacerlo (mis disculpas a quienes piensen que me equivoqué). Desde los 13 años, sin parar hasta hoy.

Repasando los libros que ha publicado nos damos cuenta de  su incursión en distintos campos literarios: narrativa juvenil, novela negra, libros de relatos, ensayos… ¿en cuál de esas esferas  se siente más cómodo y por qué?

Me siento cómodo en todas. Y siempre que termino un libro que se sitúa en una, me apetece pasar a alguna de las otras. En la variedad está el gusto, de las historias y de la escritura.

Podríamos decir que, de alguna manera, esa pareja de detectives de la Guardia Civil (Bevilacqua y Chamorro) se constituye en un punto de inflexión en la novela negra española. ¿Cómo ve la situación actual de ese tipo de narrativa en nuestro contexto?

No sé si representan tanto, lo que sí creo es que aproveché una buena oportunidad, la de disponer, al fin, de unos policías modernos y sometidos a la ley democrática, que rompían con los clichés del pasado autoritario y a quienes nadie había querido hacer protagonistas. Ahora mismo, creo que la novela negra española ha alcanzado una feliz diversidad, en la que casi cualquier historia, cualquier personaje y cualquier escritor son posibles.

¿Hay un antes y un después de aquel premio Nadal de 2000 en su carrera de escritor?  ¿De qué manera marca su recorrido literario ese premio?

Sin duda. Ya me había dado a conocer en 1997, quedando finalista, lo que me permitió romper la dura barrera del anonimato. Pero con el Nadal llegué al gran público, que creo que es aspiración legítima y felicidad grande para un escritor.
Y desde esa misma perspectiva ¿Qué opinión le merecen los grandes concursos literarios? ¿Piensa, como muchas personas, que están amañados y que responden más a intereses comerciales?

Pienso que cada cosa, y también cada premio, tiene su función. Soy jurado de premios muy diversos, comerciales y no comerciales, y ya cuento con que en unos habrá escritores más experimentados que en otros, pero nunca me han dicho a quién debía votar, he votado en contra del que ganó en más de una ocasión e incluso he contribuido, con mi voto, a que un escritor desconocido se impusiera a uno célebre. De lo que no sé por mí mismo, no hablo.

¿Cómo ve el panorama literario español actual en general? ¿Se siguen publicando buenas cosas o la crisis también ha llegado a la creación?

Mientras sigan publicando autores como Carlos Castán, Carlos Zanón, Rafael Reig, Marta Sanz, Belén Gopegui o Antonio Orejudo, por poner seis ejemplos de los que escriben y publican ahora mismo, está garantizado que tendremos buenos libros para leer. Y me atrevo a esperar que seguirán ahí un buen rato.

¿Aún cree en "esa sutileza  para penetrar en la realidad, en todas sus dimensiones", en estos tiempos de efectos  y de escritura con receta?

Sigo creyendo, bajo el magisterio plenamente vigente de Proust y Kafka, del que está extraída esa intuición, que por ahí está el camino, y que todo lo demás, por mucho éxito momentáneo que pueda procurarle a uno, son desvíos que no deben seguirse.

¿Qué proyectos tiene en marcha en la actualidad? Háblenos de ello.

Ando rematando para imprenta un libro muy especial, hecho a partir de una selección de mi blog por libros.com y publicado a través de crowdfunding de lectores. Aparte de eso, estoy con una novela y un ensayo, que son los dos géneros que quizá más me reconfortan y más alegrías me han dado.

Usted tiene una relación muy estrecha con la red ¿considera que es una oportunidad para quienes se dedican a la creación literaria? ¿Cómo se podría utilizar el ciberespacio para  hacer circular obras de autores y autoras que no tienen posibilidad de ver sus textos publicados en papel?

Es una oportunidad, sin duda, porque permite prescindir de esos costes a veces paquidérmicos, y no siempre eficientes, que alcanza la edición (y sobre todo la distribución) en papel. Costes que de hecho suponen una barrera de entrada para escritores desconocidos, de quienes es difícil vender, y más en estos tiempos de crisis, arriba de unos pocos cientos de ejemplares. Hay ya plataformas y redes sociales de lectores y autores, que creo que son buenas palancas. Lo que falta en esos espacios de publicación digital, para hacerlos realmente eficaces, es trasladar al lector que hay un cierto filtro, un criterio de excelencia que es el que antaño (y aún hoy en la edición en papel) ponía ese editor convencional cuyo saber resultaba fiable. Digamos, por antipático que resulte, que todo el mundo tiene una novela, pero no todo el mundo la tiene buena ni sabe escribirla de modo que convenza al lector.

Por último ¿Qué sugerencias ofrecería a quienes se adentran en el mundo de la creación?

Que disfruten del privilegio de ser libres y audaces, que es siempre la recompensa del creador, incluso en la miseria. Pero que usen de él con humildad. En el caso de quienes escriban, aprendiendo antes a leer, a mirar el mundo y a escuchar a la gente. Y que sólo a partir de ese ejercicio hagan lo que les dé la gana. Nadie sabe mejor lo que uno tiene que crear y cómo.





miércoles, octubre 10, 2012

¿Espacio público?*

Hace unos días observé en un barrio de Neiva una situación que me dejó asombrada: la invasión descarada de las aceras.  Esto es, la extensión de las rejas con las cuales se protegen  las casas más allá del perímetro permitido. Una práctica, por lo visto, bastante usual en algunos sectores de la ciudad y que consiste en apropiarse indebidamente de una porción de espacio público concebida para el tránsito peatonal.
Y esa situación, que en Europa sería impensable no sólo por la conciencia de la gente sobre lo público y lo privado sino también por las rígidas normas  al respecto, me llevó a retomar una reflexión que comencé hace algún tiempo, sobre la noción de espacio público que se usa en nuestro contexto.
A nivel general está claro que en América Latina aún estamos lejos de ese concepto de espacio público que  la urbanista y  humanista Jane Jacobs, en su paradigmático libro Muerte y vida de las grandes ciudades, avizoró como tierra general, es decir, como un territorio  cuya condición fundamental es ser accesible a todas las personas.  Y  por ello mismo, por decirlo de alguna manera, una comarca abierta y libre, patrimonio de las y los urbanitas y no de unos cuantos individuos que lo utilizan para fines privados.
También estamos lejos de considerarlo como el lugar de la acción –como diría Isaac Josep-, de los tránsitos, de la democracia. Pues en nuestras ciudades el espacio público es, ante todo, el reino de los vehículos y la desidia. Y, cómo no, el reino del miedo según qué franjas horarias y qué áreas de la ciudad.  Y, sí: el reino de las apetencias políticas no para intentar una construcción de su sentido teniendo en cuenta las peculiaridades de nuestra realidad sino para usufructuarlo a través de planes urbanísticos que no tienen en cuenta las condiciones y necesidades de nuestro contexto.
Y Neiva no es la excepción. Aquí se ha intentado  construir espacio público a través de la ampliación de algunas aceras céntricas (sin hacer las rampas que permitan el acceso de personas en sillas de ruedas, personas mayores, carritos de bebé, etc.), la peatonalización de ciertas calles y la implementación de mobiliario urbano (situando bancos al sol inclemente), la “limpieza”  del microcentro (expulsando por la fuerza a vendedores y vendedoras ambulantes sin ofrecerles otras alternativas laborales); la construcción de puentes elevados… Todo esto sin pensar, por supuesto, en las particularidades sociales, económicas y ambientales de nuestra ciudad.
Así pues, no me extraña que unos cuantos individuos extiendan hasta las aceras el espacio privado de sus casas y no me extraña el desinterés de las autoridades municipales por regular y sancionar ese tipo de práctica.  ¿Podemos hablar, entonces, de espacio público?
*Mi columna  de esta semana en La Nación

miércoles, octubre 03, 2012

XVI CONGRESO COLOMBIANO DE HISTORIA . GUERRAS, REGIONES Y MEMORIAS



Del 8 al 12 de octubre de 2012 se llevará a cabo en la ciudad de Neiva, Huila, el XVI Congreso Colombiano de Historia. Guerras, regiones y memorias.  Este evento contará con la presencia de importantes historiadores  e historiadoras del ámbito local, nacional e internacional. La conferencia inaugural estará a cargo del historiador Jacques Aprile-Gniset.  
Dejo aquí  la programación de este Congreso:







lunes, octubre 01, 2012


Volver, Por Martha Cecilia Cedeño Pérez*

Octubre 1, 2012 a las 12:15 am
Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno/son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos  hondas horas de dolor… Así comienza uno de los temas más hermosos de ese sentir visceral que es el tango.  Y ¿quién no lo ha cantado alguna vez con los ojos llorosos en la distancia más enorme, en la nostalgia prístina del exilio o mientras desde el avión o el autobús contempla las luces de esa ciudad amada a la que se regresa después de mucho tiempo?
Volver. Tornar a lo conocido. A aquello abandonado por distintas circunstancias de la vida. Regresar al lugar de los afectos con heridas en el alma y en la piel, pero con la esperanza de reencontrar esos arraigos, a la vez sutiles y profundos. Volver a los aromas, a las visiones, a los sonidos poetizados en la lejanía, a las imágenes edificadas sobre los recuerdos y las nostalgias.
Tornar a ese mundo dejado atrás para constatar, irremediablemente, nuestra posición ambigua en un contexto en el que de alguna manera, ya somos extraños y extrañas. Y entonces descubrimos con asombro nuestra condición de seres intersticiales, de personas condenadas a estar entre dos mundos, dos formas de hacer, dos maneras de entender la cotidianidad.   Seres a la intemperie cuyo único oficio parece ser el de adaptarse lo más rápidamente posible a esa nueva realidad tan distante de aquella dejada el día de la partida.
Y cuando la persona que vuelve a su lugar de origen lo hace obligada por las circunstancias adversas, su regreso estará marcado indefectiblemente por esa sensación de fracaso. Por haber malgastado los años en intentos fallidos, en empresas tocadas por el infortunio. Tal como sucede hoy con las miles de personas latinoamericanas residentes en España, que ante la crisis han tenido que abandonar ese país con una mano adelante y otra atrás. En esas condiciones el regreso a casa es la mejor alternativa pese a las hondas horas de dolor, a las nieves del tiempo y a la terrible la frustración.  No obstante, cuando se decide regresar al lugar de los afectos por voluntad propia, porque ya se ha cumplido un ciclo vital y se ha visto ese mundo ancho y ajeno, y se ha palpado la soledad de la partida y las connotaciones del viaje, volver es la mejor manera de oxigenar la existencia, de resarcir las heridas del exilio, de reanudar el camino.  Pues como dice Gardel: “pero el viajero que huye/tarde o temprano/detiene su andar. /Y aunque el olvido /que todo destruye /haya matado mi vieja ilusión, /guardo escondida una esperanza humilde /que es toda la fortuna /de mi corazón”.
Volver…
marthas
*Antropóloga y poeta

jueves, septiembre 27, 2012

Tres poemas de Antonio María Flórez

Ayer, en una de esas coincidencias magníficas de la vida, me encontré con el poeta hispanoamericano Antonio María Flórez, a quien había visto por última vez en Barcelona hace dos años. Fue uno de esos momentos increíbles en que confirmas efectivamente, aquel lugar común de que el mundo es un pañuelo. Y después de los abrazos y las respectivas preguntas,   me regaló uno de sus últimos libros Corazón de piedra (littera Poesía, 2011). Y me invitó a la presentación de su último poemario  Bajo tus pies la ciudad (De  la luna libros, 2012), que estoy ansiosa de leer. Sobre éste hay un excelente trabajo de Emilia Oliva, que se puede leer en el siguiente link:

De Corazón de piedra:

MÁS ALLÁ 
             
                      Eso que intuyes
más allá de las sombras,
de ese mar que resuena
en la noche inagotable 
de los sueños,
            es la esperanza.
                                      -¿Apesar de la fiebre?
A pesar.




LA INEFABLE VERDAD

       Es invierno y sobre la colina
hay un hombre agobiado de paisaje.
En su corazón la llama del amor
se encoge. Puños de silencio.
Una mujer se difumina en la bruma
y un niño se aferra a sus manos, crece.

    Por el aire,
la piedra y la ceniza,
las nubes deshilachadas ,
                           la herrumbre,
el humo y las estrellas en derrota.

     Sombras y extravíos.
Ruinas grises  en vez de sueños.

     Es infamante aprender
a golpes de metal, a mazazos,
   cómo se nos tuerce el destino,
cómo se nos muere aquello que anhelamos.

    Así, incombustible,
gira el planeta en su órbita infernal
y fugazmente intuimos en su elipse
la inefable verdad del universo.

De Bajo tus pies la ciudad:

Cintura de agua, crepúsculo de arena,
algunas barcas dormitan la luz
de los pescadores ausentes
que beben en el puerto
su sueño de mujeres y licor;
entre ellos tu, abstraído en la nada,
no alcanzas a escucharme.
Después tu memoria
caerá  en un charco
y dirás que Itaca
es un lejano puerto
al que nunca se puede llegar.

martes, septiembre 25, 2012

DES DEL DESERT

El lunes 1 de octubre mi amigo Josep Anton Soldevila  presentará su libro Des del desert  (in-Verso edicions de poesia) en el Ateneu Barcelonès.  Es una pena no poder estar allí para disfrutar de sus versos serenos y profundos, de sus palabras siempre plenas y renovadas.  Aquí os dejo la invitación:







lunes, septiembre 03, 2012

Noche de hotel

A las 13:00 horas  me registro en el hotel Ambalá, situado en el centro de la ciudad. Un lugar sin grandes espavientos pero bastante cómodo (y nada barato, por cierto). "Doctora, su habitación es la 805",  dice la chica de la recepción mientras me entrega la llave correspondiente. No es la primera vez que me hospedo aquí, así que ya conozco el camino.  
En el cuarto, espacioso y pleno de luz gracias a una pared-ventana en cuyo costado hay una puerta que da paso a una terraza desde donde se observa una parte de la ciudad y una montaña exhuberante,  hay una cama doble vestida con una manta de algodón de color azul profundo,  dos mesitas de noche con sus respectivas lámparas, un televisor de pantalla plana sujeto a la pared, un escritorio y un armario  de madera...  En suma un conjunto básico y bien dispuesto sin mayores artificios ni pinturas mal copiadas ni decoración estridente, todo a juego con las paredes de un blanco impoluto.
Después de una ducha  caliente, bajo al restaurante y más tarde tomo un taxi a la universidad.   ¡Me espera una sesión de cuatro horas con mis estudiantes de tercer semestre de la maestría en literatura! 
A las 21:30 estoy de regreso. Me  despojo de todo aquello que me incomoda y me tiendo en la cama para disfrutar de la sensación que produce ocupar fugazmente un "no-lugar" tan impersonal pero habitado de alguna manera, por otros pasos ajenos y cercanos.  
 Las sábanas huelen a lavanda.
No puedo conciliar el sueño pese al cansancio o quizá por ello. Y cuando estoy justo en las fronteras del duermevela siento que el colchón de la cama ondula un poco. "He sido yo misma, seguro he cambiado de posición", pienso. Me relajo, estiro las piernas y cierro lo ojos. No muevo ni un músculo de mi cuerpo entonces tengo la nítida sensación de que alguien o algo se ha puesto suavemente sobre la cama. Y justo en ese instante las perchas metálicas suenan dentro del armario empotrado.  Enciendo la lámpara y casi sin darme cuenta, abro las puertas del armario. Veo tres perchas vacías que se mueven y junto a ellas otra, en donde está colgada mi camisa blanca que me pondré mañana, totalmente inmóvil. Quito las perchas vacías y las arrojo  al fondo del armario.
Vuelvo a la cama y entonces me pregunto ¿por qué diablos se han movido las perchas? Mi cabeza trabaja en argumentos racionales, incluso llego a pensar que ha habido un pequeño temblor. ¡Pero solo se movían tres perchas y el armario estaba cerrado igual que la ventana, así que no habían corrientes de aire!  Y en ese momento experimento un miedo pleno.  Enciendo todas las luces y la televisión. Mis sentidos están aguzados.
A las cuatro de la mañana me quedo dormida y a las seis suena el despertador. Tengo clases a las 8:00 am pero antes miro los diarios digitales: no ha habido ningún movimiento telúrico en Ibagué y zonas aledañas...

domingo, agosto 12, 2012


DESMEMORIA

¿Es mi fatum la huella de tus manos?
Desde la caverna escucho
tus palabras
náufragas en la última noche
de septiembre.

Palpo sin  temor
los ojos espesos del olvido.

De Versos en Claroscuro, in-Verso, Barcelona, 2012

viernes, julio 13, 2012

Recorrido en buseta

A las 15:30 Neiva arde. El sol, inclemente, reverberea en las calles y en las hojas de los árboles. No hay ni un alma en las aceras, ni una gota de aire en los tejados. ¡Mierda! digo, mientras salgo de casa de malhumor. Coja la buseta no. 4 en la calle de arriba, dice mi padre. Camino con el sol en la espalda. Siento que mi cabello aún húmedo -acabo de ducharme por segunda vez en este día-, se empieza a calentar sin consideración. Una moto con dos ocupantes pasa por mi lado y casi me roza. Pienso en todas las palabrotas   ibéricas que ya no puedo borrar de mi cabeza.  Espero cinco minutos en una acera (aquí no hay paradas estipuladas y la gente hace señales a los autobuses y busetas donde le da la gana). Veo la buseta no. 4 pintada de azul. Levanto la mano. Para. Pago 1300 pesos. Ojeo el interior. Sólo lleva tres ocupantes: dos hombres y una mujer. Busco un asiento estratégico en el que el sol no me encuentre. El vehículo parte por calles tantas veces repetidas. Y yo empiezo a observarlas mientras los recuerdos acuden a mi mente. La memoria se ensancha en cada esquina, en cada cada recodo, en cada barrio. Por aquí vive Lucía, pienso. Hogar infantil Santa Isabel y veo a mi hermana Mariela con  cuatro años. Lleva un vestido azul y está aferrada a la verja metálica,  llorando: tata no me deje. La buseta continúa. El sudor empieza a desgajarse por la espalda. ¡Joder!  Estos barrios no cambian. Sector de malandrines, casas repetidas y empobrecidas. Delincuentes. Desheredados. ¡He pasado tantas veces por estos lares!  El puente. El río.  ¿Más limpio? Observo unas garzas blancas y el agua más clara y en las orillas basuras. Arriba de todo, hace 20 años el río hacía un charco precioso: Pozo Azul. Allí nos bañamos muchas veces cuando éramos adolescentes. Pero ahora... Los semáforos tardan una eternidad en cambiar. ¡Y este calor terrible!  Ahora sube hacia un sector que antaño era el lugar de la burguesía neivana. Observo la iglesia  y me veo vestida de novia... Gira.  Pasa por una avenida y muy cerca de ahí recuerdo mi primer lugar de trabajo como  profesora universitaria. Sigue recto y pasa por la antigua Zona Rosa. Amores. Rockola. Cerveza. Bailes. Flores. Comidas. Promesas de felicidades fugaces. Carrera Quinta. Río Las Ceibas. Calles, calles y más calles anodinas, atravesadas por gente modesta de rostros morenos de sol. 
Lugares conocidos y distantes. Magnánimos en el intersticio de la memoria, vulgares ahora que los recorro con este calor de los mil demonios a punto de deshacerme.  Lugares olvidados, recordados, tergiversados. Lugares signados por la inercia, la quietud y la distancia. 
¡Mierda: cómo pasa el tiempo!

miércoles, julio 11, 2012

Escribir...

Llevo muchos días sin escribir una línea. Hace un mes lo atribuía al estrés de mi vida en Barcelona, a la situación de desesperanza que se vive en España, al hecho de realizar un trabajo precario, a la ansiedad que produce los preparativos del viaje... Excusas y más excusas para tapar la realidad. 
Me encuentro seca de palabras. Allá y aquí.
Ya son tres semanas en el trópico en las que he desconectado de tal manera, que no he tenido voluntad ni para actualizar este blog como debería ser.  Ni para sentarme a escribir un verso.  Nada.  Y me siento culpable por ello. 
Por suerte, leo. Y leo mucho porque porque estoy preparando un curso sobre ciudad y literatura que dictaré para una maestría en la ciudad de Ibagué. ¡Es lo único que me salva!  
Así que ahora, en medio de una canícula atroz (en la ciudad de Neiva a mediodía fácilmente se puede alcanzar los 40 grados),  me dedico a leer novelas colombianas. He comenzado por Sin remedio de Antonio Caballero. Y me ha encantado. He redescubierto una obra magnífica, que he podido degustar en la biblioteca del barrio de mis padres  que ¡tiene aire acondicionado!. La siguiente novela es ¡Que viva la música! de Andrés Caicedo, que leeré en las madrugadas cuando todavía e vaho caliente no se ha adueñado de las ventanas, de los salones, de los patios, de los cuerpos. El momento propicio para dejarme llevar por las palabras.
Cuando pase esta alegría por el calor de la familia primera, por el magnífico encuentro con lo conocido, seguramente volveré a escribir. Espero hacerlo. Mi segunda novela ronda sin cesar las madrugadas.
Mientras tanto sigo con la lectura...

domingo, julio 08, 2012

Texto de Eduard Sanahuja

Reproduzco, totalmente, el texto del poeta Eduard Sanahuja a propósito de la presentación de mi libro Versos en claroscuro, el pasado 4 de junio en Barcelona. 
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Llevo bastantes años en eso de la poesía, muchísimos escribiendo (desde la adolescencia), más de 30 participando en actos públicos, y los últimos 22 promoviendo la poesía en Barcelona desde el Aula de Poesía de Barcelona. Teniendo en cuenta estos antecedentes, es normal que haya participado en la presentación de unos cuantos libros. Recuerdo el primer libro que presenté, La sombra del obituario vista por su propio huésped, de mi querido amigo del alma Javier Carnicer, en Huesca, allá por 1982; también recuerdo el último, en el espacio Cincómonos, Visegrado Hotel, una edición digital de mi también amigo Moisés Galindo. Entre uno y otro, ha habido otras presentaciones en las que he intervenido, siempre de libros escritos por amigos (o amigas, como Goya Gutiérrez, a la que le presenté el libro Hacia lo abierto ahora hará un año, más o menos). En cualquier caso, siempre han sido libros de personas a las que me unía la amistad o, al menos, un largo conocimiento mutuo, como me ocurrió con Miquel-Lluís Muntané, un poeta que escribe en catalán y cuyas obras me permito la libertad de recomendarles –presenté su Tomb de les batalles en 2009.
Todo este preámbulo no tiene otra misión que anunciarles que hoy empiezo aquí una nueva fase en mi faceta de presentador –nada prolija, por otra parte; ¡no vayan a pensar ustedes que soy un presentador profesional!–: la de presentar un libro escrito por una persona a la que apenas conozco. Lamentablemente, no puedo contarles los interesantísimos momentos que Marha Cecilia Cedeño y yo hemos compartido, los viajes que hemos hecho, lo amiguísimos que somos, las lecturas que hemos comentado para nuestro regocijo y que nos han unido; no puedo en modo alguno hacer un panegírico de nuestras afinidades y afectos, como suele ocurrir al inicio de muchos actos como este, por la simple razón de que faltaría a la verdad. Sin embargo, Martha no es una absoluta desconocida para mí. Hace unos ocho o nueve años participó en un taller de poesía que Jordi Virallonga y yo impartimos en la Universidad de Barcelona. Ella era jovencísima y discretísima, calladita y silenciosa, de modo que no tuvimos grandes conversaciones. Después de aquel primer encuentro, estuvimos mucho tiempo sin coincidir, hasta que empezamos a encontrarnos casualmente en actos poéticos, en particular en algunos de los que organizan los amigos del Laberinto de Ariadna, con Felipe Sérvulo al frente. Al final de uno de estos actos, hace un par de meses, Martha se dirigió a mí y me hizo una confidencia sorprendente, que creo que puedo compartir con ustedes sin traicionar a nuestra autora: me dijo que en la época del taller me había mostrado un poemario suyo y que yo le había confesado que no me gustaba. La verdad es que no recuerdo en absoluto nada de esta circunstancia. A continuación me anunció que tenía un libro de poemas que se iba a publicar próximamente en In-verso ediciones de poesía, y que le haría mucha ilusión que yo lo presentara. No lo dudé y le contesté inmediatamente que sí. Ignoro la razón por la que Martha me escogió para participar en este acto, quizás hoy la aclare ella misma, pero estoy seguro de que si acepté sin pensarlo es porque intuí que el poemario de Martha no me decepcionaría, porque de algún modo supe que Martha tiene cosas que decir y sabe cómo decirlas. Ella, con su prudencia habitual, me aconsejó que primero leyera el libro y que después le confirmara mi aceptación. Y así lo hicimos. Al cabo de unos días quedamos en el bar de la Facultad de Historia de la Universidad de Barcelona, a la salida de unas clases de literatura que imparto para estudiantes de los Estados Unidos de América. Martha me entregó un libro impreso, Amores Urbanos, y otro, mecanografiado, titulado Versos en claroscuro. Cuando llegué a casa, en uno de mis clásicos despistes, me puse a leer Amores Urbanos, creyendo que era el libro que tenía que presenta, sin fijarme que había sido publicado en el 2010 en Parnass ediciones. Enseguida encontré cosas que me gustaron, como el poema X:
Maullamos por la nariz
–respira mis latidos–
Asaltamos a gritos la piel
–moja mi lengua–
Hacemos agujeros en el tiempo
–calienta mi ánima–
Cabalgamos los aleros de la noche
–bebe mi espacio de lagos insomnes–
¿No presagias el goce de los gatos?

Luego me doy cuenta de que el libro viene con una presentación de una persona a la que admiro muchísimo, el antropólogo Manuel Delgado Ruíz –Martha también es doctora en Antropología Social– , y un prólogo de mi amigo Josep Antón Soldevila. Pero sigo sin percatarme de la fecha de publicación. Cuando hablo con Martha nuevamente, me lo deja todo clarísimo: el libro que he de presentar es el otro, el mecanografiado. Es un libro que ella escribió con anterioridad a Amores urbanos, pero que, por esos avatares extraños que acontecen en la publicación de libros de poesía, va a ver la luz después, en la editorial In-verso, el sello que también dirige Amàlia Sanchís. Y en eso estamos ahora, con Martha, con Amàlia y con estos hermosos ejemplares de Versos en claroscuro.
Versos en claroscuro lleva también un prólogo, esta vez de César Valencia Solanilla. Como no lo conozco, busco en internet (¡hoy nadie puede esconderse de nada!) y veo que César Valencia Solanilla es doctor en Literatura de la Universidad de La Sorbona y profesor titular y director de la Maestría en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira (ciudad que, allí en Colombia natal de Martha, compite con Medellín en la organización de uno de los mejores festivales de poesía de todo el mundo); es ensayista, crítico y autor de los libros como La identidad cultural en Juan Rulfo (1993)  o La escala invertida. Ensayos sobre literatura y modernidad (1996). Cuando se lee el prólogo, se comprueban dos cosas: que César Valencia es eminentemente inteligente y que Martha sabe elegir muy bien a sus prologuistas. César Valencia caracteriza sabiamente cada una de las seis partes en que está dividido el libro (Presagios, Memoria, Palabras, Espacios, Trazos y Osarios), que en cierran “una reflexión sobre el amor y la esperanza sin atisbos sentimentales”, una indagación “por aspectos fundamentales del hombre moderno, de su encrucijada y fragmentación, en contextos espaciales y temporales identificables”.
Como el análisis del libro está muy bien pergeñado en este prólogo, al cual les remito encarecidamente, yo me voy a centrar en situar la poesía de Martha en relación a su canon estético. Para ello, vamos a considerar que en poesía (en lo que llamamos poesía discursiva; dejaremos ahora de lado la poesía visual) existen dos modelos fundamentales de creación poética.  Se trata de una simplificación extrema, y falaz, como tolas las simplificaciones, pero ilustrativa y didácticamente efectiva si tenemos en cuenta que entre estos dos modelos, entre estos dos polos, existe todo un contínuum de posibilidades de hibridación. En uno de los extremos se situaría lo que yo llamo la “poesía del ser”, el ámbito de Parménides (no el de Zenón, porque Zenón obvia uno de los componentes inexcusables de le poesía: el tiempo). Es la poesía del “nombrar”, del “hacer patente” (no lo digo yo, sino Heidegger a propósito de la poesía de Hölderling). Esta poesía, que apunta más a la palabra, a su poder connotativo, es la poesía de conjuro, de la oración, de la mística, del aforismo filosófico o estético (cito uno de Carlos Edmundo de Ory: “El poder absoluto, luto, luto”). En el otro polo, está la poesía del devenir, la poesía heraclitiana, una poesía que apunta más al discurso narrativo; es la poesía de la épica, de la égloga, de la balada, aunque la épica sea ya una épica sin héroes. Filogenéticamente, la poesía del ser es anterior a la del devenir. Pero hemos de recordar que lo que se impone es la hibridación, porque se puede narrar nombrando, como ocurre, por ejemplo, en un magnífico poema de Jaime Gil de Biedma, en la que el discurso narrativo, a través de la ironía, no es más que un artificio para poder nombrar, de un modo casi notarial, las piedras angulares de sus afectos (me refiero al primer poema de Moralidades, “En el nombre de hoy”).
Pues bien, la poesía de Marta pertenece al ámbito de Parménides, a la poesía del ser, del nombrar. Es una poesía que practica una economía verbal (una austeridad, en términos actuales) que la sitúa en las antípodas de los excesos verbales de cierta poesía latinoamericana. Hay un cierto minimalismo esencialista, y por supuesto una visión fragmentaria del mundo, acorde con la imposibilidad de comprender (y de abarcar) de una forma unitaria y coherente la modernidad, la postmodernidad y, aún más, la transmodernidad (o postpostmodernidad).
Pero ¿qué es lo que nombra Martha? Un simple inventario de los sustantivos y de algunos adjetivos que aparecen en el libro nos da una fotografía fehaciente de su paisaje literario: sombra, soledad, pena, recuerdos, olvido, ausencia, nostalgia, naufragio, extravío, bostezo, tedio, agonía, exilio, hoguera, intruso (sustantivado), crepúsculo, agitación, cementerio, llanto, transeúnte, fantasmas, truhanes; y los adjetivos vetusto, carcomido, oxidado, yermo, ausente, falaz, desvencijado, huérfano… Martha no nombra la plenitud, sino esa transformación de la existencia en la que el tiempo y la memoria  lo deterioran todo, en la que cualquier atisbo de luz se cobra instantáneamente un correlato de sombra; dibuja el aguafuerte de la partida, del exilio, de la pérdida, el no lugar donde el silencio se impone imperceptiblemente: “el silencio es un iceberg cuya cima son los días muertos”, nos dice. 
La poesía de Martha Cecilia Cedeño no se limita, por supuesto, a nombrar. No es solo un conjuro contra el olvido y un testimonio de la existencia desarraigada, con sus atisbos de amor y de esperanza en la figura de Luna, su hija. Martha sabe transitar por el artificio del poema, sabe construirlo y rematarlo con unos finales que demuestran que están cimentados en la piedra de toque de la poesía, que no es otra que la puesta en escena de lo enigmático. Toda la gran poesía, ya sea la del ser como la del narrar, se mueve en el terreno de lo enigmático, desde El cantar de los cantares, pasando por los romances líricos (el del Prisionero o el del Infante Arnaldos, aquel que termina diciendo “Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va”, ese final al que Ramón Menéndez describe como una magnífica muestra del “saber callar a tiempo”) y por san Juan de la Cruz (“…y la caballería / a vista de las aguas / descendía”) hasta llegar la mejor poesía contemporánea. Lo dice Jorge Guillén: “La poesía, en todo su rigor, es un lenguaje construido como un objeto enigmático”[1]. Quizá por ello la poesía es un género en crisis, porque en un contexto social en que se impone el pragmatismo a ultranza, la fagocitación inmediata del placer y la necesidad imperiosa de explicar y entender cabalmente cualquier fenómeno, el poema requiere algo muy escaso en ese entorno: “un receptor que necesariamente debe actuar como un intérprete activo dispuesto a desvelar los posibles sentidos del enigma o, como mínimo, a aceptar de manera positiva el misterio de lo que no es inmediatamente inteligible: un receptor que sepa convivir con el misterio”[2].
Martha sabe abrir las ventanas del enigma, eso que es, en última instancia, la vida y la existencia individual de cada ser; sabe acunarlo y, lo más importante, por eso es poeta, sabe darle forma verbal He ahí una muestra de ello:
EFÍMERA
Alguien se pensó
a sí mismo
y la existencia
fue llanto,
extravío,
noche.

La razón no exime
de la muerte.

Pasemos ahora a gozar de los poemas de Martha Cecilia Cedeño, a saborear su misterio, con la clara conciencia de que en la poesía, como en la filosofía, importan mucho más las preguntas que las respuestas.

Eduard sanahuja Yll
Barcelona, 4 de junio de 2012




[1] Jorge Guillén: Lenguaje y poesía. Ed. Alianza, Madrid, 1972 (2a).
[2] Eduard Sanahuja: “Poesia i societat al principi del segle XXI: l’ensenyament i l’aprenentatge de la poesia a l’educació primària i a l’ESO” a Documents 14, Expressió, cultura i cohesió social.  Generalitat de Catalunya / Consell Escolar de Catalunya. Maig de 2005.