miércoles, diciembre 05, 2012

Polis arrasadora *


Diferentes estudios sobre la ciudad nos la muestran, efectivamente, no como un conjunto rígido de casas, edificios, calles y avenidas, sino como el lugar en donde surge  y se desarrolla aquello que se denomina vida urbana. Así pues, ésta no es otra cosa que el conglomerado de relaciones, usos y prácticas que surgen y se visibilizan en los espacios públicos urbanos.   Sería en todo caso lo que el antropólogo Manuel Delgado llama urbs, un elemento pleno de vida y por tanto, alejado de las connotaciones inmediatas de la polis, es decir, de los entes que gobiernan y controlan la ciudad. Si la urbs  alude básicamente a las personas que experimentan la ciudad en toda su magnitud porque allí desarrollan cada uno de sus instantes vitales, lapolis, al contrario, corresponde a aquellas instancias de planificación cuyo fin último parece ser vigilar, dominar y someter un espacio urbano que tiene vida propia.
Y en este afán de domesticación utiliza todos los mecanismos a su alcance. Uno de ellos es el arrasamiento, es decir, el de echar por tierra todo aquello que no se aviene con su estricto sentido de la “construcción y mejoramiento” del espacio público.   Y bajo este lema destruye casas antiguas, monumentos, árboles… todo aquello que a su modo de ver no caza con su “legítimo” anhelo de transformación espacial.  Y lo hace de una manera atroz: sin tener en cuenta las necesidades, las opiniones, los deseos, las experiencias de quienes con su orgía de prácticas llenan de sentido y de movimiento la ciudad: las personas que la viven, la sienten, la experimentan cada día.
Pero esta política de arrasamiento no es  sólo patrimonio de Neiva; es una moda generalizada en occidente que remite a ese afán de someter la ciudad a unos parámetros fijos que hagan realidad esa asepsia social y arquitectónica, tan anhelada por los planificadores. En Barcelona, por ejemplo, se han realizado transformaciones urbanísticas en algunos sectores “problemáticos”: barrios con un alto grado de inmigrantes, personas sin techo, putas y demás desheredados del “Estado de Bienestar”.  Y con esas medidas pretenden limpiar la ciudad de todo aquello que sea indeseable y que no conjunte con la cuidada imagen de una urbe de postín, territorio de turistas sedientos de sol y paella.  Una ciudad limpia de seres sospechosos, de casas sin salero, de calles atiborradas de tiendas de pakistaníes, de espacios plenos de acciones y vivencias.
El máximo objetivo de la polis parece ser controlar  todos los espacios urbanos de tal manera que las acciones de quienes le dan sentido, no perturbe su ideal de armonía y civilidad.  Y así estamos: destruyendo todo aquello que huela a pasado, a memoria, a esa vida urbana que continuamente se des-borda.
*Mi columna de esta semana en La Nación
Foto:  Edificio Nacional de Neiva. (Juan Carlos Ruiz, Neiva, agosto de 2010)
Publicar un comentario