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lunes, octubre 11, 2021

TODAS LAS LUNAS

 

La palabra como poder, descubrimiento y sororidad

 

Conocí  a Luz Dary a principios de la década de los años 90 en circunstancias un poco extrañas. Y eso hizo que siempre nos miráramos de soslayo: sabíamos mutuamente de nuestra existencia pero  no teníamos una conversación fluida. De hecho compartimos muchos actos literarios observándonos desde lejos, hasta que en 2013 coincidimos en un Encuentro de escritoras  llevado a cabo en Garzón, Huila y  organizado por el poeta y abogado Amadeo González. Y allí se hizo la magia: nos vimos y fue como si no hubiesen pasado los años con sus acontecimientos y distancias, con sus lluvias y sus noches y sus madrugadas encendidas. Y nos abrazamos y hablamos como si no hubiese un mañana; y compartimos versos y palabras en una comunión que continúa ahora y continuará hasta el fin del tiempo.  

Ella es una mujer poderosa de ojos intensos y sonrisa perfecta que se ha hecho a pulso, toreando la inercia de una región  marcada por una cultura patriarcal que niega, invisibiliza, culpa, señala y vulnera.  Es una mujer libre, luchadora, sensible, idealista y revolucionaria. Y ella es poeta. Creadora de mundos a través de palabras redondas y plenas que enuncian y trazan caminos y recuerdan como se evidencia en su más reciente libro Todas las lunas (Neiva, 2021), que en verdad son dos libros pues también contiene Mi antología, un recorrido por su producción poética más profunda.

 

En Todas las lunas, encontramos el canto-homenaje a todas aquellas mujeres que han configurado la esencia de la poeta, las guías que han nutrido su paso por el mundo prosaico y el de la palabra. Está constituido por 10 poemas que cantan a la madre, a las Barqueras, a Agatha Christie, a Alfonsina Storni, a Alejandra Pizarnik, a Frida Khalo, a Policarpa Salavarrieta, a Gabriela Mistral, y termina con un poema significativo “Sororidades” que cierra en la unidad y en la solidaridad entre las mujeres. Entre aquellas que nos antecedieron, nosotras y las que vendrán.  Porque, efectivamente,  “Porque fueron, somos; porque somos, serán”. Y por ello la poeta afirma “Estoy cosida con todas/ en un dechado de puntadas en ascenso/ (…) cosida con todas/ con las que cruzamos puentes con los ojos cerrados/buscando la noche en las estrellas/buscando puertas en las llaves/ y buscando paladares de risa y luz por debajo de la lengua” (p. 51).

Las lunas son todas aquellas mujeres que iluminaron e iluminan la vida de la poeta.  Y empieza con “la única que caminó a mi lado”: su madre; un poema redondo, ardoroso y lúcido que convoca el espíritu femenino esencial y planetario. Su madre es su yo y el de todas las mujeres que han alumbrado el sendero de otras pese a los constreñimientos de una realidad signada por una mirada masculina que configura un mundo excluyente y, por tanto, asimétrico en todos los sentidos de la palabra.  ¡Efectivamente, las lunas no tienen luz propia pero cuánto han iluminado las noches oscuras del mundo!  Como las barqueras, las sin sombrero, las bartolinas, las escritoras sin habitación propia, las madres de voz callada,  las luchadoras en todas las batallas por la vida, por la libertad, por la justicia, por la igualdad…

A nivel formal este poemario refleja un trabajo lingüístico reposado, una domesticación del idioma para ponerlo al servicio de los sentidos, de la memoria, de la reflexión, de la vindicación más elemental que configura una imagen femenina poderosa no sólo en el ejercicio de la palabra y el arte en general, sino en aquellos rincones cotidianos de la realidad en donde tienen lugar las luchas más significativas del ser, de la existencia.

Hay un elemento que me gusta mucho de este poemario y es el sentido cósmico que encuentro en algunos versos no sólo a través del señalamiento lingüístico de los astros  (luna, planetas) sino también en la noción de infimitud (sí, esta palabra no existe en el diccionario de la RAE pero me da igual) que de alguna manera sitúa nuestra dimensión humana en la inmensidad del universo: “me prefiero superficie carnal sobre el suelo y bajo la luna llena/ que el polvo no se lleve el polvo,/ periferia,/ arcilla modelada de lo que cabe de infinito en nuestra diminuta existencia”.

Por otro lado, en lo que atañe a Mi antología es un recopilatorio de algunas creaciones suyas que hacen parte de libros publicados y otros poemas  que comprende “Versos sueltos”, “Lira inconclusa”, “Elogio a un león dormido”, “Más allá de la lejía”. Allí encontramos versos que a mí personalmente me agradan mucho como aquellos de “Caída de luz”. Y este poema me gusta porque es un alegato contra todas aquellas “caídas” construidas socialmente y que no dejan de tener un componente moral asociado sobre todo al comportamiento de las féminas. La caída como metáfora del control social sobre las mujeres. Por ello canto con la poeta: Caer/Honrar el desplome, del derrumbe, el desliz/ Caer/ Caer para liberar lo más profundo de mí misma/ Y hallar e la promesa de lo oscuro y profundo/  la radiante certeza de la luz.

El libro está constituido por versos sobre temas fundamentales de la condición humana: la muerte, el amor, la existencia, el paso del tiempo, el significado de la vida…; también homenajean al más grande escritor del Huila, y a una de las voces más significativas de la poesía y la narración colombiana y latinoamericana: José Eustasio Rivera. Esa mirada recuperadora de lo esencial del territorio, de las señas de identidad, se aprecia también en los poemas dedicados a Tierradentro, San Agustín y al río Magdalena. Vuelta a la memoria, al legado infinito de los seres que nos precedieron con su visión armónica del mundo. Le Herencia viva de palabras y piedras y aguas e hipogeos que construyen la existencia. Antes y después unidos como legados de un mismo camino.  Incertidumbre de futuro:  "¿A dónde tanta montaña alta, tanto abrazo en cordillera, tanto valle alto,/ cuando a la tierra se le ocurra dar un brinco?/ ¿A dónde tanta agua/ y que luz hecha de oscuros alumbrará su camino?".

Gracias querida Luz Dary por enviarme este libro precioso que dibuja la palabra como configuradora de mundos, como saeta en los centros esenciales de la vida; como  una luna con luz propia que vertebra nuestros pasos por el tiempo y el espacio con músicas sororas; como perfiladora de nuestra grandeza e infimitud en el vasto universo, en el que sólo somos un diminuto punto azul.  


Torres, Luz Dary. (2021) Todas las lunas. Neiva
Torres, Luz Dary. (2021) Mi antología. Neiva 


miércoles, marzo 04, 2020

Volver siempre

Hace 6 meses volví. Siempre vuelvo. Esta vez lo hice desde el lugar primero. El de la nostalgia desvaída, los recuerdos y todo aquello que se agiganta en los brazos de la distancia y los afectos.  Volví con cansancio en las coyunturas y depresiones en el pelo; con la constancia de no tornar a los cantos de sirena, a las voces falsas de la abundancia y las amistades inciertas. Volví con la claridad de no repetir posibilidades, de no soñar con paraísos inexistentes, de no dejar jirones de juventud en calles de hormigón y miradas acechantes.  

Volví para anclar los ojos en la mar y la montaña y vivir las horas tranquilas del horizonte antes del ocaso.



Volver
         partir
                  todo se anuda 
                                     a una sábana 
                                                       de arena. 


viernes, febrero 26, 2016

Academia Huilense de Historia: 60 años de servicio constante

Comparto con mucha ilusión el artículo del  historiador y periodista Delimiro Moreno, sobre los 60 años de fundación de la Academia Huilense de Historia, de la cual tengo el honor de hacer parte desde hace muchos años. 

Academia Huilense de  Historia: 60 años de servicio constante
Delimiro Moreno
Mañana, 25 de febrero de 2016, se celebra un hecho insólito entre nosotros: una entidad cultural no gubernamental cumple 60 años de servicio ininterrumpido: la Academia  Huilense de Historia que, desde  1956 tiene abiertas sus  puertas al servicio de la comunidad.
La Academia fue fundada el 22  de  mayo de 1910, con el objetivo de celebrar dignamente el primer centenario de la declaración de la independencia nacional el 20 de  julio de 1910;  la declaración de la independencia absoluta de Neiva, el  8 de febrero de 1914, y las demás fechas patrias, pero después de cumplir esas importantes labores cerró  sus puertas pocos años después. Nuevamente, en 1931 gracias al interés de don Joaquín García Borrero, el padre Octavio  Hernández  y don David Rivera Moya, el 22 de septiembre de 1931 es fundado el Centro Huilense de Historia" reconocido por la Ordenanza No. 29 del 4 de abril de 1932 en la Gobernación de Joaquín García Borrero, con el objeto de fomentar "todas las manifestaciones de la cultura espiritual" según dice el texto aprobado por la Asamblea Departamental, presidida por Floresmiro Azuero.
El Centro dejó como una valiosa herencia intelectual su revista El Huila Histórico que en sus pocos años de circulación publicó en las 320 páginas que vieron la luz textos esenciales para la historia del departamento, entre ellos una "Contribución al estudio de la Civilización llamada de San Agustín" del Marqués de Wavrin Villers Au Tertre, miembro de la Sociedad de Americanistas de París y amigo del doctor García Borrero a quien presentó a esa institución; los artículos Los curas de Neiva del padre Hernández y numerosos aportes de don David Rivera, quien posteriormente publicaría su libro Índice Poético del Huila que rescató del olvido numerosos poetas huilenses, aunque no sea muy serio a la luz de la moderna crítica científica.
El Centro dejó de funcionar desde 1936, al retiro de la ciudad de Neiva de sus principales animadores por diversas causas, y con mayores veras por la muerte del padre Octavio Hernández, en ese año, y de don Joaquín García Borrero en 1948. Del Centro sólo quedó su revista en escasas bibliotecas, pues sus valiosos archivos, que conservaba con cariño el padre Hernández, a su retiro forzado de la rectoría del Colegio Santa Librada, quedaron allí y luego desaparecieron. Esto provocó el decaimiento en el interés por la investigación y la cultura, a causa, entre otros factores, de la Violencia desatada en 1947. Ante la inexistencia de este tipo de entidades en el departamento, el 25 de febrero de 1956 -hace ahora 60 años- se creó el "Centro Cultural del Huila" reconocido luego por Ordenanzas y Decretos oficiales  como Academia Huilense de Historia, que no ha cerrado sus  puertas desde ese día, en los primeros 30 años gracias  al fervor de Gilberto Vargas Mota y en los siguientes al entusiasmo de Reynel Salas Vargas, Camilo Salas Ortiz y numerosos colaboradores suyos que no han dejado  arriar la bandera de la historia y la cultura en el Huila.
La Academia ha producido obras esenciales para el conocimiento de la historia regional como “Neiva al filo del Milenio” y las monumentales HISTORIA GENERAL DEL HUILA,  en seis volúmenes y la   HISTORIA  COMPREHENSIVA DE NEIVA en cinco tomos de altísima calidad publicados en 2012 con motivo del IV  Centenario de la fundación de la ciudad.

Para celebrar este  acontecimiento, la Academia realizará mañana  un acto privado después de la conferencia que Reynel Salas Vargas dictará en la biblioteca de la Agencia Cultural del Banco de la República a partir de las 6:30 pm  sobre la vida política de Luis Ignacio Andrade.  

domingo, abril 28, 2013


Mi artículo de esta semana en La Nación 

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Mujeres al verso


El pasado 26 de abril en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, se presentó la primera antología de mujeres poetas del Huila. Se trata de Mujeres al verso una obra en la que participan diez escritoras de distintas procedencias y miradas. Allí están las voces de Amparo Andrade,Ana Patricia Collazos, Luz Dary Torres,Luz Marina Barrios, María Elena Rivera, Martha Cecilia Andrade, Martha Cecilia Cedeño, Nancy Vargas, Yineth Anguloy Yohana Rivera.

Esta antología marca un hito en la historia literaria de la región entre otras cosas porque rompe con la hegemonía de un patriarcado literario patrocinado muchas veces desde las instancias oficiales. Y más allá, Mujeres al verso se constituye también en una declaración de intenciones: las escritoras del Huila estamos hartas de que se nos considere menores de edad, de que sobre nuestro trabajo creador se explaye un manto para opacar nuestra voz, nuestro pensamiento, nuestra manera de ver el mundo. 

Este trabajo literario ve la luz en el marco del colectivo Mujeres de Palabra forjado gracias al empeño de creadoras como Ana Patricia Collazos, Nancy Vargas, Luz Marina Barrios y Amparo Andrade, entre otras poetas, cuyo objetivo es abrir un espacio a todas aquellas voces silenciadas históricamente. Las voces de las féminas ausentes de los círculos de la creación – y de la política, de la ciencia, de la economía, de la historia- no por voluntad propia sino por el accionar de unos postulados excluyentes asentados sobre una sociedad de claro corte patriarcal. Porque, efectivamente, en Neiva y en Huila se continúa reproduciendo esos patrones rancios más relacionados con la misoginia que con la igualdad y el equilibrio.

Con la publicación de esta antología las mujeres poetas de nuestra región dan un gran paso hacia el reconocimiento de su trabajo creador, tan menospreciado no sólo por los pontificadores literarios de Neiva que no ven más allá de sus prejuicios y de sus egos alborotados, sino por la misma academia que con su cortedad de miras ha obviado sistemáticamente el hacer de las escritoras huilenses.

Así pues, enhorabuena a todas las mujeres por esta iniciativa que se inserta dentro de la búsqueda de caminos de igualdad no como una lucha incesante contra el otro, sino como un mecanismo para lograr el equilibrio en el acceso y difusión de las expresiones culturales. Y en la posibilidad de participar activamente en cada una de las esferas de la vida cotidiana sin sentirnos amenazadas y vulneradas por la guillotina perversa de la discriminación, la exclusión, la desigualdad. Las mujeres tenemos, por fin, la palabra.

miércoles, diciembre 05, 2012

Polis arrasadora *


Diferentes estudios sobre la ciudad nos la muestran, efectivamente, no como un conjunto rígido de casas, edificios, calles y avenidas, sino como el lugar en donde surge  y se desarrolla aquello que se denomina vida urbana. Así pues, ésta no es otra cosa que el conglomerado de relaciones, usos y prácticas que surgen y se visibilizan en los espacios públicos urbanos.   Sería en todo caso lo que el antropólogo Manuel Delgado llama urbs, un elemento pleno de vida y por tanto, alejado de las connotaciones inmediatas de la polis, es decir, de los entes que gobiernan y controlan la ciudad. Si la urbs  alude básicamente a las personas que experimentan la ciudad en toda su magnitud porque allí desarrollan cada uno de sus instantes vitales, lapolis, al contrario, corresponde a aquellas instancias de planificación cuyo fin último parece ser vigilar, dominar y someter un espacio urbano que tiene vida propia.
Y en este afán de domesticación utiliza todos los mecanismos a su alcance. Uno de ellos es el arrasamiento, es decir, el de echar por tierra todo aquello que no se aviene con su estricto sentido de la “construcción y mejoramiento” del espacio público.   Y bajo este lema destruye casas antiguas, monumentos, árboles… todo aquello que a su modo de ver no caza con su “legítimo” anhelo de transformación espacial.  Y lo hace de una manera atroz: sin tener en cuenta las necesidades, las opiniones, los deseos, las experiencias de quienes con su orgía de prácticas llenan de sentido y de movimiento la ciudad: las personas que la viven, la sienten, la experimentan cada día.
Pero esta política de arrasamiento no es  sólo patrimonio de Neiva; es una moda generalizada en occidente que remite a ese afán de someter la ciudad a unos parámetros fijos que hagan realidad esa asepsia social y arquitectónica, tan anhelada por los planificadores. En Barcelona, por ejemplo, se han realizado transformaciones urbanísticas en algunos sectores “problemáticos”: barrios con un alto grado de inmigrantes, personas sin techo, putas y demás desheredados del “Estado de Bienestar”.  Y con esas medidas pretenden limpiar la ciudad de todo aquello que sea indeseable y que no conjunte con la cuidada imagen de una urbe de postín, territorio de turistas sedientos de sol y paella.  Una ciudad limpia de seres sospechosos, de casas sin salero, de calles atiborradas de tiendas de pakistaníes, de espacios plenos de acciones y vivencias.
El máximo objetivo de la polis parece ser controlar  todos los espacios urbanos de tal manera que las acciones de quienes le dan sentido, no perturbe su ideal de armonía y civilidad.  Y así estamos: destruyendo todo aquello que huela a pasado, a memoria, a esa vida urbana que continuamente se des-borda.
*Mi columna de esta semana en La Nación
Foto:  Edificio Nacional de Neiva. (Juan Carlos Ruiz, Neiva, agosto de 2010)

miércoles, octubre 10, 2012

¿Espacio público?*

Hace unos días observé en un barrio de Neiva una situación que me dejó asombrada: la invasión descarada de las aceras.  Esto es, la extensión de las rejas con las cuales se protegen  las casas más allá del perímetro permitido. Una práctica, por lo visto, bastante usual en algunos sectores de la ciudad y que consiste en apropiarse indebidamente de una porción de espacio público concebida para el tránsito peatonal.
Y esa situación, que en Europa sería impensable no sólo por la conciencia de la gente sobre lo público y lo privado sino también por las rígidas normas  al respecto, me llevó a retomar una reflexión que comencé hace algún tiempo, sobre la noción de espacio público que se usa en nuestro contexto.
A nivel general está claro que en América Latina aún estamos lejos de ese concepto de espacio público que  la urbanista y  humanista Jane Jacobs, en su paradigmático libro Muerte y vida de las grandes ciudades, avizoró como tierra general, es decir, como un territorio  cuya condición fundamental es ser accesible a todas las personas.  Y  por ello mismo, por decirlo de alguna manera, una comarca abierta y libre, patrimonio de las y los urbanitas y no de unos cuantos individuos que lo utilizan para fines privados.
También estamos lejos de considerarlo como el lugar de la acción –como diría Isaac Josep-, de los tránsitos, de la democracia. Pues en nuestras ciudades el espacio público es, ante todo, el reino de los vehículos y la desidia. Y, cómo no, el reino del miedo según qué franjas horarias y qué áreas de la ciudad.  Y, sí: el reino de las apetencias políticas no para intentar una construcción de su sentido teniendo en cuenta las peculiaridades de nuestra realidad sino para usufructuarlo a través de planes urbanísticos que no tienen en cuenta las condiciones y necesidades de nuestro contexto.
Y Neiva no es la excepción. Aquí se ha intentado  construir espacio público a través de la ampliación de algunas aceras céntricas (sin hacer las rampas que permitan el acceso de personas en sillas de ruedas, personas mayores, carritos de bebé, etc.), la peatonalización de ciertas calles y la implementación de mobiliario urbano (situando bancos al sol inclemente), la “limpieza”  del microcentro (expulsando por la fuerza a vendedores y vendedoras ambulantes sin ofrecerles otras alternativas laborales); la construcción de puentes elevados… Todo esto sin pensar, por supuesto, en las particularidades sociales, económicas y ambientales de nuestra ciudad.
Así pues, no me extraña que unos cuantos individuos extiendan hasta las aceras el espacio privado de sus casas y no me extraña el desinterés de las autoridades municipales por regular y sancionar ese tipo de práctica.  ¿Podemos hablar, entonces, de espacio público?
*Mi columna  de esta semana en La Nación

miércoles, octubre 03, 2012

XVI CONGRESO COLOMBIANO DE HISTORIA . GUERRAS, REGIONES Y MEMORIAS



Del 8 al 12 de octubre de 2012 se llevará a cabo en la ciudad de Neiva, Huila, el XVI Congreso Colombiano de Historia. Guerras, regiones y memorias.  Este evento contará con la presencia de importantes historiadores  e historiadoras del ámbito local, nacional e internacional. La conferencia inaugural estará a cargo del historiador Jacques Aprile-Gniset.  
Dejo aquí  la programación de este Congreso:







viernes, julio 13, 2012

Recorrido en buseta

A las 15:30 Neiva arde. El sol, inclemente, reverberea en las calles y en las hojas de los árboles. No hay ni un alma en las aceras, ni una gota de aire en los tejados. ¡Mierda! digo, mientras salgo de casa de malhumor. Coja la buseta no. 4 en la calle de arriba, dice mi padre. Camino con el sol en la espalda. Siento que mi cabello aún húmedo -acabo de ducharme por segunda vez en este día-, se empieza a calentar sin consideración. Una moto con dos ocupantes pasa por mi lado y casi me roza. Pienso en todas las palabrotas   ibéricas que ya no puedo borrar de mi cabeza.  Espero cinco minutos en una acera (aquí no hay paradas estipuladas y la gente hace señales a los autobuses y busetas donde le da la gana). Veo la buseta no. 4 pintada de azul. Levanto la mano. Para. Pago 1300 pesos. Ojeo el interior. Sólo lleva tres ocupantes: dos hombres y una mujer. Busco un asiento estratégico en el que el sol no me encuentre. El vehículo parte por calles tantas veces repetidas. Y yo empiezo a observarlas mientras los recuerdos acuden a mi mente. La memoria se ensancha en cada esquina, en cada cada recodo, en cada barrio. Por aquí vive Lucía, pienso. Hogar infantil Santa Isabel y veo a mi hermana Mariela con  cuatro años. Lleva un vestido azul y está aferrada a la verja metálica,  llorando: tata no me deje. La buseta continúa. El sudor empieza a desgajarse por la espalda. ¡Joder!  Estos barrios no cambian. Sector de malandrines, casas repetidas y empobrecidas. Delincuentes. Desheredados. ¡He pasado tantas veces por estos lares!  El puente. El río.  ¿Más limpio? Observo unas garzas blancas y el agua más clara y en las orillas basuras. Arriba de todo, hace 20 años el río hacía un charco precioso: Pozo Azul. Allí nos bañamos muchas veces cuando éramos adolescentes. Pero ahora... Los semáforos tardan una eternidad en cambiar. ¡Y este calor terrible!  Ahora sube hacia un sector que antaño era el lugar de la burguesía neivana. Observo la iglesia  y me veo vestida de novia... Gira.  Pasa por una avenida y muy cerca de ahí recuerdo mi primer lugar de trabajo como  profesora universitaria. Sigue recto y pasa por la antigua Zona Rosa. Amores. Rockola. Cerveza. Bailes. Flores. Comidas. Promesas de felicidades fugaces. Carrera Quinta. Río Las Ceibas. Calles, calles y más calles anodinas, atravesadas por gente modesta de rostros morenos de sol. 
Lugares conocidos y distantes. Magnánimos en el intersticio de la memoria, vulgares ahora que los recorro con este calor de los mil demonios a punto de deshacerme.  Lugares olvidados, recordados, tergiversados. Lugares signados por la inercia, la quietud y la distancia. 
¡Mierda: cómo pasa el tiempo!

jueves, abril 28, 2011

¡No existo!

Tengo una crisis de identidad. ¡No existo en ningún lado!  Ni en la tierra en la que nací y de la que partí a los 10 años (esto se entiende perfectamente), ni en aquella otra en la que residí por más 14 años y en la que estudié y me hice profesional, poeta, historiadora, mujer, luchadora... Y en la que investigué sobre temas como la mujer, las migraciones internas, las expresiones folclóricas... y participé en tres libros colectivos de investigación histórica; en la que escribí  artículos en revistas y periódicos y  publiqué mi primer libro de poesía y alguna vez, fui feliz.
En mi búsqueda de información sobre la mujer de Neiva en el siglo XX, concretamente de poetas y escritoras no se menciona, ni por asomo, mi nombre; de hecho, en alguno de esos listados o galerías, de los 50 nombres que mencionan sólo aparecen cinco de féminas. Allí  tampoco constan escritoras como Waldina Ponce de León (escritora y poeta nacida en Neiva en el siglo XIX) ni Sylvia Lorenzo, por ejemplo.
A nivel general, ese hecho refleja la invisibilidad que todavía sufrimos las mujeres en diversos contextos. Y a nivel particular, me han condenado al lugar oscuro de las apátridas, las exiliadas, las transgresoras. Me cobran con creces mi osadía de marchar más allá de las fronteras, de recorrer territorios que muchos de los "grandes" escritores del Huila y Neiva (Colombia) quisieran recorrer.
Por lo pronto estoy invitada a la V Trobada d'autors i autores de la Ciutat de L'Hospital de Llobregat, el próximo día 30 de abril...

martes, enero 18, 2011

miércoles, septiembre 29, 2010

En Pereira

Estoy en la ciudad de Pereira. Una urbe preciosa y acogedora en la que he pasado unos días estupendos. Y aunque el motivo de mi estadía aquí no es exactamente de placer, debo decir que he pasado unas jornadas armoniosas en las que he tenido el gusto de conocer a gente espléndida. A estudiantes, profesores y profesoras de la Universidad Tecnológica de Pereira que me han acogido con respeto  y entusiasmo. Y también he tenido la fortuna de recorrer las calles de una ciudad que me ha sorprendido gratamente no sólo por sus transformaciones urbanas afortunadas sino también por ese contenido estético que la sustenta.  Si, no cabe duda que Pereira es bella y seductora.
He de decir que no hubiese podido disfrutar de toda esta experiencia sin la gestión de César Valencia Solanilla, director de la maestría de literatura y  un profesional excelente y mejor persona aún.  Y gracias a su interés también pude estar la semana pasada en la Universidad del Tolima de Ibagué en la que dicté un seminario sobre prevención de la violencia de género en el contexto escolar.
Bueno, como podéis ver he estado haciendo muchas cosas,  menos actualizar como es debido este blog. Tengo algunas crónicas escritas sobre mi viaje por el sur, espero subirlas la semana que viene ya desde Barcelona con las fotos respectivas y  seguro que también con  saudade.   
Mientras, comparto con todas y todos la noticia del lanzamiento de Amores urbanos que fue reseñada en  los diarios de la región (clickar sobre ellos):
Diario la Nación
Diario del Huila

sábado, septiembre 11, 2010

jueves, septiembre 09, 2010

Presentación de Huila: cien años no es nada, Tomo II

El último viernes de agosto se presentó en la Biblioteca Departamental de Neiva, el libro Huila Cien años no es nada tomo II  y la revista Región y cultura no. 23. El evento fue organizado por Lorena Mendoza y estuvo impregnado por la presencia, aunque fuese a distancia, del maestro Luis Ernesto Lasso gestor y director de ambas publicaciones.
En ese mismo evento Mendoza hizo una bella reseña sobre mi libro Amores y urbanos y adelantó su presentación en esta ciudad que está prevista en principio para finales de este mes, antes de mi viaje de regreso a Barcelona.

El libro y la revista son un colofón esclarecedor a la seria y prolífica  labor del maestro Lasso y el Colectivo Región y Cultura.

martes, agosto 31, 2010

Noticias desde la canícula

Escribo con las neuronas a punto de calcinarse. Neiva es un horno que te hiere sin remedio. Los días y las noches se convierten en una tortura canicular. Los pasos huyen y el sueño y las ganas de salir a deambular por la ciudad. Pero no todo es culpa de su situación en un valle triste y ardiente. Lo es también la falta de acondicionamiento de las viviendas a las tremendas condiciones climáticas; la ausencia de una planificación urbana y de un diseño apropiado a dichas circunstancias. Aquí sólo importa construir casas para venderlas a precios elevadísimos sin tener en cuenta el bienestar de las personas que las habitará…
Pero mi propósito no es hablar sólo de la ardentía de esta tierra a manera de disculpa por mi falta de palabras en el blog, sino actualizar a la gente linda que me lee en varias partes del mundo; sobre todo aquella cercana al Mediterráneo.
Decir que el día 23 sólo pude estar un instante en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, justo cuando faltaban pocas horas para su cierre. Sin embargo tuve la oportunidad de vislumbrar algo de lo que allí se movió durante los días anteriores y hablar con personas estupendas a las que hacía mucho tiempo no veía. Me hubiera gustado estar desde la mañana pero el jet lag me tenía en sus garras.
Así que estuve tres días en una Bogotá en obra negra y más fea que de costumbre. Allí pude reencontrarme con el entrañable Isaías Peña y su esposa a quienes no veía desde el año 2000. Recuerdo que esa vez compartimos en Barcelona, ciudad en la que robaron a Isaías su cartera en el Parc Güell, exactamente.
Y también tuve un encuentro estupendo con una amiga de la infancia a quien no veía desde hace un montón de años. Entonces teníamos 12 abriles y vivíamos en un pueblito con un nombre precioso: Belén de los Andaquíes.

Y el día jueves bajamos a tierra caliente. A la canícula de Neiva y desde entonces estoy entre sofocos pero con la alegría de tener a los míos más cerca que nunca.

domingo, agosto 15, 2010

Amores Urbanos en la Feria Internacional del Libro de Bogotá

Hoy será presentado mi poemario Amores urbanos en la 23ª Feria Internacional del libro de Bogotá, gracias al empeño de mi  cuñado y hermano Melquisedec Torres Ortíz. El acto será a partir de la 18:00 horas en Corferias, Sala José Eustasio Rivera, Pabellón A.
La noticia sobre este evento también se puede leer en el diario La Nación de Neiva, Huila, Colombia, en el siguiente link: http://www.lanacion.com.co/category/cultura/
Allí estaré virtualmente gracias a las tecnologías de la información y comunicación mientras tengo la oportunidad estar de cuerpo presente el último día de la Feria, que será el 23 de agosto.
Gracias a todas las personas e instituciones que han hecho posible mi participación,  a pesar de la distancia, en ese importante evento cultural.

Sobre Amores urbanos dice su prologuista Josep Anton Soldevila:
 
"Estamos ante un libro importante, que trata de temas que son significantes cada uno por sí mismo y de los que Martha Cecilia Cedeño nos habla de la misma forma en que se presentan en la vida, unidos indisolublemente. Sin embargo, con el extraño poder de la poesía – de la buena poesía – consigue que contemplemos sus rostros diferenciados: cada uno con su peso, su pena y su sonrisa, sus interrelaciones y sus abismos.
Y todo ello amarrado a un estilo sobrio, contenido, que busca y encuentra la palabra precisa, que rechaza el adjetivo innecesario pero a la vez usa un lenguaje sumamente rico.
Un libro de clarividencia y emoción".

Para estar presente en dicho evento he realizado el siguiente vídeo, que será mostrado esta tarde  en Corferias.

miércoles, julio 22, 2009

Huila, entre la inercia y la promisión

Reproduzco a continuación un artículo del periodista Melquisedec Torres Ortíz (quien además es mi cuñado) en donde hace una reflexión sobre el devenir de la región en que pasé parte de mi infancia y juventud y que siempre llevo en la memoria: el Departamento del Huila. Y allí está Neiva. Junto al río, la ceiba y los guaduales se siente el aliento de la canícula como en ninguna otra parte. Tierra de historias bravías, de montañas y desiertos; de atardeceres incendiados; de aguas que bajan de la montaña y hieren el país. Lugar de los recuerdos.
Huila, entre la inercia y la promisión

Melquisedec Torres
Bogotá D.C., julio de 2009

Un hecho histórico dentro de la aviación colombiana dejó en evidencia el atraso del Huila frente al país: en 1920 un hidroavión de la aerolínea colombo-alemana SCADTA cubrió centenares de kilómetros entre el puerto de Barranquilla, sobre el Atlántico, hasta Neiva, capital del Huila; acuatizó sobre el río Magdalena frente a unos sorprendidos habitantes que no conocían ni el ferrocarril ni el primer automóvil. Pasaron de la mula al avión sin subirse al tren ni al carro.
Y una frase contradictoria refleja el estereotipo de estos habitantes: la dinámica de la inercia. La postuló un ingeniero huilense en 1935, Joaquín García Borrero, para quien el pobre desarrollo y casi nulo progreso de su tierra no eran más que el resultado de dos factores: el fatalismo indígena y la ociosa vanidad del conquistador extranjero, especialmente por la predominancia de la ganadería como casi única actividad productiva, a la que le atribuía el mismo autor ser la traba del Huila para su avance hacia la modernidad.
Acertado o no, el estereotipo negativo ha podido sobrevivir frente a los demás colombianos una y otra vez pese a un sinnúmero de elementos, sitios, actos, personas, panoramas y hechos que hacen del Huila una tierra sui géneris, rica tanto en posibilidades como apenas de clase media-baja en realidades, privilegiada por la naturaleza y la historia precolombina pero a su vez azotada por una conjunción de victimarios desde finales del siglo XIX: gobernantes de poca o errada visión, unos más que otros depredadores de recursos públicos y detentadores de privilegios con tinte casi medieval, y por el otro depredadores de humanos asentados en el Huila como epicentro de actividades violentas y terroristas: entre las FARC, el ya desmovilizado grupo M-19, el ELN y perversos elementos de la policía y del ejército que han tomado la justicia por su propia mano u obtenido beneficios usando víctimas civiles. Una figura adicional, descrita por el historiador antioqueño Delimiro Moreno en su obra “La toga contra la sotana”: la iglesia Católica representada por el obispo Esteban Rojas Tobar, quien durante casi 40 años, entre 1883 y 1922, llenó la historia política del Huila y dejó una huella que aún hoy se puede percibir en la región a través del poder del partido Conservador en municipios. Fue la antítesis de un radical liberal, el abogado José María Rojas Garrido, también huilense, a quien los historiadores le atribuyen la mejor oratoria del siglo XIX en Colombia.
Opita, palabreja que resume el estereotipo huilense. No está en el diccionario de la RAE; para los mismos huilenses, opitas, viene de un saludo campesino, ¡opa!, es decir ¡hola!, y para el resto de colombianos es una persona con cierta tendencia a la ingenuidad y a la pasividad. Sin embargo, otros consideran que esa pasividad no es más que el ocultamiento de su carácter fuerte y valiente, ejemplificado en dos figuras históricas: la única heroína indígena colombiana de la Conquista, la Cacica Gaitana, vengadora de la muerte de su hijo a manos del español Pedro de Añasco en 1539 en el pueblito de Timaná, a quien le arrancó los ojos y la lengua y lideró la insurrección de miles de nativos; y los soldados opitas, primero destacados en el ejército del Libertador Simón Bolívar y luego en el conflicto con Perú, en 1932, cuando no solo portaron armas sino que construyeron las primeras grandes carreteras para el sur de Colombia, en la entrada a las selvas del Amazonas.
Pero la Conquista no ha terminado. Emgesa, ejército económico del siglo XXI, está incidiendo hoy de manera notable en el presente y futuro del Huila. Son dueños de Betania, una de las hidroeléctricas más grandes del país, y acaban de lograr licencia del gobierno colombiano para inundar miles de productivas hectáreas en las que por decenios miles de familias campesinas han cultivado café, maíz, arroz y plátano y ha pastado su ganado. Con la nueva represa bautizada como El Quimbo, al lado de Betania, garantizarán no solo un multimillonario negocio sino la misma supervivencia de Betania como generadora de electricidad. Ambas con aguas represadas del río Magdalena.
La Conquista también la han intentado las FARC. Por estas tierras el líder guerrillero Tirofijo comenzó, a finales de los años 50, su tránsito del partido Liberal al Comunista; el mayor acercamiento del gobierno colombiano con las FARC en 50 años se dio al lado del Huila cuando el presidente Andrés Pastrana, en 1999, les entregó los llanos y selvas del Caguán para dialogar; diálogos que se convirtieron en balas, bombas, terrorismo y secuestros contra el Huila y huilenses, favorecidos los atacantes por que en menos de 20 minutos pasaban de la ciudad de Neiva, la capital huilense, a su escudo de la zona de conversaciones.
En tanto, los privilegios de la naturaleza y de la historia han sido pródigos con el Huila. Con 19.890 kilómetros cuadrados (la mitad del tamaño de un país como Suiza), este departamento logra reunir en su geografía y en tránsito de pocas horas todos los climas, paisajes y frutos. En un solo día se puede pasar del volcán nevado del Huila (reactivado su peligroso volcán hace un par de años) a los más de 40 grados Celsius sobre el desierto de La Tatacoa, esquiar sobre un cálido lago artificial de 7,000 hectáreas, el de Betania, pescar allí mismo sin pagar, dejarse acariciar por aguas termales, recorrer un parque natural repleto de cuevas en las que habitan los guácharos (pájaros nocturnos), o tomar el mejor café del mundo, recién tostado, a menos de 50 centavos de dólar la humeante taza, o cinco dólares el kilo recién tostado y molido.
Con una tasa de 50 habitantes por kilómetro cuadrado, los opitas pueden vanagloriarse de cosas notables: tienen la única cultura precolombina escultora, la de San Agustín, con más vestigios arqueológicos que Machu Pichu; la más alta catarata del país y la segunda de Latinoamérica, la de Bordones con 400 metros de caída y escondida cerca de las estatuas agustinianas; las fiestas de folclor más prolongadas al aire de bambuco, música andina, en las que se eligen más reinas que las que ha dado Europa en los últimos siglos. Danzan, comen cerdo asado con diversas especias y beben aguardiente durante un mes en cada pueblo y todas las veredas (territorios de campesinos).
Y no se les acaba la lista. El queso más blando del mundo lo fabrican en pocas horas; medio kilo de este llamado quesillo se puede estirar varios metros. Y allí, desde Bogotá a solo media hora en avión, cinco en auto y seis a lomo de mula nace el río Magdalena, el más largo del país, en una cumbre con la paradisíaca visión de lagunas naturales desde la cual, se afirma por viejas historias, los incas alcanzaron a observar lo que hubiese podido ser su conquista de los Andes colombianos, seguramente frustrada por la llegada de otros conquistadores mejor armados.
Falta la panela, le dirán a pocos kilómetros de esa cumbre. A más de 2,000 metros sobre el nivel del mar procesan miel de caña de azúcar que se convierte en rectangulares dulces de hasta 3 kilos. La llaman panela. Y el mejor café orgánico, sin aditivos químicos, del mundo. Sus cultivadores ganan hoy los concursos de café y lo venden en subastas en Nueva York a precios de hasta 19 dólares el kilo. Y ya ostentan el primer lugar en toneladas de producción anual en Colombia. Y la misma Betania, el lago artificial más grande del país. Y el volcán activo más alto de América, que da su nombre al departamento. Y petróleo. Es la tercera región del país en producción petrolera, y en un año pueden llegar a las arcas oficiales opitas 200 millones de dólares por regalías que pagan las multinacionales extractoras del crudo.
Y con tanto es poco lo que sus pobladores logran. Más del 90 por ciento de la población es pobre o apenas logra superar ese estrato; ello se matiza con familias campesinas cuyos ingresos son muy bajos pero sus tierras les producen nutritivos alimentos. El turismo, mencionado siempre como salvación económica, no supera los 150 mil visitantes nacionales y extranjeros anuales, mientras que los propósitos de industria, financiados con las regalías, no han logrado pasar de estruendosos fracasos.
Aún así, para un millón de habitantes en 37 municipios hay dos periódicos diarios, el 80 por ciento tiene un canal de televisión local, suenan veinte emisoras de radio comercial y proliferan las iglesias evangélicas en feroz competencia con la hegemonía católica, y todos los pueblos se conectan por carreteras pavimentadas, y ya comenzaron las obras para unirlos por vías rápidas al océano Pacífico. En Neiva, Pitalito, Garzón y La Plata, sus municipios más grandes, hay universidades públicas y privadas a las que asisten 15 mil estudiantes anualmente; el actual presidente del Congreso colombiano es huilense; el presidente de la Corte Suprema de Justicia elegido hace dos años es huilense; abogados, economistas, ingenieros y empresarios tienen destacadas posiciones en el país. Pero la dinámica de la inercia mantiene buena parte del statu quo que mostraba el Huila hace 70 años. A contrapelo, uno de los mejores novelistas y poetas latinoamericanos de comienzos del siglo XX, el huilense José Eustasio Rivera, autor de La Vorágine (sobre la masacre de las caucheras en el Amazonas) la llamaba su “Tierra de promisión”.
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Fotos 1 y 3: Embalse de Betania (Juan Carlos Ruiz)
Fotos 2 y 4: Lago de Neiva (Martha Cedeño Pérez)

viernes, noviembre 10, 2006

El espacio público ¿amenazado?


En mi reciente visita a Neiva (Huila - Colombia) fui invitada por un grupo de personas comprometidas con la ciudad a hablar sobre el espacio público. Ellas sabían que acababa de doctorarme con una tesis laureada sobre los usos, prácticas y relaciones sociales en algunos espacios públicos de Barcelona. Así que tuve la oportunidad de hablar sobre mi experiencia pero sobre todo escuchar y aprender muchas cosas de quienes además de pensar nuestra ciudad, la experimentan y la viven día a día. Este texto va para ellas y para quienes se preocupan por encontrar caminos alternativos que propendan por la vida urbana como ejercicio de ciudadanía en todos los sentidos.

No cabe duda que la expresión “espacio público” se ha convertido en una de las más utilizadas en todos los contextos y esferas. Pero ¿qué significa exactamente? Isaac Joseph, un importante sociólogo francés, lo define como el “lugar de la acción”, aquel exterior urbano (léase calle, plaza, parque, andén, bus…) caracterizado por su apertura y accesibilidad en que una sociedad fugaz se des-vertebra. Espacio abierto por antonomasia en el que se producen toda suerte de interacciones y agenciamientos. Lugar de tránsito, observación, encuentro, disimulo, representación. Lugar potencial donde cualquier cosa puede suceder, y ello no excluye el conflicto, la fatalidad, la emergencia.

En esta noción general están las claves para entender la naturaleza de un espacio que pretende ser de todos y de todas, pero que en los últimos años parece haberse convertido en propiedad de quienes gestionan y detentan el destino de la ciudad, la polis. Y no hablo de un caso en particular sino de lo que se aprecia en los distintos mundos urbanos en los que me muevo: el cosmopolita y “desarrollado” donde el espacio público, desde la óptica del urbanismo oficial, es visto como una comarca sobre la cual intervenir para llenar los vacíos y garantizar usos adecuados y limpios; y el de la provincia latinoamericana, en donde en otras condiciones de progreso se están trazando caminos para la creación de espacios que garanticen los tránsitos, también bajo el manto de una fluidez aséptica.

En ambos casos, subyace entonces la intención de construir lugares impolutos, territorios claramente accesibles pero pasivos, puesto que en su control y regulación no toman parte activa los sujetos a través de sus usos y prácticas. En ese escenario rigurosamente vigilado, el usuario, el practicante, son vistos casi como indeseables, inconvenientes inevitables de los que sólo se espera que se avengan a colaborar, que actúen como figurantes en una representación teatral de la que no son autores ni protagonistas y que bajo ningún concepto desentonen con el paisaje armónico y sumiso previsto desde el plan y promocionado por la publicidad institucional.

Lo anterior alude al proceso de privatización, exclusión, segregación espacial, comercialización, monitorización de la vida cotidiana, arquitecturización a manos del “diseño urbano”, regulación… amenazas que se ciernen sobre los espacios abiertos urbanos como lugares donde bien se podría esperar un estado mínimo de derechos democráticos. El libre acceso y tránsito de cuerpos e ideas; el anonimato, la indiferenciación, pueden estar en peligro en un espacio donde se recortan los derechos y se socavan las libertades individuales, tanto las que se reclaman en solitario como las que se requieren a otros para ejercerse. ¿Podemos hablar, entonces, de espacio público cuando se vigila, se controla, se hostiga bajo el pretexto de la seguridad y la fluidez? Y, por lo tanto, ¿existe un espacio público democrático donde todos y todas tienen garantizado el derecho de acceso, uso y circulación?

P.D. este artículo fue escrito para un periódico regional pero inexplicablemente no fue publicado... Quizá porque pese a ser un artículo de opinión que no comprometía en nada la dirección fundamental del periódico resultaba incómodo para ciertos sectores. Es bien sabido que en América Latina y sobre todo en Colombia, hay unas maneras de hacer política y unas maneras de concebir lo público. Lo primero equivale fundamentalmente a llenarse los bolsillos; y lo segundo, a hacerlo a costa del erario "público", el fortín que nunca se acaba. Y en el centro de todo: los medios de comunicación que casi siempre están supeditados a esas formas de hacer política. Así que mi modesto articulito resultaba incómodo en una ciudad donde el espacio público se concibe como la creación de obras innecesarias que benefician principalmente a los comerciantes pero donde se inviertan recursos millonarios, mientras que en la periferia la mayoría de la población carece de los servicios básicos... Entonces ¿de qué espacio público estamos hablando?
Barcelona, 10 de noviembre de 2006

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...