martes, agosto 31, 2010

Noticias desde la canícula

Escribo con las neuronas a punto de calcinarse. Neiva es un horno que te hiere sin remedio. Los días y las noches se convierten en una tortura canicular. Los pasos huyen y el sueño y las ganas de salir a deambular por la ciudad. Pero no todo es culpa de su situación en un valle triste y ardiente. Lo es también la falta de acondicionamiento de las viviendas a las tremendas condiciones climáticas; la ausencia de una planificación urbana y de un diseño apropiado a dichas circunstancias. Aquí sólo importa construir casas para venderlas a precios elevadísimos sin tener en cuenta el bienestar de las personas que las habitará…
Pero mi propósito no es hablar sólo de la ardentía de esta tierra a manera de disculpa por mi falta de palabras en el blog, sino actualizar a la gente linda que me lee en varias partes del mundo; sobre todo aquella cercana al Mediterráneo.
Decir que el día 23 sólo pude estar un instante en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, justo cuando faltaban pocas horas para su cierre. Sin embargo tuve la oportunidad de vislumbrar algo de lo que allí se movió durante los días anteriores y hablar con personas estupendas a las que hacía mucho tiempo no veía. Me hubiera gustado estar desde la mañana pero el jet lag me tenía en sus garras.
Así que estuve tres días en una Bogotá en obra negra y más fea que de costumbre. Allí pude reencontrarme con el entrañable Isaías Peña y su esposa a quienes no veía desde el año 2000. Recuerdo que esa vez compartimos en Barcelona, ciudad en la que robaron a Isaías su cartera en el Parc Güell, exactamente.
Y también tuve un encuentro estupendo con una amiga de la infancia a quien no veía desde hace un montón de años. Entonces teníamos 12 abriles y vivíamos en un pueblito con un nombre precioso: Belén de los Andaquíes.

Y el día jueves bajamos a tierra caliente. A la canícula de Neiva y desde entonces estoy entre sofocos pero con la alegría de tener a los míos más cerca que nunca.

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