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domingo, mayo 12, 2013

NOSTALGIAS



Nostalgias

La tarde fue sinfonía
de bandoneón
mecida por un viento líquido
de palabras.
Música prístina y nueva
como nuestros seres
hoy otros y los mismos.
La tarde fue nostalgia
y fotografía altiva
y tiempo fugaz
en el témpano marchito
del invierno.
De Palabras ordenadas (Inédito)






domingo, julio 24, 2011

Amy Winehouse

Otro talento apagado a destiempo. La portentosa voz de Amy Winehouse se rompe a los 27 años.  Las drogas, el alcohol y el exceso en todos los aspectos vitales, acabaron pronto con su profunda y espléndida voz. Una voz de negra. Como la de las divas del soul más señaladas.
Acaso el peso ensordecedor de una fama que llegó demasiado rápido,  el deseo de beberse el mundo sin límites y  la imposibilidad de encajar en un ambiente duro y sórdido, hizo difícil  la vida de esta joven londinense de origen humilde. Sea como fuere ahora sólo queda su música, sus estupendas canciones. Ésta es una de las que más me gustan:

domingo, junio 05, 2011

La vida mata

Quiero compartir esta canción que descubrí, maravillada, hace algunos días. De ella, además del título que parece el de un tango, me gusta su poderosa letra y la voz de su intérprete. Diego Vasallo, se llama. Y no, no es de aquellos cantantes superficiales estilo Operación triunfo. Nació en San Sebastián, compone, canta y además  pinta. Como quien dice un artista total. Podéis visitar su página aquí

lunes, diciembre 27, 2010

Las simples cosas

Desde la noche del 24 arrastro un catarro de miedo. Me parece que es la primera vez que padezco uno de esa magnitud. ¡Horrible!  Por fortuna mañana viajo a Granada con mi familia y eso eleva los ánimos. Soñar con la Alhambra es un motivo suficiente para ponerse bien... Espero escribir algunas cosas allí. Mientras tanto escucho a esta mujer que me encanta: Concha Buika, acompañada de Chucho Valdés y "Las simples cosas" (en Youtube).

jueves, noviembre 19, 2009

Mi viejo, la selva y yo

Hoy es el aniversario de mi padre y para celebrarlo, he recordado mi primera travesía por la selva cuando apenas tenía cuatro o cinco años. Era la década de los 70…

y mi padre, junto con un pequeño grupo de jóvenes desheradados, se acogió a los planes creados por el gobierno a través del entonces Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (INCORA) para formar una empresa comunitaria. Para ello se adentró en un territorio cercano a las riveras del río Caquetá, más allá del caserío de Curillo, un lugar del piedemonte amazónico al que entonces no llegaba ni Dios. Eran 11 familias formadas por hombres, mujeres y niños pequeños que después de 4 días de travesía por ríos y trochas intransitables de barro, llegaron a un claro en medio de la selva abierto previamente por los hombres. Allí habían construido 11 casas exactamente iguales: se alzaban sobre pilares de madera para evadir bichos peligrosos; tenían un salón principal, dos habitaciones y una cocina, sin paredes, casi a la intemperie. La conformación del conjunto era sencillo: dos hileras de casas enfrentadas y separadas por un camino real, una especie de calle en la que se desarrollaba la vida social. Allí los niños jugaban mientras las mujeres se reunían, en sus pocos momentos de ocio, para hablar de los pormenores de una vida marcada por los ojos de la manigua y por una precariedad que parecía tejida con hierro. También era el lugar en el que se realizaban las reuniones generales para discutir asuntos relacionados con la supervivencia o para la repartición de los productos alimenticios. Todo se dividía en partes iguales para las once familias: el producto de la caza, los cultivos y los sacos de harina y de leche en polvo, CARE, que donaba el gobierno estadounidense y que hacía parte del programa Alianza para el Progreso que había implementado el gobierno de Kennedy a comienzos de los 60. No era fácil allí la vida pues a las inclemencias de la selva había que sumarle la falta de centros de salud o de educación cercanos, la carencia de agua potable, de caminos, la presencia de animales peligrosos… Todo era una tenaz lucha cotidiana. Las mujeres se encargaban de la intendencia de la casa y la prole, de mantener la productividad de los hombres. Recuerdo que madre y otras mujeres limpiaban la ropa en un un río de aguas negras (en la selva las aguas de los ríos, aunque son límpias, se ven oscuras) en el que habían hecho unos lavaderos esculpidos en madera. Mientras ella hacían sus oficio rodeadas de selva y ruidos misteriosos los niños y niñas nos bañábamos hasta que la piel nos quedaba arrugada y desteñida.
Allí, en la manigua, había un horizonte extrañamente cercano y verde que estaba poblado por figuras malévolas alucinantes. En una de esas noches en las que el cielo embravecido escupía agua y fuego y el viento parecía arrancar los cimientes de la casa, Eolo me llevó en volandas hasta la copa de un árbol que se balanceaba con furia. Allí pasé la noche agarrada a una rama, sintiendo el horror de estar a la intemperie, muda ante una naturaleza salvaje e inhumana. La negrura de la selva embravecida, las ramas crujientes de los árboles, el silbido ensordecedor del viento entre las hojas, los miles de sonidos opacados por un temporal de terror, aún habitan los profundos resquicios de la memoria. En mis recuerdos todo es bárbaro y alucinante como aquel extraño sonido que procedía de las entrañas de la selva. Es el tigre, decían los hombres. Los niños buscábamos protección en los brazos de las madres mientras los hombres hacían hogueras inmensas en los alrededores del caserío. Con la luz del sol todo era distinto. Los niños y niñas olvidábamos el miedo y nos dedicábamos a nuestra tarea de exploradores y exploradoras. “Que llueva, que llueva, la vieja está en cueva…” cantábamos cuando de repente se desplomaba sin piedad una mata de agua y entonces bajabamos a la calle a mojarnos y a revolcarnos en el barro colorado y pegajoso, mientras las madres nos amenazaban con seres terribles: “si no hacen caso la Madremonte se los llevará para la selva y nunca podrán salir de allí”. Pero también mentaban a la Pata Sola, la Llorona, el Hojarasquín del Monte, el Diablo o Coco, todo una pléyada de seres mitológicos que la modernización ha desterrado sin contemplación.
Siempre tengo la sensación clara y nítida de esa noche inclemente en que dormí en los brazos de la selva, tan nítida como aquella imagen de una mujer sujetando a un pequeño niño de las piernas para que éste escupiese una moneda que se había tragado. Aún tengo la visión exacta de la moneda babosa sobre la tierra y el fragor de la lluvia en mi cuerpo de niña. Pero no todo era malo en la selva. Recuerdo que algunas veces acompañaba a mi madre cuando iba a dejarle el almuerzo a mi padre, casi siempre internado en la selva cortando árboles. Los derribaba con un hacha y luego los aserraba para sacar tablones, unas franjas finas de madera que servían para hacer casas y mesas y camas. Pero a veces no sacaba esos tablones sino trozos más pequeños con los que se techaban las casas. La selva olía a madera cortada. Algunas veces los árboles lloraban y sobre el corte se formaba una costra transparente. Eran lágrimas de árbol petrificadas. Tenían un olor dulce y yo no resistía la tentación de probarlas. Mi padre me hacía columpios con las lianas y yo allí me mecía una y otra vez mientras él comía y mi madre lo esperaba sentada en un tronco con su cara de niña. Una vez me caí del columpio y me fracturé un brazo. Sólo recuerdo el dolor y la cara de un viejo que me dio un tirón fuerte para acomodar el hueso. Tenía cuatro años y en medio de la selva fue casi un milagro que no me quedase el brazo descompuesto. El sobador encajó el hueso a la perfección y lo demás lo hizo la naturaleza.
De la selva recuerdo también aquella travesía de la partida. El rio estaba casi rojo y las ramas de los árboles tocaban el agua. Veníamos mis padres, mis dos hermanitos y yo en una canoa con todos los enseres. Mi padre había dejado definitivamente la empresa comunitaria después de haberse peleado con uno de los integrantes. Por poco llegan a las manos. Todo empezó por un malentendido en la repartición de unos alimentos y porque el hombre en cuestión era un egoísta y quería el poder. Decía que mi padre hacía un reparto desigual y en vez de hablarlo directamente con él, lo decía en voz baja con los otros vecinos. Hasta que papá se enteró. Discutieron y mi padre sacó el machete. El otro supo que iba en serio y desistió. Se arrugó. Pero mi padre tenía claro que no podía seguir allí, así que después de un año de trabajos a destajo tuvo que abandonarlo todo y salir como había llegado: con un saco en el que cabían sus enseres. Y allí íbamos en la canoa que se balanceaba sobre unas aguas tranquilas y extrañas. No sé cuánto tiempo estuvimos río arriba. Sólo recuerdo que llegamos a un lugar donde el río formaba un lago. Era inmenso y allí en un costado había una casa flotante en la que nos quedamos una noche. Yo estaba maravillada: no podía creer que hubiese una casa que no se hundía nunca, así creciera el río. Una casa sobre unos inmensos bidones vacíos que se mecía con la corriente y desde la que se podía ver los peces y las ramas de los árboles y las espumas pasajeras. ¡Una casa mágica!
En mis recuerdos de esa travesía por la selva y el río, padre era mi héroe. Entonces no tenía más de 28 años. Era alto, moreno y muy guapo. Tenía unos dientes preciosos y una sonrisa a juego. Pero además era fuerte, con un carácter indómito y sincero que le hacía adorable (o lo contrario). Un luchador persitente. Un alma libertaria con nobles ideales. Una suerte de judío errante cuyas ideas y compromiso modelaron el ánima de sus hijos e hijas, modelaron mi visión de la vida.


miércoles, octubre 14, 2009

Homenaje Tardío

Como muchas personas yo también vibré con sus canciones que hablaban de la vida, de la justicia, de la paz. Y de alguna manera crecí con ella deambulando por los territorios de la utopía, aquellos que presentían un mundo mejor para todos y todas. Y el tiempo pasó y nada cambió. Cambiamos nosotras/os. Y algunas de las personas con las que compartí su música se convirtieron en mujeres de, además de oficinistas, profesoras, des-empleadas, damas de la burguesía provinciana, mujeres estiradas… Y algunos se convirtieron en políticos corruptos, hacendados, filibusteros, barrigones, tránsfugas… Mientras unas y unos pocos se extraviaron en los territorios de las palabras y los sueños. Eternos perdedores que pese a todo no se arredran. Y el tiempo pasó y nada cambió, tampoco su música que continúa hablándonos al oído para decirnos que, pese a las oscuras noticias de los días, no todo está perdido.

lunes, marzo 02, 2009

Hope there´s someone de Anthony and the Johnsons

La primera vez que escuché Hope there´s someone, fue en la estupenda película "La historia secreta de las palabras” de la genial Isabel Coixet, directora catalana que me encanta y que sigo desde aquella "Cosas que nunca te dije", película a la que Manuel Delgado siempre aludía en sus clases de doctorado, por allá a finales del siglo pasado y comienzos de éste... A propósito: el próximo 17 de marzo ella, Isabel, estará en la Biblioteca Fuster de Barcelona a donde iré a verla. Luego volví a escuchar el mismo tema en un comercial de televisión bastante prosaico, que por fortuna no acabó con mi admiración por quien lo interpreta. Después buceando en Youtube encontré el vídeo que ahora comparto con vosotras/os. Aquí, pues, esta voz singular de Anthony and the Johnsons.


miércoles, diciembre 03, 2008

Seal

Descubrir a Seal ha sido estupendo. Sí, ya sé que lleva haciendo música desde principios de los noventa. Pero confieso que sólo hasta hace poco me fijé en él, en sus canciones. Y me gusta. Su voz tiene fortaleza y hondura y remite a lo mejor del Soul. Para la muestra este precioso tema - I've Been Loving You Too Long- que también he encontrado en Youtube. Así que para calentar el cuerpo y el espíritu nada mejor que escuchar a este hombre tatuado por la vida y la música. Seguro que a quienes me leen aquí y allá les gustará.

jueves, noviembre 06, 2008

Jazz, Blues y Gospel

Dice Bea, una simpática y aguda mujer argentina, que a partir de enero la Casa Blanca se llenará de Jazz, Blues y Gospel. Me encantó ese comentario porque de alguna manera refleja un cierto sentimiento de optimismo, presente en mucha gente, a raíz de lo sucedido en las elecciones de los Estados Unidos. Hay motivos para creer que un poco de cordura llegará a la tierra del norte, tan falta de ella, después de varios años de sinrazón. Sin embargo, como decía mi abuela, "amanecerá y veremos". Mientras eso ocurre, os invito a disfrutar What a Wonderful World de Louis Armstrong, que está en Youtube (allí donde encontramos casi todo). Un hermosísimo tema muy apropiado para el momento de cierta esperanza que se vive hoy.


miércoles, octubre 08, 2008

María

María

Una mujer moldea figuras de arcilla
Para no repetir la historia
de siempre,
servidumbre cotidiana de los vencidos.
Sus manos buscan hendiduras
promontorios
ángulos
matices.

Repasa la historia de las horas:
la abuela de ojos verdes
sentada en el marco de la puerta
con sus tres hombres
y su risa siempre inocente;
la madre de mirada triste
agotada por un destino circular

de agua y de lentejas;
la hermana de padre perdida
en los recovecos de la vida
(su hija la busca con un hombre mayor
y su coche de muchos ceros a la derecha,
jura no repetir su historia);
La bisabuela fue bella y contundente
y no tuvo libertad
(cuando tenía 13 años la casaron con un
hombre de cabeza blanca y cinco hijos
que la ataba a la cama para que no se
escapara)
y murió de olvido en un geriátrico;
la amiga de libros y tertulias
vivió su propia noche atosigada por un
amor patológico de golpes y besos
y palabras como cuchillos.
Y así se repite el ciclo:
calladas y mustias
entre la rutina y el deber
entre la invisibilidad y la
muerte.

Una mujer moldea figuras

de arcilla
para no repetir la historia de
siempre.

Barcelona, noviembre de 2007
..............
María se bebe las calles es una bellísima canción interpretada por Pasión Vega, que se puede ver en Youtube y que habla justo de todas esas mujeres que un día despiertan y se dan cuenta de que otra vida es posible.


lunes, septiembre 29, 2008

Nostalgias

Un tango como la vida misma con sabor a Andrés Calamaro y que a mi me encanta. Sentimiento, emoción, pasión, saudade todo junto en una canción que llega siempre a lo más profundo. Una preciosa versión que está en Youtube y que ahora comparto con vosotras/os. También os presento la versión original con la música de Juan Carlos Cobián y letra de Enríque Cadícamo, que podréis escuchar en:

http://dev.todotango.com/spanish/las_obras/letra.aspx?idletra=30

Y esta es la letra completa:

Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas...
Si su amor fue "flor de un día"
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.
Nostalgiasde escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto... pronto le hablará de amor...

¡ Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir...
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.
Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental...
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas...
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez...
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar"
por los fracasos del amor"...

miércoles, septiembre 12, 2007

Miércoles de Tango


Nostalgias de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración
angustia de sentirme abandonado y pensar que otro a su lado
pronto, pronto le hablará de amor.
Hermano yo no quiero rebajarme, ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir
desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud...
(Fragmento de Nostalgias, interpretada por Carlos Gardel)


Mientras escribo una ponencia para presentar en unas jornadas de antropología que se llevarán a cabo en Bilbao, las notas de ese hermoso tango se cuelan en las palabras y no puedo continuar. ¿Cómo hacerlo con la voz de Gardel penetrando el alma sin más? ¿Cómo obviar la nostalgia que a veces embarga de manera tan rotunda que casi no deja respirar?

El tango me recuerda a mi padre y su radio rojo las madrugadas de los domingos. Entonces era una niña que corría por el campo y subía a los árboles. Y la casa se llenaba con las notas que hablaban del arrabal, del mundo "fue y será una porquería", de las madreselvas en flor, de volver con la frente marchita.

En mi primera juventud me molestaba esa música mañanera después de una noche de rumba y discoteca. Entonces pensaba que Padre siempre ponía tangos para fastidiar (ya me gustaban algunos pero me apasioné por el bolero).

Ahora, después de partidas y encuentros, el tango ha vuelto con toda su fuerza y se constituye en parte fundamental de mi vida. Es un espacio más allá del recuerdo, el olvido, la distancia, el desamor: es el espacio del ser. Y ahora entiendo a Padre y coincido con él en la distancia y lo siento cerca cuando escucho algo como esto:

Yo adivino el parpadeo de las luces
que a lo lejos van marcando mi retorno
son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor
y aunque no quise el regreso siempre se vuelve al primer amor...

Volver con la frente marchita
las nieves del tiempo platearon mi sien
sentir que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada errante en la sombra
te busca y te nombra...
(Fragmento de Volver interpretado por Carlos Gardel)

El tiempo que pasa con crueldad, la partida que nos aleja pero que siempre promete el regreso, los amores difíciles que como una espina sangrante se quedan en el corazón, la nostalgia profunda que embarga el alma y que parece aprisionarnos sin remedio, la vida palpitando en cada gesto, cada palabra, cada acción; y la pasión nítida, plena, lascerante que nos lleva por senderos dísimiles a veces dando tumbos con heridas hasta el fin, y a veces ebrios de momentos brillantes en los cuales la armonía es posible... Eso es el tango y mucho más, como un vino rojo este miércoles de septiembre. ¡Va por tí, Padre!
Foto: Alirio, mi viejo.

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...