sábado, junio 20, 2009

El olor de la Nostalgia

Me recordaba hace algunos días una persona de Madrid, escritor y pintor por más señas y a quien agradezco que siga este blog-, los caminos sorprendentes de la nostalgia. Aparece en cualquier momento y con distintos rostros. Pero no hablo de aquel sentimiento que casi siempre remite al pasado para alongar un tiempo que creemos mejor en un intento por recuperar una parte de la existencia; o a la añoranza de lo que se ha dejado atrás ni a la soledad ni a la tristeza simple y llana, si no a un estado del ser que no se conforma con la simple evocación de un momento de armonía o de lejanía, de felicidad o pérdida.
Me refiero a esa vivencia anímica que es a la vez evocación y recreación. Destello de un instante y realidad que configura cada una de nuestras acciones. Sentimiento profundo y abarcador que irremediablemente nos inscribe, nos contamina, no como un malestar destructivo si no como sustancia que nos conforma en una multiplicidad de sentidos. Es saudade. Palabra bella y ambigua, fundamental en la cultura portuguesa y brasileña, que refleja como ninguna otra no esa mera sensación de melancolía sino un estado del ánima, una emoción, un matiz en la mirada, un modo de ver la vida, una manera de ser. Es un paisaje del alma, como diría Pessoa alguna vez y eso es justo lo que encontramos en muchos de sus versos.

O que me dói não é

O que me dói não é
O que há no coração
Mas essas coisas lindas
Que nunca existirão...

São as formas sem forma
Que passam sem que a dor
As possa conhecer
Ou as sonhar o amor.

São como se a tristeza
Fosse árvore e, uma a uma,
Caíssem suas folhas
Entre o vestígio e a bruma.

(Fernando Pessoa , 1988 – 1935)

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