viernes, junio 12, 2009

Mujer e inmigración

Estuve un par de días en Madrid participando en una jornada sobre inmigración femenina colombiana y remesas. Un tema muy interesante que está siendo explorado por la Corporación Sisma Mujer, una organización no gubernamental de carácter feminista cuyo objetivo fundamental es la defensa de los derechos humanos de las mujeres. En el marco de dicho encuentro no sólo tuve la oportunidad de reencontrarme con unas mujeres estupendas con las que ya había hablado en otra actividad similar hace un año, sino también de conocer a otras cuyo trabajo va más allá de las fronteras individuales para vertebrarse en opciones alternativas para una colectividad que vive en situación de vulneabilidad e indefensión. La mayoría de ellas han emigrado a España por diversos motivos desde económicos hasta de seguridad y aquí se han encontrado con una realidad muy difícil de precariedad y de perdida también de sus derechos fundamentales.
Las implicaciones de la partida, cualquiera sea su causa, connota rupturas de diversa índole, en especial para las mujeres que no sólo deben dejar su hogar, su casa, su mundo conocido sino, muchas veces, a sus hijos e hijas al cuidado de familiares o de amigas. Y una vez realizan su proyecto migratorio comienza una nueva etapa signada por las carencias afectivas, laborales, económicas que sugieren situaciones de indefensión y vulnerabilidad. Las mujeres extranjeras, muchas veces con una carrera universitaria, se ven abocadas a realizar trabajos mal remunerados y estigmatizados socialmente y en los que casi siempre padecen abusos de distinta índole. Se convierten así en personas que sufren discriminación múltiple: por ser mujeres, inmigrantes del sur, pobres; negras, mulatas, cobrizas, etc. Parias entre las parias.
Allí en esa jornada pude escuchar voces que me tocaron profundamente y que hablaron sobre esa realidad otra que difícilmente se puede leer en los periódicos. La vulneración de los derechos fundamentales de un gran colectivo de féminas venidas de los confines de la necesidad, de la sinrazón. Mujeres fragmentadas, heridas, indefensas, que pese a todo luchan por reconfigurarse como seres humanos; luchan por no perder la dignidad, los sueños, la sonrisa. Mujeres invisibles que sólo existen cuando ocurre una emergencia, alguna situación azarosa que demuestre una vez más su papel secundario en la sociedad. Mujeres esclavas en un régimen patriarcal que las confina en el rincón oscuro de la marginalidad, de la desigualdad crónica, de la opresión. Mujeres sin voz sin ojos sin pensamientos.
No puedo dejar de sentir rabia e impotencia pero también una brizna de esperanza cuando recuerdo aquellas voces altivas de las mujeres que, pese a todo, persisten, luchan, aman, se reconstruyen poco a poco.
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