jueves, junio 18, 2009

Prohibición

Madrid. 20:30 de la tarde. Una calle cualquiera cerca de la Gran Vía. Calor sofocante en las aceras. Bares abarrotados con gente de aquí y de allá. Cervezas, claras, sangría. Bullicio. Conversaciones. Risas. Miradas. Y un cartel: Prohibido tocar y cantar por causas ajenas.

Recordé entonces otras tantas pintadas en muros distintos. Antes era presumida pero ya lo superé: ahora soy perfecta (desde que la observé en una pared de la Universidad del Valle se convirtió en una especie de lema personal). Pienso, luego me desaparecen, escribían mis amigos que creían en la Revolución. Vandalismo solidario, leí en algún muro del parc de Les Planes (L’Hospitalet de Llobregat – Barcelona) cuando realizaba un trabajo de campo. 10 años sin Pedro asesinado por un policía, leí en alguna parte de la misma ciudad. Barbie es anoréxica. Kometelo 2008!!!. Te amo Banesa (sic)… Y otras muchas escrituras urbanas que ahora se me escapan.

Prohibido tocar y cantar por causas ajenas.
¿Qué son las causas ajenas? ¿Y las propias? Confieso que no me quedó muy claro el motivo de la prohibición. ¿A tocar por las penas, alegrías, miedos, desvelos de otras/os? A cantar por causas ajenas ¿a quién? ¿a qué? En fin. Mis compañeras de mesa tampoco lo tenían claro, así que saqué la cámara e hice una foto del cartel escrito en un inmaculado papel blanco con letras rojas y azules. Una pareja que estaba sentada a mi costado, hizo lo mismo.
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