lunes, febrero 28, 2011

Belleza elemental

La planta apareció a principios de octubre en aquella maceta yerma en la que había intentado plantar lechugas y tomates ecológicos. Ya sabéis por aquello de “ten un huerto en tu balcón”.  Debo confesar que después de un tiempo de intentar cultivar algo verde allí perdí toda esperanza pues las plantas se morían al poco tiempo de sembrarlas y las semillas se negaban a germinar. “Esa tierra es mala, debes cambiarla” me dijo mi amiga Isabel. No le hice caso. Así que la maceta  permaneció en el balcón durante más de un año abandonada a su suerte con la única compañía de un juguete de mi hija.
Pero todo cambió en octubre pasado a nuestro regreso del otro lado del Atlántico.  ¡Hay dos plantitas en la maceta, mama! gritó Luna.  Y sí: allí habían dos briznas verdes muy pequeñas que lentamente fueron creciendo hasta convertirse en un tomatera (que está a punto de morir pues nació en una época equivocada) y en una planta cuyo nombre no sé. ¡Me parece que es un yerbajo! Me dijo Javi mi compañero de documental.   
¡No sé cómo aparecieron allí!
Y el yerbajo ayer nos hizo un regalo: una pequeña flor amarilla que esta mañana me reconcilió un poco con la vida después de una noche de insomnio y desasosiego.  Y aquí están las imágenes de ese prodigio sencillo, modesto, elemental…   la luz de un yerbajo que quizá se vino conmigo alguno de esos fines de semana en que voy a caminar por la sierra de Collserola… Lo demás lo hizo mi mirada desvelada, insomne, pero siempre atenta a esas  cosas nimias que hacen parte de la vida.  (Ah y no creáis que utilicé una sofisticada cámara para hacer esas imágenes)








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