lunes, enero 25, 2010

Erlantz Gamboa: Ganador del premio L'H Confiencial 2010

EL ESCRITOR VASCO ERLANTZ GAMBOA, RESIDENTE EN MÉXICO, GANA EL PREMIO L’H CONFIDENCIAL 2010 CON CAMINOS CRUZADOS

El premio se entregará el 20 de marzo en la Biblioteca La Bòbila

El escritor vasco Erlantz Gamboa ha sido el ganador de la cuarta edición del Premio L’H Confidencial, Premio Internacional de Novela Negra, con la obra Caminos cruzados. El premio, promovido por la Biblioteca La Bòbila y convocado por el Ayuntamiento de L’Hospitalet y Roca Editorial, ha recaído en una obra ambientada en el México rural, donde el autor reside desde hace treinta años.

La novela narra la historia de dos grupos de detectives que investigan, cada uno, unos asesinatos en serie. Sin quererlo, las investigaciones se cruzan y los unos intervienen en el caso de los otros. Este cruce se produce también en la relación más personal.

El Jurado está presidido por el teniente de alcalde del Área de Educación y Cultura del Ayuntamiento de L’Hospitalet, Mario Sanz, y está formado por la editora Blanca Rosa Roca; Jordi Canal, director de la Biblioteca La Bòbila; y dos lectores apasionados por la novela negra, Emma Infante, del Club de Lectura de Novela Negra, y Paco Camarasa, director de la librería Negra y Criminal de Barcelona.

El jurado destaca el buen ritmo narrativo y la buena dosificación de ingredientes de la historia, que convierten Caminos cruzados en una novela ágil y con unos hilos argumentales bien trabados, que aseguran el interés de la historia hasta la última página. El premio se entregará en un acto público en la Biblioteca La Bòbila el próximo 20 de marzo, en el que se hará también la presentación de la obra publicada.

Nacido en Basauri (Vizcaya) el 1946, Erlantz Gamboa abandonó los estudios de economía en la Universidad de Bilbao para dedicarse al desarrollo de sistemas informáticos. En 1980 se instaló en México para trabajar en la proyección por ordenador de varias fábricas en el complejo petrolero de Coatzacalcos. Vive en Puebla, escribe desde 1985 y ha publicado cuentos y relatos en revistas y recopilaciones. Caminos cruzados será su primera novela publicada.

En anteriores ediciones, los galardonados con el Premio L’H Confidencial fueron el mexicano Joaquín Guerrero-Casasola, el argentino Raúl Argemí y el asturiano Julián Ibáñez.

sábado, enero 23, 2010

Octavio Escobar Giraldo en la Bòbila

El escritor colombiano Octavio Escobar Giraldo, autor de la novela Saide (Periférica) con la que ganó el Premio Crónica Negra Colombiana y que fue aclamada por la crítica española, visita el próximo lunes 25 de enero la Biblioteca la Bòbila de L’Hospitalet para tener un encuentro con los lectores. La Bòbila es una biblioteca que cuenta con un importante fondo de novela negra y que realiza periódicamente actividades relacionadas con el género.

Octavio Escobar Giraldo nació en Manizales, Colombia, en 1962 y actualmente es profesor de Literatura en la Universidad de Caldas. Se dio a conocer en España en 2007 con Saide publicada por Editorial Periférica, que recuperaba una novela de 1995 enmarcada en la cotidianeidad de la Colombia de violencia y narcos de los años noventa, y en las próximas semanas presentará una nueva novela en España, publicada por Periférica

Escobar Giraldo, el más versátil de los autores colombianos de la nueva generación ha publicado además El último diario de Tony Flowers (1995), El álbum de Mónica Pont (ganadora de la VIII Bienal Nacional de Novela José Eustasio Rivera) y 1851. Folletín de Cabo Roto (2007), y libros de cuentos como De música ligera (1998), con el que ganó el Premio Nacional del Ministerio de Cultura, y Hotel en Shangri-Lá (2002).

Ver una entrevista a Octavio Escobar Giraldo:


Lugar:
Biblioteca La Bòbila de L'Hospitalet de LLobregat
Día y hora: 25 de enero a las 18:00 horas

miércoles, enero 20, 2010

Un cuento imprescindible: La cenicienta que no quería comer perdices

Hace pocó cayó en mis manos un texto precioso que replantea la visión de todos aquellos cuentos en los que se refuerza la imagen de la mujer, de todas las mujeres, como personas pasivas, sumisas, en espera siempre del principe azul y del final aquel de "fueron felices y comieron perdices". El cuento al que me refiero los desmonta a todos y habla de mujeres de carne y hueso que dicen basta y andan descalzas y asumen sus propias alegrías y fracasos. Habla de mujeres de tallas reales y pelos de más y bocas sin pintar y ojeras y vientres sin moldear.
Es un texto que destila ironía, humor y compromiso, imprescindible para nosotras, para nuestros hijos e hijas, para ellos, para todas las personas conscientes de que la igualdad se teje en las luchas cotidianas, en esos pequeños triunfos que nos devuelven la confianza en nosotras mismas, en nuestras posibilidades. El texto al que me refiero se llama La cenicienta que no quería comer perdices, escrito por Nunila López y bellamente ilustrado por Myriam Cameros se puede leer y bajar en la siguiente página
:
http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/lacenicientaquenoqueriacomerperdices.pdf
Ahora también es posible conseguirlo en formato tradicional, publicado por el grupo Planeta y prologado por Maruja Torres.

viernes, enero 15, 2010

Los profundos surcos en la poesía de Luis Ernesto Luna

Leo en los diarios digitales del Huila, mi lejana región de procedencia, que acaba de morir una de las voces poéticas más importantes del Huila. Se trata de Luis Ernesto Luna, un hombre de versos profundos y claros como los amaneceres junto al río o la visión de las montañas azules en las tardes de canícula. Como un homenaje a su trasegar por la vida y la palabra reproduzco a continuación un texto que hace parte de ensayo "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", en Huila: cien años no es nada II. Luis Ernesto Lasso (Editor), Universidad Surcolombiana, Neiva, diciembre de 2009.
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Los profundos surcos en la poesía de Luis Ernesto Luna
PhD. Martha Cecilia Cedeño Pérez

Vamos
dame el volante, sus juegos de sorpresa
que todos los caminos conducen a la muerte.
Dame el viento: el vacío del pájaro
que escapa de las manos:
dame sus alas enloquecidas, la aventura
Inviolada.
Dame los horizontes de la errancia,
los itinerarios sin destino.
Vamos
Dame el comando de la nada.
Mi corazón irremediable viaja en un accidente.

El poeta Luis Ernesto Luna es una de las voces líricas más importantes del Huila como lo han afirmado algunos de los conocedores de su obra, entre ellos Moreno (1995) y Lasso (1997). Sin embargo es todavía un escritor casi inédito pues su primer y único libro Memorias del silencio sólo se editó en 1988, aunque él lleva toda una vida escribiendo. Hizo parte del grupo Los Papelípolas, movimiento literario que surgió en Neiva en la década de los 60’, al que también perteneció Julián Polanía Pérez. Algunos lo describen como un poeta triste, nostálgico, con mucho sabor terrígeno. Y otros, como Sierra Basto, hablan de su universo poético como “su luz interior, que él sabe extrovertir musicalmente en sus poemas en que promedia el infantil gozo del conocimiento y del mundo” .
Pese a lo anterior no se conocen estudios rigurosos sobre la obra de Luna -bueno tampoco los hay de Polanía, ni de Castaño, por ejemplo. Así que sus versos están a la espera de ser abordados con la seriedad y el reconocimiento necesario pues son de una calidad extraordinaria. En ellos se aprecia un cuidadoso trabajo con la palabra que sirve de vehículo de expresión de la emoción poética, entendida como “una conmoción que afecta el ánimo en su totalidad, tanto en la vertiente intelectual como en la sentimental” . Y eso es lo que logra el poeta Luna: advertirnos que la función esencial del poema es justamente transmitirnos una percepción insólita de las cosas, de los objetos, del mundo. No es que sea un poeta triste como algunos estudiosos suelen considerarlo, es que la palabra poética no es otra cosa que música dolorida; música que por estar traspasada por la experiencia humana del dolor –del dolor de sentir, del dolor de pensar- funde una vez más poesía y pensamiento: y cuando yo desperté en mis vecindades, era/también un poco de molicie, un iris en apóstrofe/ -narciso primordial, imaginario navegante- /el mar acostado se glisaba de luz en soledad/ y de naufragio. Se bullía todo el abismo de la/ vida .
En Memoria del silencio el poeta transita por los rincones de lo cercano: el pueblo con su blanco campanario, la abuela como lejanía que llega de la tarde, abril de lomas y caminos, el recuerdo y sus frágiles marcos; la conciencia absoluta del paso del tiempo; la palabra y el amor; pero también allí encontramos las voces cotidianas de la tierra con sus samanes y almendros, con los senderos que conducen a esos territorios lejanos con aroma de infancia, de amores a medio camino, de la vida sencilla que se despliega sin aspavientos. Andar como la sombra la distancia/ que narra los caminos/ buscar el arrebol en la palmera,/la paloma en el guáimaro,/ y en un tropel/el viento/que llega retrasado/ en los cascos del soneto.
En los versos de “Mi voz” el poeta se desdobla; es ese otro cuyo tiempo se agota indefectiblemente. Esa manera límpida y profunda de abordar su propia condición de pasajero vital se acerca a un poema de Jaime Gil de Biedma, en el que refleja su honestidad personal, su manera dura y descarnada de apreciar su propia existencia que sucumbe al paso inclemente del tiempo que por enésima vez le muestra su pobre condición humana . El poeta es el otro que también nombra pero que no puede escapar a los designios del reloj ni a la miseria de la vida cotidiana con su circularidad aplastante que va más allá de la sonrisa del perro, que no es otra cosa que el desvelamiento sincero de su condición de otredad. Y como otro el poeta puede señalar y señalarse. Aquel que percibe cómo envejece el espejo pero que, a la vez, puede hablar con los demás de igual a igual, aunque en su palabra habite esa cierta melancolía de quien está de vuelta de todo. Una melancolía contenida y lúcida que no es otra cosa que el reflejo del saberse solo pero no por ello menos humano.


Mi voz

Mi voz sonará triste en todas
las palabras
puede ser al nombrarla
o al decir que la quiero,
comentar que la lluvia
ha doblado el cerezo,
que no tengo tabaco,
que hace tiempo hice versos.
¡Que envejece el espejo!

Preguntar por un libro,
un camino, un pueblo.
Saludar a la gente,
que me mira al pasar en la tarde,
hablar solo en la calle.
¡Qué diablos!
Hablar mal del gobierno,
pregonar mi anarquismo
y al volver a la casa,
llamar a mi perro.

Mi voz sonará triste
cansada de palabras.
inútil en mi nombre,
llena de luz amarga.
Puede ser, por ejemplo:
al gritar mis locuras
o al pedir que repitan el alcohol
y la “Danza del Fuego”.

Una noche, tal vez,
al llamar a mi puerta
me responda yo mismo:
¿Quién es?
-Yo, soy yo, Luis Ernesto
¿Quién habita mi nombre?
¿Quién se dobla en mi voz?

¿Seré acaso el fantasma
de mi propio castillo?
Alguna ánima en pena
de un poeta maldito
que responde en el eco
de mi vida anterior?

En “Ananké” , una de sus creaciones más recientes, se aprecia cierta ruptura con sus versos anteriores no sólo a través de un lenguaje pleno de neologismos sino también en la forma de abordar temáticas inherentes a la condición humana en la tradición occidental. El poeta transita por senderos plenamente universales y contemporáneos. En ellos se desvela una notable madurez creativa en la creación de un mundo poético propio, en el que se ha alcanzado altos niveles expresivos mediante un denodado trabajo con la palabra. Palabra que el poeta ha moldeado con esfuerzo para que signifique, para que cumpla su función esencial: nombrar, en-cantar, recrear. Desde esa perspectiva, podríamos decir que un poeta auténtico, es aquel que “lucha con su lengua, con su pobre y miserable lengua, para forzarla a recrear esa visión mágica y milagrosa del mundo que es la única capaz de producir el encantamiento” . Lo anterior quiere decir , entre otras cosas, que la poesía no usa el lenguaje de la claridad como en la vida cotidiana sino que acepta y requiere la oscuridad, esto es, un cierto encriptamiento que se asocia al hecho de que las palabras en el poema son intensas, vibran e irradian su propia significación. Y comprender un poema es hacerse eco de esa vibración, entrar en consonancia con él . Y, por otra parte, la poesía también es una región intermedia donde todo está permitido y en la que se mezcla ensoñación y realidad para iniciar un viaje hacia la profundidad inestable de los sentidos, tal como lo hace el poeta Luna. Y volví de los despojos de un recuerdo./ Dejé mis cavernas y salí a los bosques y los ríos;/ me maravillé ante los astros y los gorjeos…/ di morbidez al ritmo y me embriagué; articulé lo sutil/con la turbación evocadora de los oráculos/ -¡fingido adivinante ultraterrestre!-/ y hallé el muérdago y cultivé el sésamo;/ vestí con indumento lunar a las druidesas;/ encendí en los mitos un siempre devenir cósmico; /toqué el carrizo de los faunos/ y dancé con las Hadas…!

jueves, enero 14, 2010

En defensa de Mrs. Robinson

Vaya escándalo el que se ha formado alrededor de la señora Robinson y su marido el 'Premier' de Ulster. En todos los periódicos españoles de esta semana se ha retomado la noticia haciendo énfasis en el carácter político sexual del acontecimiento. La forma como se presenta la información en todos ellos es ésta: el Primer Ministro de Irlanda del Norte tuvo que abandonar su cargo de manera temporal, antes de dimitir cornudo y bajo sospecha, a raíz de los devaneos amorosos de su esposa, una diputada norirlandesa de 60 años, que utilizó sus influencias para conseguir favores de empresarios con el fin de montar un café para su amante, un hombre cuarenta años más joven que ella.
¡Es terrible esta señora Robinson! Es una casquivana que arruinó por completo la brillante carrera de su marido, sólo por querer pasárselo bien con un jovencito al que además intentó ayudar. Eso no se permite a una mujer. ¿Lo sabía usted? Su pobre esposo ha tenido que dejarlo todo por su culpa, si, por bajos sus instintos, señora.
Es así como se nos presenta la información sobre el caso Robinson. En la mayoría de artículos publicados al respecto no se condena tanto el hecho de que Iris Robinson haya sido corrupta al utilizar su posición política para conseguir favores (cosa de hombres, por supuesto) sino el que haya sido infiel con un muchachito de veinte años como si fuese la primera vez que ocurre esta práctica dentro de los altos círculos de poder (otra cosa de hombres, por supuesto). Ahora mismo recuerdo un caso típico. Si. Presidente estadounidense que tiene un affaire con su becaria dentro del miamo despacho oval. ¿Ocurrió algo con este señor dentro de esa pacata sociedad norteamericana?
Vamos a ver. Es indudable que cualquier conducta que derive en situaciones que atenten contra unos principios éticos, contra unas formas de proceder transparentes dentro de los marcos sociales, no debe permitirse. Esto está claro. La protagonista de esta historia incurrió en una grave falta ética (cuestión que por demás ocurre cotidianamente en todas las esfera de poder; en España son famosos algunos casos). No tengo ninguna objeción al respecto. Pero hay algo que no me cuadra en todo esto y es la manera como se presenta la información utilizando adjetivos y giros verbales que ponen el acento en un hecho de la esfera personal, condenándolo de antemano, lanzando piedras encendidas contra el tejado de esta mujer.
La señora Robinson, además de hablar mucho (sus declaraciones puritanas no las comparto en absoluto), transgredió las normas mínimas del decoro que se supone debe tener una mujer. A ella no se le reprocha tanto su proceder corrupto como su conducta infiel con una persona mucho más joven que ella. Ahí reposa la transgresión mayor. Esta es la clave del asunto. Aunque no lo reconozcamos aún pesan los estereotipos de género que ponen en la hoguera a todas las mujeres que por una u otra razón nos salimos de los cauces de un “deber ser” tejido con hierro desde tiempos inmemoriales. Ojalá hubiesen más señoras Robinson públicas. A mí me parece estupendo que una señora de cincuenta, sesenta o los años que sea, haga lo que se le venga en gana. Me encanta que se transgredan todas esas ridículas normas sociales que condenan a las mujeres al papel de observadoras pasivas de la vida que transcurre.
Dicen los diarios que ahora Mrs. Robinson está ingresada en una clínica psiquiátrica y si leemos entre líneas nos damos cuenta que lo que se está diciendo allí es “se lo merece”. Mientras su marido, el cornudo, la única víctima de todo este asunto, tuvo que renunciar a su importante cargo. Pobre. Pobre. Pobre.
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Y en consonancia con este asunto, aquí va una deliciosa escena de la película The Graduate (1967) con Anne Bancroft y un jovencísimo Dustin Hoffman

lunes, enero 11, 2010

Orinzon Perdomo o la vuelta a los motivos esenciales

Este texto hace parte del ensayo "Cinco voces masculinas en la poesía huilense del siglo XX", en Luis Ernesto Lasso (editor), Huila: cien años no es nada II. Universidad surcolombiana, Neiva, diciembre de 2009.
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Orinzon Perdomo o la vuelta a los motivos esenciales
Por: PhD.Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

XXIV

Un mar de sorgo
Despuntando el día
Y lejos del platanal
En su soliloquio
Hecho racimo
Y más allá
La ceiba plantada
En la soledad ribereña
Mirando el gran río.

Un mar de sorgo
Cuajado en el rocío tempranero
Por donde mi madre camina
Y yo troto
En las montañas de abril, de junio
Respirando con plenitud
El mañana insaciable del trópico.

Un mar de sorgo
Que conversa
Quedadamente
Con el lento respirar de mi madre
Como quien le dice al sol:
“hace falta tiempo
Para enterrar la vida
Y olvidar
El fino olor
Del recuerdo
Los nuestros
Lo que nosotros somos
En abril o en junio”.

Un lento respirar
De sólo soledad
Y mar sorgo.


Siguiendo a Poe, se podría decir que cuanto más condensada se presente la expresión, mayor rotundidad podrá alcanzar, más lapidaria será y ese es el caso de algunos de los versos de Orinzon Perdomo. Desde Arquitectura de la esperanza (1979-1986) podemos percibir ese modo de trabajar el lenguaje para eliminar los ripios, las arandelas que a veces no aportan más que divagaciones o retóricas y que se patentiza con mayor vigor en sus últimas obras Aquellas pequeñas cosas (2001) y Canciones y disonancias (2006-2008). Se observa en la mayoría de su poesía ese ajustamiento hacia los motivos esenciales que pueden ir del difícil sueño de la esperanza, la muerte, la soledad, al aleteo de las cosas vulgares, al des-bordamiento de los objetos que nos rodean y que casi siempre permanecen ocultos bajo el velo de la obviedad. Y así a través de sus textos va conjurando la inercia de la palabra, la latente circularidad de los días, para edificar su propio universo poético con otros títulos como Sueños de Agua, 1987-1990; De la Soledad, esa otra muerte (1991); Presencia del Instante y la Memoria (2000).
Sobre la poesía de Orinzon existen algunos análisis interesantes que contribuyen al desvelamiento de su mundo poético. Sobre Arquitectura de la esperanza, por ejemplo, Luis Ernesto Lasso afirma que es un intento por construir, desde una mirada otra, aquella estructura que permita vislumbrar salidas, otear horizontes “sin prisa, rumiando la infamia” para superar “las tardes grises, los sótanos que llevan sueños por entre alcantarillas, anhelando la recuperación de la vida desde el escombro” ; para crucificar la infamia liberando para siempre/ las palabras/al alba. En este poemario están presentes algunos de los motivos que el autor desarrollará en obras posteriores: la realidad que se agujerea constantemente por la presencia omnisciente de la muerte; muerte que también es la soledad, el desamor, la ausencia, la negación, la certeza absoluta de la desesperanza: nos vamos desgastando/como los lomos/ de los pasamanos/ de largas escaleras (…) sintiendo/ a deshoras/ la evidencia/ de la muerte; la mirada inédita a las cosas cotidianas, a los objetos, los cuerpos, los instantes que conforman la vida y la memoria y que están ahí, a la espera de ser nombrados, liberados del espacio de lo vulgar; y esta mirada alcanza su máximo esplendor en Aquellas pequeñas cosas, un magnífico canto depurado en el que la palabra es metáfora nítida cargada de profundos significados. En dicho poemario se vislumbra la mesura de lo cotidiano, el reconocimiento de esos detritus, esas minucias de las que está hecha la vida, como bien lo enunciara Benjamín. Objetos, imágenes, visiones que tienen significado por cuanto nos conforman y se convierten en estructuras a través de las cuales la existencia tiene sentido. Pero también allí queda latente, como lo dilucida Bachelard que “una imagen literaria es un sentido en estado naciente: la palabra – la vieja palabra- viene a recibir allí un significado nuevo. Pero esto no basta: la imagen literaria debe enriquecerse con un onirismo nuevo. Significar otra cosa y hacer soñar de otro modo” .

Las ventanas

Espejos del sol
Fuente de las nubes
Abejas transparentes
Y agua detenida.

Espejuelos de las casas
Para auscultar
La vecindad del día.

Hojas de los edificios,
Brazos que el mundo extiende
Con secreta opulencia.

Rama de la que se sirven
Los pájaros y los hombres
Para ver morir el tiempo.
(Aquellas pequeñas cosas, 20011)
En las obras de Orinzon se puede apreciar su tránsito por diversos espacios poéticos que van de la expresión un tanto intimista de sus primeros versos a esa suerte de renovación poética que se aprecia en Aquellas pequeñas cosas, hasta la prosa poética de Presencias del Instante y la Memoria, donde el “poema busca inscribirse en la tradición literaria mediante la utilización de amplios juegos intertextuales con poetas como Marguerite Yourcenar, Fernando Pessoa, Alejandra Pizarnik, León Felipe o Luis Cernuda, haciendo posible una lectura en abismo”. En su obra más reciente Canciones y disonancias, Orinzon afila su expresión en todos los sentidos: continúa con su manejo certero de un lenguaje depurado, altamente significativo y renueva los motivos esenciales sobre los que construye su mundo poético, en un intento por condensar en la palabra esa realidad contradictoria y hostil que señala soledades, derrotas, otredades y, al tiempo, las sinrazones de la violencia que pervierten los días y llena de incertidumbre la vida cotidiana.
Allí la mirada subjetiva se explaya sobre otras esquinas de la existencia para desglosar a través de una lucha encarnizada con la palabra, los artilugios perversos que se evidencian en su herido territorio, en esta nación de escombros, de sinrazón y oscuridad en la que la realidad es un presente continuo de miserias/ desplazamientos/ muertes/exilios (…) Y en donde el recuerdo Es un viento/Que empuja/Las viejas y raídas/Banderas de la corrupción/Como divisa/Como escudo/Como señal de patriotismo/Y democracia. En ese universo poético, se retoman aquellos motivos fundamentales que permanecen latentes en sus otros poemarios: la muerte, la soledad, el recuerdo (de hecho estas son las tres palabras que más se repiten en el texto: 18, 17 y 15, respectivamente); pero esta vez alcanzan una trascendencia superior: se salen de los marcos de lo subjetivo para adentrarse en territorios ontológicos más universales a través de una palabra bordada en lo esencial que la hace más profunda y lapidaria: La eternidad/suele ser/la más larga forma/del olvido.
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Barcelona, noviembre de 2009

jueves, enero 07, 2010

Reflexión post fiestas

Y se acabaron las fiestas. ¡Qué bien! Confieso que ya estaba un tanto harta de comidas, publicidad, luces, buenos deseos, árboles de navidad... y toda esa parafernalia que nos convierte en títeres de un sistema en el que la felicidad es equivalente al nivel de compra que puedas tener. En esas condiciones la armonía sólo se puede hallar en aquel perfume que te hace más mujer o más hombre, en el licor x que exalta los sentidos como ningún otro, en la joya que confirma tu clase y buen gusto... Es decir, en aquellos objetos que supuestamente aseguran tu presencia en el mundo. Por fortuna hay cosas esenciales que no se compran y que tienen que ver con algo tan sencillo como la amistad, la compañia, el compartir con la gente que quieres y para ello sólo se necesita una sonrisa, un abrazo, una palabra a tiempo. Se acabaron las fiestas y la vida continúa con sus más y sus menos, con sus giros y vaivenes, con todos sus temblores... ¡Bienvenida, cotidianidad elemental!
Foto: Resaca de reyes (Martha C. Cedeño P.)

lunes, enero 04, 2010

Chabuca busca a su padre

Mi amiga Chabuca busca a su padre. Ella es peruana y una de las personas más bellas que conozco. Desde hace muchos años vive en Barcelona, ciudad espléndida en que la conocí una tarde de otoño. Pese a los avatares de la vida mi amiga lucha constantemente por sus derechos, por sus ideales y no pierde su sonrisa franca de niña, ni sus deseos enormes de vivir de otra manera y de encontrar la belleza en las cosas cotidianas. Su historia es de novela como la de aquella extranjera que retrata Ángeles Caso en su relato Contra el viento que ganó el último premio planeta. Chabuca tiene todo el derecho a saber quién es su padre. Y ahora lo busca. Reproduzco el mensaje que ella me envió en el que están los datos fundamentales de su procedencia. Quien sepa alguna cosa, puede escribirme a lunera2107@gmail.com.
Gracias.
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Chabuca Castillo, como así la llamaban, era Piurana. Tuvo a su primera hija a los 28 años. Fue parto prematuro con amenaza de aborto durante todo el embarazo. Se supone que llegó a término, porque la madre, quería al padre y pensaría (esto es un supuesto), que así, lo tendría cerca siempre. Sin embargo, el cuento le salió rana, porque la hija, no se sabe a quién salió, sólo la llamaban la china o la chinita, como primera prole de toda una generación.
La madre, debió haber conocido al padre de su primera hija, sobre los años 1965/6 o 1967 (aproximadamente), siendo éste último el año en que naciera ésta. Él no sabe que existe.
Probablemente provinciano, estudiante universitario (este último dato sin confirmar), seductor, tipo bohemio, tocaba la guitarra, vivió, en la pensión que administraba Chabuca quién vivía con su hermano César (el flaco). Esta pensión, estaba ubicada en el distrito de los Barrios Altos o Santa Beatriz, en la Av. Alejandro Tirado, en la provincia de Lima.
Lo único que se sabe de él, es que estaba viviendo en Brasil, pero no es un dato fidedigno.
No se sabe si la hija de Chabuca, fue fruto de una aventura de un día o una relación que durase algún tiempo. Ningún miembro de la familia de la afectada ha dado dato alguno, excepto una tal, (llamada tía Chanita, ex monja), le confesó entre dientes en medio de una reunión familiar, que no era quién pensaba.
A la afectada, le cedió el apellido paterno, el señor Gómez Briceño, padre de los dos medios hermanos de la afectada.
En la vida de esta persona, el hecho de no tener padre en una sociedad machista y clasista, como lo era la clase limeña media de los años de finales de los ’60 del siglo pasado, dio derecho a muchos y muchas que vejarla, humillarla, maltratarla física y psicológicamente, incluso a que el llamado tío Arturo, la violase por años desde que ella tuvo 6 años hasta los 9, con consentimiento de su madre (mujer frustrada, neurótica, maltratadora, trabajadora pero rencorosa y chantajista). Quienes más cómplices fueron con la madre, para descargar su amargura, fueron, “la negra” llamada Marta, la “mano lisiada”, mujer de Lucho, su hermana, llamada Noemí.
Quienes podrían haberle dicho hija de quién era, están bajo una tumba, mientras el resto de la familia, bajo pacto de silencio (no se sabe del por qué), no revela nada.
Chabuca Castillo, fue una mujer guapa, coqueta, trabajadora, triunfadora, seductora con su sonrisa, pero que sin embargo, no supo ser madre, porque en toda su vida, desde que muriese madre, Abcisia Puccio, sólo fue esclava de su padre César Augusto Castillo Añasco y de su madrastra Liliana Alama, y por ende, de toda la prole, que el padre llegó a tener.
Quién conozca algún dato relevante, ponerse en contacto con el administrador de la web.
Gracias,
Chabuca