jueves, enero 07, 2010

Reflexión post fiestas

Y se acabaron las fiestas. ¡Qué bien! Confieso que ya estaba un tanto harta de comidas, publicidad, luces, buenos deseos, árboles de navidad... y toda esa parafernalia que nos convierte en títeres de un sistema en el que la felicidad es equivalente al nivel de compra que puedas tener. En esas condiciones la armonía sólo se puede hallar en aquel perfume que te hace más mujer o más hombre, en el licor x que exalta los sentidos como ningún otro, en la joya que confirma tu clase y buen gusto... Es decir, en aquellos objetos que supuestamente aseguran tu presencia en el mundo. Por fortuna hay cosas esenciales que no se compran y que tienen que ver con algo tan sencillo como la amistad, la compañia, el compartir con la gente que quieres y para ello sólo se necesita una sonrisa, un abrazo, una palabra a tiempo. Se acabaron las fiestas y la vida continúa con sus más y sus menos, con sus giros y vaivenes, con todos sus temblores... ¡Bienvenida, cotidianidad elemental!
Foto: Resaca de reyes (Martha C. Cedeño P.)
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