miércoles, abril 09, 2014

¿Espacio Público en Bogotá?

En el marco del XI Congreso Latinoamericano de humanidades, Inteculturalidad y Exclusión en la Época de la Globalización, organizado por la Vicerrectoría de Universidad Abierta y a Distancia -VUAD- de la Universidad Santo Tomás, presenté la ponencia "La calle y sus fronteras (in)visibles: aproximación a algunos espacios urbanos de Bogotá".  Comparto  en esta bitácora el resumen de dicho trabajo de investigación:



                                                                               Resumen

En teoría, los espacios públicos urbanos son comarcas abiertas en donde es posible disfrutar del derecho de acceso universal al estilo kantiano y más allá, territorios de franca democracia en los cuales se ejerce una ciudadanía sin cortapisas. En ellos, supuestamente,  todas las personas somos iguales y por lo tanto podemos trasegarlos, ocuparlos, recorrerlos, vivirlos como nos apetezca. Sin embargo no siempre es así. O al menos no en el caso colombiano. Si bien es cierto que en Europa existe una noción de espacio público muy ligada a esa primera acepción de lugar de tránsito, de recorridos, de encuentros, es decir, lugar de apertura en todos los sentidos y por ello mismo  diseñado y acondicionado para dichos fines, en el contexto nuestro la realidad es otra. Ello se refleja  por un lado en la  poca importancia que se da a la construcción y mantenimiento de comarcas públicas para el acceso y disfrute de la ciudadanía y en aspectos como la falta de adaptación de los espacios urbanos a la variedad poblacional, esto es, a la singularidad de quienes practican y usan la ciudad: calles con aceras estrechas o sin rampas que permitan el acceso de personas mayores o con dificultades de movilidad, falta de cebras en cruces estratégicos, baches o agujeros en los espacios destinados a los tránsitos peatonales, suciedad, ausencia de bancos, etc.  

Pero existen otros factores aún más preocupantes. Uno de ellos es que  los territorios urbanos abiertos de nuestras ciudades parecen diseñados para una clase media general -blanca, joven, sana, masculina-; y otro, es que el espacio público en nuestro contexto es un elemento en construcción, esto es, un objeto amorfo al cual la polis no le ha dado la importancia que se merece. Y sumado a lo anterior hay otro aspecto no menos importante que no sólo condiciona el disfrute de los espacios abiertos sino que constituye en sí mismo una barrera casi insuperable: la sensación de que el espacio público está signado –irremediablemente- por el miedo, por  la idea real o infundada del peligro y la inseguridad.

Este trabajo es una primera aproximación a ciertos espacios públicos urbanos de Bogotá en los que se observa verdaderos obstáculos para los tránsitos, los encuentros, las esperas, las derivas de los y las urbanitas. Allí se evidencia, por ejemplo, cómo las personas mayores, las mujeres con niños pequeños, los individuos con alguna discapacidad física se ven en verdaderos aprietos para cruzar una calle, para subir a una cera, para acceder de manera fluida al sistema de transporte público. Y allí también se pone de manifiesto como en el reino de los vehículos los/as transeúntes son seres frágiles en sus trayectorias y recorridos urbanos. En este sentido la ciudad se convierte en un espacio de exclusión cuyas fronteras –algunas invisibles- impiden el acceso y el disfrute de esas comarcas urbanas de aparente democracia e igualdad.

Fotos: Marthacé
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