lunes, mayo 12, 2008

La antropología y el gallo (Parte II)

El canto del gallo duró poco. A los cuatro días de haber colgado la nota anterior dejé de sentir esa voz de tenor aviar. Y experimenté un poco de tristeza porque de alguna manera me parecía extraordinario que en esta veciendad se pudiese escuchar ese eco del pasado. Eco, que según me contaban algunos vecinos inmigrantes andaluces y almeriences que vinieron en la década de los 60 y 70 a esta ciudad, era muy común entonces. Me decían que, tal como ocurre en Colombia y otros países latinoamericanos, los recién llegados cargaban con el perro y las gallinas y que muchos tenían hasta cerdos en sus patios. Llegaban con el campo a cuestas, con sus costumbres, con sus estilos de vida. Pero la ciudad se verticalizó y sus habitantes se hacinaron en edificaciones sin patios y sin árboles. Los niños dejaron de jugar en la calle y los coches ocuparon los espacios...
Fueron quizá 10 o 15 días. Un breve lapso en que el canto del gallo nos provocó una sonrisa de incredulidad y sorpresa y también de alegría. Era reconfortante tender la ropa en el balcón y escuchar esa preciosa voz animando el día. Pero de repente, así como había llegado, se esfumó. Dejamos de escucharlo y nos preguntamos por qué motivos se había silenciado. Nos planteamos varias hipótesis.
1. El gallo era un inmigrante y los vecinos nativos fastidiados con su canto llamaron a la Guardia Urbana para que lo encerrera. O mejor para que lo repatriara. Estaba perturbando la paz pública.
2. Era un regalo que unos payeses (campesinos) habían hecho a una familia y ésta ni corta ni perezosa lo había engordado para celebrar el día de la madre (aquí se hace el primer domingo de mayo).
3. Fue una simple alucinación auditiva que experimentamos en casa durante casi 15 días.
Sea como fuere. El pobre gallo no está aquí. Quizá ha vuelto a su patria. Como tantos seres que llevados por circunstancias vitales se encuentran dispersos por el mundo, emitiendo un canto que no es el suyo. Seres de aquí y allá cuya voz y figura no encajan en una sociedad que a veces se antoja demasiado cuadriculada, demasiado cerrada hacia otros cantos, otras presencias, otras percepciones...
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