domingo, marzo 29, 2026


Experiencias OVNI  (1)


He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas que me han pasado y que acompañaré con imágenes o vídeos, si es el caso. Lo haré antes de que olvide por completo los detalles o que pierda las hojas -o el móvil- en las que he anotado los aspectos más relevantes.


El puro del volcán


En octubre de 2018 participé en el VI Congreso de Ciencia y Arte del Paisaje: Entornos desde el Interior, celebrado en Guadalajara, México. En aquel entonces vivía en Bogotá, Colombia, y trabajaba como profesora titular en la Universidad Pedagógica Nacional y en la Universidad Antonio Nariño. El 20 de octubre llegué a Ciudad de México, donde pasé algunos días antes de viajar a Guadalajara.

El congreso fue, como siempre, extraordinario: ponencias brillantes, amistades que se afianzaban desde el encuentro anterior en Querétaro, buena comida y un antiguo convento que hizo de hotel y refugio. Una experiencia plena, en todos los sentidos.

La tarde del sábado 27 de octubre tomé el vuelo de regreso. Llegué muy temprano a Ciudad de México, pero mi vuelo a Bogotá no salía hasta la una de la madrugada. Durante la espera entablé conversación con un hombre que también viajaba a Bogotá, profesor de la Universidad de Caldas. Hablamos de muchas cosas y el tiempo se hizo más llevadero. Al abordar, descubrí que mi asiento estaba en primera clase —aún hoy no sé por qué, pues la universidad había comprado, como siempre, el billete más económico—. Cuando el profesor me vio instalada allí, comentó con una sonrisa: «Qué suerte tienes de que la universidad te pague primera clase». Yo respondí con otra sonrisa, mientras él se despedía diciendo que iba a buscar su asiento en «turista pobre».

El vuelo transcurrió con calma hasta que bordeamos Panamá —lo sé porque suelo mirar el mapa para orientarme—. Eran cerca de las cinco de la madrugada. La mujer sentada a mi lado, junto a la ventana, dormía profundamente desde el despegue; yo, en cambio, no había pegado ojo. De pronto, el avión comenzó a sacudirse con cierta violencia. Las turbulencias duraron poco y, al entrar en territorio colombiano, la calma regresó. Ya clareaba. Bajo nosotros se insinuaban el verde espeso de la selva y las crestas de las montañas. Me sorprendía que la mujer siguiera dormida, inmóvil, ajena a todo.

Como la fila de atrás estaba vacía —de hecho, en primera clase solo viajábamos nosotras y una pareja—, me cambié a un asiento junto a la ventana para ver el amanecer. Fue entonces cuando la vi: una montaña perfectamente cónica, blanca, imponente. No supe si era el Nevado del Tolima o el Santa Isabel. Estaba a mi izquierda, resplandeciente bajo los primeros rayos de sol.

Mientras la contemplaba, absorta, algo llamó mi atención. Una de las pocas nubes parecía desplazarse sobre el nevado. Era tubular y de un tono marrón. Al principio no me resultó extraña, pero enseguida advertí que avanzaba con una velocidad inusual, dejando atrás a otras nubes altas, perfectamente horizontal. Entonces lo supe: aquello no era una nube.

Me quedé mirándola, hipnotizada, con un nudo en la garganta. ¿Qué era eso? ¿Qué demonios era eso? Era enorme. Un puro gigantesco, oscuro, sucio. Tenía la misma forma de un objeto que mi padre había avistado en 1978. Sentí, al mismo tiempo, miedo y una extraña felicidad. Las manos me temblaban. No podía apartar la vista. Pensé en grabarlo, pero el móvil estaba en el bolso, en el compartimento delantero.

Cuando reaccioné, ya había desaparecido.

Regresé a mi asiento, saqué el teléfono y anoté en el bloc de notas todo lo que recordaba. Incluso hice un boceto apresurado. Pocos minutos después aterrizamos.

En la fila de inmigración volví a encontrarme con el profesor. Le conté lo sucedido, por si él también había visto algo. Su respuesta, entre risas, me dejó sin palabras: «Eso era un bollo de mierda del nevado».

En ese momento avancé hacia el control de pasaportes y no volví a dirigirle la palabra.

Es la primera vez que cuento esta experiencia. Hasta ahora, solo tres personas de mi familia la conocían.

Le pedí a la IA que hiciera una ilustración del objeto que vi esa madrugada de octubre, con base en la descripción aportada.  Copilot  hizo ésta que os presento a continuación. No es exactamente lo que observé pero sí una aproximación bastante acertada. Me parece necesario destacar que el objeto en todo momento mantuvo una configuración "sólida", es decir,  no mostró ningún tipo de disolución. Mientras que en esta ilustración su cola parece difuminarse.  





Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...