martes, diciembre 07, 2010

¿Dejaremos que acaben con Wikileaks, es decir con la libertad de información y de opinión?

Por Melquisedec Torres
Periodista

Nunca nadie en la historia universal había logrado, sin armas ni dinero ni revoluciones gritadas o silenciosas ni asesinando a alguien, poner a temblar a los estados y, sobre todo, al estado más poderoso del mundo y, de paso, al más poderoso de la historia. 

Un sujeto casi anónimo para el mundo en general, Julian Assange, simplemente movió un teclado, hizo algunos clics, otras tantas llamadas, ordenó ciertos documentos y, ¡cataplum!, el mundo diplomático, el de las fachadas, el de las sonrisas hipócritas, el del espionaje, el de las filtraciones, chuzadas, sobornos, sapos, informantes, documentos confidenciales y secretos y ultra secretos… todo eso empezó a temblar al unísono. Y lo peor, tiembla frente a todo el mundo, frente a los simples ciudadanos.

Y nunca en la historia tantos estados se habían puesto de acuerdo, o por lo menos actuado simultáneamente, para intentar detener a ese sujeto desarmado, no desalmado. La poderosa tienda virtual Amazon, que ¡ah paradoja! se ha lucrado al límite con Internet,  expulsó el sitio Wikileaks por presión de un senador republicano; el proveedor de dominios de internet EveryDNS.net eliminó la conexión entre el nombre WikiLeaks.org y los servidores de la página; en Francia, el Gobierno inició acciones para expulsar WikiLeaks de los servidores en los que se refugió tras la expulsión de AWS; PayPal también canceló la cuenta de WikiLeaks dificultando la donación de dinero al sitio de Assange. Y el propio Assange enfrenta acusaciones de abusos sexuales en Suecia. No sé si el señor Assange haya abusado sexualmente de alguien, pero eso nada tiene que ver con los documentos secretos. Y hasta la Biblioteca del Congreso de EE.UU., la más grande del mundo, prohibió ver los documentos.

Nada hay tan peligroso, y tan atractivo, que lo que se prohíbe. No tengo duda alguna de que el mundo será uno antes de Wikileaks y otro después.

Si lo que Assange y su gente han recopilado para ofrecerlo, gratis, al mundo, tiene tanta gravedad para los estados, debe ser que los estados se sienten amenazados o, peor, desnudos sus gobiernos con todas sus inmundicias colgando ante sus gobernados. Es clarísimo: los amenazados son los gobiernos, no los ciudadanos. Si algo caracteriza a los “servicios de inteligencia” estatales es su proclividad al delito, el actuar bajo cubierta, violar los derechos de los ciudadanos, arrastrarse donde nadie les vea y asestar puñaladas a mansalva. Así han actuado Carlomagno y Napoleón, y Hitler y Stalin y Roossevelt, y Chávez y Castro y Pinochet, y Clinton y Bush y Obama, y Castro y Uribe.

Y eso es lo que nos están revelando algunos de los 250.000 documentos obtenidos por Wikileaks.

Y lo que está en juego es el derecho, elemental y esencial, de los ciudadanos a saber lo que hacen los gobiernos de sus estados con su plata, la de los ciudadanos. Toda esa parafernalia diplomática, la de los “servicios de inteligencia”, de las infiltraciones, de los documentos, de los pagos a informantes y sapos, de viajes y de intrigas, todo eso se paga con plata de los ciudadanos. Ningún gobernante saca de su bolsillo para eso, ni para otras tantas cosas. Y buena parte, si no toda, de esa parafernalia, sólo sirve a los intereses de los gobiernos y los gobernantes, muy pocas veces al interés de los ciudadanos. Si ello sirviese a los ciudadanos no sería secreto.

Así que todos los ataques contra Assange y su gente y Wikileaks son ataques contra el derecho de los ciudadanos a saber, a informarse, a conocer qué carajos es lo que hacen sus “mandatarios” con el dinero de esos ciudadanos, especialmente a través de los llamados “gastos reservados”. Pero lo que olvidan los gobernantes es que internet es imparable y sinfín, que puede dar tantas vueltas quiera incluso alrededor de sí misma, que si cierras aquí allá puede abrirse ene mil veces, que el mundo está lleno de computadores dónde alojar cualquier información. Con Wikileaks se está viviendo una verdadera cadena mundial: los 250.000 y más documentos se han distribuido, y se distribuirán, tantas veces sea necesario. Y nada podrán hacer los asustados mandatarios. El mundo es otro, ahora sí realmente global.

domingo, diciembre 05, 2010

Selva adentro*

Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

El  departamento del Caquetá es un espacio poblado por gente de aquí y de allá que se vio en la necesidad de irrumpir en una zona inhóspita, plagada de ríos y de animales magníficos pero alejada de la mano de Dios. Ese proceso colonizador empezó, según algunos estudios, en la década de los años treinta justo cuando tiene lugar la guerra contra el Perú y se comienza la explotación del caucho que se constituyó en una importante fuente de riqueza pero también un mal terrible para las numerosas tribus que habitaban estas comarcas.

Pero es a comienzos de la década de los 60 cuando se desarrolla un fuerte proceso inmigratorio debido a las condiciones de precariedad y desesperanza en las que se encontraron miles de familias colombianas, producto de las circunstancias de violencia que asolaron al país a partir de la muerte de Gaitán en 1948. Y sobre todo, a las políticas estatales implantadas a partir de la Ley 135 de 1961, por la que se creó el Comité Nacional Agrario para, entre otras cosas, proveer de tierras a campesinos carentes de ellas, adecuar dichas tierras a la producción y dotarlas de servicios sociales básicos (Pulecio Franco, 2006). Desde esa perspectiva se creó el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA), impulsor de esas políticas de colonización, selva a dentro.

Y entre las cientos de familias desplazadas hacia esa manigua húmeda y poblada de mosquitos hambrientos, iba la de mi abuelo Miguel Ángel Cedeño. Él, junto a su mujer y sus hijos, partió en busca de esas nuevas tierras con la esperanza de hacer claros en la manigua para asegurar el futuro de su prole. Fueron años de intenso trabajo bajo condiciones infrahumanas, desbrozando montaña, aguantando estoicamente los embates de una naturaleza bravía y haciendo frente a la miseria, a la enfermedad y a la desesperanza que se sentaba junto a él todas las tardes en el corredor de la casa de su finca de Maguaré. El abuelo y mi padre como tantos otros hombres y mujeres saben de esfuerzo, de impotencias, de desesperanzas y soledad, porque la selva si acaso les deparó un trozo de tierra que más tarde, gracias al influjo de nuevas violencias tuvieron que vender al mejor postor o abandonar a su suerte o verlas decaer desde el horizonte de la pobreza. Y en muchos casos, esos hijos e hijas consumieron su juventud en trabajos agotadores sin poder acceder a la educación y por ello mismo sin otras perspectivas vitales que la de repetir la historia de precariedades de sus padres.

Sin embargo, gracias a esos colonos y colonas se erigió un departamento fuerte que planta cara a la adversidad, al abandono, a las vicisitudes. Por ello es hora de recuperar la memoria de estos hombres y mujeres que han hecho del Caquetá una tierra próspera. Su memoria no debe quedar selva adentro.

*Columna semanal publicada el domingo 27 de noviembre en el periódico El Líder, Caquetá, Colombia.
Foto:  Curillo, Caquetá. Tomada de la página http://www.skyscrapercity.com/

viernes, diciembre 03, 2010

Una pequeña crítica literaria

Mi hija Luna le envío una carta al escritor Marco Tulio Aguilera Garramuño a propósito de un libro de cuentos infantil inédito que éste quiso compartir con ella y  conmigo.
Debo decir que las dos leímos cada una de sus páginas con avidez y alegría, pues es un texto divertido, gracioso, escrito con maestría y con una mirada lúdica que conecta de inmediato con todo tipo de lector o lectora.
Además debo  comentar que a ella le gustó mucho que MT escribiese en el archivo que nos mandó "edición exclusiva para Luna, hija de mi amiga Martha Cecilia"
Y Marco Tulio acabá de publicar en su blog  la carta que mi hija le envío.  
La podéis ver aquí

lunes, noviembre 29, 2010

Tres Poemas de Josep Anton Soldevila

Tarde, ¿adónde llevas
mi vida?
¿Adónde tu luz, tus horas, tus caminos
lloran?
Déjame aquí, donde soy
una piedra.
Déjame aquí, donde soy
una luna en el agua.
Tarde, la oscuridad se lleva mi alma
en la mentirosa brisa
de la soledad. Viajo
sobre pequeñas luces, profundas,
minúsculas vidas
como lágrimas.
Déjame aquí, ¿adónde llevas
mi risa?
Soltarás la cuerda
y mi cometa volará perdida
en las corrientes.
Tarde, naciste hoy y no sabes
qué remolinos cerrarán el alba.
Déjame aquí, donde soy
una piedra.
Déjame aquí, donde soy
una luna en el agua.
(De La frontera de cristal, 1977)

...

Sóc un arbre
alçat en l'estepa. Refugi i arribada
d'ales que viatgen
vers l'horizó.

Dormen en mi el seu somni
trasbalsat.
Es guareixen les ferides
amb bàlsams
de cor
i filtres d'oblit.

Dia i nit els sento
passar.
(De Ùltim Refugi, 2002)

...

Entre onades de mar d'espigues,
naveguen dies de clavells
tristos.
Presoners de solapes i gerros,
proclamen
la frase glaçada dels ulls.

En lenta, imparable i dolça
corrupció de pètals,
es desfilen tènues columnes,
infinitèssims àtoms
d'aquest esperit que no conec.

Besats per passions eternes,
són tabac oblidat
en un cendrer
o entre els dits grocs
d'una ma anònima.

Fum blanc en uns llavis color
clavell trist.
(De El llibre dels adèus, 2007)

Josep Anton Soldevila (Barcelona, 1948). Entre sus publicaciones se pueden mencionar: La Frontera de cristal (1977);  Les paraules que no has aprés a dir (1985); Un vast naufragi de somnis (1989); Cendres blanques (1991. Libro finalista del premio Carles Riba de 1990); Les aus de maig (1995); Últim Refugi (2002.   Premi Viola d'Argent dels Jocs Florals de Barcelona, 2000); la antología Poesía recollida 1985-2000 y El Lllibre dels adéus (2007).  Soldevila también hace parte de diversas antologías poéticas y  es el autor de la novela El Nudo y del libro de cuentos No será tan fácil.
Foto:  Poeta J. A.  Soldevila (suministrada por el autor).

viernes, noviembre 26, 2010

¡Mamá, quiero ser reina!

Martha Cecilia Cedeño Pérez
Antropóloga

Es un lugar común decir que Colombia  es una  nación de reinados. Los hay de todos los motivos y colores y en distintas esferas, desde la nacional hasta la particular o local. Pero ¿qué concepciones subyacen en la proliferación de estos eventos, dejando de lado el clásico planteamiento de que es un mecanismo para evadir a la población de los intríngulis de nuestra compleja realidad cotidiana con la vieja premisa de que a la gente hay que ofrecerle, sobre todo, circo?  Y ¿Por qué no hay reinados de hombres? Quiero decir eventos en los que en lugar de mujeres que muestran sus atributos físicos sean varones los que lo hagan. Resulta cuanto menos interesante pensar en esa posibilidad. ¿Qué se valoraría en un reinado, en versión masculina, ya no de belleza sino de la ganadería, del turismo, del café,  de la panela, por ejemplo? ¿Bajo qué parámetros se medirían las virtudes masculinas. ¿Se destacaría la altura, el porte, la manera de caminar, la dureza de las abdominales, la sonrisa, la seguridad? ¿Se pediría a los candidatos que desfilaran en pequeñísimos trajes de baño para apreciar mejor sus “encantos”? O, acaso, ¿se establecerían otros baremos para medir  su competitividad en esos campos?
Sin duda lo que subyace en esta clase de eventos es un reflejo de esa cultura patriarcal tan arraigada en nuestro país. Cultura en la que cada día se refuerzan unos  roles de género asociados a uno y otro sexo con el fin de mantener la desigualdad estructural entre hombres y mujeres.  Los reinados son una prueba perversa de esa realidad: por un lado, reproducen de manera descarada unos parámetros que perpetúan la concepción de la mujer como un ser pasivo, expuesto a las miradas y por ello mismo a los juicios, cuya única función es la de ser un mero objeto decorativo que, como tal, debe tener  dos virtudes fundamentales: ser bella y, por tanto, deseable. Y por otro lado, a través de los medios de comunicación, se abona el terreno para que desde muy pequeñas a las niñas se les inocule el virus de los reinados o, más bien, el de la belleza física como el único camino para triunfar y ser el centro del mundo. La expresión “¡Mamá, quiero ser reina!” es una prueba contundente de lo lejos que aún estamos de la igualdad, de la paridad elemental entre mujeres y hombres en todos los campos de la vida social. Esa frase es un lastre que nos conmina aún más en la esfera de la dependencia y la subordinación.
* Columna publicada en el Periódico caqueteño El Líder el domingo 22 de noviembre de 2010. 
Ilustración: dibujo realizado por Luna del Mar cuando tenía 5 años.

miércoles, noviembre 24, 2010

Ana María Matute, premio Cervantes 2010

Ya era hora que el premio Cervantes recayera en una escritora como Ana María Matute (Barcelona, 1925). Es magnífico que por fin se haya reconocido la labor creativa de esta gran novelista que empezó su andadadura literaria a muy temprana edad.  

Y es magnífico también que este premio se le conceda a una mujer  pues en sus 35 años de vida , además de Matute,  sólo lo han ganado dos féminas: María Zambrano en 1988, y Dulce María Loynaz en 1992.

Entre los numerosos premios recibidos por Matute se encuentra  también el Planeta de 1954, el Nacional de la Crítica en 1958, el Nacional de Literatura en la modalidad de narrativa y el Nadal en 1959, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1984 o el Nacional de las Letras Españolas a toda su obra en el 2007.

Matute es además de novelista y cuentista académica de la Lengua. Dentro de sus obras más recientes se pueden destacar, entre otras,  La puerta de la luna. Cuentos completos (2010);  Paraíso Inhabitado (2008),  Cuentos de infancia (2002),   Olvidado Rey Gudú (1996), El verdadero final de la bella durmiente (1995).

Foto tomada de Justa, de lector a lector

Amor felino

En septiembre pasado mi hija Luna sorprendió a Beto y Florecita en un tierno romance. Ella les hizo estas fotos que hablan sobre lo bien que se llevan este par de animales. Son un ejemplo para muchos humanos que se comportan como bestias . Aquello de que se "pelean como perros y gatos" no tiene lugar en estas imágenes.


Fotos: Luna del Mar
Neiva, Colombia, septiembre de 2010

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...