miércoles, octubre 02, 2013

El Flexómetro

Una de las peores cosas de Bogotá es el tráfico urbano, un nudo gordiano que cada vez se hace más grande debido entre otras cosas a la inoperancia y falta de visión de las administraciones públicas. La ciudad ha crecido en forma descomunal durante los últimos 30 años pero la infraestructura vial continúa siendo la misma. Y ese pequeño detalle hace de esta urbe un paraíso de los atascos, de las violaciones de las normas, de la congestión callejera en todo el sentido de la palabra. Y  ello pese a la creación del Transmilenio, un sistema de autobuses con sus propias vías  que en cierta medida ha solucionado el problema de la movilidad pero que resulta insuficiente, sobre todo en las horas de mayor congestión -horas pico, las llaman aquí-. 
Y es que subirse a un autobús de estos  es una cuestión de fe o necesidad, o las dos cosas.  Es verdad que ha coadyuvado a la movilidad ciudadana pero también lo es que en esas horas álgidas (8:30 de la mañana o 6:00 de la tarde) se convierte en un verdadera pesadilla.  Subirse a una de estas máquinas en esas franjas horarias atenta contra las normas mínimas de la distancia personal, del derecho a a no sentir el roce de un cuerpo extraño, del derecho a la indiferencia absoluta...
Sucedió hace un par de semanas. Mi hermana y yo nos subimos a un autobús de esos justo a las 8:30 de la mañana. Venía lleno pero optamos por embutirnos allí -nunca mejor dicho-  porque íbamos sobre el tiempo -ambas trabajamos en la misma universidad. Y yo quedé pegada literalmente al cuerpo de un hombre bastante alto y joven y cada vez que el vehículo frenaba podía palpar hasta la forma de su hígado.  Nuestra distancia corporal era tal que debía girar la cabeza para un lado para no tocarlo con mis labios. En mi mano izquierda llevaba un bolso con libros y otras cosas. Con la derecha me agarraba fuertemente para no perder el equilibrio y quedar pegada al cuerpo del hombre. Pese a mis esfuerzos por evitar todo contacto, empecé a sentir algo duro en mi mano izquierda. ¡Y no podía quitarla porque no había espacio!  Imaginé que el hombre llevaba algún objeto en el bolsillo derecho de su pantalón. ¿Qué será? pensé. Cuando bajamos en nuestra parada respectiva le comenté a mi hermana sobre aquella extraña dureza y ella me respondió muy segura y sin atisbo de malicia: ¡Era el flexómetro!

jueves, agosto 22, 2013

Abuelo Miguel Ángel recita un poema

Mi abuelo Miguel Ángel pronto cumplirá 96 años y sigue tan lúcido como siempre. ¡Estoy viviendo de más!, dice.  No lo creo, respondo mientras lo miro a los ojos.  Aún brillan con ese fulgor de la inteligencia.   Y veo al abuelo tendido en la hamaca leyendo un libro y trabajando en la molienda de caña de azúcar para hacer panela y  galopando cuesta abajo en su caballo en la finca Sebastopol... ¡Y yo nací en Sebastopol!  Sí, el abuelo sabe de la Revolución Rusa y de muchísimas otras cosas. Y ¡cómo no! ha leído no sólo a Marx  y a Vargas Vila sino a otros filósofos y escritores de la sospecha. Ahora recuerdo que leí El lobo estepario en su finca alguna de esas veces que fuimos allí de vacaciones -yo tendría 14 o 15 años-.  ¡Con eso podemos advertir un poco de su talante! 
 El año pasado me confesó que le hubiese gustado conocer la Madre Patria y luego me preguntó ¿quedan franquistas en España?  Yo le respondí sin dudarlo ¡10 millones, abuelo!  
Cuestiones políticas aparte, ese mismo día recitó un poema que aprendió cuando era niño.  Yo lo grabé con mi modesta cámara de fotos.  Luego recurrí al "sabio" Google para intentar averiguar sobre la procedencia de los versos  y aquí está: es un fragmento del poema "La Luna" de Diego Fallón (1934-1905).  Quien desee leerlo completo puede ir a:
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/literatura/apoeta/apoeta49.htm



jueves, julio 11, 2013

Un poema de Jacques Prévert

Fui al mercado de los pájaros
y compré pájaros
para ti,
amor mío.

Fui al mercado de las flores
y compré flores
para ti,
amor mío.
fui al mercado de los hierros 
y compré cadenas para ti,
amor mío.

Luego fui al mercado de los esclavos,
te busqué,
pero no te encontré,
amor mío.

Jacques Prévert 

martes, mayo 14, 2013

Tres voces poéticas en Luz de Gas

En julio de 2011, convocados por la ONG Ajutsi (Associació per a l'Ajut al Sud de l'Índia),  tres poetas -Emili Bou, Josep Anton Soldevila y  quien esto escribe-  ofrecimos un recital en la barcelonesa  sala Luz de Gas. Fue un evento magnífico pleno de música, poesía y solidaridad.  Una tarde de aquellas  en que todo parece conjugarse para hacer posible la armonía y la belleza. He aquí una prueba de ello.

domingo, mayo 12, 2013

NOSTALGIAS



Nostalgias

La tarde fue sinfonía
de bandoneón
mecida por un viento líquido
de palabras.
Música prístina y nueva
como nuestros seres
hoy otros y los mismos.
La tarde fue nostalgia
y fotografía altiva
y tiempo fugaz
en el témpano marchito
del invierno.
De Palabras ordenadas (Inédito)






domingo, abril 28, 2013


Mi artículo de esta semana en La Nación 

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Mujeres al verso


El pasado 26 de abril en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, se presentó la primera antología de mujeres poetas del Huila. Se trata de Mujeres al verso una obra en la que participan diez escritoras de distintas procedencias y miradas. Allí están las voces de Amparo Andrade,Ana Patricia Collazos, Luz Dary Torres,Luz Marina Barrios, María Elena Rivera, Martha Cecilia Andrade, Martha Cecilia Cedeño, Nancy Vargas, Yineth Anguloy Yohana Rivera.

Esta antología marca un hito en la historia literaria de la región entre otras cosas porque rompe con la hegemonía de un patriarcado literario patrocinado muchas veces desde las instancias oficiales. Y más allá, Mujeres al verso se constituye también en una declaración de intenciones: las escritoras del Huila estamos hartas de que se nos considere menores de edad, de que sobre nuestro trabajo creador se explaye un manto para opacar nuestra voz, nuestro pensamiento, nuestra manera de ver el mundo. 

Este trabajo literario ve la luz en el marco del colectivo Mujeres de Palabra forjado gracias al empeño de creadoras como Ana Patricia Collazos, Nancy Vargas, Luz Marina Barrios y Amparo Andrade, entre otras poetas, cuyo objetivo es abrir un espacio a todas aquellas voces silenciadas históricamente. Las voces de las féminas ausentes de los círculos de la creación – y de la política, de la ciencia, de la economía, de la historia- no por voluntad propia sino por el accionar de unos postulados excluyentes asentados sobre una sociedad de claro corte patriarcal. Porque, efectivamente, en Neiva y en Huila se continúa reproduciendo esos patrones rancios más relacionados con la misoginia que con la igualdad y el equilibrio.

Con la publicación de esta antología las mujeres poetas de nuestra región dan un gran paso hacia el reconocimiento de su trabajo creador, tan menospreciado no sólo por los pontificadores literarios de Neiva que no ven más allá de sus prejuicios y de sus egos alborotados, sino por la misma academia que con su cortedad de miras ha obviado sistemáticamente el hacer de las escritoras huilenses.

Así pues, enhorabuena a todas las mujeres por esta iniciativa que se inserta dentro de la búsqueda de caminos de igualdad no como una lucha incesante contra el otro, sino como un mecanismo para lograr el equilibrio en el acceso y difusión de las expresiones culturales. Y en la posibilidad de participar activamente en cada una de las esferas de la vida cotidiana sin sentirnos amenazadas y vulneradas por la guillotina perversa de la discriminación, la exclusión, la desigualdad. Las mujeres tenemos, por fin, la palabra.

martes, abril 09, 2013


Auroras

Mañana una carta a última hora
abrirá la puerta de la partida
-un solo acto de candor
recordará aquel sueño muerto
entre palabras-
y alguien anunciará otra aurora
al borde de la mar.

© MARTHA CECILIA CEDEÑO PÉREZ
De Palabras ordenadas 

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...