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El Monasterio de Piedra

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Hace un par de días estoy en Zaragoza con mi hija Luna. Hemos venido a pasar unas jornadas de descanso en casa de mi hermana pequeña, Marielita. Y todo ha ido estupendo excepto una cosa: el calor desaforado que me ha impedido conciliar el sueño y disfrutar de las calles de esta espléndida y tranquila ciudad.  Un calor que se mete en la piel  y los sentidos y que me hace recordar aquella otra canícula tropical a la que siempre llevo conmigo: Neiva. Así que, para escapar un poco de esos brazos ardientes, el domingo pasado fuimos al Monasterio de Piedra. Un lugar espléndido en medio del secano aragonés. Un prodigio enmarcado en barrancos rojos y grises con cascadas  prodigiosas que brotan de la nada y un lago de cristal en el que se refleja el cielo con sus águilas y sus nubes estivales.  Un respiro pleno de verdores, de aguas y sonidos que nos recuerdan que alguna vez, hace muchísimo tiempo, toda esa zona era más que una extensión de tierra erosionada por la acción bestial del ser humano

Solsticio de verano

No fueron necesarias las palabras para tenerte en mi boca abierto y sutil trémulo como mis manos recorriéndote. . De mi libro inédito Versos en claroscuro , Barcelona, 2008 

Domingo

A veces el último domingo de la primavera suele tener su hechizo.  Y éste puede palparse en el canto de las golondrinas revoloteando sobre los tejados, en el café que disfruto en soledad en mi balcón mientras intento ver la línea plata de la mar oculta en una neblina gris, en  mi planta de tomates con sus seis pequeños  y prometedores  frutos (cien por cien eco-lógicos) que observo y  riego con mimo...  Y sí, en las palabras inesperadas que encuentro al abrir mi correo.  Versos  brillantes y cálidos,  plenos de memorias, de aromas, de sabores y formas. Versos sabios y prometedores como este último domingo de primavera...

Bajo las aguas de la belleza*

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Aproximarse a este libro es un placer para los sentidos en una doble acepción. Primero porque nos lleva a explorar los resquicios de la palabra concentrada y esencial que recrea el mundo cercano sin retóricas ni artificios innecesarios  y, segundo, porque junto con esa palabra depurada nos vemos irremediablemente imbuidas en unas imágenes de una alta plasticidad que reflejan una  mirada profunda y nueva sobre  elementos recuperados de los terrenos baldíos de la trivialidad.  La fotógrafa  y la poeta tejen sus imágenes de manera sutil e inédita para perfilar una armonía elemental que se deja acariciar sin desasosiegos ni fisuras  a través de cada una de las páginas. Ellas nos demuestran cómo dos  formas creativas  distintas se  complementan y mimetizan para re-crear una realidad próxima pero casi siempre desapercibida. Y hay un el elemento  vital que atraviesa esos senderos expresivos: el agua en sus distintos matices y connotaciones. Ésta se constituye en el hilo conductor que perfila

Eclipse

Una sombra fugaz cercena mis palabras de arena...

Ni retallades, ni hostiès

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Esta tarde acampada delante del Parlament de Catalunya y mañana Casolada a las 11:00 horas.

Tarde de lluvia

La primavera gris se desliza, líquida, en la ventana...