domingo, junio 19, 2011

Domingo

A veces el último domingo de la primavera suele tener su hechizo.  Y éste puede palparse en el canto de las golondrinas revoloteando sobre los tejados, en el café que disfruto en soledad en mi balcón mientras intento ver la línea plata de la mar oculta en una neblina gris, en  mi planta de tomates con sus seis pequeños  y prometedores  frutos (cien por cien eco-lógicos) que observo y  riego con mimo...  Y sí, en las palabras inesperadas que encuentro al abrir mi correo.  Versos  brillantes y cálidos,  plenos de memorias, de aromas, de sabores y formas. Versos sabios y prometedores como este último domingo de primavera...
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