jueves, abril 16, 2009

Mediodía de Granizo

Este mediodía mientras escribía una nota sobre Semana Santa sucedió algo que cambió de manera rotunda el carácter de esta entrada. De repente se oscureció, empezó a tronar de forma insospechada y a los pocos minutos llovieron vidrios del cielo. Fueron cinco minutos veloces en los que el granizo golpeó con ferocidad las ventanas de casa y los tejados, dejando una breve estela blanca (aquella que tanto añoramos en el invierno). Y justo esa ruptura de un día anodino de primavera me hizo reflexionar acerca de las grietas por las que a veces es posible escabullirse de la rutina cotidiana. Una jornada sosa y repetitiva de manera insospechada se puede convertir en un prodigio que nos recuerda, efectivamente, que la belleza se puede encontrar en cualquier resquicio. La belleza y el quiebre en los ojos del azar. Así que el texto que estaba escribiendo se convirtió en una salida al balcón para sentir el enfado del hielo en las manos y el estertor llenando los edificios y las antenas y los árboles lejanos con sus brotes nuevos. Después bajé a la calle para ver cómo ésta cedía a las caricias del intruso que más tarde se convertiría en agua esquiva para limpiar los pasos de los sorprendidos transeúntes y la inmundicia y las hojas muertas. Y por un instante fue posible la armonía y también la claudicación. Me abandoné al momento sin concesiones pero con la certeza de que, efectivamente, la belleza y la armonía casi siempre se esfuman cuando aparecen (como la felicidad, dirían los/as pesimistas).
A continuación presento un video, no muy bueno, que encontré en Youtube sobre esta granizada; rescatable: el sonido de los fríos cristales sobre el tejado.

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