miércoles, enero 08, 2014

El rojo Mandela


Nelson Mandela es uno de los grandes personajes del siglo XX. No sólo cambió la suerte de todo un país sino que fue capaz de poner su lucha contra la segregación racial en los ojos del mundo.  A partir de ahí nada sería igual. Suráfrica se convertiría en el lugar de las posibilidades, de los cambios, de las utopías. Empezó a existir en el contexto mundial como el escenario de las transformaciones en donde el color de piel ya no significaría la puerta de la exclusión sino la mirada de la igualdad.
Pero ¿quién fue Mandela?  Además de negro, rojo, culto, africano, hombre libre en una cárcel  levantada por blancos fue implacable con los enemigos de la igualdad, la justicia, la libertad.   Ahora que ha muerto todo el mundo vuelve sus ojos hacia él para elogiar su magnanimidad y su paciente cultura del compromiso, pero detrás de esos ingredientes está su lucha denodada en la que a veces tuvo que emplear medios no pacíficos.  De hecho Mandela cambió de estrategia a raíz de la matanza de Sharperville el 21 de enero de 1960, cuando la policía del régimen racista de Pretoria ordenó disparar contra una manifestación anti-apartheid, suceso en el cual  murieron 69 personas, incluidas mujeres y niños y otras 180 resultaron heridas.  A partir de ahí Mandela realizó una llamada a la lucha armada participando  en la creación del brazo militar del Congreso Nacional Africano -ANC- y  ordenando una campaña de atentados contra edificios del gobierno sudafricano. Detenido, procesado y condenado, junto con otros activistas,  en 1964 fue encarcelado en la durísima prisión de Robben Island.  
Sin duda se debe estar hecho de una pasta especial para soportar casi 30 años de cárcel en las peores condiciones no sólo por ser rebelde sino por ser negro. Durante esos años se convirtió en el  preso político más famoso del mundo.  A partir de 1982  se inició una  campaña internacional a favor de su liberación. Obtuvo su libertad cinco años más tarde -1990- en el gobierno del presidente De Klerk  quien legalizó  el ANC y otros partidos políticos. Finalmente, en 1993 Mandela y De Klerk compartieron en 1993 el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para establecer la democracia y la armonía racial en Sudáfrica, y  en mayo de 1994, tras las primeras elecciones generales en las que todos los grupos raciales tenían derecho al voto, Mandela se convirtió en el primer presidente de raza negra de la República de Sudáfrica.
Mandela cambió la suerte de un país y la percepción de un continente y del mundo entero gracias a su ejercicio del compromiso y la dignidad, que sin lugar a dudas lo convierten en una de las grandes figuras de la historia contemporánea. Su ejemplo debe prevalecer para acabar con todas las exclusiones, todas las desigualdades, todas las injusticias que se empeñan en minar la humanidad.


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