una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío.
Alejandra Pizarnik (1936-1972)
Divagaciones sobre la ciudad, sus calles, sus multitudes en perpetuo trance y sus individuos sonámbulos. Relatos sobre cuerpos en movimiento y paisajes efímeros; elogio a la mirada, a la poesía de lo cotidiano, a la vitalidad de los bordes y otros asuntos...
Escribo estas palabras insomne y bajo los influjos de la emoción. Y no podía ser de otra manera porque anoche, en el recital de poesía que ofrecí en la biblioteca La Bòbila, fue posible algo parecido a una comunión a través de las palabras. Allí estaba la gente que quiero y que me quiere, mis amigos y amigas, mis conocidos y conocidas y unas personas lindas que asistieron al acto por su amor a la poesía y permanecieron ahí absortas en el río de versos que brotaba de mi boca. Cuando miraba sus rostros, sus ojos, concentrados en mi voz, una energía potente se apoderaba del espacio. No hicieron falta más personas: estaban las justas y necesarias para un acto tan cercano y cálido como éste. Y también habían niñas y niños que sentados en primera fila contemplaban estoicamente a la mujer que leía un mar de poemas inacabables. "Luna, ya van cincuenta ¿crees que faltan pocos para que tu madre termine de leer?" preguntó la niña Irene a mi hija.
Y sí, ahora que lo pienso creo que me pasé un poco. ¡Casi una hora de lectura! pero la culpa no es mía: es de las personas presentes que no transmitían ninguna señal de cansancio o hastío y que, al final, de manera espontánea, me hicieron preguntas y hasta me pidieron que leyera un poema que hice a la Ciudad de la Habana. Así que, como en los conciertos, terminé leyendo "Habanera" y "Deslizamientos", un poema dedicado a L'Hospitalet de Llobregat, mi ciudad.

Foto 1: Jordi Canal y Manuel Delgado presentando a la poetisa
Foto 2: la poetisa y su hija Luna
Foto 3: Vista parcial de los asistentes
Foto 4: Amigas y amigos que me acompañaron hasta el último segundo en el pica pica
Fotos hechas por Juan Carlos Ruiz Vásquez
Escribo esta entrada aún bajo los efectos del los Dry Martini que se ofrecieron al final de la entrega del III Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial 2009. Allí estuvimos, felices, mi hija Luna y yo disfrutando de la espléndida lectura que hizo del libro ganador, El baile ha terminado, el reconocido actor Joan Massotkleiner, lectura aderezada con el baile de Agnés Padrós, de la compañía de claqué Tapeplas. Acto sobrio y esencial que se desarrolló bajo la batuta de Jordi Canal, director de la biblioteca La Bòbila. También tuvimos la oportunidad de saludar y compartir con el escritor ganador Julián Ibañez, que a primera vista parece un hombre sencillo y amable. Su manera descomplicada de vestir y su aire desenfadado le conferían una cercanía y calidez extraordinaria, nada que ver con aquellos autores y autoras que miran a todo el mundo por encima del hombro. Él le explico a Luna, que tiene 8 años y medio, lo que es la novela negra: “es básicamente una novela de aventuras”, le dijo con una sonrisa complacida. 
Mañana 28 de marzo en la biblioteca La Bòbila de la ciudad de L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona, se llevará a cabo la entrega del III premio Internacional de Novela Negra L’H, cuyo ganador ha sido el escritor Julián Ibañez con la obra El baile ha terminado. En esta novela se desarrolla una trama policial bien construida, de lectura ágil, convincente y respetuosa con la inteligencia del lector, según lo menciona el jurado.
La primera vez que presenté públicamente mis textos poéticos fue por allá a mediados de 1994. Entonces era una chica recién ingresada en la veintena y con muchas ganas de escribir. De hecho ya había publicado alguna cosa pero en el ámbito de la investigación histórica y una entrevista que realicé a un director de teatro brasileño, cuyo nombre no recuerdo, a finales de la década de los 80 en una de mis visitas al Festival Internacional de Teatro que aún se realiza en la ciudad de Manizales. Pero desde muy joven me gustaba la literatura. Aprendí a leer a los cinco años en plena selva gracias a un profesor comunista que me enseñó las primeras palabras. Después de ese periplo familiar por la selva del caquetá mis padres se instalaron en un valle muy hermoso más cerca de la “civilización”. Allí empecé primero de primaria pero a mitad de curso me pasaron a segundo porque según el profesor era una niña muy inteligente. Luego hice tercero y sucedió lo mismo: me querían ascender a quinto pero mi padre no aceptó porque decía que era todavía muy pequeña (tenía sólo 8 años) y que no me quería forzar, que yo tenía todo el tiempo del mundo para estudiar. Así que ese curso lo hice completo en otra escuela, también en el campo porque mi padre, que siempre ha sido un judío errante (característica que por cierto he heredado), se empeñó en seguir con su periplo regional. Esta vez nos fuimos para otro valle de nombre Bajo Pueblitos cerca de un río transparente y caudaloso. Y como allí no había educación secundaria mi padre me internó sin consultarme en un colegio de monjas. Fue un año horrible. La niña inteligente desapareció; en su lugar había una estudiante mediocre que aprobó el año con un suspenso en manualidades (desde entonces aborrezco todo lo que tenga que ver con tejer, bordar, hilar, coser, actividades consideradas netamente femeninas). Pero no todo fue malo: las tardes libres y los eternos fines de semana los dedicaba a explorar la biblioteca. Así descubrí Ojos de perro azul, Mientras llueve, Los viajes de Gulliver, Marcelino pan y vino, El coronel no tiene quién le escriba, Oliver Twist... y también descubrí la tele y el cine.Experiencias OVNI (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...