miércoles, mayo 24, 2006

Día Cero

Me pregunto si mañana será un gran día. En el diario dicen que hará sol aunque está noche el cielo luce encapotado. Será un día como tantos, sin duda. La gente correrá de aquí para allá como lo hace cotidianamente. La panadería de la esquina abrirá a las 8 y mi vecina chillará mientras enciende la radio (¡menos mal que escucha la cadena Ser!). El barrendero acabará de limpiar alguna calle y el hombre del kiosco venderá los periódicos de siempre. A las 9 alguna madre correrá con su niño o niña de la mano para no llegar tarde al cole y el conductor del metro hará su enésimo viaje...
A las 10 ya todas las ventanas de casa estarán arriba y me asomaré al balcón para ver si, por fin, se puede ver el mar. Justo a esa hora repasaré el escrito que leeré en la tarde y es probable que tenga un nudo en el estómago. Y que algo se condense en mi pecho, algo así como una nostalgia profunda, como un encuentro de sensaciones disímiles. Una satisfacción por el sueño cumplido pero también un gran vacío por un proceso que acaba. Y recordaré que dentro de un mes cumpliré años y que tengo mucho por hacer y que quiero abrazar a mis padres y que quiero ver las montañas azules y la ciudad que aún calienta el recuerdo.
Y a las 4 ataré las ideas, las llenaré de palabras y razones. Y seguramente hablaré de Simmel, de Goffman, de Wirth, de Benjamín, de Joseph, de Certeau... de la ciudad y la vida que contiene. Hablaré de interacciones entre extraños, de visibilidades, de extramientos, de tránsitos. Y luego diré que el espacio público no existe, o al menos no como lugar de libertades en donde es posible aquella igualdad universal de la que habla Kant...
Para entonces es posible que vaya en la mitad de la representación y que los doctores del tribunal empiecen la suya: disertaciones teóricas, lucimiento personal, todo lo que dices es razonable pero... Y llegará la defensa y miraré al auditorio y pensaré justamente que sólo yo sé exactamente de lo que hablo porque lo he investigado y para entonces ya tendré un paso afuera.
A las 7 de la tarde todo habrá terminado y estaremos en una terraza cerca de casa, en el lugar de los acontecimientos, experimentando en vivo y en directo esa vida urbana palpitante y fragmentaria de la que hablé. Para entonces el nudo será un sonrisa. Allí estaré junto a la gente que amo y que ha hecho posible la culminación de un proceso que se gestó en mis épocas de estudiante de secundaria en el INEM de Neiva. Y pensaré en la otra mitad de la gente que amo que me acompaña desde la distancia: mis padres, mis hermanas y hermanos y también en esas pocas, poquísimas, personas que considero mis amigas y que siempre me lo demuestran...
Martha Cecilia Cedeño Pérez
L'Hospitalet de Llobregat - Barcelona
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