lunes, julio 10, 2006

Sobreviviendo en la canícula

Escribo desde la canícula después de una semana agotadora de lecturas al amanecer y escrituras imposibles. Es increíble cómo nos acostumbramos a la ligereza de la comodidad, a la certeza de tenerlo todo a mano. Aquí en cambio todo cuesta: habituarse al calor desesperante, conseguir textos fundamentales para elaborar el módulo que se me ha encomendado, conectarme a internet así sea a 52 k, lograr concentrarme en el trabajo con invitaciones de conocidos y familiares, salir a la calle tranquila y sin el temor de que alguien me pueda rapar el bolso o que de repente ocurra alguno de esos acontecimientos terribles que te hielan el cuerpo y el alma.
El trabajo ocupa casi las 24 horas del día y siento que no he podido hacer las cosas que soñé realizar antes de partir de Barcelona. Hay muchos lugares por recorrer, mucha gente por recordar, muchos asuntos sobre los cuales discutir. ¡Es como si no estuviese de vacaciones! Me hago a la idea, sin embargo, de que son los días de placer más productivos que he tenido...
Cuesta hacer esta entrada a las carreras y con cortes constantes... Por eso tampoco he podido escribir a la gente que quiero, a Gabi que llevo en mi corazón, a mis bellas Pilis que viven en Barcelona igual que Martha, Karla y otra gente linda que de alguna manera me piensa. Para vosotros y vosotras van estas palabras: os quiero y os recuerdo!
Martha Cecilia Cedeño Pérez
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