miércoles, junio 28, 2006

Madrugada en el trópico

Son las 4:30 de la madrugada de este miércoles de Junio. El calor no se apacigua ni siquiera con el aire fresco que llega de la montaña azul que corona este valle triste y que Luna mira con ojos de admiración "Vaya montaña, es muy grande, mama". Y de verdad lo es. Una rama de cordillera oriental que nace en el Macizo Colombiano y hace parte del sistema andino. Y está aquí, al lado nuestro, convertida en un cerro tutelar gigante que vigila la ciudad de fiesta.
Neiva alborotada y con sus mejores ropas. Con sus calles abarrotadas de seres que exorcisan la muerte, la miseria, la desesperanza. Con sus calles siempre en un continuo sopor caliente que me hacen pensar en Comala. Calles subvertidas, re-creadas, vulneradas y siempre a punto de explotar. Calles por donde deambulan las contradicciones más vergonzozas, los desplazados de la noche eterna que vive Colombia.
Son las 4:30 de la madrugada y estoy despierta porque unos vecinos de mis padres están matando un cerdo en la calle y han tenido la estupenda idea de encender el equipo de música a tope. Aquí no se puede llamar a la guardia urbana, así que los otros habitantes del barrio deben soportar los vallenatos, las rancheras y los pasodobles estoicamente. Yo me enfado mucho porque mi reloj biológico aún no está completamente adaptado a los nuevos horarios y duermo muy poco, pero decido levantarme para mirar por la ventana todo el espectáculo que se ha armado en la acera del frente. Observo el rito de la matanza, la diligencia de los verdugos, el espasmo de las mujeres, el des-montaje del escenario, el vaho de la fiesta que se ha montado en la esquina de casa.
Y yo acabo de escribir esta entrada, con una conexión prehistórica y un fondo musical que le gustaría a alguien que conozco "nadie es eterno en el mundo/ni teniendo un corazón..."

domingo, junio 25, 2006

Desde Neiva

Escribo en esta tarde calurosa de junio -38 grados a la sombra- desde Neiva, ciudad anclada en el Valle del río Magdalena. Bajo el sofoco del trópico las ideas se vuelven agua y sólo atino a reconocer la maravilla del encuentro con la familia, la incertidumbre del paseo por las calles tantas veces recorridas y ahora unas perfectas extrañas. Gente que deambula bajo la canícula de las tres de la tarde y las fiestas del San Pedro que las convierten en un hervidero de cuerpos y acontecimientos.

Neiva ciudad antigua y nueva, vuelvo a palpitar bajo el influjo de tus caminos y sonidos. Vuelvo a sumergirme en las esquinas donde habita la memoria, el recuerdo adherido a las ventanas y las aceras.

Ciudad soñada, vivida, liquida, ahora me conviertes en agua.

Martha Cecilia Cedeño Pérez
Neiva, Huila, Colombia

martes, junio 20, 2006

Torre Agbar de Barcelona del arquitecto Jean Nouvel
Foto: Martha C. Cedeño Pérez
Ad portas de un viaje a los míos y de cumplir un año más (o un año menos, según el estado de ánimo), vuelvo a recorrer la ciudad y sus rincones. Vuelvo a las calles de siempre, las ramblas plenas de cuerpos, las esquinas perfectas, las nuevas edificaciones que cruzan el cielo de esta ciudad antigua y nueva. Ciudad en construcción donde pugnan intereses de toda laya pero que hoy sólo veo con ojos de sorpresa.

Y vuelvo a encantarme con esos lugares casi olvidados que un ángel oscuro me lleva a conocer: turons espléndidos e intersticiales en medio, al costado, al final de la ciudad. Puntos claros desde donde la urbe es una manta arrugada, una pintura imperfecta, una prolongación de las contradicciones humanas. Paisaje de luces y sombras con un cielo plomizo y azul. Ciudad mágica donde todo es posible, hendija por donde se escapa la vida cotidiana para ser otros y otras...

jueves, junio 15, 2006

Cinco Noches

Rostros del trabajo: Diana, Miriam, Irena, Marcela, Karla, Marlen, Gisella, Jacqueline, Martha, María y Salva

Cinco días con sus noches para mí. Cinco noches sin escuchar el sonido seco que anuncia una llamada y el tedio constante de contestar siempre lo mismo. Cinco noches sin esperar a que sean las dos de la madrugada. Cinco noches sin sentir mis pasos solitarios en el pont del ferro. Cinco noches sin ver las aceras solitarias de la ciudad y sus luces y sus ecos y sus brillos y sus insomnes.

Son cinco noches y la certeza de extrañar las risas, los rostros de las personas que compartieron conmigo el mismo espacio y tiempo. Rostros de todos los colores que reflejan esa España profunda que desconocía. Rostros transparentes y oscuros, alegres y tristes, plácidos y sombríos, cálidos y fríos... Rostro de gente sencilla, trabajadora, combativa, elemental, soñadora, contradictoria. Rostros que humanizan un lugar que de otra manera sería sólo la mueca del consumo, el negocio, el interés, el dinero... Rostros que me enseñaron que hay otras esferas donde la vida y la esperanza palpita pese a todo.

Rostros de despedida: Gisella, María, Karla, Joaquim, Jorge, Esteban, Mauricio, Miriam, Salva y Diana.

Son cinco noches. Extraño la ciudad vacía y sus balcones a media luz y el graznido de un pájaro perdido y el vuelo de los murciélagos y las imágenes en penumbra del parque y el sabor agridulce del temor en la espalda y la visión de ser la única hablitante de la madrugada.

Martha Cecilia Cedeño Pérez

L'Hospitalet de Llobregat - Barcelona

martes, junio 13, 2006

Martes 13

¡ESTOY INDIGNADA! ¡NO HAY DERECHO! ¡ES UNA VERGÜENZA!
Acabo de llegar de la Subdelegación del Gobierno Civil de Barcelona donde, después de una odisea interminable, pude tramitar mi autorización de regreso porque viajo la semana que viene a Colombia. Un trámite que se realiza en 5 minutos y para el que tuve que hacer un cola de 9 horas. Estoy muy enfadada, muy "cabreada" como se dice vulgarmente aquí. Os cuento la historia para que os hagáis una idea de la manera como tratan a los extranjeros no comunitarios en España:
A las 8 en punto de la mañana llegamos a la sede de la Subdelegación de Gobierno en la Barceloneta. Hace fresco y se siente el salitre en la cara porque justo a 10 minutos de allí está la playa y sus chiringuitos con guiris (turistas comunitarios) hambrientos de sol. Hay 323 personas delante de nosotros y todo el día por delante. "A las 11 o 12 ya habremos salido", escucho a una mujer que le dice a su acompañante. La cola apenas se mueve. A las 9 hemos avanzado 5 metros. Algo es algo. Pasa una mujer apuntando a los que estamos en la cola, nos toca el número 323 y 324 respectivamente.
A las 10 hemos avanzado apenas nada y empezamos a mirar hacia adelante donde unos hombres se quieren colar. La gente les grita y los obliga a salirse de la cola. Todavía hace un poco de fresco aunque el sol empieza a ponerse justo encima de los hermosos edificios donde están las oficinas de extranjería. Se siente un fuerte olor a cloaca y guardado, y por un momento recuerdo las calles oxidadas de la Habana Vieja. Huele igual.
Ha pasado otra hora y no nos hemos movido. "No es posible que no avancemos nada, llevamos desde las 6 de la mañana y esto no se mueve", dice una señora con acento ecuatoriano. Hace hambre y sed. Me siento en la acera de cara al sol donde otros hombres y mujeres ya están puestos. Me empiezo a impacientar porque he de pasar por mi hija al cole antes de la 1 de la tarde y seguro que no alcanzamos a realizar el trámite. Llamo al colegio para avisar que ella se queda al comedor.
A la 1 de la tarde nos hemos movido otros 5 metros. ¡No vamos ni en la mitad! ¡Esto no puede ser! ¡Es una putada! Alguna gente se va y otra saca los bocadillos para comer. Nos es justo que nos traten así. Tengo mucha hambre y mi marido me compra un bocadillo. Ahora el sol pega fuerte y hemos de protegernos la cabeza con periódicos.
A las 2 de la tarde estamos en el mismos sitio. ¡Esto no es posible! repito una y otra vez. Estoy muy enfadada. No es posible que este país trate así a la gente que viene a trabajar, a los hombres y mujeres que hacen los oficios que los nativos no quieren hacer, a los que con su esfuerzo están contribuyendo a la riqueza de este país... Esta ley de extranjería es una mierda. Todo el mundo pensaba que cuando el PP se fuera del gobierno las cosas iban a cambiar. Pero se han equivocado. En el gobierno "socialista" se ven las mismas cosas, las mismas colas de seres desprotegidos y a la intemperie, en todos los sentidos de la palabra. "Pagamos los impuestos, cotizamos a seguridad social, tenemos los mismos derechos y nos tratan de esta manera..." dice una bella chica con acento argentino.
Es verdad. Nos tratan como a ciudadanos de segunda. A las 4 de la tarde hemos avanzado otro poco y ya estamos dentro de la valla de la recta final. El sol calienta como un condenado. Hay unos hombres que se quieren colar. Un grupo de chicas les gritamos y no permitimos que lo hagan. "Me voy, me siento muy mal, esto es una mierda", digo y la voz se me quiebra. Estoy a punto de llorar. No hay derecho. Mujeres embarazadas, niños pequeños, gente mayor, hombres y mujeres en la más absoluta intemperie. Esto cada vez se pone peor. Vienen dos guardias de seguridad y nos dicen que no alcanzaremos a llegar, que nos vayamos. La gente no hace caso y se apretuja como puede para meterse dentro de la valla. Casi me hacen caer y siento que me voy a desmayar. Bebo un poco de agua. ¡Esto es inhumano! Dice la chica argentina que está detrás de mi. Otras mujeres opinan lo mismo. Todas decimos lo mismo.
Por fin, después de soportar sol, el olor de las cloacas y de las axilas de unos hombres árabes, los apretujones, las miradas extrañadas de los transeúntes (oiga, si señor, esto es la otra España: la de los extranjeros de segunda), llegamos a la puerta.
A las 5 menos 15 nos hacen pasar dentro. ¡Despúes de casi 9 horas! ¿No sería más fácil que saliera alguien a dar los turnos? ¿Por qué no ponen más empleados? ¿Por qué no se inventan otro sistema para que la gente pueda hacer sus trámites sin hacer esas colas eternas? ¿Por qué no empiezan por tratar a la gente que llega de una manera más humana?
A las 5 y 30 tengo el papel la autorización en la mano, han tardado en hacerlo 5 minutos. NO HAY DERECHO. ESTO ES UNA VERGÜENZA. ¿ANTE QUÉ ORGANISMO PUEDE UNA DENUNCIAR ESTO? Por lo pronto escribo en caliente y con rabia.
Yo hice la cola porque me negué a pagar 70 euros a un abogado para que me hiciera este trámite. Es que, paradógicamente, aquí reina la doble moral: tratan a los inmigrantes como a ciudadanos a medias pero se enriquecen con ellos. Así ganan las empresas, los buffets de abogados, todos los que hacen negocio con las necesidades (o desgracias) de otros...
NO PUEDO QUEDARME CALLADA. !ESTO ATENTA CONTRA LOS DERECHOS FUNDAMENTALES! !ESTO ES UNA VERGÜENZA! ¡OH, ESPAÑA, QUE PENA QUE PASE ESTO AQUÍ, TU QUE HAS SIDO UNA VIEJA EMIGRANTE POR NATURALEZA!
Martha Cecilia Cedeño Pérez
Barcelona, junio de 2006.

viernes, junio 09, 2006

Las Formas Urbanas

Tenía este post en borrador desde hace varias semanas y no me había acordado de colgarlo debido a múltiples motivos: la preparación de la lectura de la tesis doctoral, el cansancio de un trabajo precario y en un horario nada alentador para mí que soy una mujer diurna para las labores económicas y nocturna para la divagación, la fantasía, la escritura… llegar a casa a las 2:30 de la madrugada después de haber informado a clientes muy enfadados sobre la situación de su internet “No se preocupe usted que dentro de muy poco tendrá todo el servicio activado”, me dejaba física y mentalmente agotada. No estoy preparada para mentir de manera sistemática…

Así que hoy, en el que será muy último día de trabajo como asesora telefónica (la empresa ha echado a más de 120 personas a la calle porque le salía más barato montar una plataforma de asesoría en Argentina. Allí, con menos 1000 euros –que es lo que ganaba una persona aquí trabajando 8 horas- le pueden pagar a cuatro trabajadores/as… cosas de la globalización económica, de la tiranía del mercado, dirían los expertos), por fin, cuelgo este fragmento extraído de ese magnífico texto de Kevin Lynch La imagen de la ciudad, que pese al tiempo transcurrido desde su primera edición aún conserva ese espíritu que lo ha convertido en un clásico para comprender esas formas urbanas y la vida que se adivina en sus mojones, sus sendas, sus caminos, sus superficies tejidas de movimientos y acciones:

Tenemos la oportunidad de constituir nuestro nuevo mundo urbano en un paisaje imaginable, es decir, visible, coherente y claro. Esto exigirá una nueva actitud por parte del habitante de la ciudad y una remodelación física de su dominio en formas que extasíen la vista, que por si mismas se organicen de nivel en nivel en tiempo y espacio, que puedan representar símbolos de la vida urbana.

La mayor parte de los objetos que estamos acostumbrados a llamar bellos, por ejemplo un cuadro o un árbol, son cosas con un solo propósito, en los que a través de un largo desarrollo o la influencia de una voluntad hay un vínculo íntimo y visible entre el detalle delicado y la estructura total. Una ciudad es una organización cambiante y de múltiples propósitos, una tienda para muchas funciones, levantada por muchas manos y con relativa velocidad. La especialización completa, el engranado definitivo, es poco factible y nada conveniente. La forma tiene que ser algo libre de trabas, plástica, en relación con los objetivos y las percepciones de sus ciudadanos.

Pese a esto hay funciones fundamentales de las que pueden ser expresivas las formas de la ciudad: la circulación, los principales usos de la tierra, los puntos clave focales. Las esperanzas y los placeres colectivos, el sentido comunitario pueden ser convertidos en carne. Por sobre todo, si se organiza en forma visible el medio ambiente y se lo identifica nítidamente, el ciudadano puede impartirle sus propios significados y conexiones. Entonces se convertirá en un verdadero lugar, notable e inconfundible
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Kevin Lynch, La imagen de la ciudad, Ed. Gustavo Gili, Barcelona, 1998. Pág. 112- 113.