sábado, marzo 20, 2010

Reflexión en voz alta

En este tiempo de silencio, palabras y frases como estado crítico, cirugía, situación estable, hay que esperar, evolución, colostomía, paciencia, informe médico, micronebulizaciones… han tenido un sentido fundamental para mí. Han significado muchos momentos de desolación y de impotencia ante una distancia inmensa que agranda los momentos, las circunstancias. Una distancia enorme que nos convierte en seres desvalidos ante ciertos acontecimientos que sobrevienen sin esperarlos. Han significado hacer viajes apurados saltando obstáculos para llegar hasta mi madre. Para verla y estar con ella unos días que se convirtieron en segundos ligeros; para acompañarla en esos difíciles momentos y sacar fuerzas para animarla, para decirle que todo pasará y que se pondrá bien porque es una mujer fuerte y áun joven.

Pero también ha significado replantearme muchas cosas vitales ¿Vale la pena estar tan lejos de los seres y las cosas queridas? ¿Por qué estoy en esta parte del universo si ya he cumplido la meta que me trajo hasta aquí? (No fueron motivos económicos sino educativos: vine a hacer un doctorado por dos años y ya llevo 10) ¿Es mi hija feliz sin abuelos, sin primos y primas, sin tíos y tías? ¿Merece la pena esta soledad en la que soy una mujer anónima que cada día se estrella contra las paredes? ¿Qué hago aquí, en este país que no valora a las personas con alto nivel de cualificación? ¿Estaría mejor allí, con los míos, haciendo cosas por mi país, aportando mis conocimientos y mis ganas de hacer cosas? ¿Qué me ata a esta tierra en la que siempre seré una extraña, una extranjera del sur con todo lo que ello implica?

Preguntas y preguntas que se agolpan sin miramientos en mi ventana y que seguro me llevarán a repensar muchas circunstancias en las que hasta ahora poco o nada había reparado. La primera de ellas, sin duda, es la de volver a América, a los sabores y olores de la casa, a los abrazos de padres, al horizonte límpido de las posibilidades.

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