jueves, abril 15, 2010

Un añejo poema de abril

Corría el mes de abril en una ciudad calurosa bañada por un río de aguas ligeras. Neiva. Habían versos y cuentos y música en las calles sonámbulas. Un encuentro de escritores. Había una tarde arrebolada que se escondía tras las montañas y un torrente de palabras confundidas con los cuerpos y las miradas y todo aquello que nos hace invencibles. Corría el mes de abril y el alma alborotada escríbía estos versos (creo que entonces no me importaba escribir poemas cursis).


Mar de besos


Náufragos
desterrados de los astros pensativos
tropezamos con el viento
y con los guijarros de ojos blancos
cansados de libar las penas.

En la montaña de caracoles muertos
alzamos nuestras velas
y sin más
sucumbimos en la playa de los besos.

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