viernes, mayo 17, 2019

El oleaje de una ciudad en tránsito

Comparto una estupenda y generosa reseña de la poeta Dolors Fernández  sobre el  libro Poemas en tránsito (Oceánico)  (Bogotá, BigGaia, 2018) escrito por Pilar Osorio Morán y servidora, publicada en la Revista Nagari Magazine:

http://www.nagarimagazine.com/el-oleaje-de-una-ciudad-en-transito-dolors-fernandez/

viernes, julio 13, 2018

POEMAS EN TRÁNSITO (OCEÁNICO)




Este poemario nace como un mensaje de texto (SMS) en un tiempo en el que aún no existía WhatsApp ni las redes sociales. En un momento en que era necesario nombrar y compartir la belleza y la maravilla de lo nuevo cuando se estaba lejos. Primero fue en Cuba, luego Grecia, Alemania, Colombia, Argentina, México… Y siempre Barcelona y sus calles y sus amores perdidos y su luz clarividente. Y también Bogotá con sus montañas y sus caminos y sus lluvias grises. Así se gestó este libro: a partir de mensajes que mi entrañable amiga Pilar y yo nos enviábamos, con sus respuestas y sus silencios.


Y el resultado es un texto simbiótico en el que interactúan las palabras y las músicas de la una y de la otra, sin que al final se sepa quién escribió qué.  ¡Y esa era la idea! Lograr una armonía en el fondo y en la forma; en el sentir y el decir; en la ausencia y la presencia; en la melancolía y la esperanza. En ese sentido este poemario no es otra cosa que “cartas transoceánicas de amor-amistad que nos permiten vibrar con las vivencias que se desarrollan en lo subterráneo así como en la superficie. Cartas que encierran una pregunta y una respuesta o una respuesta y una pregunta que se responden, indistinguibles, en cada uno de los poemas”, tal como lo indica la profesora de la Universidad de Barcelona Rosmarí Torrens Guerrini, prologuista del libro.
Y todo ello para constituir un poemario “de palabras que viajan en horizontal de lado a lado del océano, ofreciendo tanto a las autoras como a sus lectores una luz de esperanza hecha de briznas pequeñas que nacen en la tierra fértil o en un río impermanente que, sin embargo, ofrece, en su infinitud, algunas posibilidades” (Torrens, 2017).

Sobre el Atlántico
 mi ser es leve y frágil,
nube quebradiza 
horizonte abajo.
Con afilada hoja corto mis raíces,
y con ellas, liana firme,
trenzo mis rizos indomables.



Las personas que estén interesadas en adquirir este libro pueden hacerlo desde cualquier lugar del mundo en Amazon, en el siguiente link:

https://www.amazon.ca/TRANSITO-OCE%C3%81NICO-BigGIAIA-Editorial-Spanish-ebook/dp/B07CK683F8


Poemas en tránsito (Oceánico). Bogotá: BigGaia, 2018

miércoles, mayo 23, 2018

MUJERES, ESPACIO PÚBLICO Y LÚDICA


Por: PhD. Martha Cecilia Cedeño Pérez
Universidad Antonio Nariño
Universidad Pedagógica Nacional 

La relación mujer espacio público es compleja pues, entre otras cosas, revela las subordinaciones y exclusiones que se pueden apreciar en la sociedad mayor. Y esto es así porque tal como lo analiza Arent en su paradigmático libro La condición humana (1996), desde la misma antigüedad griega se establecieron los ámbitos  de lo público y lo privado como esferas que marcan irremediablemente la vida cotidiana de hombres y mujeres.   En este caso responde a una dicotomía que fragmenta el mundo y las formas de percibirlo y de aproximarse a él; y que hace parte de esa  suerte de taxonomización de la realidad que alcanza su punto más álgido en aquella de cuerpo-espíritu cuya enunciación queda definitivamente revelada en el reparto de lo uno para la ciencia y lo otro para la religión. 
En el caso de la esfera pública, según la autora antes mencionada, corresponde a aquel lugar en el cual se dirimen las cuestiones de más importancia para la sociedad y es por lo tanto la comarca del bios politikos, de la visibilidad en todos los sentidos, de la publicitación. Es el espacio en el cual la vida se despliega con su dinamismo y trascendencia a la vista de todos. Es  el lugar del discurso, de la palabra, de la elección, de la producción, de la libertad;  allí puede escucharse y sentirse la presencia y la voz de un ser que -¡oh sorpresa!- es masculino.  El ámbito privado en cambio, corresponde a aquel mundo de las necesidades primarias, el de la reproducción y de lo oculto. Esto todo aquello que no se ve y permanece bajo las cuatro paredes del dulce hogar.  Y es justamente en ese reino donde se ha confinado a las mujeres de manera sistemática.
Ahora bien, en lo que respecta a la esfera pública burguesa de la cual habla Habermas (1992) se debe mencionar que sus perfiles se erigen en  la revolución industrial y  nacen de una mirada netamente masculina.  Y ello se evidencia en la concepción y consolidación de una ciudad que parece estar dispuesta para satisfacer las necesidades materiales y de libertad de un varón, joven, sano y blanco y de un modelo específico de familia: la heteropatriarcal. Es decir, fue construida con base en una diferenciación sexual en la cual las mujeres son encapsuladas en el ámbito de lo privado con todo lo que ello implica en términos de igualdad, de inclusión y de posibilidad de incidir en los aspectos más importantes de la sociedad.
Y aún hoy, pese a  todos los avances que las mujeres han logrado en diversos ámbitos, esa división limita su ser y su hacer en el ámbito público en lo que atañe tanto a su dimensión física  como política.  En la primera, es evidente que las féminas tienen verdaderos problemas para disfrutar de los espacios abiertos de la ciudad ya sea porque a la hora de construirlos no se ha pensado en sus necesidades e intereses ni en las  del grueso de la población - niños y niñas, personas mayores o con problemas de movilidad-, ni en los aspectos formales que faciliten los usos y los tránsitos; sino que también en ese espacio las mujeres sufren de múltiples violencias que operan como una estrategia para impedir su acceso a esas comarcas, es decir, como diques de contención para el ejercicio de su libertad.  Y en la segunda, las mujeres a nivel general aún no pueden acceder a la política en igualdad de condiciones; no ocupan aquellos puestos de poder en donde se toman –y se ejecutan- decisiones fundamentales en la vida de una nación como tampoco ocupan posiciones relevantes en el ámbito de la ciencia, la economía, la tecnología, la investigación…
Esas desigualdades estructurales están encajadas inexorablemente en una sociedad que tiene bien engrasados sus dispositivos para que se sigan reproduciendo. Así desde una temprana socialización en la familia y posteriormente en la escuela, los niños y las niñas van entendiendo cuál es el lugar que se les tiene preparado.  Y empieza muy pronto: desde la selección del color de su vestuario –incluso antes de nacer-, pasando por los juegos y los juguetes; el modelamiento del carácter, de los gustos; el uso de la lengua… hasta llegar a estadios mayores en los que, por ejemplo, se elige una carrera que en el caso de las mujeres casi siempre está  relacionada con esa función de cuidadoras a las que naturalmente se las ha asociado.
Y todo lo expuesto anteriormente, se evidencia en el espacio público urbano.  Por ello quizá  a la hora de indagar sobre las prácticas y usos femeninos en las comarcas urbanas de la ciudad hay muy poca información. Es como si no importara tal asunto o lo que es peor, se diera por descontado que en esos escenarios todo el mundo –hombres y mujeres- hace lo mismo de la misma forma.  Nada raro si se tiene en cuenta que, como ya se ha dicho, la ciudad ha sido concebida y construida desde una perspectiva claramente masculina.  Así que, por ejemplo, el uso lúdico de algunas comarcas urbanas sea sobre todo una cuestión relacionada con prácticas de los varones. Por ello resulta interesante el estudio de Vilanova y Soler (2008)  titulado “Las mujeres, el deporte y los espacios públicos: ausencias y protagonismos”  en donde se asume que el uso y la percepción del espacio tiene una carga cultural de género en el hecho de que el espacio público se ha considerado siempre como un ámbito masculino y ello incide en la manera en que las mujeres lo viven y la practican. Y se evidencia en la ausencia de las mujeres que practican alguna actividad deportiva en dicho  ámbito. Las autoras revelan que en el sector de Barcelona estudiado por ellas ese tipo de actividad es llevada a cabo, principalmente, por los varones. La pregunta que surge aquí es ¿a las féminas no les gusta realizar actividades deportivas en las comarcas públicas? 
El trabajo antes mencionado es uno de los pocos que aborda la relación ciudad-género-lúdica. No obstante sí hay estudios que tratan el tema del juego y de la creación en el medio urbano pero desde una perspectiva bastante aséptica e indiferenciada. Dentro de ellos se puede  resaltar el de Corbal (2010),  “La plaza es la plaza. Juego y espacio público”, cuyo objetivo es “discutir las observaciones realizadas en torno a la definición espacial de plaza, la delimitación del espacio de juego, así como también la apropiación que hacen del mismo, los niños, en sus actividades lúdicas, y reflexionar, acerca de las mismas, siguiendo como eje la relación entre juego y espacio” (p. 2), pero sin abordar dichas temáticas desde una perspectiva de género que permita vislumbrar percepciones, usos y prácticas diversas. En ese mismo sentido se puede mencionar el de Rodríguez Cortés (2015) “La Ciclovía en Bogotá un espacio público de re creación y ocio: ambiente, salud y ciudadanía”, que desde una mirada histórica hace un repaso de lo que ha sido esta iniciativa de 1995 al 2013 bajo los pilares de  cultura ciudadana, salud colectiva y cuidado ambiental, pero sin definir una mirada crítica y de género que permita vislumbrar esos tres elementos desde enfoque más amplio y complejo.
Ahora bien en lo que respecta a esa noción de la ciudad como lugar de lo lúdico merece la pena mencionar el trabajo de Colomer Rubio & De Luca (2014) que aborda esta temática mediante la comparación de tres realidades urbanas (Palermo, Valencia y Génova) que sufrieron modificaciones importantes en su espacio urbano para dar origen a una ciudad ligada a lo lúdico. El de  Cardona Rendón (2008)  “Espacios de ciudad y estilos de vida. El espacio público y sus apropiaciones”, en donde se parte del hecho de que los espacios públicos que son usados  para el ocio, los deportes, la recreación y el desplazamiento cotidiano engloban nexos entre  el espacio físico - espacio social que evidencian lógicas de interacción entre distintos agentes sociales; aquí tampoco se retoma la perspectiva de género para mirar como ese campo abierto en el cual se evidencian prácticas de todo tipo –dentro de las cuales están las lúdicas- habla también de usos disimiles, de formas de uso distintas entre los hombres y las mujeres.
En este mismo sentido está el  estudio Monkobodzky (2014) titulado “Las prácticas lúdicas en un parque público: Relaciones entre el espacio y el juego”, una tesis de grado que trata la relación entre este tipo de práctica y el espacio en el cual se llevan a cabo. En ese sentido el autor aborda el vínculo entre el espacio y el juego, teniendo como objeto de estudio un parque público.  Hay un aspecto interesante y es que en este estudio se refleja cierto interés por abordar estas actividades teniendo en cuenta aspectos como la diversidad de usuarios/as, la edad y el género, que de alguna u otra forma condicionan o determinan la realización de  dichas prácticas lúdicas.
En un terreno más amplio que abarca la mirada de la ciudad como un espacio lúdico merece la pena mencionar el interesante trabajo de Stevens (2007), The Ludic City, en donde toca la relación entre lo lúdico y el mundo urbano, especialmente en el capítulo Play and The Urban Realm. En dicho apartado el autor define la noción de juego a partir de que éste involucra acciones que no son instrumentales, que hay condiciones y reglas específicas que separan el juego de la vida cotidiana, que el juego involucra actividades en las cuales la gente prueba y expande sus límites (competición, oportunidad, simulación y vértigo); y que el juego en la ciudad implica encuentros con extraños (p. 27).
En el trabajo “La ciudad lúdica: interpretación creativa de los espacios urbanos a través del juego. Ciudades creativas” de Abad (2011), se aborda el tema de las acciones lúdicas  o de juego que corresponde a “actividades placenteras y de recreación que no están vinculadas a la producción eficaz del negocio y que son susceptibles de generar dinámicas de encuentro y oportunidades de comunicación” (p. 3) y que buscan la resignificación de los espacios urbanos a través del juego. En tal sentido el espacio lúdico no es un espacio físico sino un espacio simbólico en el cual también se re-crea la ciudad con todo lo que ello implica.
Otro estudio interesante es el de Ipiña García  (2016)  “El espacio público dedicado al ocio en el siglo XXI y la búsqueda de los oasis urbanos”, que  aborda la manera en que las plazas, los parques y los jardines se convierten en puntos de encuentro social a partir de la realización de actividades  recreativas y  lúdicas. El objeto de dicho estudio es analizar los factores físicos, sociales y culturales que permitan el fomento de los usos y usuarios.
 Los trabajos enunciados hasta aquí son una pequeña muestra del interés por abordar el tópico del juego en la ciudad pero sin el componente de género. De hecho solo uno de ellos –el de Vilanova y Soler (2008)- se enfoca en el estudio de la práctica deportiva de las mujeres en algunos espacios públicos de Barcelona. Esta escasez de información al respecto denota el poco interés en estudiar las prácticas femeninas en los espacios públicos y en concreto aquellas que tienen que ver con las actividades deportivas.   Es como si las féminas no utilizaran el espacio público también de manera lúdica no solo jugando en los lugares formalizados para ello (canchas de básquet o fútbol) sino en aquellos que son apropiados y resignificados mediantes usos alternativos como la realización de juegos populares, montar en bicicleta,  la práctica del patinaje o de actividades consideradas masculinas como el monopatín, por ejemplo. 
En resumidas cuentas es cierto que hay ausencia de mujeres en las prácticas deportivas urbanas pero eso no significa que éstas no utilicen la ciudad en dicho sentido.  Y esa invisibilidad seguramente tiene su origen en aspectos relacionados con la conformación de los espacios públicos, con las sensaciones de seguridad e inseguridad y, más allá,  con el hecho de que esa comarca aún es considerada netamente masculina. No obstante, es claro que el acto de vivir y ocupar la urbe de distintas maneras –entre las cuales está la deportiva- es una forma de apropiarse de la ciudad en general y de reforzar la percepción de libertad.

Referencias bibliográficas

Abad, J.  (2001) La ciudad lúdica: interpretación creativa de los espacios urbanos a través del juego. Ciudades creativas. Revista Creatividad y Sociedad, no. XVIII.
Arendt, H. (1996) La condición humana. Barcelona: Paidós
Cardona Rendón (2008)  “Espacios de ciudad y estilos de vida. El espacio público y sus apropiaciones”.  Revista Educación física y deporte, n. 27–2. (pp. 39-47)  Funámbulos Editores
Colomer Rubio, J.C. & de Luca, L. (2014): "De la ciudad industrial a la ciudad lúdica. Algunas reflexiones en torno a Valencia, Palermo y Génova (1960-2000)" [en línea]. En: Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, vol. 6, núm. 1, pp. 35-56. En:

Corbal, P. (2010). La plaza es la plaza. Juego y espacio público en la ciudad de La Plata. VI Jornadas de Sociología de la UNLP. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Sociología, La Plata.
Habermas, J. (1992)  "L'espace public", 30 ans après. In: Quaderni, n°18, pp. 161- 191
Ipiña García  (2016)  El espacio público dedicado al ocio en el siglo XXI y la búsqueda de los oasis urbanos. Estoa No. 9 / Vol. 5 / Julio – Diciembre 2016
Monkobodzky, S. (2014). Las prácticas lúdicas en un parque público: Relaciones entre el espacio y el juego [en línea]. Trabajo final de posgrado. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En Memoria Académica.
Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.1000/te.1000.pdf
Rodríguez Cortés, A. B. (2015) La Ciclovía en Bogotá un espacio público de recreación y ocio: ambiente, salud y ciudadanía. Revista Impetus - Universidad de los Llanos - Villavicencio, Meta. Colombia vol.9 N°1
Vilanova, A. & Soler, S.  (2008) Las mujeres, el deporte y los espacios públicos: ausencias y protagonismos. Apunts Educación física y deportes. 1er trimestre 2008 (pp. 29-34)


martes, marzo 21, 2017

La estética de la muerte

Sensibilización cultural es una de las clases que oriento en una universidad colombiana. En principio ésta se concebía como una asignatura netamente teórica; no obstante, si nos atenemos a su nombre, su esencia no reposa en un concepto sino en el aura de los sentidos, en la posibilidad de acercarse efectivamente al mundo del arte y la cultura.  Por ello, con un par de profesores  que también orientan dicha disciplina en otros grupos, nos dimos a la tarea de replantear su naturaleza y sacar al estudiantado del aula. Lo primero que hicimos fue llevarlos al Museo de Arte Moderno de Bogotá para que apreciaran la exposición De la línea al espacio.  Fue una experiencia magnífica porque algunos/as  nunca habían ido a un museo. Por increíble que parezca era su primera vez en un lugar de esas características. Ese día el clima se alió con nosotras y permitió disfrutar de una jornada de arte y cielos despejados.

La última actividad que realizamos fue un paseo al Cementerio Central de Bogotá,  que yo tampoco conocía.  El propósito fundamental era reflexionar sobre la estética de la muerte, sobre esa dimensión que desconocemos - y tememos- pero que enuncia la esencia de la vida.  De esa manera nos aproximamos a un lugar de una inquietante belleza cuyas formas responden a un eclecticismo desaforado, a una manera de percibir las distintas aristas de la realidad. Aquí van algunas imágenes que hablan sobre ello:

Tumba de Carlos Pizarro 

Tumba de las hermanas Bodmer 

Tumba de Julio Garavito 

Tumba del escritor José Eustasio Rivera 


Con mi estupendo grupo de estudiantes 





Fotos: Martha Cecilia Cedeño Pérez 

martes, diciembre 13, 2016

La ventana o el vórtice espacio tiempo

Ese domingo desperté a las 5.30 de la madrugada. Me enfadé por ello pues tuve la absoluta convicción de que mi reloj laboral nunca dejaba de funcionar. ¡Era domingo y estaba en México, joder!  Había llegado cuatro días antes para participar en un evento académico sobre ciencia y arte del paisaje  y me hospedaba en un hostal modesto del centro  histórico de Querétaro, una vieja casona acondicionada para viajeras como yo, es decir, para gente sin muchos recursos que busca este tipo de lugares solo para pasar la noche. No obstante, en mi caso, había un motivo más: estaba situado en el casco antiguo de la ciudad, uno de los mejores conservados de todo México y ello permitía desplazarme por sus esquinas para contemplar las hermosas construcciones, las calles adoquinadas y limpias,  las  imponentes iglesias apostadas casi en cada manzana con sus torres arañando el cielo, y la atmósfera clara de un lugar extraordinario cuyo aliento hablaba de otros tiempos, otras vidas, otras maneras de sentir el mundo. 

El hostal, no tenía nada de  particular. Sin embargo, esa primera mañana en que llegué del aeropuerto después de un fantástico vuelo desde Ciudad de México en un avión un tanto destartalado -creí no llegar a mi destino cuando advertí sus hélices desplegadas lo cual me hizo recordar un vuelo Barcelona - Lisboa en un avión de TAP Portugal también propulsado por turbohélices-, me pareció agradable y hasta acogedor aunque su portal no fuese el más estético. Una mujer menuda de mediana edad me recibió con calidez y después de hacer el respectivo registro me dijo que me llevaría a la habitación que ocuparía esas cuatro noches.  En el trayecto hasta allí  subimos unas oscuras y empinadas escaleras  hasta llegar a una estancia adornada con objetos antiguos  y coloridos desde la cual se desplegaba una serie de pasillos y habitaciones de grandes puertas de madera. En uno de sus costados había también una especie de salida de emergencia. Por allí me condujo la mujer para toparnos con unos escalones que bajaban hasta una  terraza en donde había una mesa con un parasol y cuatro sillas de fibra natural y justo detrás, la puerta de la habitación. Advertí que ésta correspondía a una construcción reciente hecha en lo que antes había sido el patio de la casa. Me sentí muy afortunada por tener una habitación con terraza incluida en la que podría leer, desayunar  y tomar el sol, pese a que el interior de la misma fuese de una ascetismo conventual: un cama, una mesita de noche  y un pequeño armario junto a una ventana cubierta por una cortina de motivos marrones un tanto desgastada. Y el baño pequeño y desangelado con el grifo del lavamanos estropeado, situado justo a un costado de la cama. Y sumado a ello había un elemento en la habitación que nunca pude controlar: una bombilla que se encendía halando una cuerda pero al hacerlo también se activaba el ventilador de aspas de madera en el cual estaba empotrada. Yo me sentía muy mal de la garganta  y no sabía cómo desactivar el ventilador para que el aire no me afectara. Así que decidí encender la bombilla del baño, abrir la puerta y cerciorarme de que la cortina de la ventana  estuviese bien cerrada. Pese a ello, siempre tuve la sensación de que alguien podía mirarme, de que alguien me miraba...

Ese domingo era mi último en Querétaro pues a la una de la tarde tomaría un autobús que me llevaría hasta Saltillo (Coahuila). Tenía por delante casi 650 kilómetros. Y aunque había puesto el despertador del móvil a las 7:30 de la mañana,  mi reloj laboral me despertó a las 5.30. Encendí el móvil, revisé los correos electrónicos y las redes sociales, leí algunos diarios, encendí la tele -no había nada interesante- y desayuné con uvas y plátanos que había comprado el primer día. A las 7:30 decidí ducharme. No encendería la bombilla de la habitación para vestirme sino que usaría la del baño, como lo había hecho los días anteriores.  Como siempre experimenté la sensación de alguien podía mirarme, de que alguien me miraba. Así que antes de entrar a la ducha me aproximé a la ventana y me cercioré de que la cortina cubriera todo su vidrio. Y entonces sentí un deseo enorme de observar a través de ella. Descorrí la cortina con sumo cuidado.  Vi las hojas de una planta parecida al bambú que casi tocaban la ventana y justo al frente, detrás de las hojas, una habitación amplia cuya puerta de madera estaba abierta de par en par y dejaba ver un baño con la cortina de la ducha plegada a un lado. Aprecié su suelo de madera, las paredes revestidas con baldosas de color beige y el grifo plateado de la ducha. Todo ello bañado por una espléndida  luz.  Ah, y justo en la barra de la cortina había unas bragas de color granate, totalmente extendidas. 

Todo lo que observé me sorprendió muchísimo. ¿Cómo era posible que un hostal de mierda tuviese una habitación con un baño tan bonito y que a mi me hubiese tocado el peor?  ¿Por qué no lo había preguntado antes? Pude pasar  unos días más confortables allí...  Un momento: en esa habitación también hay una chica. ¿Estará sola, como yo?  ¡Además sus bragas son del mismo color de las mías! ¡Vaya coincidencia!  Espera ¿No estarás viendo el reflejo de tu baño?   Cerré un poco la cortina, miré hacia donde estaba mi baño y tan solo pude ver la puerta de metal blanco, abierta. ¡No era un reflejo, por supuesto!  Así que me dispuse a seguir observando.  Ésta era mi propia ventana indiscreta. Volví a fijarme en la habitación. Se veía tan cálida. Y ese baño tan bonito en donde había unas bragas como las mías.  De repente tuve la impresión de que en cualquier momento la chica podía pasar por delante de la puerta y  se daría cuenta de que yo estaba husmeando. Sentí temor de ser descubierta. Después de un rato - no sé exactamente cuánto- decidí ducharme  y pensé que luego, cuando bajase a desayunar, me fijaría en esa habitación que nunca había visto, que estaba justo al frente de la mía, separada sólo por una planta de bambú y el espacio de la escalera por la que se bajaba hasta el ala central de la casa donde estaba la administración y el restaurante.

Volví de desayunar pero había olvidado echar un vistazo a la habitación observada hacía un rato. Lo recordé justo cuando ya estaba a punto de salir a dar una vuelta por la plaza de Armas. Entonces abrí la puerta, salí a la pequeña terraza y descubrí que al frente de mi ventana sólo había una pared blanca. Una maldita pared blanca sin puertas, sin ventanas, sin nada. ¡No lo podía creer! Así que miré en todas las direcciones a ver si había la posibilidad de que arriba de mi habitación hubiese otra con una ventana que de alguna manera proyectara eso que había visto. Y no había ninguna. Solo paredes desnudas y más allá un cielo azul profundo...

Debo confesar que aún hoy, después de casi tres meses, me pregunto qué pasó esa mañana de un domingo de septiembre en Querétaro, México...

miércoles, noviembre 02, 2016

EL PLEBISCITO: IRAS Y PAZ


Por: Ananías Osorio V.

Docente

Los resultados del plebiscito mostraron que pudo más el cerebro emocional que el racional. El emocional operó en el NO al acumular todo tipo de iras: iras de orden económico, político, militar, social y religioso. Operó en el SI al acumular todo tipo de triunfalismos: Colombia, paraíso terrenal a partir del 3 de octubre. La mezquindad de lado y lado frente a la Paz fue latente. En ese mar de iras,  triunfalismos y mezquindades, el cerebro racional quedó atrapado en los anhelos de paz de millones de ciudadanos  generosos y en  las entrelineas de las 297 páginas del acuerdo.  La emocionalidad no dejó actuar a la inteligencia, hasta el punto que ambos bandos no previeron un plan B, bandos que de paso solo representan  menos de una tercera parte del potencial electoral.
¿Y el resto de la población? ¡Pues una parte, atrapada  en la  angustia asistencial no la dejó pensar ni actuar en ningún sentido, y la otra, le importó un bledo!
Una vez más queda demostrada la necesidad de una educación centrada en la formación de ciudadanía y con altos procesos cognitivos para dejar de ser un país de cafres.

martes, noviembre 01, 2016

EL SI PLEBISCITARIO, UN PLUS DE ESPERANZA

Por: Ananías Osorio Valenzuela
Docente

Según registros históricos, en casi 200 años de vida republicana, las élites no han cesado de generar conflictos por el poder político y económico, uno de los ORÍGENES de la horrible e intermitente  noche que sigue padeciendo e pueblo colombiano.
 El acuerdo de la Habana (2016) busca resolver una de las CONSECUENCIAS del más largo conflicto. Dicho acuerdo lo firman un sector de las elites y un grupo armado de la población afectada por el conflicto entre elites de mediados del siglo XX. Otro sector de las elites le apuestan al NO plebiscitario soportado en  revanchismos ancestrales. Y otro grupo armado de la población al menos manifiesta estar dispuesto a negociar. Igualmente insinúa esa posibilidad las disidencias armadas de anteriores amnistías. Por tanto, el conflicto por el poder continuará. A pesar de los pesares, el SI plebiscitario, es un plus de esperanza imposible de dejar escapar.    
Y el grueso de la población seguirá ahí a la espera de resolver sus angustias asistenciales (pan, techo, salud, educación, seguridad). Seguirá la búsqueda de la EQUIDAD en todos los ámbitos de la vida y su armonía con la naturaleza, en la espera de tiempos en los que reine la plena democracia  para debatir angustias existenciales de cara a la infinitud cósmica, unos, y la gloria celestial, otros.


  

Experiencias OVNI  (1) He decidido plasmar en este espacio -que no actualizo hace mucho tiempo- algunas de las experiencias un poco extrañas...