miércoles, julio 23, 2008

La Laguna


En el sur de Neiva, a diez minutos de casa de padres, hay un lugar increíble. Se trata de una laguna de aguas cristalinas, que se constituye casi en un prodigio en medio de la canícula y de la creciente y desaforada urbanización de que es objeto la ciudad.
Contemplar este espacio natural es volver los ojos a un ecosistema que seguramente pronto desaparecerá si no se toman las medidas convenientes para su preservación. Garzas, gallos de agua, patos silvestres, entre otras variedades de aves, se pueden observar aquí. Al igual que babillas (una especie de caimán más pequeño e inofensivo cuya carne es muy apreciada en algunas comunidades) y una gran variedad de peces que saltan en las orillas como queriendo saludar a los visitantes. También hay lotos, juncos y muchos otros tipos de plantas acuáticas y árboles.
Este pequeño lago está situado dentro de los predios de una hacienda de una reconocida familia latifundista de la región. Hace dos años fui allí pero clandestinamente porque no estaba abierta al público como lo está hoy. Por 1500 pesos (0,50 céntimos de Euro) la gente se puede bañar y también ensuciar sus orillas con botellas, bolsas de patatas y otras muestras flagrantes de incivismo e inconciencia. Anteriormente los perros bravos y un vallado con pinchos no permitían el completo acceso.

Espero que pronto se niegue el acceso general, que se cierren sus puertas y que desde los organismos respectivos se tomen las medidas necesarias para preservar este nicho natural de la plaga del turismo destructor.
Presento algunas fotografías de este lugar realizadas el domingo pasado (20 de julio). Ellas reflejan su belleza. Allí el silencio es el canto de los pájaros y el horizonte las montañas azules y la armonía una realidad al alcance de los ojos.
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