miércoles, mayo 27, 2009

Teoría Feminista ( I )

Hoy he comenzado un interesante curso sobre teoría feminista del siglo XIX en el Espai Francesca Bonnemaison. Esta primera sesión "De la teoría feminista a la práctica política" estuvo a cargo de Rosa Cobo, profesora de sociología de la Universidad de A Coruña. Ella con mucha lucidez nos introdujo a las/os participantes en los interesantes caminos de este pensamiento que abarca todas las esferas de la vida social. He aquí algunas de las ideas que planteó:

En el feminismo encontramos tres dimensiones definidas. Una de ellas es que posee una tradición intelectual y es, a la vez, un movimiento social. Otra es que, como tradición intelectual y movimiento social, tiene tres siglos de historia (más que el marxismo, por ejemplo); el primer texto feminista surge en el siglo XVII. Y otra dimensión es que, como movimiento social, tiene un pasado intachable en el que ha utilizado dos elementos básicos para cambiar la situación de subordinación de las mujeres: la argumentación intelectual y la presión política. Por ello es el único movimiento social que no ha utilizado la violencia como estrategia para cambiar la realidad. La finalidad del feminismo no es otra que la de construir un proyecto político autónomo. Su propuesta teórica se inserta dentro de la perspectiva del deber ser, esto es, dentro de las teorías críticas de la sociedad, dentro de aquellas vertientes que propugnan por el cambio social (junto con el Marxismo, el ecologismo, etc.)
Como teoría del deber ser el feminismo analiza la realidad para ejercer prácticas políticas que permitan transformarla. De ahí la importancia de reconstruir su propia historia, su memoria histórica. Muchos grupos tradicionalmente oprimidos, subordinados lo han hecho ¿Por qué las mujeres no? Las mujeres aún no hemos construido nuestra propia épica.
Uno de los mayores logros de las luchas feministas es que se ha politizado el espacio privado para convertirlo en objeto de discusión política. Temas como el divorcio, la violencia, por ejemplo, se han sacado de las cuatro paredes de la casa para insertarlos en la esfera amplia de lo público. Y con ello se ha ensanchado la democracia pues se han expuesto a la luz las prácticas de subordinación, de opresión, que hemos sufrido las mujeres desde tiempos inmemoriales.
El feminismo es una teoría del poder y como tal tiene un proyecto político: transformar las relaciones y jerarquías de género entre hombres y mujeres. No debemos olvidar que el 49% de la población mundial, los hombres, se apropian con alevosía de los recursos y derechos de las mujeres. Así pues la variable género es una variable de opresión como ya lo intuía muy claramente Mary Wollstonecraft en su libro Vindicación de los derechos de la mujer (1792).
El patriarcado es un sistema de dominación que ejercen los varones sobre las mujeres, a través de pactos que son continuamente renovados y que se utilizan para mantener esa relación de dominación. Esta red de pactos entre opresores permite mantener y reproducir una situación de dominio e impedir las alianzas entre las mujeres que horadarían gravemente este sistema de opresión. El feminismo radical identificó como centros de la dominación patriarcal esferas de la vida que hasta entonces se consideraban "privadas". A ellas corresponde el mérito de haber revolucionado la teoría política al analizar las relaciones de poder que estructuran la familia y la sexualidad; lo sintetizaron en un slogan: lo personal es político. Consideraban que los varones, todos los varones y no sólo una élite, reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos del sistema patriarcal, pero en general acentuaban la dimensión psicológica de la opresión. Kate Millet con Sexual Politics (1970) marcó un hito importante en la consolidación de la teoría feminista.
El feminismo no es una contracultura sino una teoría y una práctica política dirigida a conseguir la distribución paritaria de recursos y derechos. Y es autónomo: tiene sus propios objetivos y se imbrica en todos los ámbitos de la sociedad.
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Ilustración: dibujo realizado por mi hija Luna cuando tenía 5 años.
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